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Borges, teoria cuantica y universos paralelos (resumen tecnico)


Enviado por Ing. Oscar A. Di Marco Rodríguez
Código ISPN de la Publicación: EEVVlukpuEsAqXJFVY


Resumen: Solamente una mente genial pudo vislumbrar las infinitas realidades que nos propone la Teoria Cuantica en los pliegues de una materia que se vuelve elusiva y extrana a medida que intentamos penetrar en el mundo de lo muy pequeno o lo desmesuradamente grande, la angustia de nuestra ignorancia aunada por el infinito de los extremos.


   

  

Introducción
Casi cuatro años me demoré en completar este ensayo cuyo disparador fue la relectura del portentoso cuento “El jardín de los senderos que bifurcan” sobre el final de mi carrera de ingeniero.

La culpa no fue enteramente de Borges sino mas bien la intención de volcar en forma ordenada una serie de pensamientos o razonamientos que se van acumulando en la mente de alguien que, como en mi caso, ha tenido que lidiar profesional y permanentemente con temas tan disímiles que van desde la química a la fisicomatemática, pasando por las ciencias de la conducta y el comportamiento humano, obligado tal vez por el objetivo final de un ingeniero químico devenido en especialista en prevención de accidentes y saneamiento ambiental.

Con los años de investigación, docencia y aplicación práctica de esos conocimientos, se puede apreciar la aparición de ideas y conceptos que suelen contradecir el sentido común o nuestras ideas mas acendradas, especialmente en materia cosmológica 

Según lo irán viendo con el correr de la lectura, esta no es una obra con pretensiones de análisis literario de la fantasía de nuestro genial escritor, sobre lo que mucho se ha escrito y sin dudas mucho mas se escribirá, solo intento opinar fundadamente en cuanto al carácter cosmológico de este cuento que integra “Ficciones” y exponer también una metáfora o analogía que puede ser útil para la mayor divulgación y mejor comprensión de teorías como la relatividad y la cuántica, tan novedosas como reñidas con el sentido común.

No empleo la calificación de razonamiento metafísico o filosófico, aunque se ajustaría bien a la realidad del contexto, coincidiendo con la incomodidad que, a veces, expresa Borges en el uso de esos términos tan meritorios y solemnes, cuando el objetivo era intelectual y estético en su caso, mientras es mas bien solo de divulgación intelectual en el mío.

Discrepando con otros analistas, no pienso que sus ideas, entre otras, sobre tiempos convergentes, divergentes, paralelos que: “abarcan todas las posibilidades y que aún así solo son una visión parcial, incompleta, aunque no falsa del universo” (Borges, 1941), sean producto de la casualidad o de un hipotético accidente (Alberto G. Rojo www.lehman.cuny.edu/ciberletras/v1n1/crit_06.htm.) creo sí, que tal como lo hizo en y con otros escritos, también en este cuento se refiere al mismo en forma equívoca, casi ladina, cuando dice que se trata de un cuento policial.

Borges sabía de lo que escribía en la cuarta década del siglo 20, cuando menciona a Albert (¿¡Einstein!?) atareado en sus infinitos tiempos y senderos que finalizarían con un bombardeo (¿nuclear?) a una ciudad homónima inglesa de aquellos tiempos de guerra, presagio de las intenciones nazis en una Alemania que era público y notorio como lo expresaba la prensa, se encontraba ya en las puertas del dominio del átomo.

Por supuesto no me refiero al conocimiento físico-matemático de un científico, sino al conocimiento que un poeta ilustrado e informado puede tener al leer sobre la relatividad que proponía Einstein, el principio de incertidumbre de Heissemberg, las experiencias de Schroedinger y otros portentos teóricos que iluminaban el alba del siglo veinte.

Solamente una mente genial pudo vislumbrar las infinitas realidades que nos propone la Teoría Cuántica en los pliegues de una materia que se vuelve elusiva y extraña a medida que intentamos penetrar en el mundo de lo muy pequeño o lo desmesuradamente grande..., la angustia de nuestra ignorancia aunada por el infinito de los extremos.

Luego de su larga experiencia europea y habiendo leído en su lengua natal, entre muchísimos otros, a gigantes de la literatura fantástica (el gustaba llamar así a lo que hoy los técnicos consideramos, quizás equivocadamente, “ciencia ficción”) como: H. P. Lovercraft, , Olaff Stapleton, H. G. Wells, etc, etc, por no mencionar a la inmensa lista que probablemente arranca con los clásicos del pensamiento griego y sin solución de continuidad se desarrolla hasta sus contemporáneos tanto del mundo occidental como los orientales, el políglota Borges en 1941 había formado y echado a caminar el germen del meme que daría lugar a la aparición de los universos paralelos que hoy convoca el pensamiento de prominentes investigadores.

Hubo de transcurrir mas de una década para que la ciencia se asomara a esas enigmáticas ideas y les diera un fundamento físico-matemático con la presentación de la tesis doctoral (conocida como Many World Interpretation o M.W.I. por sus sigles en inglés) de Hugs Everett en 1957, quien abandonaría posteriormente la investigación científica y hasta la vida, decepcionado por el escaso interés y el escepticismo que mostraron inicialmente sus colegas. 

Realmente impacta y emociona que ahora científicos de la talla de un Stephen Hawking, Martín Rees, David Deutsch, Francis Crick, y cientos de otros de similar reconocimiento intelectual, a pesar del escándalo que producen estas concepciones cuánticas, estén compartiendo algunas de esas opiniones y trabajando en el desarrollo de nuevos conceptos que miles de tecnólogos se afanan en concretar como flamantes “realidades” que nos maravillan día a día.

En su tiempo fueron los Bruno, Espinoza, Galileo y otros osados pensadores quienes desafiaron el Dogma establecido con sus ideas revolucionarias sobre mundos redondos flotando en un espacio que no eran el eje de ningún privilegio celestial y pagaron con su libertad, su salud y hasta su vida el derecho a exponerlas al gran público, pero otros les siguieron hasta dejarnos convencidos por la fuerza de las evidencias que apenas formamos parte de un insignificante sistema planetario que gira - quizás intrascendente mente - en un oscuro brazo de una galaxia común. 

Muchos tiranos se empeñaron porfiada, sistemática y reiteradamente en silenciar estos odiosos razonamientos denigrantes de sagradas ideas milenarias, pero fue tan inútil todo derramamiento de sangre como tapar el sol con un harnero, así son las cosas y así evolucionan nuestras creencias, nuestro conocimiento, a veces con alegrías, a veces con decepciones. 

¿Qué decir de la velocidad de computo de los últimos ordenadores, aparatos que prácticamente no existían en nuestra época del secundario, cuando nos ensuciábamos los dedos en engorrosos “esténciles” para obtener copias que hoy nos brindan por miles las fotocopiadoras? Y ¿en que quedó aquella orgullosa afirmación que decía que jamás un engendro artificial iba a derrotar a un campeón de ajedrez en su juego?.

Hace poco mas de cien años la humanidad apenas despegaba del suelo en esperpénticos y frágiles aparatos, mientras hoy negociamos acuerdos internacionales en la nueva frontera que nos propone la estación espacial.

Podríamos mencionar en esta línea una interminable lista de las nuevas “realidades”que la tecnología concretó lo que en su momento parecían meras fantasías o ideas aberrantes sobre la naturaleza de las cosas. Hologramas, fractales, atractores, microscopios de efecto túnel, tomógrafos, resonancia magnética, nanotecnología, etc, son solo algunos de los nuevos conceptos y dispositivos – “realidades” hoy al fin - que están a disposición cotidiana para mejorar la calidad de vida de nuestros contemporáneos.

Pero no es mi intención en este ensayo detenerme en la descripción de una contundente lista que muestra la evolución de la inteligencia humana, sí pretendo en cambio, de la mano del fabuloso escritor y apoyándome también en los hombros de los genios que lo inspiraron, exponer a la consideración del lector un argumento sencillo del mecanismo cuántico que la naturaleza emplea en la conformación de lo que definimos como “realidad”, para acceder con ayuda de dos metáforas (o mas bien una prototeoría y una metáfora o analogía de fácil comprensión): el “Todo” y el “Sintonizador”, a una nueva versión de la relación objeto-sujeto que permita entender mejor el mundo que nos rodea, fundamentar la posibilidad de las “realidades múltiples” y superar viejas antinómias del tipo: Idealismo vs. Materialismo, Dualismo vs. Monismo, etc, que han enfrentado el pensamiento racional durante más años de lo deseable.

Términos como: mecánica cuántica, decoherencia, antimateria, propiedades emergentes, teletransportación, etc, etc, nos intimidan injustificadamente con su complejidad, por falta de una explicación clara y sencilla que permita un acercamiento conceptual a los mismos, y a pesar que algunas de estas ideas revolucionarias están cerca de ser centenarias, la inmensa mayoría de la población no accede a sus increíbles implicancias y aun así tampoco son muchos los intentos de hacer mas fáciles y comprensibles estos conceptos.

Quizás dos, entre tantas, de las mas increíbles conclusiones a las que nos permite acceder la Teoría Cuántica son, en primer término, la revolucionaria idea de que la “realidad”del mundo exterior – el medio ambiente que nos rodea - que sentimos, observamos o medimos en la vida cotidiana, no depende exclusivamente de ella misma, sino que se trata siempre y finalmente de interacciones directas o indirectas con nuestro cerebro – el sintonizador – y, en segunda instancia, que a su vez estas interacciones puedan dar lugar a múltiples experiencias o versiones de la “realidad” cotidiana, conformando lo que se conoce como la teoría de los “universos paralelos” (mencionada por sus siglas en inglés, como MWI ó múltiple worlds interpretation).

Desde este nuevo enfoque o punto de vista que nos propone la Teoría Cuántica, la vieja y venerable pretensión humana de conocer la “esencia “ o el “ser “ de las cosas, o la cosa “en sí”, es simplemente una quimera, ya que para que algo “sea”, “exista” o se incorpore a nuestra “realidad”, es necesario que esa cosa o sus elementos constitutivos interactúen – se manifiesten – directa o indirectamente con nuestros sentidos; condición que no se cumple en ninguna de las expresiones mencionadas ya que éstas se refieren específica y enfáticamente a lo interior y propio de la cosa, constituyendo en todo caso una de las tantas trampas o paradojas que nos depara nuestra forma de expresión, o sea, digo que solo conocemos las interacciones directas o indirectas de las cosas con nuestro cerebro a través de los diferentes sentidos y funciones de nuestro organismo.

De allí las dificultades con que se enfrentaban, hasta ahora, quienes querían definir la naturaleza última de la “realidad” ya que cualquiera sea el método utilizado para detectarla, se trata siempre de interacciones que no solo dependen de los elementos locales que interactúan, sino también del contexto en que lo hacen y las particularidades del sistema de observación y juzgamiento del sujeto.

Dicho de otra forma: para que algo “exista”, es decir que haya un objeto o cosa, es necesario que haya una interacción con otro elemento o cosa que actuará como sujeto y/o viceversa, de no ser así estaremos en presencia de lo que definimos como: la nada.

Es justamente la Teoría Cuántica con su principio de incertidumbre, su ecuación de probabilidades de ondas, el colapso de la función de onda, etc., etc, la estructura o herramienta intelectual que nos permite especular con la posibilidad de que existan diferentes “realidades” en la naturaleza – el todo – que se manifiestan solo según las características de las interacciones entre el objeto del medio ambiente exterior y el sujeto (en este caso, nuestro cerebro o sintonizador) y eso por solo hablar de los niveles recientemente conocidos de interacciones. 

Resumiendo, la intención es poner al alcance de quién tenga inquietudes sobre su rol en esta aventura abierta que nos propone la vida, una explicación mas de la función que cumple el cerebro, en particular el cerebro humano y que creo es semejante a la de un sintonizador, empleando esta didáctica metáfora con argumentos que apelan a elementos conocidos por todos, coherentes y compatibles también con los pensamientos que el genial escritor nos brindara desde el deleite intelectual de su prosa y poesía, en concordancia documentada con los últimos avances del conocimiento humano.

Sin despreciar otras explicaciones, pienso que el funcionamiento del cerebro humano puede asemejarse - solo a modo de parábola o metáfora explicativa - al funcionamiento de un sintonizador de radio o de TV, con la diferencia de que en lugar de producir sonidos o imágenes, en este caso se producen ideas, abstracciones, conciencia, conocimientos y consciencia. Empleando entonces esta semejanza en forma similar a como el término metafórico “Big-Bang” pudo expresar con tanto éxito (aunque solo sea una ligera aproximación ) la explosión primigenia de nuestro universo.

La idea o metáfora de pensar el cerebro como una máquina no es nueva ya que es empleada conciente o inconscientemente por la inmensa mayoría de los científicos que trabajan en las neurociencias y la medicina en general, lo que sí puede tener cierto sentido de novedad es la idea de asimilar el funcionamiento de un cerebro a la función de un sintonizador y solo he encontrado una sola referencia similar a esta figura o metáfora, en el caso del ya centenario y conocido químico suizo, el Dr Albert Hofmann, inventor del injustamente maltratado ácido lisérgico (LSD), que en su libro: ”Mundo interior, mundo exterior”, páginas 33 a 44 (Humanics New Age; 1989, ) nos habla del cerebro, actuando como un sintonizador de la realidad, que produce conciencia y consciencia.

