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Obesidad en ninos de la escuela primaria "Benito Juarez" de Mazatlan, Sinaloa, Mexico


Enviado por MC Ramon Larrañaga Torrontegui
Código ISPN de la Publicación: EEZkppAVAFQbaBVMNV


Resumen: En los ultimos veinte anos, la prevalencia de la obesidad en los ninos ha aumentado bruscamente, especialmente en los paises mas desarrollados. La suba se explica, basicamente, por la alimentacion pobre (agravada en nuestro pais por la crisis economica) y la vida sedentaria, pero tambien por la presencia de relaciones conflictivas entre los padres e hijos en los que inciden ciertas pautas culturales propias de la epoca, la importancia de la correcta alimentacion y del tratamiento psicologico.


   
  

Indice
Introducción
Antecedentes
Objetivos

Capitulo I
1.1 Evolución

Capitulo II
2.1 Obesidad Infantil
2.1.2 Causas de la obesidad 
2.1.3 Consecuencias de la obesidad
2.2 Diagnostico y métodos de la evaluación de la obesidad
2.2.1 Distribución regional de la grasa 
2.2.2 Determinación del Índice cintura cadera
2.2.3 Evaluación clínica del paciente obeso

Capitulo III
3.1 Recomendaciones nutricionales
3.2 Tratamiento de la obesidad
3.3 Prevención
3.4 Analisis
3.5 Conclusion

Anexos
Materiales y métodos
Bibliografía

Introducción 
En los últimos veinte años, la prevalencia de la obesidad en los niños ha aumentado bruscamente, especialmente en los países más desarrollados. La suba se explica, básicamente, por la alimentación pobre (agravada en nuestro país por la crisis económica) y la vida sedentaria, pero también por la presencia de relaciones conflictivas entre los padres e hijos en los que inciden ciertas pautas culturales propias de la época, la importancia de la correcta alimentación y del tratamiento psicológico.

La obesidad en los niños está prevaleciendo tanto, que casi se podría hablar de una epidemia. Se estima que hoy en día, en muchos países, uno de cada diez niños es obeso al llegar a los 10 años. Las enfermedades a largo plazo que se ven venir, como consecuencia de esto, están siendo una preocupación en muchos países.

En la definición más aceptada del término obesidad, se plantea que es una enfermedad caracterizada por un cúmulo de grasa neutra en el tejido adiposo superior al 20% del peso corporal de una persona en dependencia de la edad, la talla y el sexo debido a un balance energético positivo mantenido durante un tiempo prolongado.

La obesidad constituye una pandemia que afecta a los diferentes grupos etarios, sin hacer distinciones de razas, sexos o estratos sociales. 

La obesidad tiene consecuencias adversas sobre el funcionamiento del organismo que implica alteraciones en diferentes subsistemas y afecta la morbilidad y mortalidad de las poblaciones a través de altas incidencias de diabetes mellitus tipo II, hipertensión arterial, enfermedades cerebrovasculares y cardiovasculares, algunos tipos de cáncer y apnea obstructiva del sueño, entre otras. Debe ser objeto de especial atención y cuidado cuando se presenta en niñas y niños. 

La niñez es una etapa en la que es factible cambiar conductas. Es el momento en que se conforman los hábitos, se estructura la personalidad y se pueden establecer patrones que en el futuro será más difícil cambiar.

Antecedentes 
En 1901 se publicó el primer artículo reportando el incremento de las tasas de morbilidad y mortalidad en las personas obesas cambiando el concepto de obesidad como sinónimo de salud por el de una enfermedad; aunque correcta esta visión, favoreció por el contrario la asociación equivocada de la delgadez con la salud, la belleza y los logros sociales.

En 1970, surgió la preocupación por los lactantes obesos, ya que se consideraba un periodo crítico para la adquisición del número de adipocitos del lactante.
Ahora hay tres veces más niños obesos que hace sólo 15 años. Las consecuencias de este avance pueden ser muy preocupantes, pero las soluciones existen: la clave está en modificar los hábitos.

La obesidad es la enfermedad nutricional más frecuente que se presenta en países desarrollados y ha ido en incremento en los que están en vías de desarrollo. En Estados Unidos la obesidad infantil se ha incrementado en un 50 % a partir de 1976 reportándose una incidencia de un 20-27% en la población infantil y un 33% en etapa adulta. En México se estima una prevalencia en edad escolar de 20 a 38%.

En 1984, el índice de obesidad infantil era del 4,9 por ciento, mientras que un estudio de 2005 realizado en Andalucía desveló un incremento del 40 por ciento, cifra que puede doblarse hasta el 2030.

