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Intervencion en crisis en suicidas frustrados


Enviado por Prof. Dr. Sergio A. Perez Barrero
Código ISPN de la Publicación: EEEkykFEpZfIdQvMBY


Resumen: El suicidio frustrado es, por definicion, aquel acto suicida que no conlleva la muerte del sujeto por circunstancias fortuitas, casuales, imprevistas, que si no se hubieran presentado, se habria producido necesariamente el desenlace fatal. Aunque no conlleva a la muerte, no debe considerarse como un intento de suicidio, o parasuicidio, termino que se emplea en Europa como sinonimo del comportamiento autodestructivo del sujeto pero con la firme conciencia e intencion de no ser mortal; es decir el individuo hace intentos de danarse a si mismo, sin que el objetivo final sea el de quitarse la vida.(V)


   

  

El suicidio frustrado es, por definición, aquel acto suicida que no conlleva la muerte del sujeto por circunstancias fortuitas, casuales, imprevistas, que si no se hubieran presentado, se habría producido necesariamente el desenlace fatal (1). Aunque no conlleva a la muerte, no debe considerarse como un intento de suicidio, o parasuicidio, termino que se emplea en Europa como sinónimo del comportamiento autodestructivo del sujeto pero con la firme conciencia e intención de no ser mortal; es decir el individuo hace intentos de dañarse a sí mismo, sin que el objetivo final sea el de quitarse la vida. Nótese la diferencia entre esta definición y la que se ha expuesto con antelación sobre el suicidio frustrado.

Algunas investigaciones califican  al suicidio frustrado como una tentativa gravísima de suicidio, un acto cuyas consecuencias son similares al suicidio, diferenciándose en cuanto al resultado mortal de este último. El individuo tiene ideas de muerte, un profundo trastorno psicopatológico, prepara su comportamiento suicida, pero un elemento circunstancial evita su muerte. El individuo puede presentar, como consecuencia de su conducta suicida, gravísimas heridas físicas.

En otras palabras, el suicidio frustrado es un suicidio que no se materializó por factores externos al sujeto. Generalmente en el momento de ser descubierto y recibir los primeros auxilios, la vida de los suicidas frustrados esta gravemente comprometida, por lo que todos los casos  requieren hospitalización para tratamiento intensivo en el que se aplican medidas de apoyo vital avanzado que garantizan el mantenimiento de las  funciones cardiaca y respiratoria.

Por lo general, estos casos cumplen algunas características comunes con los suicidios como pertenecer al sexo masculino, utilización de métodos mortales, mayor psicopatología de quienes lo realizan, mayor edad y tener una historia personal con mayor numero de estresares crónicos que los que cometen intentos de suicidio sin peligro inminente para la vida. Cuando el suicidio frustrado afecta a una persona joven, generalmente el intento de autoeliminación fue realizado bajo los efectos del alcohol, las drogas o ambos.

Por las características del suicidio frustrado, el abordaje terapéutico de la crisis suicida en la que está inmerso el sujeto, no podrá iniciarse hasta que sea posible establecer una adecuada comunicación, lo cual no siempre es posible por el grave daño físico que hemos señalado con antelación que generalmente padece el individuo.

El terapeuta debe entonces entrevistar a los familiares para iniciar la conformación de un diagnostico presuntivo del individuo lo que se intentará lograr mediante un interrogatorio dirigido a determinar:

1. ¿Quién era esta persona antes de cometer el suicidio frustrado?

De las respuestas a esta pregunta se pueden determinar aquellos factores que contribuyeron a la realización del acto suicida como los siguientes:

• Padecer una enfermedad psiquiátrica previa

• Tener antecedentes de intentos de suicidio (por lo general, en estos casos los intentos suicidas previos han sido realizados con creciente letalidad del método utilizado hasta llegar al que utilizo para realizar el suicidio frustrado)

• Tener historia de inadaptación social, laboral y familiar

• Provenir de una familia psiquiátrica o tener familiares psiquiátricos.