Parafraseando el léxico jurídico, podríamos decir que trataré de usar en la defensa de esta metáfora y en la justificación de cada concepto empleado, aquellos argumentos o explicaciones que constituyen: las “evidencias fácticas”, “pruebas” o “indicios” mas consensuados entre los investigadores científicos actuales y con la no menos importante consideración o aclaración que todo este conjunto de opiniones son coincidentes en que nuestros conocimientos científicos de hoy día están lejos de constituir una certeza en términos absolutos y seguramente serán modificados, ampliados y quizá mejorados en los tiempos por venir.

Memes, ideas y conceptos acendrados como el tiempo y el espacio, tan íntimos y naturales a nuestros pensamientos y experiencia diaria, han sufrido tanto el embate de nuevos razonamientos y teorías, que poco queda ya de la certeza del sentido común primario, fruto de la dimensionalidad (macrocotidianidad) en que pasamos normalmente nuestra existencia y a la cual nos encontramos acostumbrados, aunque no resignados. 

Encontramos así que explicaciones relativamente recientes sobre la estructura del átomo como algo similar a un pequeño sistema planetario en miniatura según nos enseñaban pocas décadas atrás, o sobre los orígenes y destino de nuestro universo, como el “Big Bang” y el Big Crunch”, están siendo cuestionadas dramáticamente, planteando insospechadas consecuencias.

Creo firmemente y así lo expongo en el ensayo, que muy difícilmente la ciencia nos dé todas las respuestas sobre la naturaleza de las cosas, la “realidad” y nuestra relación con ella, pero tengo la esperanza que la evolución nos lleve por ese camino.

En este apretado resumen del libro “Borges, teoría cuantica y universos paralelos” pretendo resaltar los fundamentos argumentales tanto de la prototeoría del “Todo”, como la metáfora del “sintonizador”, empleando la menor fraseología y formulación técnica posible, a fin de lograr el objetivo mayor de acercar los contraintuitivos y casi escandalosos conceptos relativistas y cuánticos a la población instruida en general aún sin una formación fisico/matemática en particular.

Capítulo 1
El TODO y EL SINTONIZADOR
(Un relato de nosotros y la “realidad”)
Latidos de eternidad
En cosmología - la ciencia o conjunto de ciencias que estudia las leyes generales que rigen el mundo físico del universo considerado como una unidad -, cuando los científicos se refieren al origen del mismo empleando la ilustrativa y conocida metáfora del "Big Bang" en lo que hoy se acepta como "Modelo Estándar" explicativo de la realidad y su estructura, se suele emplear con frecuencia un argumento que suena algo así como: ".....Retrocediendo en el tiempo más allá de esa singularidad, cuando y donde no había tiempo ni espacio alguno. De esa nada surgió el espacio tiempo, y con el espacio tiempo vinieron las cosas...". , etc, etc. 

La mayoría de las explicaciones al uso nos sugieren que nada había antes del Big Bang o "Gran explosión", ni tiempo ni espacio, que estas dimensiones se crean en ese momento inicial a partir de la nada; así nos lo explica entre otros, Peter W. Atkins, conocido profesor de químicafísica en la universidad de Oxford, miembro de la junta de gobierno del Lincoln College y autor del best-seller: "La Creación", que en el capítulo 5 (página 117, Biblioteca Científica Salvat, Ed. Salvat Editores S. A.) nos dice:
".....Retrocedamos ahora en el tiempo más allá del momento de la creación, a cuando y donde no había tiempo ni espacio alguno. De esa nada surgió el espacio tiempo, y con el espacio tiempo vinieron las cosas.

Andando el tiempo apareció también el conocimiento; y el universo, que en un principio no existía, se hizo consciente.

Ahora bien, en el tiempo anterior al tiempo no hay sino extrema simplicidad. 

En realidad no hay nada; pero, para comprender la naturaleza de esa nada, la mente necesita alguna clase de apoyatura. Esto quiere decir que hemos de pensar al menos por el momento, sobre algo. Así pues, no más que por el momento, pensaremos en casi nada.

Intentaremos pensar no en el espacio-tiempo en si mismo, sino en el espacio-tiempo antes de ser espacio-tiempo. Aunque no puedo precisar con exactitud lo que esto significa, trataré de indicar como se puede empezar a encararlo. El punto importante a tener en cuenta es que es posible concebir un espacio-tiempo carente de estructura, y que es posible, tras alguna reflexión, formarse una imagen mental de ese estado geométricamente amorfo.

Imaginemos que las entidades que están a punto de estructurarse en el espacio-tiempo y, mas tarde, en elementos y elefantes, son como un polvo sin estructura. Ahora bien en el tiempo de que hablamos no hay espacio-tiempo alguno, sino tan solo polvo del que se ha de formar el espacio-tiempo. La ausencia de espacio-tiempo, la ausencia de geometría, solo significa que no se puede decir que tal punto está cerca o lejos de tal otro; ni se puede decir que esto precede o sigue a eso. En esas circunstancias se da un estado amorfo absoluto. Mas tarde tendremos que barrer hasta el polvo; pero ésta, como todas las simplificidades , se cuidará de si misma...."

Otros importantes pensadores al igual que Atkins, arrancan el comienzo del universo conocido, a partir de un fenómeno singular que vulgarmente se conoce como "Big- Bang", previo al cual no se reconoce la existencia del tiempo ó el espacio, como si todo empezara de cero en ese supuesto inicio de toda historia.

Desde mi punto de vista, el evento conocido como “Big Bang” es solo – nada mas y nada menos - aquel punto ó singularidad temporespacial hasta el cual podemos extrapolar con cierta racionalidad hacia el pasado, (en realidad hasta el instante de 10 a la menos 43 segundos, aproximadamente 10 septillonésima parte de un segundo, tiempo de Plank) posterior a ese inicio, la aplicación de nuestros conocimientos actuales sobre las leyes naturales, el comportamiento y los movimientos de materia y energía observados en el cosmos, en particular frente a la expansión de los astros confirmada por el astrónomo Hubble en 1929 y el coherente proceso evolutivo registrado en todas las diferentes manifestaciones del universo, desde el magma o plasma primigenio pasando por átomos y moléculas, hasta los monos, las pulgas, el hombre y las galaxias.

Hoy por hoy se supone un relativo, precario y casi seguramente transitorio consenso entre los científicos, respecto a que el “Big Bang” es la situación o momento límite o singularidad temporespacial, previo a la cual nada se puede aseverar a ciencia cierta, ni sobre el tiempo ni sobre el espacio, lo que es algo muy diferente a tener que aceptar que antes del “Big Bang” nada existía o que nuestro universo surgió de la nada, como un milagro inesperado.

Al modo en que en su momento se pensaba que las supernovas o los agujeros negros eran acontecimientos o fenómenos extraños en el cosmos y hasta se dudaba de su existencia, hoy se sabe que se trata de sucesos que ocurren en infinidad de lugares en la inmensidad de todo el universo y también hay especulaciones científicas que nos hablan de numerosos “Bigs Bangs” de todos los tamaños, que suceden casi cotidianamente en la relativa infinitud del espacio, tal cual lo afirman Sean Carroll, profesor asistente de física en la Universidad de Chicago, junto a la estudiante graduada de la misma universidad Jennifer Chen (1), generando nuevos y particulares universos a partir de las crisis gravitacionales en las entrañas de los temibles agujeros negros a través – quizás - de tan insondables como desconocidos, por el momento, agujeros de gusano.

También y desde diferentes disciplinas otros autores coinciden con estos flamantes criterios, así en su libro: “El Infinito en la palma de la mano”, Matthieu Ricard, monje budista de origen francés con formación científica en biología y Trinh Xuan Thuan, astrofísico de origen vietnamita (Editorial Urano; 2001; pag.37), nos dicen:
“La noción de comienzo es, sin duda, una preocupación esencial de todas las religiones y de la ciencia. La teoría del Big Bang, según la cual el universo fue creado hace aproximadamente quince mil millones de años, simultáneamente con el tiempo y el espacio, es la que mejor explica el universo observado. El budismo aborda este problema de una manera muy diferente. Se pregunta, en efecto, si es realmente necesario que exista un comienzo y se interroga sobre la realidad de lo que de esta manera habría cobrado existencia.

El Big Bang de la física, ¿es una explosión primordial o el comienzo de un determinado ciclo en una sucesión sin principio ni final de un número incalculable de universos? 

¿Nos permiten nuestros conceptos habituales entender la noción de origen, o de ausencia de origen?

¿Acaso esta noción no refleja nuestra tendencia a cosificar los fenómenos, es decir, a considerarlos cosas dotadas de realidad intrínseca”...

Siguiendo el orden de estos razonamientos o dudas y coherentemente con lo expuesto anteriormente, creo que se puede definir “la nada” como la carencia o ausencia absoluta de elementos que puedan interactuar directa o indirectamente con elementos sensibles de nuestro intelecto (nuestro cerebro, el sintonizador), en una determinada y acotada región tanto del espacio como del tiempo.

Por supuesto se trata siempre de algo transitorio y preñado de potencialidades.

Entonces y mas allá de una posible interpretación religiosa, cuando hablamos de la nada como posible situación previa al “Big Bang” evidentemente estamos en presencia de una simple declaración de ignorancia o de un error, una explicación equivocada y habrá que pensar en una nueva concepción de lo que es la nada tal como propongo mas arriba, ya que por definición, la “nada” nada contiene, ni tiempo ni espacio ni siquiera polvo de ninguna clase.

Aún las fluctuaciones cuánticas requieren que algo fluctúe, sean partículas reales o virtuales, mas allá de cualquier juego de palabras.

Racionalmente y solo para usar lo que algunos consideramos el mejor método que tenemos los seres humanos para interpretar las cosas de la “realidad” mediante argumentos fundamentados en la razón lógica y corroborados por los datos empíricos de la experiencia, parece haber únicamente tres estados o situaciones posibles, antes o previas al momento del hipotético origen de este, nuestro conocido universo o particular “Big Bang”:

- La estéril y contradictoria nada sobre la que ya hemos dado suficientes argumentos lógicos para descartar como generadora de “realidad” alguna.

- Que exista solamente algo, lo que parece incompleto y no encuentro un argumento lógico que lo sustente, a menos de aceptar la validez de una metáfora como el “sintonizador”, que se describe mas adelante.

- Finalmente nos queda la alternativa del “Todo”, tanto lo que podamos como lo que no podamos imaginar hoy en día, que no parece tener contradicciones lógicas y también encuentra justificación en el marco de la metáfora del “sintonizador” que la acompaña y complementa desde la perspectiva de la conciencia humana o consciencia.

Por mi parte y ajustándome a la coherencia explicativa que pretendo sostener, encuentro mas lógico, factible, sencillo, razonable y útil, creer o pensar que nuestro universo nació, emergió, como parte o algo (¿ un ciclo?) de un “Todo” – original, previo y permanente, constituido por la totalidad de los elementos básicos o elementales de la naturaleza - que por el momento se encuentra, en su mayor parte, "mas allá" de nuestra sensibilidad y posibilidad de comprensión actual, pero no de un cierto grado de argumentación fundamentada.

De las particulares, nuevas (aunque no necesariamente únicas o inéditas) y diferentes relaciones - interacciones - entre algunos componentes de ese “Todo” permanente, nacieron y nacen, emergieron y emergen -, en cada singularidad espaciotemporal conocida como "Big Bang", distintos elementos con diferentes características que evolucionaron, y evolucionan en organismos de complejidad creciente que aprecian el tiempo y el espacio, por caso: nosotros en éste nuestro universo.
¿A que me refiero?, ¿de que está constituido ese “Todo”?, ¿por qué digo que la “realidad” que percibimos es solo una parte de ese “Todo” permanente?, trataré de explicarme :

Capítulo 2
Desarrollo de la teoría del “Todo” y la metáfora del “Sintonizador”:
En primer lugar y luego de superar la básica duda cartesiana y el éxtasis que, en algunos de nosotros produce el saber y comprobar que existe “algo” en lugar de “nada”, entiendo que aún con las restricciones y limitaciones que impone el lenguaje, se debe intentar definir ciertos elementos que permitan encarar coherentemente y en consonancia con los datos que nos proporciona la experiencia fáctica, una respuesta a preguntas tales como:
¿Qué es lo que “existe”? ¿De que está compuesta la “realidad”?

Seguramente que la mayoría coincidiremos en que decir que la realidad es lo que es o que las cosas son lo que son, es una soberana tautología que no ayuda en absoluto en la tarea de comprender la naturaleza.(definiendo a esta como todo lo que nos rodea, inclusive nosotros mismos y las mutuas relaciones, según las experiencias que nos propone la vida). 

Probablemente también la inmensa mayoría coincidirá en que cada cosa, elemento o individuo tiene una naturaleza propia, singular, única y definida, es decir Perón era J.D.Perón el presidente argentino de los primeros años de la década de los cincuenta del siglo pasado, Julio César fue el emperador romano en los años 50 aC , J. F. Kennedy fue el presidente norteamericano asesinado en Dallas, Texas, un día de noviembre de 1963, Adolf Hitler fue el dictador alemán que desató la segunda guerra mundial, la mona Chita era la mona del Tarzan de Edgard Rice Bourroghs, Rin Tin Tin fue el perro generoso y justiciero que todos recordamos de la serie de TV, como así también cada uno de los numerosos homónimos o no de estos personajes y cada átomo, cosa, partícula o individuo del universo conocido, tuvo, tiene o tendrá su propia, única y particular identidad o entidad en el tiempo y en el espacio.

