La
fiebre hemorrágica de Marburgo es una enfermedad grave y de alta letalidad,
provocada por un virus de la misma familia que el virus de la fiebre hemorrágica
del Ebola. Al microscopio electrónico, las partículas víricas aparecen como
filamentos alargados, que a veces se enrollan adoptando formas singulares; de ahí
el nombre de esta familia: Filoviridae. Estos virus se encuentran entre los patógenos
conocidos más virulentos para el hombre.
Aunque están causadas por virus
distintos, las dos enfermedades son casi idénticas desde el punto de vista clínico.
Ambas son raras, pero pueden originar brotes epidémicos alarmantes, con alta
letalidad. En general, las autoridades sanitarias sólo han prestado atención a
los brotes anteriores cuando la transmisión se ha intensificado debido a un
control inadecuado de la infección en el entorno asistencial.
No se dispone de vacuna ni de
tratamiento específico para ninguna de estas dos enfermedades. A pesar de que
durante años se han realizado investigaciones minuciosas en centenas de mamíferos,
insectos y plantas, no se ha logrado identificar ningún reservorio ni ninguna
fuente ambiental de estos virus. Los monos pueden infectarse, pero no se
consideran reservorios viables, puesto que prácticamente todos los animales
infectados mueren demasiado rápidamente como para permitir la supervivencia del
virus. Se piensa que los seres humanos no forman parte del ciclo de transmisión
natural y que su infección es accidental.
Historia
natural y cuadro clínico
Agente causal. Marburgvirus, de
la familia Filoviridae.
Distribución geográfica. Se han
descrito brotes epidémicos y casos esporádicos en Angola, Kenya, la República
Democrática del Congo y Sudáfrica (en una persona que había viajado poco
tiempo atrás a Zimbabwe). Los primeros brotes, registrados en Alemania y en la
antigua Yugoslavia en 1967, se produjeron tras el contacto con monos verdes
africanos (Cercopithecus aethiops) importados de Uganda para trabajos de
laboratorio.
Transmisión. La transmisión del
virus de persona a persona requiere un contacto muy estrecho con un enfermo. El
contagio se produce por contacto con sangre u otros líquidos corporales (heces,
vómitos, orina, saliva y secreciones respiratorias) con alta concentración de
virus, especialmente cuando estos líquidos contienen sangre. Se puede producir
transmisión a través de semen infectado hasta siete semanas después de la
curación clínica. Se piensa que el contagio por contacto casual es
extremadamente raro. La baja tasa de transmisión en caso de contacto casual
sugiere que la transmisión por aerosoles provenientes de las vías
respiratorias no es eficiente, si acaso se produce. La transmisión no ocurre
durante el período de incubación. Los pacientes parecen ser más contagiosos
durante la fase aguda de la enfermedad, que se acompaña de manifestaciones
hemorrágicas. El contacto estrecho con un paciente grave, durante la asistencia
domiciliaria u hospitalaria, y ciertas prácticas funerarias son vías de
infección frecuentes. Cuando la transmisión se produce a través de material
de inyección contaminado o por pinchazo accidental con una aguja, la enfermedad
resulta más grave, el estado del paciente se deteriora rápidamente y es
posible que la letalidad sea mayor.
Período de incubación. Entre
tres y nueve días.
Susceptibilidad. Los seres
humanos son susceptibles a esta infección a cualquier edad, pero la mayoría de
los casos se han registrado en adultos. Antes del actual brote epidémico en
Angola, se pensaba que los casos pediátricos eran sumamente raros. Durante el
mayor brote epidémico registrado anteriormente, que tuvo lugar en la República
Democrática del Congo desde finales de 1998 hasta 2000, sólo 12 casos (8%) tenían
menos de 5 años.
Cuadro clínico. La enfermedad
causada por el virus de Marburgo comienza súbitamente, con cefalea y malestar
intensos. Las mialgias son síntomas frecuentes.
Por lo general, el primer día
aparece fiebre alta, seguida por un debilitamiento progresivo y rápido.
Alrededor del tercer día comienza una diarrea líquida profusa, acompañada de
dolor abdominal y cólicos, náuseas y vómitos. La diarrea puede durar una
semana. Según se ha descrito, en esta fase de la enfermedad los pacientes
presentan un aspecto «fantasmal», con ojos hundidos, rostro inexpresivo y
letargo extremo. En el brote epidémico europeo de 1967 la mayoría de los
pacientes presentaron un exantema no pruriginoso entre el segundo y el séptimo
día después del inicio de los síntomas. Muchos pacientes presentan
manifestaciones hemorrágicas graves entre el quinto y el séptimo día, y en
los casos mortales suele producirse algún tipo de hemorragia, generalmente en múltiples
localizaciones. La observación de sangre fresca en vómitos y heces coincide
generalmente con hemorragias nasales, gingivales y vaginales. Las hemorragias
espontáneas en los puntos de punción venosa pueden ser muy problemáticas.
