Resumen:
Es
impostergable la necesidad de promover el desarrollo de adecuados hábitos
alimentarios en el ámbito de Centro y Latinoamérica y en la Cuenca del
Caribe, a pesar de todas las dificultades objetivas y subjetivas que ello
conlleve, y así alcanzar metas nutricionales que promuevan un buen estado de
salud, individual y colectivo, garante del desarrollo económico requerido para
sustentar el bienestar social más pleno.
Indice
Introducción
Desarrollo
Bibliografía
INTRODUCCIÓN
Uno
de los factores más importantes en la determinación del estado de salud de la
población es su estado nutricional (1,2), el cual está en
correspondencia directa con el grado de seguridad alimentaria que poseen los
integrantes de la misma, es decir, aquel que se alcanza cuando todas las
personas tienen, en todo momento, un acceso físico y económico a suficientes
alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer debidamente sus necesidades
nutricionales y sus gustos y preferencias alimentarias a fin de llevar una vida
activa y sana (3).
Asimismo,
el mejor estado nutricional de una población no sólo depende de la
disponibilidad global de alimentos que posibiliten, en la práctica, cubrir sus
necesidades energético-nutrimentales, con independencia de los diversos
factores económicos, geográficos, sociales y culturales que puedan afectar de
manera negativa el acceso físico a los alimentos y la capacidad de las familias
para comprarlos o producirlos (4-7).
La
salud física, psicológica, mental y espiritual del ser humano está en
dependencia del entorno económico, político, social,
cultural y educacional en el cual el mismo se mueve existencialmente y en
cuyo contexto desarrolla un determinado estilo de vida, condicionado por tales múltiples
factores (8).
Uno
de los aspectos más importantes del estilo de vida sano de una población es el
desarrollo, a través de un proceso educativo correcto, de costumbres, hábitos
y conductas alimentarías que posibiliten, en su conjunto, lograr y mantener un
estado nutricional normal de los individuos (9,10).
DESARROLLO
Actualmente
se acepta que, para buscar una solución lo más adecuada posible a los
problemas alimentarios y nutricionales que afectan a la población, es necesario
identificar correctamente sus factores condicionales, concentrándose
los esfuerzos en aquellos con posibilidades de ser atendidos por la
comunidad y entre los cuales figura el educativo alimentario-nutricional, que
tiene como propósito y objetivo el de aliviar, al máximo, los reales efectos
negativos de un acceso disminuido a los alimentos y minimizar, tanto como se
pueda, las consecuencias que pueda tener el acceso, desequilibrado, a fuentes de
alimentación determinadas en situaciones particulares como de libre
disponibilidad y una adecuada capacidad de compra individual (11). En
consecuencia con ello, las intervenciones educativas destinadas a solucionar los
problemas alimentario-nutricionales que afectan a la población, son reconocidas
hoy como un complemento esencial de las acciones tendientes a mejorar la
seguridad alimentaria familiar e individual y representan la estrategia
principal en la prevención y control de las enfermedades crónicas no
transmisibles relacionadas con la dieta en base del desarrollo y consolidación
de costumbres, hábitos y conductas de alimentación correctas (9,11).
ALGUNAS
CONSIDERACIONES SOBRE HAMBRE, APETITO E INGESTA ALIMENTARIA.
En
el ser humano, los factores que intervienen en la determinación de la elección
e ingestión de los alimentos constitutivos de la dieta son múltiples y los
mismos tienen un origen fisiológico y psicológico (12). El sustrato
material y funcional de tales procesos es el cerebro quien se comporta como un
gran integrador de señales de distintas naturalezas y que en definitiva
equilibra el gasto y almacenamiento de energía con la ingesta de alimentos (13).
La
cantidad de alimentos que ingiere el ser humano depende esencialmente
de la integración de respuestas sensitivas y cognoscitivas
del individuo y están en relación directa con el contenido energético
y nutritivo de las sustancias alimentario-nutrimentales consumidas (12).
En
el hombre su experiencia social y cultural actúan modificando, de manera
importante, el efecto de señales directamente relacionadas con el estado fisiológico
y metabólico. Asimismo, factores
puramente psicológicos como la presencia de otros comensales, situaciones
sociales específicas, la ocasión, el acervo cultural, las creencias religiosas
y factores hedonistas contribuyen de manera
importante al desarrollo de la sensación de saciedad (12,14).