Bien,... según la Teoría Cuántica todo esto puede no ser enteramente cierto (o al menos constituir una sola y parcial versión de la naturaleza infinita de las cosas); veamos:
Según el principio de complementaridad (Bohr, Heissemberg), también conocido como la paradoja de la dualidad onda/partícula, los elementos subatómicos constitutivos de toda la “realidad” o materia/energía conocida, pueden ser o comportarse: ora como una partícula, ora como una onda y como si esta barbaridad fuera poco, según el principio de incertidumbre (Heissemberg), estos engendros multifacéticos pueden encontrarse en cualquier punto del espacio-tiempo, sin poder establecerse simultáneamente, su preciso estado de posición y movimiento.

Aceptando la validez de estos principios (y parece que la ciencia lo hace), considerando que cada elemento de la “realidad” es en última instancia el resultado de una interacción objeto/sujeto y viceversa, tenemos inexorablemente que admitir que dicho elemento considerado puntual en el espaciotiempo tradicional, admite ahora, (a la luz de los mencionados principios cuánticos) también complementariamente una interpretación múltiple, al tomar la partícula como una onda y será en esa consideración una multiinteracción. 

Si a esta altura del razonamiento Ud. comienza a desconfiar del mismo, no se sienta mal ni crea que es el único escéptico; el propio Albert Einstein, siempre rechazó estos supuestos (“Dios no juega a los dados”, decía ) y hasta el día de su muerte intentó refutarlos.... infructuosamente.

La Teoría Cuántica es la mas exitosa y abarcativa de todos los razonamientos de la ciencia física y en y por ella se postula que es posible que no exista una sola “realidad”; pueden existir potencialmente infinitas “realidades” e identidades, tantas como elementos – ora objetos/sujetos, ora sujetos/objetos- que interaccionan.
Borges expresa poéticamente estas dudas sobre la entidad e identidad de las cosas, el imposible retorno del tiempo y su relación con la múltiple consciencia de ser, lamentandose en el ensayo: "Nueva refutación del tiempo", escrito en 1946 e incluido en Otras inquisiciones (1952):

“And yet, and yet... Negar la sucesión temporal, negar el yo, negar el universo astronómico, son desesperaciones aparentes y consuelos secretos.
Nuestro destino (a diferencia del infierno de Swedenborg
y del infierno de la mitología tibetana) no es espantoso 
por irreal; es espantoso porque es irreversible y de hierro. 
El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. 
El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río;
es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre;
es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego.
El mundo, desgraciadamente, es real;
yo, desgraciadamente, soy Borges”

También en “El jardín de los senderos que bifurcan”, Borges , a través de sus personajes, nos habla de sus sospechas sobre la potencial multiplicidad de la “realidad”:
“....En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts´ui Pên, opta –simultáneamente- por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también proliferan y se bifurcan. De ahí las contradicciones en la novela. Fang, digamos, tiene un secreto; un desconocido llama a su puerta; Fang resuelve matarlo. Naturalmente, hay varios desenlaces posibles: Fang puede matar al intruso, el intruso puede matar a Fang, ambos pueden salvarse, ambos pueden morir, etcétera. En la obra de Ts´ui Pên, todos los desenlaces ocurren...”.

Mas pronto que tarde debo explicitar que en mi opinión, se puede argumentar la existencia de una naturaleza básica, permanente, compuesta por algo así como una clase de elemento/onda indeferenciado o dimensión primordial, tal el caso del “oscilador o resonador unidimensional” del que hablan las últimas especulaciones fisicomatemáticas (ver entre otras la página o sitio de Internet www.geocities.com/macpetrol/Ondas_y_ Partículas.html del Ing. M. Crotti , o quizás las membranas de la trabajosa pero potencialmente prolífica “Teoría M”, según Edward Witten, ganador de la medalla Fields en 1990 – equivalente al premio Nobel en matemáticas –y otros reconocidos pensadores, que no suelen perder su tiempo a tontas y a locas), del cual o con el cual, por distintos tipos de interacciones entre sí, emergen fenómenos, elementos o dimensiones diferentes, que al evolucionar – nuevas interacciones a cada nivel – dan lugar a su vez a la aparición (estuve tentado de agregar aquí la palabra “final”, pero me parece exageradamente antrópico) de novedosas características, entre las cuales están aquellos individuos,- por ejemplo nosotros -, que tienen entre otras, propiedades autoconscientes.

A esa naturaleza básica, permanente, omnipotencial, quizás unidimensional y continua, donde no existe propiamente una flecha del tiempo, la llamo el “Todo”; en palabras del celebrado físico americano Richard Phillip Feynman (USA 1918- 1988 )( Nobel de física 1965) : “the sum of all the stories”.

Sabemos por propia experiencia que existe al menos un universo- el nuestro - formado en la singularidad que conocemos como “Big-Bang” y que evolucionó, entre otras emergencias, hasta uno de esos tipos de fenómenos con conciencia, consciencia y conocimiento de una parte del “Todo”, que identificamos como ser humano, homo Sapiens Sapiens, hombre, en fin, nosotros, los “sintonizadores” del “Todo”, que conformamos algo que definimos como la “realidad”.

La “realidad” que conocemos, que percibimos y aceptamos como tal, la “realidad” del universo físico, es experimentada y reconocida por nosotros a través de varios conductos: vemos algo con nuestros ojos, oímos algo con nuestros oídos, olemos algo con nuestra nariz, tocamos algo con nuestras manos o el roce de nuestra piel, y luego que estas diferentes señales o interacciones con el mundo exterior son procesadas en alguna parte y forma por nuestro cerebro, decidimos que hay, conocemos, sentimos, o sabemos “algo”, en síntesis, conformamos una “realidad”.

No hay evidencia científica alguna sobre ninguna otra clase de interacción de nuestro cerebro con el mundo que nos rodea; hablando seriamente no se ha demostrado, a pesar de lo mucho que se ha buscado, la existencia de ninguna forma de comunicación extrasensorial, telepatía, o esoterismos similares, que en caso de existir también se tratarían de interacciones.

Es decir, científicamente hablando, son solamente nuestros sentidos los que interaccionan con algunos elementos del mundo exterior o medio ambiente que nos rodea, generando determinadas señales que transmiten a nuestro cerebro; pero de la única forma que conocemos y somos conscientes de ese “algo” u objeto externo es a través del posterior procesamiento neural (o mental, si Ud. prefiere) de esas señales en el interior de nuestro cerebro/sintonizador. 

Conviene reiterar y resaltar que si bien nuestros sentidos reciben desde el mundo exterior diferentes tipos de señales: ondas de luz en nuestros ojos, ondas de sonido o vibraciones del aire en nuestros oídos, vapores, gases o suspensiones aéreas en nuestra nariz, soluciones líquidas en nuestra boca y lengua o contactos de nuestra piel con diferentes cuerpos y superficies, etc, etc, ninguna parte, “partícula” u onda de esos cuerpos, substancias, objetos, o cosas externas, llega directamente a nuestro cerebro para su interpretación, solo se trata de interacciones.

Así el sonido, los olores, los sabores, los colores, etc, etc, tal y como los percibimos, no existen en el mundo exterior a nosotros, son percepciones y sensaciones que se concretan y reconocemos como tales en nuestro interior, en nuestra conciencia y consciencia, al interactuar las ondas/ partículas (ondas de presión de aire, radiaciones de materia y/o energia, distintos átomos y moléculas, etc, etc) de ese mundo o medio ambiente exterior, con los correspondientes terminales nerviosas de nuestros sentidos. Como lo expresa mas espiritualmente pero con el mismo razonamiento, el ya mencionado y conocido químico suizo de Laboratorios Sandoz, Dr Albert Hoffman (descubridor casi accidental del LSD y explorador de lo que hoy se conoce como “estados alterados de conciencia”): “......Siempre tenemos un impulso exterior, quizás químico si comemos algo, y esta química en mi interior produce un impulso que llega hasta el cerebro y mi mente dice: "dulce, dulce...". Así, toda esta conexión entre el mundo material y el espiritual sucede en nuestro cerebro, en los centros del cerebro. Hasta ahí podemos reseguir las ondas energéticas que vienen del exterior... pero ahí empieza el mundo espiritual porque, por ejemplo, el sonido no existe en el exterior, allí sólo existen vibraciones de aire, el sonido tal y como lo percibimos es espiritual, lo mismo con los sabores y las imágenes...”

Las terminales nerviosas de nuestros sentidos son las encargadas de captar (al modo que lo haría la antena de un sintonizador) y transmitir (al modo que lo harían los conductores de un sintonizador) las señales codificadas con la correspondiente información desde el objeto (el algo o parte del “todo” exterior), hasta diferentes zonas del cerebro, en forma de procesos electrobioquímicos, llamados impulsos nerviosos (sinapsis, potenciales químicos, electroquímicos, neurotransmisores, etc), procesos bastante bien conocidos, basados esencialmente en interacciones electromagnéticas de alguna manera parecidos o similares a las corrientes eléctricas en los conductos de los sintonizadores, para finalmente en una tercer etapa, ser procesadas en el interior del cerebro donde dichas señales se transforman en conciencia, conocimiento, consciencia y eventualmente distintas acciones como manifestación eferente, en modo equivalente, aunque mucho mas complejo, en que las ondas electromagnéticas e invisibles del “eter” se transforman en determinadas y precisas ondas de presión de aire (sonidos de radio) u otro tipo de radiación lumínica codificada y visible (imágenes de TV) en los diferentes tipos de sintonizadores.

Nada del mundo exterior a nosotros, ni ondas ni partículas, entra o es procesado o interacciona en forma directa con nuestra mente o cerebro, solo se trata de la transmisión y procesamiento de codificadas señales electrobioquímicas específicas y bastante bien conocidas, producto de las interacciones de nuestro sistema sensorial (el sintonizador) con el mundo ó medio ambiente exterior (el algo o parte del Todo), ...de nuevo, solo interacciones.

A tal punto ha llegado el conocimiento de las dos primeras etapas de este proceso, que ya la cibernética nos subyuga con sus posibilidades de “realidad virtual”, que poco o nada tiene que ver con objetos concretos del medio ambiente exterior, sino que son simplemente señales artificiales que imitan y reemplazan al proceso natural en dichas etapas. También en algunos centros médicos, son operaciones cotidianas los implantes cocleares donde un mazo de electrodos son conectados directamente al cerebro para remedar la audición del individuo afectado por cierto tipo de sordera y similares esfuerzos se están realizando para lograr la visión artificial o, en el sentido eferente, lograr mover objetos con el pensamiento a través de. circuitos eléctricos conectados directamente o vía inalámbrica entre el cerebro y algún tipo de robot, una vez codificadas las señales motoras desde el cerebro del individuo.

Capítulo 3
Formación de la conciencia , conocimiento y consciencia
Si bien todavía nadie puede aseverar a ciencia cierta en que lugar específico de nuestro cerebro/”sintonizador” se producen los fenómenos de la tercer etapa que conocemos como conciencia, conocimiento y consciencia, ni tampoco los mecanismos que los explican, existe una coincidencia mayoritaria – particularmente argumentada y fundamentada en el ámbito de las neurociencias - en suponer que los mismos consisten en nuevas trayectorias o trazas neuronales que se crean con cada experiencia y se fijan con la reiteración de la misma en conjunción o complementariamente a las conexiones preexistentes en el cerebro/sintonizador de cada especie, según su conformación genética.

Según nos informa desde su mas que interesante artículo en Internet: “Representación mental y consciencia”, el investigador Dr. Fernando Cardenas Parra, del Departamento de Psicobiología de la Universidad de San Pablo, Brasil:
“... Anatomía y fisiología de la representación cerebral 
Millones de elementos son captados en cada instante gracias a los sistemas perceptuales que, funcionando como filtros, permiten el paso de sólo una infinitésima parte del mundo externo, la parte que a lo largo de la historia evolutiva de la vida en este planeta resultó de importancia crucial para el automantenimiento de los organismos.

Además de no corresponder a la totalidad del mundo real, este reflejo de diferentes características de la materia, es traducido por los receptores sensoriales en señales nerviosas y como tales se mantiene al interior del sistema biológico, a pesar de que luego de algún tiempo pueda ser transformado en "outputs" de naturaleza motriz, endocrina, exocrina, cognoscitiva o verbal.

Rastreando la anatomofisiología de las diferentes vías sensoriales, se llega a la determinación de un proceso de desintegración de las unidades perceptuales en sus mínimos componentes.

Inicialmente la información ambiental excita a alguna población de receptores, los cuales en su conexión con las terminaciones (o más apropiadamente iniciaciones) nerviosas, transducen tal información en actividad nerviosa en la forma de una modificación local de las acumulaciones iónicas transmembrana de Na+ y K+, modificación ésta que  avanza a lo largo del axón a velocidades entre los 20 y los 120 ms/sg, culminando en los pies terminales de la neurona con la liberación de substancias transmisoras, las cuales a su vez actúan como un nuevo estímulo para las neuronas u otras células sobre las cuales establecen contacto; este proceso, en el caso de los sistemas sensoriales (excepción hecha del sistema olfatorio), llega hasta una serie de agregados neuronales o núcleos denominados en conjunto tálamo, con una organización tan precisa que es posible determinar mapas de representación somática, visual o auditiva en los núcleos ventral posterolateral, geniculado lateral y geniculado medial, respectivamente. 

Semejantes mapas del cuerpo, la retina o la cóclea, se mantienen en la corteza cerebral con idéntica precisión, una vez que los impulsos son retransmitidos desde el tálamo.