Durante la fase aguda de la enfermedad, los pacientes presentan continuamente
fiebre alta. La afectación del sistema nervioso central puede ocasionar un
estado confusional, irritabilidad y agresión. Se ha descrito ocasionalmente la
aparición de orquitis en la fase tardía de la enfermedad (15.° día).
En los casos mortales, el
paciente suele fallecer entre ocho y nueve días después de la aparición de
los primeros síntomas, generalmente tras hemorragia masiva y choque.
Historia
de los brotes registrados
Reservorio natural del virus.
Desconocido.
1967: Alemania y Yugoslavia. La
fiebre hemorrágica de Marburgo se detectó por primera vez al producirse brotes
epidémicos simultáneos en Marburgo y Frankfurt (Alemania), y Belgrado (antigua
Yugoslavia). Los casos iniciales ocurrieron en personal de laboratorio que
trabajaba con monos verdes africanos importados de Uganda. Se registraron en esa
ocasión 25 casos primarios, siete de los cuales fueron mortales, y seis casos
secundarios, sin fallecimientos. Los casos primarios se observaron entre el
personal de laboratorio expuesto al virus de Marburgo por contacto con monos
infectados o con sus tejidos. Los casos secundarios comprendieron dos médicos,
una enfermera, un ayudante de autopsias y la esposa de un veterinario. En todos
estos casos se había producido un contacto directo ― generalmente por
contacto con sangre ― con un caso primario. Ambos médicos se contaminaron
al pincharse accidentalmente cuando extraían sangre a pacientes.
1975: Sudáfrica, posiblemente a
través de Zimbabwe. A mediados de febrero de 1975 ingresó en un hospital de
Johannesburgo (Sudáfrica) un varón de 20 años, de nacionalidad australiana,
en estado grave. A principios del mismo mes, el joven y su compañera de 19 años
habían recorrido Zimbabwe, durmiendo a menudo al aire libre. El paciente murió
cuatro días después de su ingreso. Se procedió entonces al aislamiento de
todas las personas que habían estado en contacto directo con él y se tomaron
medidas estrictas para controlar la infección. No obstante, la enfermedad se
propagó a su compañera de viaje y a una enfermera de 20 años que había
atendido a ambos pacientes. Las dos mujeres recibieron un tratamiento de apoyo
enérgico y finalmente se recuperaron.
1980: Kenya. El 8 de enero de
1980, un francés de 56 años de edad que trabajaba en la provincia Occidental
presentó repentinamente fiebre, seguida de cefalea, diarrea y vómitos. Entre
sus antecedentes recientes de viaje figuraba una visita a la cueva de Kitum, en
el Parque Nacional del Monte Elgon (Kenya). A pesar de la asistencia
especializada que recibió en Nairobi y de los intentos de reanimación
intensiva realizados, el paciente murió el 15 de enero. El médico que había
efectuado la reanimación presentó síntomas nueve días después, pero se
recuperó.
1987: Kenya. El 13 de agosto de
1987, un adolescente danés de 15 años que estaba en Kenya desde hacía un mes
fue hospitalizado con un cuadro de cefalea, malestar general, fiebre y vómitos,
de tres días de duración. Nueve días antes de que aparecieran los síntomas,
había visitado la cueva de Kitum, en el Parque Nacional del Monte Elgon
(Kenya). A pesar del tratamiento de apoyo enérgico administrado, el paciente
murió el 11.° día de la enfermedad. No se detectó ningún otro caso.
1998–2000: República Democrática
del Congo. El brote de la República Democrática del Congo fue el primer gran
brote de la enfermedad que se produjo en condiciones naturales. Se desarrolló
de fines de 1998 a 2000 y se registraron 154 casos, de los cuales 128 fueron
mortales, lo que corresponde a una tasa de letalidad del 83%. Las personas
afectadas fueron mayoritariamente hombres jóvenes que trabajaban en una mina de
oro de Durba, en el nordeste del país, donde se localizó el epicentro del
brote. Posteriormente se detectaron casos en el pueblo vecino de Watsa. Entre
los familiares que participaban directamente en el cuidado de los pacientes se
registraron algunos casos, pero la transmisión secundaria pareció ser
infrecuente. Los estudios virológicos posteriores indicaron que, en más de
siete ocasiones, se habían introducido en poblaciones humanas diversas cepas de
virus, provenientes de alguna fuente ambiental desconocida.
2004–2005 (en curso): Angola.
Se piensa que el brote comenzó en la provincia de Uíge, en octubre de 2004. Al
2 de abril de 2005, el Ministerio de Salud había notificado un total acumulado
de 163 casos, 150 de los cuales habían sido mortales. La mayoría de los casos
detectados en otras provincias se han relacionado directamente con el brote de Uíge.
A petición del gobierno angoleño, se ha organizado una asistencia
internacional, coordinada por la OMS, para ayudar a controlar este brote.
Policlinico:
Julian Grimau
Santigo
de Cuba. CUBA
Autora:
Dra.
Carmen Bacardí Noriega.
Revision
de tema.Enero-2006.