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El paciente politraumatizado “Testigo de Jehova”, reflexion etica en torno al empleo de hemoderivados
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Enviado por Jorge Martínez Cabrera
Código ISPN de la Publicación: EEAAFZZyAulnSlQyqP
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| Resumen: Basado en el relato de una experiencia personal, el autor realiza una reflexion sobre los problemas medicos y eticos que entrana la atencion de pacientes pertenecientes a la secta Testigos de Jehova. |
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ÍNDICE
Resumen
Introducción
Desarrollo
Conclusiones
Referencias Bibliográficas
RESUMEN
Basado en el relato de una experiencia personal, el autor realiza una reflexión
sobre los problemas médicos y éticos que entraña la atención de pacientes
pertenecientes a la secta Testigos de Jehová. Se reseña brevemente la posición
de los miembros de esta secta frente a la sangre a partir de los argumentos
bíblicos que ellos esgrimen.
Se comenta las flexibilizaciones de esta posición en los últimos años en cuanto
al empleo de hemoderivados. Se exponen algunas de las alternativas para
restringir el empleo de sangre en las intervenciones quirúrgicas, enfatizándose
lo difícil que resulta hacerlo en el caso de asistencia de urgencia a
politraumatizados. Se reflexiona acerca de los principios de la ética médica y
su aplicación en estos casos. Se concluye que la actuación del facultativo fue
errónea desde el punto de vista ético en la atención de la paciente del relato.
Palabras claves: transfusión, consentimiento informado, testigo de Jehova
INTRODUCCIÓN
Un caluroso día de agosto del 2007, mientras me encontraba de guardia en el
servicio de politrauma del Hospital “Carlos J. Finlay” sucedió un hecho que
marcaría mi vida profesional en lo adelante. La tranquilidad de la tarde fue
rota por el ulular de un automóvil de la policía, del cual los agentes
extrajeron a dos jóvenes sangrando copiosamente, uno de ellos ya inconsciente.
Se trataba de una muchacha de unos 20 años que minutos antes viajaba en la
parrilla de una bicicleta cuando fue impactada por un camión a exceso de
velocidad.
Un rápido examen médico me permitió determinar que la joven estaba en estado
crítico pues el ritmo respiratorio era irregular, el pulso rápido y débil y la
tensión arterial no sobrepasaban los 40mm Hg, se encontraba inconsciente y tenia
ablación del muslo izquierdo, fractura de tibia y traumatismo craneoencefálico.
De inmediato se procedió a administrar ventilación asistida, canalizar vena
profunda y proporcionar soluciones electrolíticas. Mientras otros colegas
trataban de yugular la hemorragia externa comprobé, mediante punción abdominal
que existía hemorragia intraperioneal.
Ocupado en atender a la paciente no me percaté inicialmente que el otro
lesionado me llamaba con insistencia; no le presté atención, pues una rápida
ojeada inicial me había facilitado dilucidar que por el momento su vida no
corría peligro. Sin embargo, él no reclamaba mis cuidados médicos, me llamaba
para decirme que su compañera pertenecía a la Secta Testigos de Jehová, la cual
no permitía que se utilizara sangre o cualquiera de sus derivados en su
tratamiento.
Le expliqué, que en el caso de la muchacha, era imprescindible el uso de la
sangre pues de ello dependía su vida y al no estar en capacidad de decidir se
procedería sin perdida de tiempo a su administración. Me replicó con el
argumento de que su compañera tenía entre sus pertenencias una carta firmada por
ella y dos testigos en la que se rezaban más o menos estos términos: “Soy
Testigo de Jehová y no quiero sangre o cualquiera de sus derivados aunque en
ello me vaya la vida... ”
Reconozco que aquello me paralizó pues no esperaba la carta. Confieso que, en
otras ocasiones había procedido a administrar la sangre con el cuidado de que el
paciente o los familiares no lo advirtieran, pero en esta ocasión había un
testigo y estaba la carta.
No puedo precisar hasta qué punto influyó la demora en administrar la sangre
sobre la evolución de la paciente quien falleció durante el acto quirúrgico.
Aquel episodio dejó una profunda huella en mí, pues por una parte no había
actuado de acuerdo con la práctica médica aceptada, al no transfundir con
premura a la paciente y para colmo tampoco había respetado su voluntad expresa.
Motivado por lo anterior expongo a manera de reflexión los problemas éticos que
enfrentan los médicos cuando atienden a pacientes politraumatizados
pertenecientes a la Secta Testigos de Jehová.
DESARROLLO
La Secta Testigos de Jehová y su posición frente a la sangre
El movimiento de Testigo de Jehová tiene más de 120 años. Fue fundado en Estados
Unidos. Se calcula que tiene cerca de 6 millones de seguidores en 230 países1.
Consideran que la Biblia es la palabra divina de Dios y por lo tanto la guía
para su vida; uno de estos principios es que la sangre una vez ha sido removida
del cuerpo debe desecharse y no debe ser reinfundida, en 1945 promulgaron la
negativa de no recibir sangre transfundida o sus productos 2.