Obviamente la información no mantiene un recorrido único en serie, es decir, los impulsos nerviosos originados en determinados receptores, además de ser transmitidos hacia la corteza cerebral, son enviados hacia otros lugares (amígdala, hipocampo, colículos superiores e inferiores, formación reticular, etc.), proceso que evidencia una organización arquitectónica en paralelo, simultánea con una en serie; basada en los principios de convergencia y divergencia de la conectividad sináptica, conformando así redes o mallas de procesamiento de información.

La activación recurrente de los mismos nodos de conexión, establece un proceso que constituye una ganancia evolutiva sin precedentes, pilar del desarrollo de los sistemas biológicos animales: la memoria; inicialmente por una simple facilitación electroquímica para el trabajo de determinadas conexiones sinápticas (memoria a corto plazo), y posteriormente como generación de nuevos contactos sinápticos, es decir, modificación física de la estructura misma (memoria a largo plazo o memoria permanente)....”
Y entre otras consideraciones, nos recomienda tomar con cuidado las siguientes:
“. Conclusiones parciales
Evidentemente la consciencia, a pesar de ser un proceso cerebral, no puede ser localizada puntualmente en ninguna región restringida, correspondiendo entonces más a un trabajo temporal de los circuitos anatómicos excitados externa e intrínsecamente; "...la anatomía como espacio y la fisiología como dinámica temporal" (Jaramillo, D., en prensa).

Uno de los puntos más impactantes que surge de lo hasta aquí presentado, hace referencia a que la modificación fisiológica (en ritmos de actividad, patrones de pulsos, o trenes de potenciales evocados en determinadas poblaciones neuronales tanto talámicas como corticales), ocasionada al interior del sistema por la estimulación recibida, es mínima; esto es, existe un telón de fondo (la actividad espontánea del sistema), sobre el cual la información recibida establece una pequeña alteración
. Rápidamente se pueden extraer al menos tres consecuencias importantes de esta afirmación:
a) mínimas variaciones de la actividad espontánea conducen a percepciones subjetivas ampliamente diferentes, con lo cual la variabilidad potencial de situaciones subjetivas diferentes es infinita, tal como lo es la variabilidad potencial de estados fisiológicos diferentes.
b) la experiencia subjetiva en cuanto tal, existe ya al interior del sistema y la información sensorial externa sólo afinaría esta experiencia, exaltando algunos rasgos y difuminando otros.
c) la diferencia entre la consciencia subjetiva experimentada por los organismos dependería únicamente de la diferenciación relativa de su organización anatomofisiológica; sin embargo la similitud de los estados subjetivos de consciencia es, en virtud de la similitud genética del diseño de los organismos pertenecientes a la misma especie, inmensa: 
Esto es: nuestros mundos subjetivos son mucho más parecidos de lo que desearíamos, de ahí que podamos compartir consensos o lograr empatía (entendida como colocarse en la posición de otro.)
Relacionando los datos obtenidos por Mountcastle V., y Edelman, G., en torno a la organización funcional de la corteza cerebral en columnas corticales o módulos, con los conceptos discutidos, se hace posible introducir ciertas ideas sobre las cuales hilar los fenómenos experimental y clínicamente hallados, y con ello encontrar una mayor coherencia a las conclusiones mencionadas en el anterior párrafo....”

Tan rápido es el continuo avance de la evolución y el conocimiento que de ella tenemos, que en la misma mañana que estoy mandando el manuscrito original de este resumen, recibo, también por Internet en la página “Tendencias Sociales”, la información de un artículo o comunicado de la Universidad de Chicago, 
(http://www-news.uchicago.edu/releases) /06/060131.regier.shtml , donde se informa que estudios realizados por varios investigadores de esa Universidad y la de Berkeley, California , parecen demostrar y confirmar que el lenguaje que hablamos afecta nuestra percepción de la realidad y en particular lo que percibimos en la mitad derecha del campo de percepción. Esto que a primera vista parece algo increíble, cobra sentido cuando pensamos que el procesamiento del lenguaje se realiza preponderantemente en el hemisferio izquierdo del cerebro que como sabemos es el que recibe directamente la información del campo visual derecho. Las pruebas experimentales realizadas muestran claros indicios de la participación del lenguaje en la interpretación de la “realidad” por parte de los individuos de diferentes culturas estudiados. 

Ampliando esta flamante información, digo entonces que es posible sospechar que la “realidad” que hoy conocemos puede no ser todo lo que existe, que pueden existir otros elementos del Todo (para nuestro presente: año 2006 dC) que aún no han interactuado con nuestros sentidos, quizás por no requerirlo hasta el momento nuestra rama evolutiva y por lo tanto no se han incorporado a nuestro conocimiento y especulaciones actuales; por ejemplo, un candidato a emerger próximamente, aunque parcial y quizás solo válido para nuestro universo, que se ha perfilado fuertemente entre los astrónomos, físicos y cosmólogos en estos últimos años, es la enigmática: “masa y/o energía oscura”, que algunos cálculos sitúan entre 20 y 25 veces la suma de toda la masa y energía conocida (bariónica), como factor y valor necesario para que “cierren”ciertos números de lo que se conoce como “Modelo Estándar”. 

Digo también que el hombre reconoce solo una parte del “Todo”, porque es obvio y evidente que constantemente, día a día, se agregan cosas a su “realidad”, a su conciencia, su consciencia y al conocimiento general, en un proceso evolutivo que ya - casi - nadie discute a pesar de las dudas sobre su origen.
Sobre este presumido aumento permanente de nuestra capacidad de comprender la naturaleza, de “sintonizar” el “Todo”, cabe – entre otras - una reflexión curiosa, enigmática o paradojal, que podemos resumir en un comentario contradictorio a primera vista: 
Parecería que cuanto mas conocemos del “Todo” mas aumenta nuestra ignorancia, o expresado de otra forma: por cada respuesta que obtenemos a una pregunta, surgen varias nuevas preguntas, u otra forma extrema de expresarlo: a medida que se amplia el campo de nuestros conocimientos, nos damos cuenta que lamentablemente es mayor aún el horizonte de nuestra ignorancia..., de allí mi duda sobre lo que podemos presumir.

Empleando una expresión de nuestro argot o lunfardo futbolero: “la evolución nos corre permanentemente el arco”... y esto realmente causa un cierto escozor.
Para mejor interpretar como funciona la conciencia, la consciencia y el conocimiento del ser humano, recurro a una figura conocida, una metáfora y propongo entonces el modelo o parábola del “sintonizador”, como explicación de cómo interactúa el organismo del hombre, especialmente sus sentidos, cerebro e intelecto, con el “Todo”, generando conciencia, conocimiento, consciencia y eventualmente acciones eferentes.

Capítulo 4
Conciencia vs. Consciencia
A esta altura del razonamiento y teniendo en cuenta la confusión que existe en la mayoría de los idiomas conocidos respecto al significado de las palabras: conciencia, consciencia, autoconciencia, etc, etc, al solo efecto de su empleo en este resumen del ensayo: “Borges, Teoría....”, quizá sea útil realizar algunas aclaraciones sobre la terminología usada:
Cuando empleo el término conciencia (consciousness), me refiero a la capacidad que tienen, en mayor o menor grado, todos los seres vivos de captar el medio ambiente o mundo exterior que los rodea y actuar en consecuencia, por ejemplo: alejarse o defenderse de los peligros, conseguir el necesario sustento o compañia sexual, etc, etc. 

En cambio con el término o palabra consciencia (awareness) quiero hacer referencia a la facultad que tienen y así pueden expresarlo, casi exclusivamente o en mayor grado, los seres humanos mentalmente sanos y desarrollados, en su interacción con el medio ambiente cuando están despiertos y atentos

Por supuesto es posible considerar en ambos casos, tanto de la conciencia (consciousness) como de la consciencia (awareness), diferentes grados de atención, concentración y otras circunstancias que tornan difusos los límites de las definiciones dadas, pero no hay casi ninguna duda – al menos en la consideración de las neurociencias - de que se trata siempre de “propiedades emergentes”de la interacción del SNC de cada individuo, particularmente su cerebro, con el medio ambiente que lo rodea, generando en primera instancia cierto tipo de representación mental y también diferentes tipos de eventuales “abstracciones” internas conformadas o producidas por la actividad neural consecuente.

Aparentemente hay un procesamiento neural especifico que se supone se produce redundante y comparativamente solo en los extendidos lóbulos frontales del hombre y es esta estructura cerebral complementaria la responsable de la aparición de la consciencia, los qualia y otras manifestaciones exclusivas de los seres humanos,
Mucho de lo que se está trabajando en este tema es posible visualizarlo o apreciarlo en cualquier buscador de Internet; por ejemplo en Google si buscamos “Awareness vs. Consciousness “ o Self-Awareness vs. Consciousness, podemos encontrar mas de un millón cuatrocientas mil (1400000) variopintas citas en inglés y aproximadamente unas seiscientas y pico (650) también variopintas citas si preferimos el español de: “Conciencia vs. Consciencia”, con interesantes trabajos y artículos referidos al tema. 

En ellos se aprecia que tanto en inglés como en español, ambos términos o palabras: “awareness o consciousness· en inglés, como así también “conciencia o consciencia” en español, son prácticamente sinónimos y hay que hacer sesudas elucubraciones para establecer sutiles pero, para algunos análisis como el nuestro, importantes diferencias de interpretación, como por ejemplo considerar o no la representación mental en un caso, los qualias, la self-awareness o auto conciencia en otros, etc, etc.

En mi caso trato de establecer por este medio claramente una diferencia que no establecen ni se reflejan en los correspondientes diccionarios de ambos idiomas para cada uno de estos términos y que el innegable proceso evolutivo ha establecido entre el funcionamiento del cerebro/mente/sintonizador humano y el correspondiente a los demás organismos vivos.
Como vemos, las limitaciones que a veces nos impone el lenguaje pueden ser superadas si consensuamos, acotamos y aclaramos previamente la fraseología a emplear; algo que parece fácil en primera instancia, pero que en la práctica el esoterismo y ciertos casos de recalcitrantes fundamentalismos, se encargan de negar.
Todavía hay quienes rechazan enfáticamente el proceso evolutivo o darwinismo, entre otras razones por no contar aún con el “eslabón perdido” perfecto, cuando en realidad son miles los fósiles y otros elementos encontrados de nuestros antepasados, como herramientas, ornamentaciones, etc, que debidamente fechados y clasificados, brindan incontrastables pruebas de un casi rutinario proceso evolutivo, como dice el refrán: “no hay peor ciego que el que no quiere ver” 

Capítulo 5
Cosas concretas y abstractas
Creemos y decimos que “existen” diferentes tipos de cosas, pero en una primer instancia podríamos clasificarlas completamente a todas ellas en solo dos grandes grupos:
a- las cosas concretas que pueden ser detectadas directamente (o también indirectamente a través de instrumentos), por nuestros sentidos, y que tienen localizaciones y dimensiones definidas en el tiempo y el espacio, como por ejemplo: el agua, una manzana, un fuego, una piedra, el aire, el sol, los planetas, un árbol, las radiaciones, un libro, los animales, los átomos, etc.

b- Las cosas abstractas o ideales que son producto de la actividad mental o cerebral, como por ejemplo: la moda, Dios, la belleza, la verdad, el bien, el mal, el diablo, los ángeles, el deseo, el amor, los números, el tiempo, el espacio, el alma, las ideas, en fin: memes, procesos y conceptos en general que no tienen dimensiones espacio/temporales definidas.

Es mucho lo que correspondería agregar sobre la naturaleza y características de las cosas tanto las concretas como las abstractas y como mínimo se puede puntualizar lo siguiente: 
- Desde el comienzo de los tiempos y aún en el presente, se están incrementado constantemente la cantidad de cosas que “existen”, tanto las concretas como – solo a partir de la aparición de la consciencia -, las abstractas.
- Hasta hace poco tiempo atrás las cosas concretas parecían tener un cierto grado de independencia del observador y esto aún sigue siendo válido para los objetos macroscópicos, pero la situación cambia dramáticamente desde que accedimos al nivel cuántico o microscópico o subatómico; en cambio las cosas abstractas mantienen dentro de su subjetividad, un cierto “toque personal” que cada individuo define por las suyas.
- Todas las cosas concretas pueden conceptualizarse y simbolizarse pasando a ser abstractas, pero no todas las abstractas pueden tener su correlato concreto.
-También debemos decir que ambos tipos de cosas están expuestas a un permanente intercambio de “estatus” y atributos; así en su momento los átomos, los electrones, etc, fueron solo abstracciones o especulaciones en la mente/cerebro /sintonizador de los científicos, mientras que hoy en día la ciencia y la tecnología permiten manejar dichos objetos tanto en el tiempo como en el espacio, con tanta o mayor precisión con que Maradona maneja una pelota.

De similar manera, pero en sentido inverso, esos mismos elementos concretos hasta hace pocos años, hoy se difuminan en un conjunto de indeterminaciones e incertidumbres cuando se quiere explicar su estructura interna a la luz de los poco creíbles principios de la teoría cuántica.

A este proceso lo llamamos evolución cognitiva y aunque no conozcamos todavía todos sus detalles, creemos que sigue ciertas pautas inteligibles. Por ejemplo: quarks, electrones, positrones, radiaciones, pulsares y galaxias, etc, etc, que hoy son cosas reales y concretas, al menos para el hombre de ciencia, seguramente no formaban parte de ninguna "realidad" ó “existencia” para cualquier humano de la Edad Media, ni siquiera de las mas esotéricas fantasías de aquellos tiempos y menos aún de nuestros antepasados del Paleolítico y sin embargo bien sabemos que esas cosas concretas estaban allí igual que ahora lo están, formaban parte de ellos y los acompañaban como silenciosos, indiferentes y desconocidos compañeros de aventuras, en la misma forma en que hoy no podemos tener idea de que otras cosas nos rodean ó de las que estamos actualmente constituidos y que sí “existirán” o serán “reales” en el año 3050 - por decir una fecha - y suponiendo que para entonces todavía haya conciencias y consciencias que las detecten.