A
un nivel descriptivo, más simple, se plantea que cuando el organismo necesita
realmente de energía y nutrimentos las sensaciones que identifican en lo fisiológico
a la sensación de hambre aumentan su intensidad hasta que tal necesidad sea
debidamente satisfecha. Si la
persona ha comido recientemente, las sensaciones que se tendrán serán débiles,
mientras que las mismas serán relativamente fuertes y desagradables si no lo ha
hecho desde algún tiempo antes (13,14).
La
presencia asociada de elementos cognoscitivos o de tipo sensorial que resultan
placenteros tenderá a aumentar la ingesta de alimentos y en caso contrario, ni
siquiera las señales activadoras del reflejo del hambre, resultarán lo
suficientemente fuertes como para obligar al individuo a consumir alimentos
desconocidos, desagradables o aquellos prohibidos por una creencia religiosa o
que proporcionen una visión, sabor u olor inapropiados (14).
Desde
el punto de vista metodológico y conceptual los términos hambre y apetito
deben ser debidamente diferenciados. Si
bien el primero no es más que la conciencia de la necesidad de ingerir
alimentos (sensación prepotente) el segundo se corresponde con el “deseo de
comer”, se asocia a los aspectos más placenteros de la elección e ingestión
de los alimentos al tiempo que puede verse muy acentuado por el hambre en sí (12).
El
termino apetito se emplea con frecuencia para identificar las señales que guían
o conducen al individuo a la elección y consumo de alimentos y nutrimentos
específicos, pudiéndose expresar a través de diferentes conductas como la
elección de componentes de la dieta de una
elevada densidad energética o de aquellos que permitan la satisfacción de
necesidades de determinados nutrimentos en ese momento o a la satisfacción de
deseos hedónicos como un sabor dado (12,14).
A
partir del momento en que aparecen las señales de saciedad derivadas de los
factores cognoscitivos y sensoriales, las diferentes categorías químicas
alimentario-nutrimentales comienzan a generar sus propias señales
postingestivas y postabsortivas de saciedad (13). En definitiva, el
volumen, la composición, la velocidad de absorción y las consiguientes
respuestas metabólicas que se desencadenan, influyen en el intervalo que marca
el comienzo de la aparición de la sensación de saciedad, mientras que la
duración de la misma y el espacio de tiempo transcurrido hasta la próxima
ingestión de alimentos dependen, en su esencia, del complejo sistema de
respuestas neuronales integrado en el subsistema nervioso central (14,15).
ASPECTOS
GEOPOLÍTICOS, ECONÓMICOS Y SOCIALES RELACIONADOS CON LA ALIMENTACIÓN Y
NUTRICIÓN.
En
los países en vías de desarrollo y también en los considerados como, del
“primer mundo”, ricos o desarrollados, existen imágenes familiares bien
conocidas que reflejan un estado de nutrición inadecuado, cuyas consecuencias
tienen una dimensión social. Así
por ejemplo, es frecuente observar que la curiosidad no se manifiesta en los
ojos de muchos niños, que un número crecidos de ellos presentan una estatura
mucho menor que la correspondiente a la edad, que existen jovencitos sin el
aliento suficiente para espantar las moscas que pululan en las llagas de sus
rostros, que hay adultos que cruzan por las calles con una lentitud exasperante,
madres de 30 años que representan más de 60 y hombres, mujeres, niños, jóvenes y adultos, que contienen en sus
cuerpos una excesiva cantidad de grasa que compromete, de manera importante, la
calidad de vida de los mismos.
En
la actualidad se acepta que el ser humano es el factor más importante del
desarrollo y que la calidad de la existencia humana es, precisamente, la medida
última de ese desarrollo y que el más trascendente de los factores que afectan
las condiciones y el estado existencial general de los individuos es una
correcta alimentación, constituyendo el estado nutricional, individual y
poblacional, el más determinante y decisivo de todos (16).
La
mala nutrición, ya sea por exceso o por defecto, influye de manera desfavorable
en el desarrollo mental y físico, en la productividad y los años de una vida
laboral activa, todo lo cual repercute de manera adversa sobre el potencial económico
del hombre como ser social.