Colombia figura ya en el tercer lugar de Latinoamérica en los índices de obesidad después de Brasil y México y aunque no hay un estudio colombiano que muestre la magnitud general del problema en nuestro país, algunas investigaciones confirman una preocupante tendencia al aumento de peso de los colombianos: 
La Asociación Colombiana de Obesidad y Metabolismo (ASCOM) realizó un estudio en 2001, entre los mayores de 18 años que asistían a la Registraduría Nacional por su cédula de ciudadanía y encontró que el cuarenta por ciento tenía sobrepeso y que el cuatro por ciento padecía de obesidad mórbida. 

Un estudio que involucró a estudiantes de entre 5 y 12 años de centros de educación distrital de los estratos 1 y 2 de Bogotá encontró que el 2,9 por ciento de esta población tiene sobrepeso u obesidad, desvirtuando la creencia de que la obesidad se asocia con mejores condiciones de vida.

En los países occidentales se ha señalado un rápido aumento de la prevalencia de obesidad en los últimos años, afectando por igual a ambos sexos, a todos los grupos de edad, a distintos grupos raciales, a familias con alto y bajo nivel económico, e incide tanto en el medio rural como en el urbano. A ello han contribuido por un lado, los cambios en los estilos de vida y por otro una mayor disponibilidad de nutrientes. 

El estudio Paidos'84, definió la obesidad cuando el pliegue tricipital (PT) era superior a 2 DE, y demostró que el 4,9% de la población infantil entre 6 y 15 años de edad podría considerarse obesa. El estudio Navarra, en un amplio grupo de niños y adolescentes entre 4 y 17 años, observaron que el 3,9% tenían un IMC superior a 2 DE. 

En otros países europeos la prevalencia está en torno al 7,5%. En Estados Unidos, estudios recientes (NHANES III) han demostrado que en la población infantil se ha duplicado el número de casos en los últimos quince años, estando actualmente en torno al 20% en niños y adolescentes (IMC superior al percentil 85). 

La Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) en el año 1997, observó que el 13,4% de la población adulta era obesa, y este incremento era mas elevado en las personas mayores de 45 años, si eran del sexo femenino y, en los que tenían menor nivel de instrucción. 

Las cifras actuales de prevalencia de obesidad en nuestro país se mantienen estables, existiendo en los últimos años un ligero incremento entre los adolescentes.

Estas cifras son preocupantes, teniendo en cuenta que los diferentes estudios han estimado que el porcentaje de niños obesos que tienen riesgo de ser obesos en la edad adulta es la siguiente: si el niño lo es a los 7 años, el riesgo es del 41%; si es obeso entre 10 y 13 años, el riesgo es del 70%; y por último, si es obeso en la adolescencia, tiene un riesgo del 80% de ser obeso adulto. 

Los niños obesos menores de 3 años y cuyos padres no son obesos tienen un riesgo muy bajo de desarrollar obesidad en la etapa adulta. 

Objetivos
· Evaluar el índice de obesidad que existe en los niños y niñas de la edad de 9-10 años
· Proporcionar al niño/a estímulos adecuados que faciliten la modificación de su alimentación y conducta sedentaria.
· Ofrecer al niño/a y a los padres un marco contenedor de medidas preventivas de la obesidad infantil. 
· Motivar a los niños para que practiquen algún deporte. 
· Explicar a los niños, padres de familia de las bondades de las clases de educación física y la practica deportiva para mejorar la calidad de vida. 
· Tratar de de solucionar dicho problema brindándoles la información nutricional adecuada y de esta manera lograr mejoras, reduciendo los índices de obesidad infantil.

CAPITULO I
1.2 Evolución.
1.2.1 La obesidad infantil en Norteamérica.
1.2.2 La obesidad en Asia.
1.2.3 La obesidad en Latinoamérica.
1.2.4 La obesidad en Europa.
1.2.5 La obesidad infantil en la actualidad.

1.1 Evolución
Los niños están siendo cada vez más vulnerables al sobrepeso y a la obesidad a nivel mundial.
Al menos 155 millones de niños en edad escolar en el mundo tienen sobrepeso o son obesos, de acuerdo con la últimas estimaciones de la International Obesity TaskForce (IOTF). La obesidad infantil está distribuida de forma desigual entre las distintas regiones del mundo e incluso dentro de la población del mismo país. Es ya epidémica en algunas zonas y se está incrementando en otras.

1.1.1 La Obesidad en Norteamérica
De acuerdo con el U.S. Surgeon General, en EE.UU. el número de niños con sobrepeso se ha duplicado y el de adolescentes se ha triplicado desde 1980. En 1999, el 13% de los niños entre 6-11 años y el 14% de adolescentes entre 12-19 años en los EE.UU tenían sobrepeso. La prevalencia de niños obesos de 6-11 años se ha duplicado desde los años 60 y en jovenes entre 12-17 años se ha incrementado drásticamente del 5% al 13% en niños y del 5% al 9% en niñas entre 1966-1970 y 1988-1991 en EE.UU. Actualmente se estima que 14 millones de niños tienen sobrepeso, y de ellos 3 millones son obesos.