Reiterando el razonamiento, podría argumentarse que los elementos antes mencionados son de alguna manera meras y nuevas combinaciones de la materia ya conocida ó existente, pero no es tan así, ¿cuál era esa materia conocida que "existía" para nuestros antepasados?

Hasta donde sabemos los griegos pensaban que el mundo estaba constituido por partículas elementales e indivisibles que Demócrito llamó átomos, provenientes de cuatro tipos de materiales básicos: agua, tierra, fuego y aire, de cuya combinación surgían todos los demás objetos de la "realidad"; mas tarde, en el curso de los siglos XVII, XVIII y XIX, aparecieron los casi un centenar de elementos químicos que hoy integran la tabla periódica; También en el siglo XIX hicieron irrupción las diferentes radiaciones y recién el siglo pasado se incorporó la antimateria a la "realidad" cotidiana, por solo mencionar algunos últimos elementos "emergentes" al conocimiento, conciencia y la consciencia de la humanidad.

Algo similar ocurrió y ocurre con las cosas abstractas, ideas, o memes, ellas también se incrementaron, se desarrollaron, en fin, también evolucionaron y evolucionan, tanto a nivel filogenético como ontogénico en cada individuo.

Sin dudas borrosa, esquiva y voluble es para el ser humano la frontera – si existiera - que separa las cosas concretas de las abstractas; nadie duda hoy en día que un chip o una computadora son cosas de la “realidad” concreta, pero en algún momento no fueron mas que meras abstracciones o especulaciones científicas; solo por nuestra necesidad de categorizar las cosas para mejor entenderlas y comprenderlas a través del lenguaje, que es la herramienta que los humanos usamos para entendernos y comprendernos, dividiendo entonces las “naturales” de las “artificiales” como si fueran diferentes, cuando es posible también considerarlas como una simple - o compleja, si Ud. prefiere - continuidad evolutiva

Capítulo 6
Lo que “existe”
Vemos entonces que hay una relación muy cercana entre lo que "existe" y nuestra consciencia, es decir un poco al modo que lo expresaba el obispo G. Berkeley allá por el 1700 y pico: “ser es percibir”,... que no es lo mismo - en absoluto - que decir que percibimos “todo” lo que existe.

Trataré a continuación de explicitar mis coincidencias y diferencias con esa posición idealista:
En su: “Tratado sobre los principios del conocimiento humano”, G. Berkeley nos dice:
"Hay algunas verdades que son tan próximas a la mente y le son tan obvias, que un hombre sólo necesita abrir los ojos para verlas. De éstas, hay una de suma importancia, a saber: que todo el coro de los cielos y cosas de la tierra, o, en una palabra, todos esos cuerpos que componen la poderosa estructura del mundo carecen de una subsistencia independiente de la mente, y que su ser consiste en ser percibidos o conocidos; y que, consecuentemente, mientras no sean percibidos por mí o no existan en mi mente o en la de algún espíritu creado, o bien no tendrán existencia en absoluto, o, si no, tendrán que subsistir en la mente de algún espíritu eterno. Pues sería completamente ininteligible y conllevaría todo el absurdo de una abstracción el atribuir a cualquier parte de esas cosas una existencia independiente de un espíritu.”

O también como nos dice Borges:
Curioso de la sombra
y acobardado por la amenaza del alba
reviví la tremenda conjetura
de Schopenhauer y de Berkeley
que declara que el mundo
es una actividad de la mente,
un sueño de las almas,
sin base ni propósito ni volumen. J. L. BORGES, "Fervor de Buenos Aires", (1923)

Coincido con el obispo en que decimos o definimos como algo que “existe” a todo aquello que es percibido directa o indirectamente por nuestros sentidos, transmitido por nuestro SNC y procesado por nuestro cerebro (sintonizador).

Discrepo con el obispo cuando éste niega cualquier tipo de “existencia” a todo aquello que no sea percibido (directa o indirectamente) por nuestros sentidos; seguramente se trata de otro tipo de “existencia”, que bien podríamos definir como potencial o como todo aquello que todavía no ha interactuado (directa o indirectamente) con nuestro cerebro/sintonizador.

Para fundamentar mi discrepancia, propongo analizar lo que al día de hoy se acepta como descripción detallada del fenómeno que denominamos “percepción”, responsable de la conformación de lo que reconocemos como “realidad”, a la luz de los últimos conocimientos científicos y de los cuales, por supuesto no disponía el entonces obispo irlandés:
La percepción es la interacción entre el medio ambiente exterior y nuestro cerebro/mente a través de los diferentes sentidos que conforman la estructura de nuestro Sistema Nervioso Central (SNC).

Podemos identificar diferentes etapas del proceso de percepción:
1- Llegada, contacto o interacción de la señal externa (radiación electromagnética, onda de presión variable, substancia química, etc, etc), con las correspondientes terminales nerviosas del SNC.
2- Generación/transducción y transmisión por interacciones electromagnéticas, de la correspondiente señal electrobioquímica codificada por el/los sistema/s neuronal/es del SNC actuante/s en cada caso (sinápsis, neurotransmisores, etc).
3-Decodificación e interpretación de la señal recibida, en los diferentes centros de procesamiento cerebral de la información.

Si bien los detalles descriptos en las dos primeras etapas del proceso perceptivo están bien estudiados y comprendidos, es la tercer etapa - justamente aquella donde se cree que reside la conciencia, el conocimiento y la consciencia humanas – donde permanecen en mayor proporción las dudas de la ciencia neurobiológica actual. 
Este es considerado el “problema duro” de las neurociencias: ¿cuál es, como y donde se produce el proceso que genera la sensación del “yo”, de nuestra personalidad e individualidad, en fin, la sede y esencia del autoconocimiento y la consciencia? 

Me animo a pensar en mecanismos neurales similares pero de etapas de procesamiento posterior, a los que generan otros tipos de sensaciones elementales como ser el dolor, el placer, la ira, el miedo, en la conciencia de los animales, a los que la evolución a llevado a procesar en forma mas compleja y redundantemente en el caso de los homínidos, específicamente en las nuevas áreas del cerebro humano como es el caso de los lóbulos frontales, la neocorteza, etc., generándose nuevas sensaciones e inquietudes que no afectaban a nuestros ancestros animales, como por ejemplo: los valores intelectuales.(recomiendo la lectura de autores como Lewis Munford en “El mito de la máquina”, o a Elkhonon Goldberg en “El Cerebro Ejecutivo”, o a Jhonjoe Mc Fadden en “Quantum Evolution”)

Diferentes trabajos de investigadores en el estudio de ciertas patologías y accidentes cerebrales que alteran el funcionamiento de esas áreas de procesamiento de la información, como es el caso de agnosias de distinto tipo - afasias, amnesias, etc, etc, - han permitido establecer en algunos individuos y, sin lugar a dudas, que a pesar de recibir las claras señales del medio ambiente exterior que conforman la etapa primera de la percepción, como así también funcionar en ellos correctamente el proceso sensitivo/transmisor/transductor descripto en la segunda etapa, una deficiencia en el tercer y crítico estadío de interpretación humana, produce la inconciencia y el desconocimiento por parte del sujeto de las variables afectadas: es decir, la “realidad” desaparece de su mente, esa “realidad” no “existe” para él; no reconocerá que la misma se encuentra frente a sus propios ojos bien abiertos y es probable que hasta se burle de quienes opinen lo contrario. (ver: “The Man Who Mistook His Wife For a Hat” del neuroinvestigador Oliver Sacks; Editorial Gerald Duckworth & Co.; Londres; 1985). 

Tengo para mí que algo parecido ocurre naturalmente en las restantes especies animales: al carecer del procesamiento redundante de la tercer etapa exclusivo del ser humano, todas ellas poseen - en mayor o menor grado, según su respectiva sensibilidad - una imagen similar, una conciencia equivalente de la realidad que las rodea, es decir una similar- y aún mejor o mas completa en algunos casos - experiencia de interacción entre sus sentidos y el medio externo a ellos, pero ninguna puede procesar esa información en sus respectivos cerebros para producir adecuadamente consciencia; es decir: saben, pero no saben que saben, o dicho de otra manera: son y están concientes de y en la “realidad”, pero no son conscientes de ello, no poseen un mecanismo cerebral del tamaño – proporcionalmente hablando – y complejidad de nuestra corteza cerebral, neocortex o lóbulos frontales, que interroga o compara redundantemente al resto de las funciones neurales.

Al igual que nuestros niños, adolescentes y ciertas personalidades enfermas o seniles, también ellos tienen la misma “realidad” que nosotros (los adultos sanos y bien desarrollados cultural e intelectualmente, con todas las salvedades que esta concepción pueda implicar) frente a sí, pero no tienen la capacidad intelectual necesaria para interpretarla a nuestro modo; podríamos decir – solo a guisa comparativa - que padecen diferentes tipos de agnosia asociativa.

Podríamos agregar también que mientras el ser humano adulto y sin patologías sabe que sabe, por el momento no sabe como sabe lo que sabe.
Una cruel sospecha, aunque también podría llamar secreta ilusión, recorre mi espinazo: ¿cuáles y cuantas serán las agnosias naturales e innatas de la especie humana?

Por un lado me angustia el saber o al menos sospechar de la existencia de otros mundos, universos o dimensiones – las infinitas configuraciones del todo - que no puedo percibir directamente por esa hipotética incapacidad innata, pero por otra parte también limita esos temores y alienta mi esperanza, saber o sospechar que podemos acceder a ellos y sus diferentes “realidades”, quizás indirectamente – no a través de la interacción directa con nuestros sentidos - en algunos casos para bien otras no tanto, mediante la evolución de nuestra inteligencia, nuestra creatividad, nuestra imaginación y porqué no, la mas loca fantasía, a obras artísticas de un Rembrandt, Mozart, Verdi, Picasso, Proust, Borges, a genialidades e intuiciones científicas de un Leonardo Da Vinci, Newton, Maxwell, Planck, Julio Verne, Einstein, etc, pero también a los desatinos de un Hitler en Alemania o un Pol Pot en Camboya, por solo recordar algunos lamentables acontecimientos del siglo pasado.
Según algunos autores somos verdaderas máquinas de soñar, hacedores de infinitas historias, creadores de mitos, dioses y religiones; desde las libertades de nuestra imaginación fantástica hasta los portentos tecnológicos solo limitados por los conocimientos científicos contemporáneos; todos ellos nuevas interacciones al fin, capaces de crear nuevas “realidades” – desde el arte, la fe, la ciencia, etc. – que exceden la “realidad” perceptiva.

Justamente esta tesitura me lleva a pensar en que en última instancia existe el "TODO", como sumatoria del universo que actualmente percibimos y de lo que está – quizás solo por el momento - más allá de nuestros sentidos y conocimiento.

O sea que existe una “realidad” que crece, que percibimos directa o indirectamente por interacción de nuestros sentidos con el medio exterior como parte o algo de un “Todo” fundamental, continuo, básico y permanente, del cual solo captamos aspectos parciales al modo que lo hace un “sintonizador” a través del conjunto de nuestro cuerpo, fundamentalmente el sistema nervioso central y particularmente el cerebro, donde un complejo y bastante desconocido hasta el momento mecanismo neural, finalmente produce lo que se conoce como conciencia, conocimiento, consciencia y eventuales acciones eferentes.

Es evidente a nuestra cotidiana experiencia y sin atisbos de excepciones en la historia conocida, que, constantemente, día a día, estamos ampliando esa “realidad”, interactuando, sintonizando de alguna manera, con parte de los restantes elementos del “Todo” que subyacen mas allá de la percepción inmediata.

Quienes piensen que nada hay mas allá de nuestros sentidos y conocimientos, deberían tener en cuenta lo siguiente:
- Al igual que un “sintonizador” dado no es capaz de procesar todas las diferentes ondas que llegan a él, tampoco en ningún caso nuestros sentidos “captan” toda la gama de fenómenos que se supone que abarcan; así por ejemplo nuestra vista solo detecta una muy pequeña fracción del espectro de las ondas electromagnéticas, nuestros oídos son incapaces de percibir los infra o ultra sonidos que escapan a nuestra sensibilidad, etc, etc. Es decir una buena parte de la “realidad” está fuera del alcance de nuestra percepción directa.
- Con el desarrollo de las neurociencias ha sido posible la detección de ciertas patologías y accidentes donde se encuentran lesionados ciertos sistemas neuronales, produciéndose lo que se conoce en esa especialidad médica como agnósis, afasias, amnesias y otros trastornos similares que provocan “perdida” de realidad y por ello es lícito suponer o especular con la posibilidad de otras interacciones potenciales por el momento desconocidas.
Para captar del mejor modo posible este concepto de la interacción mencionada entre el “Todo” y nuestro organismo en la producción del conocimiento, la conciencia, la consciencia y acciones eferentes, propongo la metáfora del “sintonizador” que explicito mas adelante y digo que esta nueva actividad: lo mental, el pensamiento abstracto con autoconocimiento, recién tuvo comienzo en nuestro universo conocido, con el desarrollo cerebral – el sintonizador – y la aparición en el mismo de esas incipientes funciones redundantes, hace algunos millones de años atrás en los primates, ancestros del hombre actual.

Capítulo 7
Como evolucionaron las cosas y las ideas hasta la mecánica cuántica.