Recientemente
el concepto de capital ha sido extendido a los seres humanos. El desarrollo de
esta nueva teoría fue alentado, en su esencia, por el descubrimiento de que
“es mayor el incremento en la producción nacional en comparación con el
incremento de tierras, de horas-hombre y del capital que se puede multiplicar en
forma física. Tal vez la mejor
explicación para esta diferencia la constituya la inversión en el capital
humano” (17).
En
parecidos intentos para determinar los innegables beneficios económicos de la
inversión en la salud, el costo de la prevención de una muerte se compara con
los futuros ingresos del trabajador si hubiese vivido (18). También
la inversión en el capital humano algunos la han determinado relacionándola
con las perdidas que se producirían debido a la muerte en cualquier momento
anterior a la jubilación del trabajador. Ese
capital abarca la salud, los alimentos, vestido, habitación, educación y otros
gastos necesarios para educar lo imprescindible a una persona con el objetivo de
que desarrolle al máximo su capacidad particular.
Tales costos también pueden ser evaluados en comparación con la
debilidad, cuando la muerte no es precisamente un factor (19).
Ya
sea que la enfermedad tenga su traducción concreta en la perdida laboral de días
laborables o en la reducción temporal o permanente de la capacidad de trabajo,
la perdida calculada en la producción, aunada al costo de la atención médica,
puede compararse con los gastos propuestos para evitar, en primer lugar, la
aparición de la enfermedad (20).
De
manera semejante, también se pueden comparar las ganancias que se obtendrán de
los gastos en la alimentación y mejoramiento del estado nutricional. La nutrición mejorada, sin lugar a dudas, eleva el flujo de
ganancias por encima de lo que las mismas hubieran sido en el caso de una falta
de incremento en el estado general de bienestar, individual o colectivo, sobre
todo si gracias a dicha mejoría un trabajador ausente se reintegra a la fuerza
laboral activa, se alarga el lapso de vida laborable, se supera un decaimiento
que reduce su capacidad productiva, se logra que un niño vuelva a la escuela o
mejore su grado de comprensión o retensión de lo aprendido y cuando se permite
que un adulto asimile de manera más eficaz cualquier tipo de adiestramiento
laboral o de capacitación en ese sentido (17-20).
Toda
vez que el bienestar de una persona se estabiliza, los costos de alimentación y
nutrición se convierten de inmediato en gastos de sostenimiento. Así las
cosas, una mejoría en tal sentido y su mantenimiento ulterior,
puede contribuir a elevar o mantener el nivel de productividad de un
miembro activo de la fuerza laboral o puede tomar la forma de inversión, por
ejemplo, ayudar a elevar las ganancias esperadas en el transcurso de la vida
activa futura de un niño de 2 años, de aquí la incuestionable importancia y
trascendencia que tiene para el desarrollo económico de la sociedad, en un
contexto del más pleno disfrute de felicidad de sus integrantes, el hecho de
que se garantice debidamente un flujo alimentario, en cantidad
y calidad, que asegure el mejor estado nutricional posible de ésta (21,22).
En
resumen, la alimentación y nutrición inadecuadas no sólo representan una
consecuencia del subdesarrollo, sino también un factor que contribuye a él,
una verdadera traba de la expresión del potencial del que se puede derivar
un mejoramiento global para
toda la sociedad, un verdadero “lastre” para aquellos grupos humanos en los
cuales se ha logrado ya un desarrollo científico y tecnológico
notables pero que han puesto poca atención al cuidado debido del aspecto
alimentario-nutricional. Si no se
mejora la alimentación y la nutrición en las dos terceras partes menos
favorecidas de la población mundial en estos momentos, puede retrasarse el
desarrollo de los recursos humanos y el desarrollo de las naciones mismas, debiéndose
aclarar que no sólo se trata de la calidad de vida, sino al mismo tiempo de la
calidad de las personas. A menos
que los niveles actuales de mala nutrición no sean controlados en forma
notable, ello puede representar, en un breve lapso de tiempo, un gran detrimento
para el desempeño, el aspecto, el bienestar físico y,
tal vez, de la capacidad
mental de gran parte de la población mundial (23).
En
estos momentos de avance galopante de la Globalización Neoliberal, para evitar
tales cicatrices se requerirán de nuevos puntos de vista e investigaciones, de
nuevas entidades organizadoras en el contexto de una nueva disciplina y, lo que
es más importante, una nueva preocupación por el problema y una nueva escala
de acción concomitante a nivel planetario.