• Provenir de una familia de  suicidas o sobrevivientes de suicidios.

2. ¿Quién es esta persona ahora?

La comparación entre las respuestas a la pregunta precedente y a ésta puede dar más apro­ximación al diagnostico del sujeto, pues mientras mayores sean las diferencias desfavorables entre lo que una persona fue y lo que es, mayor sicopatología debe padecer. Aquí queda incluido además, el cuadro clínico actual, es decir, los síntomas presentados por el sujeto antes de realizar el acto suicida, los factores que desencadenaron el suicidio frustrado , entre los que sobresalen los conflictos de familia y pareja, las enfermedades físicas asociadas, etc.

3. ¿Qué es lo que decía o hacia el sujeto que llamara la atención de los familiares?

Con esta pregunta se trata de descubrir las ideas distorsionadas sobre la realidad, los clásicos “disparates” al decir de los familiares, supuestas culpas, autorreproches,  enfermedades incu­rables, ideas de persecución, daño o perjuicio, quejas físicas poco creíbles, si amenazaba con el suicidio, etc. (2) (3) (4).

Se deben explorar los sentimientos de culpa de los familiares y la presencia de ideas suicidas en alguno de ellos como parte del abordaje a los familiares de los que cometen suicidio frustrado así como ayudar a la familia a reconocer que el suicidio frustrado estuvo relacionado con la posible enfermedad del individuo y no con una falla de ellos, pues está comprobado que los familiares están en peligro de tener un comportamiento similar por diversos mecanismos, entre los que la imitación desempeña su papel.

Una vez que se pueda entrevistar al paciente, es necesario determinar su estado mental, pues no es infrecuente que exista amnesia para lo ocurrido, principalmente cuando se trata de ahorcamientos incompletos y disparos de armas de fuego en la cabeza que

ocasionan daños al Sistema Nervioso Central. En tales casos se deben responder con sinceridad las preguntas que realice el individuo con respecto a su aspecto físico (marca de surco en el cuello debido al ahorcamiento, deformidad facial o craneal derivadas del disparo de arma de fuego). En ocasiones para explicar tales  secuelas los pacientes esgrimen diversos argumentos que no corresponden con la realidad, y que se trata de mecanismos de adaptación ante la nueva situación, los que no siempre son útiles, como por ejemplo, la negación de lo ocurrido a pesar de las explicaciones de familiares y terapeuta o bien la confabulación, atribuyéndole otro origen a las secuelas del acto suicida, tejiendo toda una historia ficticia al respecto, lo que denota una alteración cualitativa del proceso mnésico, signo evidente del sufrimiento cerebral padecido. Es por ello que en esos casos es recomendable no intentar destruir tales mecanismos por varias razones, primera porque no dependen de la voluntad  del sujeto sino del daño cerebral subyacente y segunda porque se pueden desencadenar reacciones afectivas insospechadas, catastróficas.

Si el sujeto no presenta los trastornos del estado mental señalados y su estado permite una comunicación adecuada con el terapeuta, en tales casos se impone completar la impresión diagnóstica iniciada con el interrogatorio de los familiares, lo cual implica una entrevista medica exhaustiva para detectar los síntomas y signos de aquellas enfermedades que conllevan al suicidio frustrado con mayor frecuencia que otras, como son las depresiones con síntomas psicóticos sean o no congruentes con el estado de ánimo, los trastornos esquizofrénicos, el alcoholismo y la dependencia de sustancias asociadas a otras enfermedades mentales ( comorbilidad), trastornos de la personalidad tipo limite o antisocial, los trastornos somáticos con merma sustancial de la calidad de vida ( dolor insoportable, falta de aire intensa la mayor parte del tiempo, incapacidad para valerse por si mismo considerándose una carga para otros, etc.).

Es conveniente precisar el diagnostico e imponer el tratamiento psicofarmacológico correcto ya que este es un elemento básico en el manejo de un suicidio frustrado si se parte del principio que ese acto suicida grave estuvo determinado por un trastorno mental especifico que si no se trata adecuadamente el riesgo suicida no disminuirá e incluso puede incrementarse.