Todas las cosas concretas están compuestas por lo que en un primer momento se creyó que eran partículas elementales e indivisibles (algo así como bolitas de materia, puntualmente identificables en el tiempo y el espacio), por ejemplo: los átomos de Demócrito.

Recién a comienzos del siglo pasado, Rutheford, Bohr y otros investigadores propusieron un nuevo modelo de átomo según el cual este ya no era una bolita indivisible como lo suponía originalmente el pensador griego, sino que estaba constituido por un núcleo central masivo que contenía la carga positiva y a su alrededor giraban, a diferentes distancias, partículas mas pequeñas y ligeras, los electrones, que contenían la carga negativa. 

Este esquema similar a un sistema solar en miniatura, funcionó bastante bien como explicación del átomo según los principios de la mecánica clásica o newtoniana y casi podríamos decir de acuerdo con el sentido común; pero lamentablemente, se quejan algunos, todo ese esquema comenzó a resquebrajarse casi simultáneamente con los nuevos conceptos relativistas y se hizo añicos con la asombrosa y poco creíble Teoría Cuántica, que proponía prácticamente la desaparición de la continuidad de la materia, reemplazando esta por propiedades discretas de las “partículas” elementales (pequeñísimos elementos subatómicos ) que incluían ondas de probabilidades y otras linduras similares, mas difusas y de ubicación menos precisa tanto en el tiempo como en el espacio; es decir hasta el mismísimo núcleo del átomo ya no era una bolita sólida e indivisible, sino que estaba formado a su vez por “partículas” u paquetes de ondas mas pequeñas: los protones y neutrones, que tampoco eran indivisibles ya que otros entes mas pequeños y menos definidos o concretos, los integraban a su vez, etc, etc.

Entiéndase bien: el universo, las cosas concretas, siguieron siendo externamente las mismas que siempre habían sido a nuestros sentidos, pero ahora estos interactuaban (generalmente en forma indirecta mediante dispositivos e instrumentos sofisticados, como por ejemplo los aceleradores/colisionadores de partículas en el caso de lo subatómico o super radiotelescopios para los grandes cuerpos cósmicos) y nuestro cerebro procesaba, también otros niveles de la “realidad” exterior; habíamos penetrado en un mundo de dimensiones o magnitudes tan diferentes de la experiencia cotidiana, donde, si lo pensamos bien, lo lógico era esperar cosas y comportamientos diferentes de lo que estábamos acostumbrados.

Recordemos el ejemplo de aquel buen hombre, o indígena si lo prefieren, habitante de un país o tribu de un planeta que se creen solos y únicos en el mundo y que por un extraño accidente se encuentra inesperadamente en el medio de otro planeta, país y cultura desconocidos para el y su gente, ¿cómo creen que se sentirá?...desconcertado por decir lo menos.

Creo que esta es la situación del Homo Sapiens Sapiens y algunos de sus mas cercanos antecesores desde sus orígenes: un constante asombro y hasta desconcierto ante las novedades, pero pasados las primeras dudas y temores, su creciente bagaje intelectual se pone en juego y la inercia de la evolución continúa su camino. 
Quienes creemos en la evolución natural o darwiniana, pensamos que esta es una buena – aunque precaria la mejor disponible actualmente - explicación del camino recorrido desde nuestro “Big Bang” y que tanto la consciencia como el conocimiento abstracto, son inéditos elementos “emergentes”, producto de la actividad de un nuevo y mayor cerebro, digamos el último grito de la evolución, al igual que en su momento también lo fueron otras propiedades emergentes como la vida, la inteligencia, el equilibrio homeostático, la conciencia, etc, en la historia conocida de la naturaleza.

Y así fue que en virtud de las relatividades de lo inmensamente grande, perdimos conceptos entrañables como los tiempos absolutos, la tierra plana, las simultaneidades.... (1 ver M. Crotti) y aparecieron otros inquietantes como los espacios curvos, agujeros negros, cuásares, galaxias y similares portentos de las inmensidades espaciales, con las que no soñaban nuestros abuelos y que nos proponen viajes a otros universos o dimensiones, a través de exóticos agujeros de gusano.

En el otro extremo, en lo inmensamente pequeño, la escandalosa Teoría Cuántica eliminó pocos años después la imagen de un electrón como un planeta girando alrededor de su estrella y la reemplazó por una nube de probabilidades superpuestas que podían ser ubicadas casi en cualquier lugar del cosmos, dando lugar, entre otras extrañeces, a la posibilidad de encontrarnos con infinitos universos paralelos ( David Deutsch, en : “The Fabric of Reality”, Penguin Books, Londres, 1997), como veremos mas adelante.

En fin, ..., nuevamente la angustia de nuestra ignorancia aunada en el infinito de los extremos.

Un fenómeno evolutivo similar puede considerarse para las cosas abstractas, pero en este caso es mas limitado aún el conocimiento que actualmente tenemos sobre la naturaleza de este tipo de cosas.

Capítulo 8
Cambios de paradigmas que nos propone la Teoría Cuántica
Hoy en día se acepta, casi sin sonrojarnos, la dualidad onda/partícula como constituyente fundamental de lo concreto, ya que según el método o instrumento de observación, un mismo elemento subatómico puede presentar manifestaciones puntuales u ondulatorias, como sucede en las bien conocidas experiencias de interferencias ópticas de las rendijas.

¿Qué pasó? ¿acaso cambió la “realidad”?: si y no.
Lo que ocurre es que al cambiar la escala de observación, al haber penetrado la ciencia en el mundo de lo subatómico, nos encontramos con nuevas cosas o “realidades” que si bien siempre estuvieron allí y comportándose de la misma manera, eran inaccesibles a los cerebros - los“sintonizadores” - de nuestros antepasados, su conciencia, su consciencia y conocimiento, por lo tanto esas cosas no “existían”, no formaban parte de “realidad” alguna.

Hoy por hoy podemos suponer que esas “partículas”que interaccionan entre las cosas concretas del mundo exterior y nuestros sentidos, son los quarks, electrones, muones, y otros engendros fundamentales que están en la frontera de lo mas pequeño según las últimas comunicaciones de la ciencia, aunque me inclino a sospechar que otras increíbles criaturas mas pequeñas aún, se encuentran como muñecas rusas en el interior profundo y en el mas allá de la “realidad” que hoy conocemos, como otros constituyentes del “Todo” con los cuales todavía no interactuamos en forma conciente ni consciente y que irán viendo la luz a medida que desarrollemos nuestros “sintonizadores”, deparándonos nuevos asombros ni siquiera imaginables por estos días.

Cabe aclarar que cuando menciono el término “partícula” las comillas se justifican porque a escala cuántica (subatómica), lo que conocemos como materia concreta o “realidad”: los electrones, los quarks, etc, etc., pierde o transforma sus características ante nosotros, presentándose a veces también como ondas según sean los instrumentos usados para la detección o medida, perdiendo su puntualidad o ubicación en el tiempo y el espacio, y su localización es mejor expresada en esos casos como una función probabilística o ecuación de onda (Schrödinger).

Por otra parte, a partir de los desarrollos teóricos de Einstein, Planck y otros, se demostró que tanto la materia como la energía, en fin todo lo que conocemos, eran diferentes manifestaciones de la misma cosa elemental. 

Así entonces, tanto las ondas de una radiación lumínica pueden interpretarse como “partículas”: el fotón ó paquetes de ondas o cuantums, por los trabajos de investigadores como Planck, Heisemberg, Schrödinger, Dirac y otros, como también una “partícula” como el electrón puede ser descripta como una especie de onda, perdiendo o modificando sus características puntuales, según el método de observación empleado.

Por primera vez en la historia – mas allá de la posición idealista del obispo G. Berkeley y sus adherentes - se comienza a admitir que la “realidad” que se observa o mide, pueda estar concretada y definida tanto por el objeto como por el sujeto ,...y es en última instancia una interacción. 

Todo lo anterior está probado y comprobado por incontables experiencias de laboratorio y aplicaciones tecnológicas que forman parte de nuestra vida diaria y obligaron a un cambio profundo en la relación objeto-sujeto, al menos en el mundo subatómico, poniendo sobre la mesa de nuestro conocimiento el hecho que el observador, el sujeto, puede determinar una “realidad” específica en particular, entre quizás infinitas “realidades” o alternativas posibles de la “existencia” del objeto.
Esto fue casi irónicamente inmortalizado por la famosa experiencia del gato de Schrrödinger, en el cual el eminente físico austriaco nos describía un hipotético experimento donde un elemento macroscópico - un gato encerrado en una caja junto a un veneno activado aleatoriamente por una fuente radioactiva - podía considerarse que permanecía en un “limbo” de infinitos estados de “existencias” entre la vida y la muerte, incluidos ambos, hasta que un observador definía con su acto de observación, una sola de las infinitas y posibles versiones del mismo.

Capítulo 9
De las interacciones a nivel cuántico y las “propiedades emergentes”.
Dejando lo inconmensurable grande de lado por no ser motivo de este ensayo, voy a concentrarme en desarrollar el concepto que vincula lo inmensamente pequeño como elemento conceptualmente apto de constituir el “Todo” como totalidad de lo que “existe” en la naturaleza y a lo que podemos gradual y progresivamente acceder mediante el proceso evolutivo, según el desarrollo de nuestro “sintonizador” y consciencia, dejando constancia que tanto lo grande como lo pequeño, el tiempo y el espacio, son abstracciones o subjetividades extremadamente útiles para nuestra existencia, productos de nuestra actividad cerebral, pero cuya interrelación y naturaleza última está, al menos por el momento, fuera de nuestro alcance o comprensión.

En el universo conocido, todas las cosas concretas y sus “partículas” o elementos constituyentes, se manifiestan por sus interacciones mediante alguna/s de las cuatro fuerzas elementales: fuerza electromagnética, gravitatoria y los dos tipos de fuerzas nucleares (fuerte y débil), con otras cosas concretas y sus “partículas” o elementos constituyentes, tanto cuando interactúan entre sí los objetos del mundo exterior a nosotros, como ha venido sucediendo desde el “Big Bang” hasta nuestros días, como cuando interactúan, directa o indirectamente, con nuestros sentidos, siguiendo un esquema evolutivo, que sintéticamente podemos resumir en el siguiente diagrama:
Pre Big Bang (¿ ?)

Big Bang (¿Ud. cree que acá empezó todo?,...yo no)

Plasma o magma Primordial

Energía Radiante

Materia (partículas subatómicas-atómicas- elementos básicos livianos)

Agregados de Materia (moléculas-cuerpos estelares- planetas)

Vida (elementos replicantes - organismos)

Conciencia (Cerebros Animales - inteligencia)

Autoconciencia/lenguaje, Consciencia (Lóbulos Frontales)

( ¿Ud. cree que acá terminó todo?, ...yo no) 

Así, aunque no siempre nos detengamos a pensar en ello, prácticamente todo lo que constituye nuestra “realidad” es en primer instancia producto de estas interacciones, fuerzas, o relaciones, entre las “partículas” elementales de la naturaleza, desde las cosas concretas como: el agua, una manzana, el fuego, una piedra, el aire, el sol, los planetas, un árbol, un libro, las computadoras, un animal, los átomos, los quarks, etc, etc, y presuponemos que hasta las abstractas como: la moda, Dios, la belleza , la verdad, el bien, el mal, el diablo, los ángeles, el deseo, el amor, los números, el tiempo, el espacio, etc, etc., también lo son, aunque en estos casos todavía no tenemos una confirmación adecuada, mas allá de incipientes experiencias – resonancia magnética mediante - que permiten relacionar nuestros pensamientos con ciertos procesos electrobioquímicos, como la transmisión de los impulsos nerviosos o las comunicaciones neuronales a través de los fenómenos de sinapsis, neurotransmisores, su posterior procesamiento cortical, etc, etc.

Según los conocimientos actuales, todas las disciplinas científicas vinculadas al estudio de nuestro pasado, desde la cosmología, la geología, la paleontología, la arqueología, la antropología, la biología molecular, la genética y en fin, la historia en general, muestran claramente un proceso evolutivo donde, desde la mismísima expansión del magma o plasma primigenio, son en última instancia interacciones de “ondas/partículas” elementales de cada nivel de complejidad entre sí, que van dando lugar a la aparición o emergencia de distintas estructuras, obteniéndose paso a paso diferentes elementos de complejidad y facultades crecientes, cada uno de ellos con características o propiedades propias y distintas a las de los elementos originales que les dieron lugar y que definimos como propiedades “emergentes”; así por ejemplo la formación de la primer molécula de agua en la naturaleza puede explicarse por la interacción o fuerza electromagnética entre dos átomos de hidrógeno y uno de oxigeno, que dió lugar a la aparición o “emergencia” de un nuevo compuesto: la molécula de agua, con características diferentes a cualquiera de sus dos elementos constituyentes como son los átomos de oxigeno y hidrógeno originales, los que a su vez fueron formados con anterioridad a ese evento también por otro como ya vimos, en el cual intervinieron o interaccionaron en diferente grado algunas de las fuerzas nucleares en el magma o plasma primigenio - el hidrógeno -, o en el interior de estrellas, el oxigeno.

Asimismo, de las interacciones posteriores entre ciertas y diferentes moléculas surgieron aquellas con características autorreplicantes y de interacciones entre estas a su vez nacieron las primeras células que interactuando entre sí dieron lugar a los primeros organismos, en procesos de complejidad creciente todavía no debidamente explicitados.