Es realmente triste disponer de la información
necesaria que justifique las asignaciones requeridas de recursos para dar
solución a la problemática alimentaria y nutricional y no implementar las
acciones correctas, al menos en una escala básica, a sabiendas que los
esfuerzos aislados siempre serán una respuesta insuficiente e inaceptable
porque este es el momento de pensar en que, a pesar de que algunos proyectos en
el campo de la alimentación y nutrición humanas consigan algunos resultados
positivos y útiles, el objetivo final debe estar dirigido mucho más allá: a
conquistar, precisamente, metas más trascendentales (24-26).
GENERALIDADES
SOBRE HABITOS ALIMENTARIOS
Sin
lugar a dudas, las características organolépticas de los diferentes componentes de la dieta o patrón alimentario, es decir, las
referidas al color, sabor, olor y textura de los mismos,
que los identifican según su palatabilidad e influyen en su aceptación,
intervienen, de manera importante, en el desarrollo y consolidación de
costumbres, conductas y de los llamados hábitos alimentarios (27), conjuntamente con factores o
elementos bien establecidos y reconocidos como creencias y tradiciones, medio
geográfico, disponibilidad alimentaria, recursos económicos, religión,
distintivos psicológicos y pragmáticos (28,29).
Dichos
factores evolucionan a lo largo de los años en amplios espacios y constituyen,
precisamente, la respuesta a los nuevos estilos de vida que siempre están
acompañados de nuevos productos con los cuales se confeccionan las dietas
dirigidas a satisfacer las reales necesidades de energía y nutrimentos de cada
individuo (dieta sana o saludable, normal o balanceada), pero que
desgraciadamente no se logra las más de las veces en la actualidad (30).
Los
hábitos alimentarios también se relacionan muy directamente con
las variaciones de los recursos económicos de cada persona o de las
colectividades, con el contacto entre representantes de culturas alimentarias
diferentes y ello puede condicionar que los cambios experimentados por patrones
alimentarios ancestrales comiencen a ser significativos, como lo que sucedió
respecto a los hábitos anteriores y
posteriores al descubrimiento de América (31,32).
ASPECTOS IMPORTANTES
DE LA DIETA NORMAL O BALANCEADA.
En
la práctica no resulta nada fácil lograr que el ser humano adecue su dieta a
los verdaderos requerimientos de energía y nutrimentos que necesita para
mantener una estructura y función normales de las diferentes células de sus
distintos tejidos y órganos del cuerpo y, por ende, desarrollar así la
capacidad para integrar una función corporal total normal.
El
atributo más valioso de la Naturaleza es la ENERGÍA.
Ella puede considerarse como la medida de la capacidad que posee un sistema para
realizar trabajo útil, en el seno del mismo o respecto a su entorno.
Así, gracias a la disponibilidad energética de los sistemas u
organismos vivientes, éstos podrán realizar una mayor o menor cantidad de
trabajo biológico, con una potencia o velocidad determinada y que les permitirá,
en definitiva, adaptarse a las condiciones cambiantes del ambiente.
Desde
el punto de vista alimentario y nutricional, la necesidad más importante que
debe ser satisfecha con la dieta es la energética, condicionada la misma por el
gasto energético del individuo el cual, a su vez,
está determinado en lo fundamental por el valor de la Tasa Metabólica
de Reposo y la actividad física que éste realiza.
La
necesidad energética del individuo se satisface mediante la ingestión de las
llamadas categorías químicas alimentarias energéticas o simplemente alimentos
energéticos: los carbohidratos o azúcares (de un 55 a un 60%), las grasas
neutras (de un 25 a un 30%) y las proteínas (de un 10 a un 15%) y, según ésta,
así será el resto de la composición nutrimental de la dieta ingerida, en correspondencia con el concepto de Densidad Nutrimental o
cantidad requerida de un nutrimento en particular por cada 1000 kcal de
necesidad energética.