La tasa de obesidad entre los niños canadienses entre 7 y 13 años se ha triplicado entre 1981 y 1996. En 2000-2001 se estimó que más del 30% de los niños tenían sobrepeso y el 12-14% eran obesos.

1.1.2 Obesidad Infantil en Asia
El problema es global y se está extendiendo a los países en desarrollo, por ejemplo, en Tailandia la prevalencia de obesidad en niños de 5-12 años ha pasado del 12% al 16% en solo 2 años.En China, entre el 5-10% de los jovenes son considerados obesos. 

La tasa de obesidad infantil en Australia es una de las más altas entre los países desarrollados. Actualmente, el 25% de los niños australianos tiene sobrepeso o es obeso. La obesidad infantil se está incrementando anualmente un 1%, una tendencia que sugiere que la mitad de los jovenes australianos tendrán sobrepeso para el año 2025.

Por otra parte, en el Reino Unido el número de niños obesos se ha triplicado en 20 años, de tal manera que el 10% de los niños de 6 años son obesos, aumentando la tasa de obesidad al 17% en los niños de 15 años. 

La obesidad afecta de manera preocupante a los niños alemanes: entre un 10 y un 20% de los niños y adolescentes escolarizados tienen sobrepeso. Unos estudios realizados en Jena y Hamburgo muestran un crecimiento dramático del peso en Alemania en los últimos veinte años. La proporción de jóvenes con exceso de peso ha crecido más del doble desde 1985, alcanzando casi el 26%. El crecimiento más importante se observa entre las niñas: una de cada tres tiene sobrepeso, mientras que a mediados de los años ochenta, la proporción era de una de cada nueve. Por otra parte, las formas extremas también van en aumento.

Las tasas de obesidad en la niñez aumentaron en un 66% en los Estados Unidos durante los últimos 20 años, pero en Brasil aumentaron 240 por ciento durante el mismo período.
"La obesidad y el sobrepeso están aumentado más aceleradamente en América Latina que en América del Norte o en Europa", dice. "Están reemplazando al hambre y a la desnutrición como factores que inciden en la mortalidad".

1.1.3 Obesidad infantil en Latinoamérica
De 12 países latinoamericanos que tenían información completa de sobrepeso y obesidad algo más de un tercio supera el 20% en ambas situaciones. Para obesidad 17 países contaban con información; el promedio de ésta fue 4,6%, en el que 4 de ellos presentaron valores sobre 6% y 3 inferiores al 2%. 

En la mayoría se observó incremento en los últimos años, el 70% presentó aumento de sobrepeso y el 60% de obesidad, sólo en dos de ellos hubo descenso, Por otra parte, en España, el exceso de peso en la infancia se ha duplicado en los últimos 15 años.

Según el último estudio nacional enKid (1998-2000) sobre los hábitos alimentarios y el estado nutricional de la población infantil y juvenil, la prevalencia de obesidad es del 13,9%, y del 12,4% en sobrepeso; frente al 6,4% de niños obesos, datos estos últimos referentes al anterior estudio nacional sobre obesidad infantil PAIDOS, del año 1984. En la actualidad el 26,3% de los niños no está en su peso saludable. La investigación revela que este problema afecta, sobre todo, a los pequeños de entre 6 y 13 años, es más acusado en los chicos y en edades prepuberales, y hay notables diferencias según la zona geográfica, siendo Canarias y el sur de Andalucía, las comunidades más afectadas.

1.1.4 La obesidad infantil en Europa
En Europa el informe de la International Obesity TaskForce (IOTF) encontró que la obesidad infantil se ha ido incrementando y existe una mayor prevalencia en los países del sur de Europa. La prevalencia de sobrepeso infantil para los países del norte de Europa fué del 10-20% y para los países de sur de Europa fué del 20-35%. En España afecta al 27% de los niños.

La ausencia de actividad física, ver la televisión más de tres horas al día, el consumo de bollería industrial, refrescos y comida "basura" son algunas de las causas de este problema. 

En lo que los expertos llaman la "transición nutricional", las sociedades de todo el mundo se están alejando de sus alimentos y métodos de preparación tradicionales, para consumir alimentos procesados y producidos industrialmente, que suelen ser más ricos en grasas y calorías, y contener menos fibras y oligoelementos, particularmente hierro, yodo y vitamina A.

El problema no se debe solamente a la comida basura. Gran parte también es económico. En general, los alimentos comercializados masivamente son cada vez más baratos, especialmente en las ciudades, y los alimentos frescos son cada vez más caros.