Capítulo 10
¿Qué queremos decir con que los elementos o cosas “interactúan”?
Que cada elemento o cosa es afectada por otra (y viceversa o reciprocamente), cuando su estructura y/o su comportamiento y/o cualquiera de los parámetros que la definen e identifican como tal, cambia en o por el contacto o proximidad con los elementos de la otra.

Resumiendo, la interacción entre determinadas ondas/partículas bajo ciertas condiciones, da como resultado la aparición de comportamientos o propiedades diferentes - emergentes - de las ondas/partículas originales consideradas en forma individual o en conjunto.

Esta interacción se produce siempre en la misma manera y proporción en nuestro universo conocido, constituyendo las leyes y constantes de la naturaleza; son estas relaciones o regularidades las que estudia la ciencia y aplica la tecnología.

Como sabemos, al nivel mas elemental y según nuestros últimos conocimientos, estas interacciones se producen o manifiestan en nuestro universo conocido, solo a través de las fuerzas: gravitatoria, electromagnética y nuclear (fuerte y débil) actuantes mas directamente.

Cabe mencionar que en los últimos años se interpretan o se intenta interpretar fisicomatemáticamente estas fuerzas como el producto de un intercambio de subpartículas/ondas entre los elementos actuantes en la relación o interacción, trabajándose con ideas muy innovadoras y complejas como la teoría de las cuerdas, supercuerdas, etc. No obstante, en esta exposición mantendré el término “fuerzas” ya que me parece conceptual y tradicionalmente mas comprensible que el accionar de subpartículas, como los “gluones” o cuerdas dimensionales, de mas difícil interpretación.

De cualquier manera creo que podemos y vale la pena reproducir el concepto de “partícula elemental” desde el pensamiento griego hasta nuestros días:
Como vimos, el primer humano reconocido a quien se le ocurrió la idea de que la realidad estaba conformada por pequeñas partículas indivisibles fue Demócrito y por más de dos mil (2000) años esta concepción no fue cuestionada. Recién sobre finales del siglo XIX se comenzó a sospechar que quizás había algo mas en las entrañas de los átomos y esto se confirmó en los primeros años del siglo XX con las experiencias de Rutherford, Bohr y las especulaciones de investigadores como Plank, Einstein, Heissemberg, Schróedinger, Dirac y otros que finalmente desembocaron en la increíble y contraintuitiva teoría cuántica con su pléyade de partículas subatómicas. Sobre mediados del siglo los cada vez mas poderosos y precisos aceleradores de partículas permitieron determinar la existencia de nuevos elementos en las entrañas de la mismísima materia y los límites jamás concebidos por mente alguna hasta nuestros días.

Por supuesto todo este desarrollo y evolución de conceptos y nuevas “realidades” requieren un sustento fisicomatemático coherente que hoy es motivo de fuertes discusiones y laboriosos consensos en la comunidad científica. 

Al respecto cabría mencionar los ingentes esfuerzos de mentes brillantes como Einstein y muchos otros en pos de alcanzar una teoría unificadora (Teoría del Campo Unificado) de los conceptos relativísticos y cuánticos que permitiera vincular la gravedad con las fuerzas electromagnéticas y subnucleares definiendo ciertas entelequias como los gravitones, las ondas gravitacionales, las branas, etc,... evidentemente una tarea nada, pero nada fácil.

Con demasiada frecuencia tendemos a pensar que es casi automática la evolución del pensamiento científico cuando en realidad es un arduo y dificultoso camino; veamos que nos dice en un par de párrafos sobre estos esfuerzos y esperanzas, un posible futuro candidato al premio Nobel, el investigador americano sobre teoría de las cuerdas o supercuerdas: Brian Greene ( autor del libro de divulgación científica: “El universo Elegante”) en una entrevista dirigida y editada por Peter Tyson, editor jefe de NOVA online.(Traducción de Francisco M. Pulido Pastor, para Astroseti org.)

“NOVA: ¿Es un tiempo apasionante para ser un teórico de cuerdas? 

Greene: Es un tiempo asombroso para serlo. Los últimos pocos años han sido testigos de un enorme progreso, tanto que pienso que nadie ni en sus sueños más locos podría haber imaginado que llegaríamos tan lejos como lo hemos hecho. 

NOVA: ¿Piensa que la teoría de cuerdas será alguna vez aceptada tan extensamente como, digamos, la teoría general de la relatividad? ¿Que se necesitaría para que esto sucediera? 

Greene: Bien, la razón por la que la relatividad general es comúnmente aceptada es por que hizo predicciones que fueron confirmadas por observaciones experimentales. La primera que puso a la relatividad general en el mapa fue su predicción de la curvatura de la luz de una estrella por el Sol, que en 1919 fue confirmada por la observación durante un eclipse solar. Ese fue el momento en que la relatividad general emergió del reino de la teoría y entró en el reino de ser parte de la realidad tal como la conocemos. Para que la teoría de cuerdas tenga el nivel de aceptación de la relatividad general tiene que suceder lo mismo. Tiene que hacer una predicción que se confirme por algún experimento. Y aún no hemos alcanzado la etapa en la que podamos hacer las predicciones definitivas que, de ser encontradas, harían correcta la teoría, y si no lo fueran, la harían equivocada. Pero hemos alcanzado la etapa en la que podemos hacer algunas predicciones aproximadas para cosas que pueden suceder en los futuros aceleradores que se están construyendo, en particular en el de Ginebra, Suiza, llamado el Gran Colisionador de Hadrones (Large Hadron Collider), que estaría preparado para el 2007 o 2008. Si alguna de las predicciones que la teoría de cuerdas dice que pueden suceder se confirman por la experimentación en este acelerador, entonces pienso que es muy posible que la teoría de cuerdas sería aceptada como la relatividad general. 

NOVA: ¿Puede dar un ejemplo de una predicción que podría confirmarse experimentalmente en los próximos años? 

Greene: Seguro. Uno de los rasgos más extraños de la teoría de cuerdas es que requiere más de las tres dimensiones espaciales que vemos directamente en el mundo que nos rodea. Suena como ciencia ficción, pero es un resultado matemático indiscutible de la teoría de cuerdas. Así que la pregunta es, ¿dónde están las dimensiones extras?. Una sugerencia es que están todas a nuestro alrededor, pero que son pequeñas en relación a las dimensiones que vemos directamente y por tanto son más difíciles de detectar. Lo que también predice la teoría –no necesariamente, pero si posiblemente- es que la energía puede escapar de nuestras dimensiones conocidas hacia estas dimensiones extras, bajo circunstancias apropiadas. Estas circunstancias podrían generarse en colisiones de alta energía que tendrán lugar en el nuevo desintegrador de átomos, el Gran Colisionador de Hadrones. Así es posible que a través de estas colisiones de alta energía encontremos que hay menos energía al final de la colisión de la que había al principio. Si la pérdida energética es justo del tipo correcto, sería una prueba muy fuerte de que la energía se ha filtrado en estas dimensiones extras. Si esto fuera verdad, si esta fuera la mejor explicación que pudiéramos encontrar, sería una evidencia fuerte de que las dimensiones extras son reales, y por tanto sería una evidencia fuerte de que el marco de trabajo de la teoría de cuerdas es correcto.... 

....NOVA: ¿Ha tenido alguna vez dudas sobre la teoría de cuerdas? 

Greene: ¡Todo el tiempo!. Quiero decir, es una carrera de investigación muy extraña, en cierto modo. Hasta la fecha he gastado algo así como 17 años trabajando en una teoría para la que esencialmente no hay soporte experimental directo. Es una forma muy precaria de vivir y de trabajar. Lo divertido es que a veces tengo la impresión de que alguna gente fuera de este campo piensa que hay algún elemento de seguridad que nosotros tenemos al trabajar en una teoría que no ha hecho ninguna predicción que pueda ser probada como falsa. En un sentido, estamos trabajando en algo infalsificable. Y hay a veces la impresión de que somos felices con ello. Pero déjeme ser categórico, si la teoría es errónea, me gustaría saberlo hoy para no gastar ni un minuto más de mi tiempo en ella. No tendremos certeza de que es correcta hasta que los experimentos muestren que es correcta. No obstante, diría que en mi mente hay ya un fuerte caso circunstancial de que es correcta, porque aúna la relatividad general y la mecánica cuántica, y cada una de esas teorías ha recibido ya una fantástica cantidad de confirmación experimental. La teoría de cuerdas es la teoría más desarrollada con la capacidad de unir la relatividad general y la mecánica cuántica de una forma consistente. Creo que el universo es consistente, y por tanto creo que la relatividad general y la mecánica cuántica se unirían en una forma que tiene sentido. Eso es lo que hace la teoría de cuerdas, y para mi, es bastante convincente.... 

Límites a la comprensión 
NOVA: ¿Hay alguna forma en que se pueda hacer comprender a la gente que sabe poco de matemáticas la suprema elegancia de la teoría de cuerdas? 

Greene: Pienso que si. Como sabe, cuando hablamos de la elegancia de teorías físicas, lo que a menudo queremos decir es que una teoría es capaz de explicar un amplio rango de fenómenos usando un número muy pequeño de ideas poderosas. La elegancia viene del tremendo alcance de estas pocas ideas simples. 

“No importa lo mucho que intentes enseñar a tu gato la relatividad general, fallarás". 

Y esa es ciertamente una característica principal de la teoría de cuerdas. Tenemos esta idea de que los constituyentes básicos de la naturaleza son estas cuerdas vibrantes, que sus patrones de vibración dictan las propiedades de las partículas, y dictan los tipos de fuerzas que trabajan en el mundo. Si la teoría es correcta, esa simple noción será quizá capaz de explicar, en principio, cada fenómeno físico. En ese poderoso alcance es donde reside la elegancia. 

....NOVA: ¿Cree que hay límites a cuánto podemos conocer sobre el universo? 

Greene: No lo se. Me gustaría pensar que no los hay, pero sospecho que eso es un poco optimista. Una analogía usada en el programa de NOVA a la que soy muy aficionado es: Somos ciertamente conscientes de que hay seres inteligentes en este planeta cuya capacidad para comprender las profundas leyes del universo es limitada. No importa lo mucho que intentes enseñar a tu gato la relatividad general, fallarás. Ahí tenemos un ejemplo de un ser vivo inteligente que nunca sabrá este tipo de verdad sobre el modo en que el mundo está unido. ¿por qué en el mundo seríamos algo diferente?. Podemos ciertamente ir más lejos que los gatos, pero ¿por qué iban a ser nuestros cerebros tan apropiados para el universo que fueran capaces de entender hasta su más profundo funcionamiento? 

...NOVA: Bien, por ejemplo, la mayoría de la gente tiene problemas para visionar una cuarta dimensión espacial. ¿Usted puede?. 

Greene: No. Yo no puedo visionar nada más allá de las tres dimensiones. Lo que puedo hacer es hacer uso de las matemáticas que describen esas dimensiones extra, y entonces puedo intentar traducir lo que las matemáticas me dicen en analogías de dimensiones inferiores que me ayuden a plasmar una imagen de lo que las matemáticas me han dicho. Pero la imagen es ciertamente inadecuada para la tarea de describir completamente qué está pasando, por que es en dimensiones más bajas, y en las dimensiones superiores, las cosas son definitivamente diferentes. Para decirle la verdad, nunca encontré a nadie que pudiera visionar más de tres dimensiones. Hay algunos que proclaman que pueden, y puede ser que lo hagan; es difícil decirlo. Pero es muy complicado, cuando tu cerebro está implicado en un mundo que parece tener tres dimensiones y está bien adaptado a visionar ese mundo, ir más allá de eso e imaginar más dimensiones. 

.....NOVA: ¿Qué consejo tendría para un aspirante a teórico de cuerdas? ¿Ir a por todas?, o por Dios?, mantenerse al margen? 

Greene: Creo que en última instancia tienes que seguir a tu corazón en estos temas, y si éstas son el tipo de ideas y preguntas que arden en tu interior, y simplemente no puedes imaginar no tenerlas en la vanguardia de lo que haces en tu trabajo cotidiano, entonces si, tienes que ir a por todas. En el otro extremo, es un campo muy especulativo, y podría resultar que todo está equivocado. Y si ese es el caso, y sentirías, tras poner años de investigación en el tema, que esos años fueron desperdiciados por que la teoría estaba equivocada, entonces probablemente no es el campo adecuado para ti. Yo y muchos otros, no obstante, no sentiríamos que había sido una pérdida de tiempo si la teoría se revela incorrecta, por que hemos desarrollado muchas fórmulas matemáticas importantes. Hemos desarrollado conexiones con otras áreas de la física mejor establecidas, que creo que serán importantes sólo por si mismas. Habremos hecho un trabajo muy valioso. Para mi, si la teoría se revela correcta, será una gordísima y sabrosa guinda sobre el pastel, pero sin esa guinda, para mi el trabajo aun habrá sido increíblemente interesante y útil. 

...NOVA: Está usted terminando un nuevo libro. ¿De qué trata? 

Greene: Ese libro trata sobre el espacio y el tiempo. El Universo Elegante trataba sobre la búsqueda de la teoría unificada, y el espacio y el tiempo eran caracteres secundarios en esa historia. En este nuevo libro, el espacio y el tiempo son los actores principales. Es en realidad una discusión sobre nuestro siempre cambiante enfoque de lo que estas aparentemente simples nociones de espacio y tiempo realmente son. 