Una
dieta balanceada es aquella que provee al individuo con la energía alimentaria
y las cantidades requeridas de las diferentes categorías químicas
nutrimentales necesarias para la realización de los diferentes tipos de trabajo
biológico. Ello se logra cuando la misma resulta adecuada, suficiente, variada y
equilibrada y proporciona, al mismo tiempo, determinadas cantidades y tipos de
fibra dietética y es consumida con una frecuencia nunca menor de 6 ingestas
parciales, cada una de las cuales ha de representar, en términos energéticos,
la satisfacción de un cierto valor en porcentaje respecto a la necesidad total
de energía del sujeto (desayuno 20%, merienda matutina 10%, almuerzo 30%,
merienda vespertina 10%, comida 20%
y cena 10%). Siempre y cuando los hábitos
alimentarios del ser humano sean correctos, éste podrá lograr, en su práctica
alimentaria y nutricional, una dieta saludable, sana, normal o balanceada,
objetivo supremo de la Alimentación, Nutrición y Dietética como ciencias
particulares que realmente son.
HÁBITOS
ALIMENTARIOS GENERALES EN LAS REGIONES DE
CENTROAMÉRICA, AMÉRICA DEL SUR Y LA CUENCA DEL CARIBE.
En
el conjunto de los pequeños países centroamericanos, de la cuenca caribeña y
en la extensa área geográfica que integran las naciones sudamericanas se han
identificado, un tanto esquemáticamente, los llamados “principales factores
condicionantes de la conducta alimentaria o hábitos
alimentarios regionales”. Entre
éstos figuran las características geográficas, la disponibilidad y elección
de alimentos, la disponibilidad económica, el nivel cultural, el marco
educativo, la publicidad o “marketing”, el marco social con su alta carga de
costumbrismo, los tabúes religiosos, el marco familiar, las preferencias
alimentarias, la educación nutricional, el resultado de los estudios de salud
realizados, la infraestructura social,
las comunicaciones, la política, lo económico y los importantes aspectos
tradicionales (27,28).
En
América del Centro, América del
Sur y el Caribe una gran parte de la población sufre, en estos momentos, las
consecuencias biológico-
funcionales negativas de la mala nutrición por defecto y otra parte importante
está indudablemente sobre alimentada, expuesta a las enfermedades debidas al
exceso de alimentación, observándose en ambos casos un sobredimensionamiento
de los factores tradicionales, míticos y simbólicos en la determinación de la
comida de cada día, con una intervención tan fuerte en las preferencias y
aversiones que manifiestan los individuos por los alimentos que han llegado a
constituirse en los elementos
primordiales definitorios de las formas de preparación, distribución y de los
servicios alimentarios (29).
Como
en muchos otros lugares del mundo, en Centroamérica, América del Sur y el
Caribe, los hábitos
alimentarios distan mucho de aquellos que son necesarios para alcanzar, en
la práctica, una alimentación sana. La
falta de conocimiento que se tiene, en general, sobre el valor nutritivo de los
alimentos es algo preocupante, lo que unido a la falta de recursos económicos
de las grandes mayorías, con la inadecuada accesibilidad a los componentes de
una dieta saludable y a una predominante
falta de disponibilidad de alimentos en los mercados hacen aún más sombrío el
panorama de bienestar y salud de la región a corto, mediano y largo plazo (27,33,
34).
Asimismo,
nuevas tendencias negativas relacionadas con los hábitos
alimentarios se observan cada vez con mayor frecuencia.
La distribución y el consumo de alimentos,
una forma muy expresiva para valorar el funcionamiento de la organización
familiar, laboral y escolar, las propias relaciones sociales que se generan en
relación con los alimentos, no son las más idóneas y se alejan
sustancialmente de lo que deberían ser (34).
Algo
semejante ocurre con las denominadas preferencias alimentarias que identifican e
integran a los individuos en diferentes grupos: los de la comida basura o
“junk food”; el de las comidas rápidas, integrado principalmente por
adolescentes; el grupo tentempié o “snack” de muchos adultos; el “self
service” o sírvase usted mismo, el cual ha transformado a las personas en
camarero-comensales, por tan sólo mencionar algunos (35).
Los
centro, sudamericanos y caribeños sufren en estos momentos las consecuencias de
una evolución notable en sus hábitos
alimentarios debido al impacto de los nuevos estilos de vida, condicionantes
de cambios drásticos en la organización familiar y también a escala social, a
lo cual se ha sumado el desarrollo de avanzadas tecnologías en el área
agroalimentaria que han puesto a disposición de los consumidores los llamados
“alimentos servicio”, especialmente concebidos para facilitar la preparación
y consumo de los mismos sin tomar en consideración, las más de las veces, los
reales valores nutritivos que deben poseer cada uno de los integrantes de la
dieta ingerida (33,34).