La interpretación que se da en la Biblia para no recibir transfusiones de sangre
se basa en ciertas partes del antiguo y nuevo testamento. Levítico 17:10,11
“Cualquier hombre de la casa de Israel o de los extranjeros que moran entre
ellos, que comiere cualquier clase de sangre, Yo me volveré contra el que come
la sangre y le exterminaré de entre su pueblo, porque la vida de la carne está
en la sangre”. Levítico 17:13,14 “No comeréis la sangre de ninguna carne, porque
la vida de toda carne es su sangre, cualquiera que la comiere será exterminado”.
Deuteronomio 12:23-25 “La sangre es la vida; así que no deben comer la vida
junto con la carne. Lo que deben hacer derramarla en la tierra como agua. No la
coman, y les irá bien a ustedes y a sus hijos por hacer lo recto”. Otros pasajes
similares aparecen en Génesis 9:3-5; Hechos de los apóstoles 15:19-20 3.
La interpretación de ellos basa sus principios que la vida de un individuo se
representa por la sangre. Aunque lo declarado en estos versículos no se expresa
en términos médicos, los testigos considera que estos textos bíblicos excluyen
la transfusión de sangre o sus derivados pues arguyen que la ley bíblica es
aplicable tanto a tomar sangre por las venas como por la boca. La transfusión de
sangre, está a su modo de ver, profundamente sostenida en el valor y es una
señal de respeto para la vida. Por consiguiente, la mayoría de los testigos de
Jehová no aceptan una transfusión de sangre total, ni de sus derivados. Esto
incluye el plasma fresco congelado, concentrados de hematíes, leucocitos o
plaquetas.
Sin embargo en el año 2000 la revista oficial Watchtower (Atalaya) dijo que
debido a la ambigüedad en la Biblia, cada individuo está en libertad de decidir
sobre las terapias que emplean los compuestos biológicos derivados de
componentes de la sangre, como gamma globulina y factores coagulantes para
contrarrestar la hemofilia 4.
A pesar de esta flexibilización, en nuestro país la mayoría de los feligreses de
la secta continúan con una actitud ortodoxa sobre el empleo de sangre y sus
derivados.
En nuestra sociedad la sola mención de esta secta genera rechazo entre los ateos
e incluso entre otras denominaciones religiosas. La comunidad médica no es ajena
a este rechazo, no sólo por la conducta social de sus practicantes sino, por las
limitaciones que enfrenta el personal de la salud a la hora de emplear los
hemoderivados como recursos terapéuticos.
Alternativas a la hemoterapia en pacientes de la secta Testigos de Jehová.
En consonancia con los principios éticos que rigen la moral y la ética médica,
el tratamiento quirúrgico electivo de los pacientes de la Secta Testigos de
Jehová se realiza siguiendo el principio de consentimiento informado, lo cual
excluye el uso de sangre y sus derivados.
La realización de intervenciones quirúrgicas a Testigos de Jehová ha redundado
en una mejora en el empleo de sangre en pacientes no pertenecientes a estas
sectas. Intervenciones quirúrgicas en las que rutinariamente se utilizaban
hemoderivados (trasplantes, cirugía cardiovascular y ginecológica), se realizan
hoy empleando alternativas que excluyen la sangre. La extrapolación de estos
resultados al resto de los pacientes ha constituido, sin lugar a dudas, un
beneficio que ha evitado múltiples complicaciones y salvado no pocas vidas5-8.
Varias técnicas están disponibles para reducir las pérdidas de sangre
intraoperatorias.
Estos pueden incluir la anestesia hipotensiva, la adecuada hemostasia, el uso de
vasoconstrictores y la hemodilución. Además, se han usado varias drogas en un
esfuerzo para reducir el sangrado, como son los antifibrinolíticos que aumentan
la coagulidad. Entre ellos se han empleado el ácido epsilón aminocaproíco (EACA),
el ácido tranexámico y la aprotinina9-10.
El empleo de soluciones de hierro por vía parenteral antes y después de
intervenciones quirúrgicas, la síntesis de la eritropoyetina, la aplicación de
sangre artificial (hemoglobina libre de estroma celular), el uso de cada vez
mejores expansores del plasma y de la oxigenación hiperbárica han ayudado a
brindar una optima atención médica a estos pacientes. Técnicas meticulosas de
operación, como el uso del electrocauterio, son muy importantes para minimizar
la pérdida de sangre. A veces la sangre puede ser aspirada, filtrada y dirigida
de nuevo al sistema circulatorio del propio paciente cuando se trata de
sangramiento en cavidad abdominal o torácica. Existen otras maneras de ayudar
como; el enfriar al paciente para reducir el consumo de oxígeno durante la
operación, el escarpelo de láser entre otros, son muchas de las medidas a
aplicar para evitar el consumo de sangre7, 11, 12. Pero en el caso de la
atención de urgencia muchos de estos medios no se encuentran disponibles y la
utilización de hemoderivados constituye un desafío ético e incluso legal, para
los médicos que se enfrentan a la negativa inclaudicable de estos pacientes a
recibir sangre.