El abordaje acertado de un individuo con un suicidio frustrado debe hacer mayor énfasis en el manejo terapéutico de los síntomas psiquiátricos de la enfermedad mental que conllevó al acto suicida que de las manifestaciones de la crisis suicida en si misma, pues estas son secundarias a dicha condición.

Además de intentar arribar al diagnostico definitivo, se debe explorar la presencia de ideas suicidas actuales en el sujeto, y para ello se sugieren las siguientes variantes de abordar el tema:

1ra variante: "Evidentemente usted no se siente bien y quisiera saber cómo ha meditado resolver su situación actual".

2da variante: "Usted me ha manifestado que apenas duerme y quisiera saber en qué piensa cuando eso le ocurre, pues sé que en esos casos se idean muchas cosas".

3ra variante: "¿Y durante este tiempo que usted se ha sentido así, ha tenido pensamientos malos?"

4ta variante: "Bien, yo quisiera saber si en su familia alguien se ha matado, es decir, se ha suicidado o ha intentado contra su vida" (Esperar respuesta y preguntar)."¿Cuantas veces usted ha intentado contra su vida o lo había pensado hacer?", "Y ahora, ¿sigue pensando matarse?

5ta variante: "¿Ha pensado usted quitarse la vida nuevamente?" (5)

Si de esta exploración se detecta una idea suicida actual, se sugiere continuar profundizando en su semiologia para lo cual se propone la siguiente secuencia de preguntas:

I.- ¿Cómo ha pensado repetir el intento de suicidio?  Esta pregunta intenta descubrir el método suicida. Es mayor el peligro suicida si el método está disponible. Aunque cualquier método,  en determinadas circunstancias puede ocasionar la muerte, los llamados métodos duros, como el ahorcamiento, el fuego, la precipitación de lugares elevados creados por el hombre o naturales, sección de grandes vasos, y otros, son más peligrosos

II.-¿Cuándo ha pensado suicidarse?

Esta pregunta no trata de averiguar una fecha específica para cometer suicidio sino más bien determinar si el sujeto está poniendo las cosas en orden, haciendo testamento, dejando notas de despedida, regalando posesiones valiosas, si espera la ocurrencia de un hecho significativo como la ruptura de una relación valiosa, la muerte de un ser querido, etc. Permanecer a solas es el mejor momento para cometer suicidio, por tanto, debe estar acompañado hasta que el riesgo desaparezca.

III.- ¿Dónde ha pensado suicidarse?

Mediante esta pregunta se intenta descubrir el lugar en que se piensa realizar el acto suicida. Por lo general los suicidios ocurren en los lugares frecuentados por el suicida, principalmente el hogar y la escuela o casa de familiares y amigos. Los lugares apartados y de difícil acceso, con pocas probabilidades de ser descubierto, y los elegidos por otros suicidas, conllevan un riesgo elevado.

IV.- ¿Por qué ha pensado suicidarse?

Con esta interrogante se pretende descubrir el motivo por el cual se pretende realizar el acto suicida. La pérdida de una relación valiosa y los conflictos familiares se sitúan entre los más frecuentes. Los motivos nunca deben ser evaluados a través de la experiencia del entrevistador y siempre considerarlos significativos para el suicida.

V.- ¿Para qué ha pensado suicidarse? Al enfrentarnos a una persona que ha realizado un acto de suicidio se debe intentar descubrir el significado del acto suicida para su manejo psicoterapéutico. En el caso del intento de suicidio los significados pueden ser disímiles como los deseos de mostrar a otros cuan grandes son los problemas, como grito de ayuda o socorro, deseos de escapar de una situación intolerable, deseo de expresar rabia, de reunirse con sus seres queridos fallecidos, para agredir a otros, etc. Sin embargo en los sujetos que cometen un suicidio frustrado el significado del acto suicida es el deseo de morir similar al del suicidio consumado.