La
Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce en la actualidad que es una
necesidad para toda el área de Centroamérica, Suramérica e incluso la Cuenca
del Caribe, hacer un intenso trabajo educativo, de mejoramiento de las
condiciones generales de vida, de acceso a espacios socioeconómicos que son muy
reducidos en estos momentos, de trabajo y productivos más amplios y que, en un
contexto de mayor grado de seguridad política posibiliten, en su conjunto, el
rescate de las mejores costumbres y el cambio consecuente en los hábitos
y conductas alimentarias, de los servicios de salud primarios y secundarios que,
de continuar así, sumarán cada día más muertes, sobre todo en los primeros 5
años de vida y en la llamada “edad mayor”, a las que ya se cuentan por
decenas de millares en esa región del mundo y se pronuncia al mismo tiempo en
el sentido de que “ello sólo será posible aunando voluntades con la
participación consciente de los gobiernos y de la población en general” (36-38).
La
OMS, conjuntamente con otros expertos, plantea que hay que trabajar en el
sentido de lograr que las personas comprendan y pongan en práctica, tanto como
les sea posible, que tratándose de la alimentación solamente podrán
desarrollarse hábitos alimentarios
saludables en la misma medida en que se tengan conocimientos sobre el valor
nutritivo de los alimentos y su inocuidad, siempre y cuando existan los recursos
económicos requeridos para la adquisición de los mismos y haya una adecuada
disponibilidad en el mercado de éstos. No
se trata de sugerir fríamente grandes cambios en las tendencias de consumo
sino, más bien, reforzar las costumbres tradicionales de la población en su tránsito
hacia el progreso que no radica, precisamente, en un consumo excesivo de grasas,
de alimentos de origen animal como las carnes rojas, de sal, de los llamados azúcares refinados con una casi
ausencia de fibra dietética, de franco menosprecio al pescado y una marcada
desatención por los vegetales y frutas frescas, aspectos éstos
extraordinariamente frecuentes en toda las Regiones (38-40).
Cuando
los hábitos alimentarios son
inadecuados la alimentación termina siendo deficiente, con disminución de la
resistencia a las enfermedades, retraso
del crecimiento y desarrollo, con afectación de la productividad en el trabajo
y reducción del rendimiento en los estudios y en los deportes, sin olvidar que
también la alimentación excesiva y una vida sedentaria favorece la aparición
de sobrepeso, obesidad, hipertensión arterial, ateroesclerosis, diabetes y cáncer
(39), lo que se pone de manifiesto, de manera evidente, en amplios
sectores, de bajos y elevados recursos económicos, en los países de Centro y
Sudamérica y del Caribe en los cuales se precisa igualmente de prácticas higiénicas
correctas en la manipulación de los alimentos (38).
El
alcoholismo es una práctica inadecuada que se realiza por un número cada vez más
elevado de residentes en la Región que, además de producir adicción,
determina que los consumidores de bebidas alcohólicas (y de otras drogas)
desarrollen hábitos alimentarios
inadecuados, coman a deshoras o prefieran, incluso, la bebida a la comida.
También estas personas presentan alteraciones como aumento de los
niveles de colesterol y triglicéridos en la sangre, predisposición a la
obesidad y una importante disminución en el aprovechamiento biológico de
algunas vitaminas y minerales (39,40).
En
conclusión, es impostergable la necesidad de promover el desarrollo de
adecuados hábitos alimentarios en el
ámbito de Centro y Latinoamérica y en la Cuenca del Caribe, a pesar de todas
las dificultades objetivas y subjetivas que ello conlleve, y así alcanzar metas
nutricionales que promuevan un buen estado de salud, individual y colectivo,
garante del desarrollo económico requerido para sustentar el bienestar social más
pleno.
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Autores:
Dr.
Richard Visser*
Dr.
Troadio González**
Dr.
Angel Caballero**
*
Director del Visser Wellness and Research Center de Aruba
**
Doctor en Ciencias Médicas. Instituto de Nutrición e Higiene de los Alimentos
de Cuba
Datos
del autor principal:
El
Dr. Richard Visser es Director del Visser Wellness and Research Center de Aruba,
realiza investigaciones en el campo de la obesidad infantil y desarrolla
actividades científicas con el propósito de identificar el comportamiento de
esta enfermedad para aplicar acciones preventivas de la misma y de promoción de
salud en relación con estilos de vida saludables.