El desafío médico de la transfusión. ¿De quién es la decisión? ¿La conciencia de
quién debe respetarse?
Para dar respuestas a estas interrogantes es necesario revisar los principios
básicos en que se apoya la ética médica.
La ética médica anglosajona se sustenta en cuatro principios básicos que son:
-La autonomía
-La beneficencia
-No maleficencia
-Justicia
El principalísimo anglosajón derivado de una conducta paternalista hacia los
pacientes, supedita los principios de autonomía y justicia, al de beneficencia,
por lo tanto el respeto por la vida y las obligaciones terapéuticas
irrenunciables del médico son principios generales bajo cuya condición decide el
médico, e incluso impone al paciente. Las culturas latinas influenciadas por
este argumento mantienen un notable respeto a las tradiciones y en las
sociedades donde existen marcados desniveles sociales y educacionales, el
principio de autonomía es considerado poco real y no se concede, ni se fomenta o
se reclama por parte del paciente. Existe una gran asimetría entre la capacidad
del paciente y la del médico, por lo que no es posible la autonomía en las
relaciones clínicas. El criterio general de que la opinión del médico es la
mejor, hace que muchos pacientes se sometan respetuosamente a la habilidad y al
conocimiento de su galeno.
Los Testigos de Jehová en nuestro país, no se escapan a esta afirmación excepto
en lo concerniente al uso de la sangre. Muchos colegas incurren en el error
ético de violar el principio de la autonomía y mal interpretar el de la
beneficencia.
En la experiencia relatada el proceder fue doblemente errado pues por una parte
no se actuó con la premura necesaria para salvarle la vida a la paciente y por
otra parte se irrespetó su elección de no recibir sangre. El dilema ético a que
se enfrentó el cirujano paralizó momentáneamente su capacidad de actuar en
cuanto al empleo de hemoderivados.
Todo paciente tiene el derecho de ser informado de la medida terapéutica que se
propone aplicar y de otras alternativas disponibles para estar facultado a
expresa verbal o por escrito su consentimiento (consentimiento informado).
Considero que no vasta con informar al paciente, debiera incluso en
correspondencia con su capacidad de asimilación, obtener su aprobación después
de instruirlo (consentimiento educado).
Considero que es éticamente inaceptable administrar sangre o sus derivados a una
persona que con capacidad de decidir ha elegido por su no empleo, en caso de no
poder expresar su voluntad debe procederse según criterio médico aunque tratando
de utilizar los hemoderivados cuando sea estrictamente imprescindible. En este
caso, el fin no justificaba los medios, pues para el paciente profundamente
convencido de sus creencias, salvarle el “cuerpo físico” de este modo
equivaldría a matarlos desde el punto de vista espiritual y a condenarlos a ser
“impuros” para toda la vida. Por otra parte, aunque en Cuba no se conocen hasta
el momento demandas o denuncias por violar la autonomía estos pacientes, podría
darse una situación en la que estos emprendan acciones judiciales contra el
personal de la salud.
El camino tanto ético como legal del médico que se presente ante esta situación
se allanaría si se generalizara la costumbre entre los Testigos de Jehová de
portar entre sus documentos una carta donde se exprese su renuncia a la vida si
de ello dependiera el uso de transfusiones.
La evolución en el pensamiento de la jerarquía de esta secta religiosa hace
avizorar cambios positivos en cuanto al empleo de sangre para salvar la vida
entre sus fieles.
Ahora bien, el no empleo de sangre debe incentivar el agotar hasta el último
recurso disponible para salvarle la vida al paciente. Los procedimientos
terapéuticos anteriormente citados han de emplearse y de no estar alguno de
ellos disponible, sería sensato realizar las gestiones pertinentes para su
adquisición.
Es al personal de la salud a quien le corresponde estar más preparado para
comprender y respetar las creencias de los pacientes. La solidaridad humana en
la cual basamos nuestro sistema de salud debe ser extensiva a este grupo de
personas.
CONCLUSIONES
1. La decisión de recibir sangre es del paciente, siempre que esté en capacidad
física y mental de asumir las consecuencias derivadas de sus actos. Es menester
respetar su decisión si porta un documento válido desde el punto de vista legal.
2. Debe respetarse la conciencia del paciente. Cuando un Testigo de Jehová
rehúsa tratamientos con sangre es posible que a los médicos les moleste la
conciencia al pensar que no puede utilizar todos los medios a su alcance, pero
justamente lo que solicita este paciente es que se utilice la mejor terapia
existente con excepción de la sangre.
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AUTOR
Dr. Jorge Martínez Cabrera
Especialista en Primer Grado en Cirugía General
Profesor auxiliar.
Dirección: Hospital Universitario “Carlos J. Finlay”
Calle 114 Esq. 31, Marianao, Cuidad Habana, Cuba cp 10500
Teléfono 260 9681
Ext. 43209
Email jcjmtnez@infomed.sld.cu
Enviado por Jorge Martínez Cabrera
Contactar mailto:jcjmtnez@infomed.sld.cu
Código ISPN de la Publicación: EEAAFZZyAulnSlQyqP
Publicado Thursday 3 de January de 2008
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