Mientras más planificada sea la idea suicida, el riesgo de cometer suicidio se incrementa considerablemente. (6). En algunos casos puede ser conveniente pedir una mora suicida al sujeto, es decir, invitarlo a posponer el acto de suicidio durante unas semanas, que generalmente es el tiempo necesario para que los psicofármacos actúen debidamente y desaparezca la ideación suicida.

Si el sujeto no presenta ideas suicidas en el momento de la entrevista se deben investigar sus opiniones con relación a lo ocurrido, si considera que su suicidio frustrado fue un acto correcto o no, si los motivos que le llevaron a intentar contra su vida se modificaron o no con ese acto, si necesariamente tenia que realizar el acto suicida que casi le cuesta la vida o si por el contrario, tenia otras alternativas y si las tenía porque no se decidió por otras menos destructivas. Se debe hacer énfasis que con el suicidio frustrado se ha pretendido dar una solución definitiva en contra de su propia persona a sufrimientos y situaciones que son temporales. Uno puede sentirse mal durante un mes, tres meses, un año, cinco años, pero no va a sentirse mal todo el tiempo, toda la vida.

Este abordaje intenta conocer si el individuo ha comenzado a considerar otros mecanismos de adaptación y si la salida suicida ha sido desechada.

Ante esta situación es muy útil servir de “modelo ortopédico” a este tipo de individuos, dándoles apoyo frecuente, ayudándoles en el análisis de sus problemas y dificultades, facilitando la participación de ellos en la búsqueda de soluciones en conjunto con otros familiares, compañeros de estudio o de trabajo, con la finalidad de disminuir hasta donde sea posible los sentimientos recurrentes de soledad tan frecuentes en las personas suicidas pues en momentos de crisis esas alternativas están sustancialmente reducidas, y predominan los sentimientos de autodes­trucción.

Es una buena técnica de ayuda no intentar convencer al individuo que realiza un suicidio frustrado de lo maravilloso que resulta ­estar vivo, de lo buena que es la vida y otras conversaciones similares, pues ellos, precisamente, no son capaces de pensar eso y lejos de ayudar, se pueden incrementar sus sentimientos de ineficiencia, inutilidad, minusvalía, por sentirse incapaces de disfrutar de los beneficios de vivir. En este sentido, es más útil precisar con detalles lo que dicen sobre sus vidas y porqué consideran que carecen de sentido y es mejor morir, pues la sola expresión de estas opiniones pudiera llevarles cierto alivio, además de permitirnos conocer cómo piensan.

Si se trata de repetidores hay que analizar si la letalidad de los métodos utilizados con anterioridad  es menor que la del ultimo acto suicida, porque ello indica que el riesgo de suicidio se ha incrementado.

 

Bibliografia

  1. Pérez Barrero SA (2003) La adolescencia y el comportamiento suicida. Ediciones Bayamo.
  2. Perez Barrero S.A. (1999) Lo que Ud debiera saber sobre…Suicidio.

      Editorial Imagen Grafica SA de CV. México. DF.

  1. Perez Barrero S.A. (2003) Psicoterapia para aprender a vivir. Editorial Oriente.
  2. Correa H; Perez Barrero S. A. El suicidio: una muerte evitable. (en prensa)
  3. Perez Barrero S.A. (1996). El suicidio: comportamiento y prevención. Editorial Oriente.
  4. Perez Barrero S.A. ( 2003) “¿Cómo evitar el suicidio en adolescentes “en http://www.psicologia-online.com/ebooks/suicidio/index.shtml

 

Autor: Prof. Dr. Sergio A. Perez Barrero

Fundador de la Sección de Suicidiologia de la Asociación Mundial de Suicidiologia

Fundador de la Red Mundial de Suicidiologia.


Enviado por Prof. Dr. Sergio A. Perez Barrero
Contactar mailto:serper.grm@infomed.sld.cu


Código ISPN de la Publicación: EEEkykFEpZfIdQvMBY
Publicado Monday 4 de April de 2005