.....NOVA: Mencionó usted la teoría de campo unificado. Si la teoría de cuerdas lidera la llamada "teoría del todo" –sé que no le gusta mucho ese término— ¿a dónde irían los físicos teóricos desde ese punto de partida? 
Greene: Bien, pienso que una analogía que creo que una vez usó Richard Feynman es posiblemente la mejor para explicar a donde iríamos. Si estás aprendiendo el juego del ajedrez, lo primero que tienes que aprender son las reglas. Pero después de que las hayas aprendido, el juego del ajedrez no ha terminado para ti. Es sólo el principio, por que ahora puedes aplicar esas normas para jugar toda suerte de maravillosos juegos que implican todo tipo de estrategias y te permiten explorar la riqueza de ese universo. 

“Una teoría unificada nos pondría en el umbral de un vasto universo de cosas que podríamos finalmente explorar con precisión". 

Similarmente, si tuviéramos finalmente la teoría unificada, si finalmente tuviéramos las leyes profundas del universo en la mano, eso en un sentido muy real también sería un principio. Sería el principio de nuestra búsqueda para usar ese conocimiento profundo para explorar completamente este universo, para comprender totalmente los agujeros negros, las estrellas, las galaxias, e incluso el big bang, para comprender totalmente cómo las cosas llegaron a ser como son. Por eso, de muchas formas, sería solo el principio. Una teoría unificada nos pondría en el umbral de un vasto universo de cosas que finalmente podríamos explorar con precisión.”

Como vemos en esta expresión parcial de los pensamientos de un científico especializado en temas de supercuerdas y supersimetrias, nada garantiza en el mundo de la ciencia que estemos en el camino correcto para encontrar las respuestas que buscamos a nuestras sospechas, expectativas o tal vez solo ilusiones motorizadas o inducidas por conocimientos previos que suponemos – a veces erróneamente – correctos; tampoco que estas respuestas aparecerán mañana producto de un milagro, pero eso no es óbice, en absoluto, para desmayar en el intento. Hay mucho trabajo, esfuerzo, tiempo y dinero invertido en estas tareas quizás porque la experiencia histórica demuestra que solo por esta vía de especulaciones, pruebas, errores, refutaciones y confirmaciones – en fin, la ciencia - que se saben finalmente transitorias, se avanza en el conocimiento humano. 

Recordemos entonces algo sobre estas primarias y fundamentales fuerzas:
Fuerza gravitatoria: es la fuerza que se genera entre las masas de las partículas/ondas; aunque generalmente es positiva (atracción), se especula también sobre la existencia de casos negativos (repulsión, responsable quizás de la aceleración expansionista observada recientemente en nuestro universo); su alcance es prácticamente infinito, instantáneo y proporcional al valor de las masas en juego, pero su poder disminuye al aumentar la separación entre las partículas consideradas. Por estas características se manifiesta claramente entre grandes cuerpos como planetas, estrellas, galaxias, etc, etc, pero es casi despreciable a nivel sub atómico o cuántico, frente a los elevados valores de las fuerzas nucleares vigentes en esos niveles.

Fuerza electromagnética: es la que se genera por las cargas eléctricas de las partículas; en el caso de las de igual signo estas se repelen y cuando ambas son de signo contrario, se atraen, con magnitudes inversamente proporcional a la distancia que las separa. Son significativas a nivel sub atómico, atómico y molecular, aunque sus efectos pueden considerarse también a nivel macro, especialmente en el caso del magnetismo. Igualmente importantes son los movimientos de las partículas cargadas eléctricamente que generan campos magnéticos y viceversa.

Fuerza nuclear débil (o de Fermi): Son las responsables de ciertas interacciones entre partículas elementales como los neutrinos y la materia, en ciertas reacciones nucleares como las que ocurren en el sol y en los procesos radioactivos. Tiene corto alcance: diez a la menos quince metros (unas diez billonésimas de centímetro).
Fuerza nuclear fuerte: es la responsable de mantener unidas partículas de igual carga eléctrica, como es el caso de los protones entre sí en el interior de los núcleos atómicos. Su valor absoluto es alto en términos de energía, pero al igual que la otra fuerza nuclear su alcance es solo de aproximadamente unas billonésimas de centímetro.

Como mencioné anteriormente, no existe evidencia científica alguna de ningún otro tipo de interacción básica entre los elementos de la naturaleza diferente de estas cuatro fuerzas descriptas o sus derivadas, desde la transmisión eléctrica hasta el amor. 

Desde hace casi un siglo la ciencia sospecha que hay un elemento vinculante entre estas cuatro fuerzas básicas de la naturaleza y busca con ahínco esa relación en lo que se conoce como teoría del campo unificado, o teoría del todo, al modo en que en su momento Maxwell (1868), lo logró entre las fuerzas, cargas y campos eléctricos y magnéticos; algo tan sencillo y práctico también como la fabulosa relación descubierta por el genio einsteniano en la casi mágica E = m.c2, que vincula la masa con la energía;...pero hasta el momento esa deseada vinculación no se ha logrado.

Capítulo 11
Una cuestión de números
Cuando la interacción es entre unas pocas unidades de “partículas” elementales, los resultados de agregar, sacar o mover algunas de ellas de sus posiciones habituales no implican mayores sorpresas y esto se estudia con alto grado de certeza en los aceleradores/colisionadores de partículas donde se trabaja con precisiones increíbles; pero esto cambia dramáticamente cuando hablamos de interacciones a escala macro o cotidiana, donde cada experiencia conciente y consciente de la vida real es en cada caso la interacción de millones de millones de ondas/partículas del medio ambiente exterior a nosotros, que intervienen o interactuan a nivel cuántico o subatómico y prácticamente al unísono, con los terminales, transmisores y demás elementos de nuestro SNC comprendidos en el proceso sensorial - también cuántico o subatómico - de las mas de cien mil millones de neuronas de nuestro cerebro/sintonizador, dando lugar a novedosas propiedades “emergentes”: conciencia, consciencia, conocimiento, eventuales acciones eferentes y quizás otras y desconocidas por el momento propiedades que se hacen presentes como producto de miriádas de interacciones y geometrías combinadas.

Al respecto, podría asombrarnos recordar que una simple gota de agua contiene prácticamente algo así como cien millones de millones de millones (cien trillones) de moléculas de agua. 

Con esto quiero poner de relieve que quizá la interacción de un par de miles o millones de “partículas”, átomos o moléculas entre sí o con otras o con nuestro sistema sensorial, casi seguramente pasará desapercibida a todos los efectos en el mundo macroscópico de la vida diaria y difícilmente podrá considerarse como una experiencia conciente, consciente o que integre de alguna manera la “realidad” de nuestro conocimiento; dicho de otra manera, nuestra experiencia cotidiana, por puntual que sea el acontecimiento considerado, es el resultado de multitudinarias interacciones y creo que todavía no está suficientemente explicitado el rol que juegan en esta múltiple experiencia que conforma nuestra conciencia y consciencia, la teoría de los grandes números, el caos, el progresivo aumento de complejidad con la consecuente aparición de inesperadas propiedades emergentes en cada paso y hasta la evolución o máquina darwiniana, especialmente en la interacción con las mas de cien mil millones de neuronas de nuestro cerebro (ver: “The Society of Mind” 1987, de Marvin Lee Minsky ).

Recién en los últimos años, con el mayor conocimiento de las estructuras atómicas y subatómicas, aunado a la circunstancia de un mayor y mejor posibilidad de manipulación de las mismas mediante la técnicas a escala nanométricas, la química parece trabajar sobre estrategias preconcebidas y no por accidente o casualidad como ocurrió por ejemplo con los primeras aleaciones o el caso de la vulcanización del caucho en tiempos pretéritos. 

Con todo, aún desconocemos las razones últimas de la inmensa mayoría de los cambios o “propiedades emergentes” que apreciamos en la naturaleza, por ejemplo: ¿porqué un tratamiento térmico y quizá el agregado de ciertas sales metálicas, transforman unas tristes y opacas arenas y silicatos, en una maravillosa masa de vítreos y coloridos reflejos?, o avanzando en la escala evolutiva nos preguntamos por las consecuencias o derivación de las primeras interacciones entre las fuerzas elementales mencionadas (gravedad, electromagnetismo y nucleares) con la aparición posterior de fuerzas atractivas/repulsivas novedosas y de complejidad creciente, avanzando desde las desconocidas interacciones de los componentes elementales del todo entre sí, a las interacciones de las ondas/partículas del nivel subatómico, al siguiente nivel de interacciones atómicas, luego al nivel molecular, etc, etc, hasta llegar al nivel macro y cotidiano donde la afinidad/repulsión fisicoquímica y electromagnética en general hacen aparecer: la tensión superficial, la capilaridad, los fenómenos de ósmosis, la conductividad, los potenciales sinápticos, los neurotransmisores, etc., que a su vez dan lugar a las mas abstractas o complejas interacciones en los organismos vivos donde surgen los mecanismos homeostáticos que regulan la sed, el hambre, el deseo sexual, el amor, el odio, hasta los sentimientos y pensamientos de los seres humanos que al interactuar entre si y su medio ambiente, desarrollan pautas culturales que dan lugar a valores éticos, morales etc, que según el refranero popular: “mueven montañas” o “tiran mas que una yunta de bueyes”.

Sí sabemos en cambio, que toda interacción entre cosas concretas es, en última y básica instancia, una manifestación de la acción de algunas de las cuatro fuerzas elementales de la naturaleza mencionadas: gravitatoria, electromagnética, nuclear débil y fuerte, y sabemos además que para que esta interacción sea un fenómeno que llega a nuestro conocimiento o consciencia debe comprender un número importante de “ondas/partículas”, algo así como una “masa crítica” o cuántum de interacción mínima, necesario para obtener el colapso de la función de onda , decoherencia o experiencia conciente y consciente.

De tal manera podemos estudiar el caso de un trozo de carbón depositado sobre una superficie al aire libre, que independientemente del hecho de encontrarse expuesto a la influencia de las fuerzas gravitatorias de todo el universo y también a las diferentes radiaciones existentes en la atmósfera terrestre como podría ser por caso el efecto fotoeléctrico de las radiaciones solares, permanecerá inalterable (al menos para nuestros sentidos) mientras no cambien grandemente las condiciones energéticas del entorno inmediato a ella; pero si agregamos suficiente energía a un punto de su superficie, como por ejemplo: la llama de una cerilla o el calentamiento por radiaciones solares concentradas por el efecto de una lupa, podemos lograr que comience la interacción de un número significativo de electrones exteriores de los átomos de carbón con los correspondientes del oxigeno del aire que lo rodea, en lo que conocemos como un fenómeno o proceso de combustión, que puede automantenerse y terminar cuando todo, o casi todo, el carbón sólido se transforme en óxido de carbono gaseoso.

Dejando de lado ciertos detalles técnicos (quizás importantes en otros análisis), podemos decir que estamos frente a un caso donde los protagonistas básicos del cambio son en este caso las fuerzas electromagnéticas y nucleares, dado que las principales manifestaciones son el resultado de una reacción de oxido reducción, con liberación de energía, cambio de estado, etc, etc.

Como recordamos, las reacciones de combustión como la descripta en los renglones precedentes, son conocidas en química con el nombre de oxidoreducción y son ejemplos típicos del proceso mediante el cual algunos de los electrones mas externos de los diferentes átomos intervinientes en la reacción, adoptan comportamientos específicos que confieren propiedades determinadas a los compuestos resultantes y así como en el caso de la molécula de agua mencionada anteriormente, también en este caso tenemos por resultado elementos nuevos, “emergentes”: moléculas de óxido o anhídrido carbónico gaseoso y la aparición, liberación o transformación de una energía que pasa de la forma potencial en su estado químico (los diferentes contenidos energéticos de los electrones del carbón y del oxígeno, según sus órbitas) original, a un estado dinámico o cinético (radiación de luz y calor) y propiedades totalmente diferentes en los nuevos productos formados, al menos para nuestra sensibilidad, a las que tenían en los compuestos que le dieron origen.

Como dijimos, en toda interacción elemental siempre estarán presentes las cuatro fuerzas mencionadas (electromagnética, gravitatoria y las dos nucleares), pero la participación o preponderancia de cada una de ellas sobre las otras es variable en cada fenómeno o interacción considerado, por ejemplo: en el caso de las interacciones entre “partículas” elementales de las cosas concretas que nos rodean y sus manifestaciones sensibles, si bien tiene preponderancia en nuestro análisis la fuerza electromagnética, no deben olvidarse las otras fuerzas que siempre estarán presentes y podrán llegar a ser gravitantes, valga la redundancia, en algún otro tipo de análisis o consideración.

Hasta donde conocemos, la mayoría de las cosas que componen nuestra “realidad” concreta y cotidiana, se forman preponderantemente por algún tipo de interacción electromagnética entre átomos y moléculas como el caso de los ejemplos dados, en el marco de una gravedad siempre presente y con valor prácticamente invariable, por lo que su presencia – la gravedad - pasa casi desapercibida frente a los mas destacados cambios que producen las interacciones electromagnéticas; mientras que a escala cósmica tiene preponderancia en nuestra atención la fuerza gravitatoria; finalmente será la fuerza débil la determinante en la degradación radioactiva y a escala subnuclear el papel de la interacción mas destacado corresponde a las fuerzas nucleares fuertes. 

Para tener una idea de la magnitud relativa de estas fuerzas, vamos a considerar una escala de intensidades de las diferentes fuerzas actuantes en los elementos constitutivos de un átomo, en el que suponemos que la fuerza gravitatoria tuviese magnitud 1; comparativamente en ese caso, la fuerza débil tendría un valor de 10+34 (un uno seguido de 34 ceros), la fuerza electromagnética tendría un valor de 10+37 (un uno seguido de 37 ceros)