Junto con esta transición nutricional, la tecnología avanzada y la evolución de las ciudades modernas han creado un "entorno obesogénico", en el cual los nuevos patrones de trabajo, transporte y recreación hacen que las personas en todo el mundo lleven una vida menos activa y más sedentaria.

Se ha demostrado que si la obesidad infantil se manifiesta o persiste en la segunda década de vida y no se corrige a tiempo es muy probable que se sufra obesidad en la edad adulta. 

Los adolescentes con sobrepeso tienen un 70% de probabilidades de llegar a ser adultos con sobrepeso u obesos. Esto se incrementa al 80% si uno o los dos padres son obesos o tiene sobrepeso. 

1.1.5 La obesidad infantil en la actualidad
Según estimaciones, en el mundo hay más de 22 millones de niños menores de cinco años obesos o con sobrepeso, de los que más de 17 millones viven en países en desarrollo. Todos ellos corren un mayor riesgo de sufrir diabetes de tipo 2 (la antaño denominada «diabetes del adulto»), según afirman la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Federación Internacional de la Diabetes (IDF).

Luchar ahora contra la obesidad infantil es un medio muy eficaz de prevenir la diabetes en el futuro», afirmó la Dra. Catherine Le Galès-Camus, Subdirectora General de la OMS para Enfermedades No Transmisibles y Salud Mental, en vísperas del Día Mundial de la Diabetes, 14 de noviembre de 2004.

Las enfermedades crónicas como la diabetes, las cardiopatías, el cáncer o los ataques apopléticos y sus secuelas son una rémora para el desarrollo económico.

Al tiempo que la desnutrición sigue siendo una preocupación básica, sobre todo en los países en desarrollo, los gobiernos se enfrentan también al hecho de que numerosos niños de todas las regiones del globo tienen malos hábitos alimentarios y no hacen suficiente ejercicio físico.

A escala mundial se estima que un 10% de los niños en edad escolar (entre 5 y 17 años) padecen de sobrepeso u obesidad, y la situación va a peor. En los Estados Unidos, por ejemplo, la tasa de obesidad y sobrepeso en niños y adolescentes de 6 a 18 años, que en los años setenta era de un 15%, sobrepasó el 25% en el curso de los años noventa.

Pero el aumento vertiginoso de esos índices no es patrimonio de los países desarrollados. En el curso de un estudio realizado en China con escolares de zonas urbanas, se calculó que la tasa de sobrepeso y obesidad había pasado de cerca de un 8% en 1991 a más de un 12% al cabo de seis años. En el Brasil, ese índice, calculado en niños y adolescentes de 6 a 18 años, se había más que triplicado entre mediados de los setenta (un 4%) y 1997 (más de un 13%).

La OMS está trabajando con sus Estados Miembros para poner en práctica en todo el mundo la Estrategia Mundial sobre Régimen Alimentario, Actividad Física y Salud, adoptada en mayo de 2004 por la Asamblea de la Salud. En dicha estrategia se recomienda un vasto conjunto de cambios en todos los planos, desde el personal al internacional, pasando por el comunitario y el nacional, que aplicados eficazmente pueden suponer un punto de inflexión en la epidemia de obesidad. La estrategia aspira a transformar los modos de vida a los que se atribuye el aumento del sobrepeso y la obesidad infantiles en los últimos 20 años.

La mayor promoción y presencia en el mercado de alimentos ricos en grasas y azúcares significa que los niños ya no comen como lo hicieron sus padres. Tampoco hacen tanto ejercicio físico. Aunque la situación difiere en cada país, los niños son más sedentarios que los de la generación anterior debido, entre otras razones, al mayor nivel de urbanización y mecanización, a la evolución de los sistemas de transporte y al largo tiempo que pasan ante la pantalla del televisor o el ordenador.

Pero hay pequeños cambios que pueden dar un vuelco a la situación. En Singapur, la educación nutricional en clase, combinada con la oferta de bebidas y alimentos sanos en el medio escolar y un especial seguimiento de los alumnos que ya padecían sobrepeso u obesidad, se tradujo en un notable descenso del número de estudiantes obesos. En el Reino Unido se consiguió que los niños de una serie de escuelas primarias adelgazaran restringiéndoles el acceso a golosinas y bebidas gaseosas. Otros estudios han puesto de relieve los buenos resultados que se obtienen incrementando la actividad física en la escuela, modificando los menús servidos en las cantinas escolares, limitando el número de horas ante el televisor y ofreciendo educación sanitaria.

Los niños y adolescentes con sobrepeso tienden a ser adultos con sobrepeso. Es probable que los malos hábitos alimentarios y la falta de ejercicio físico perduren, lo que supone, para los jóvenes de hoy, riesgo de diabetes de tipo 2 para mañana. Incluso en un niño, el sobrepeso y la obesidad provocan mayores niveles de glucosa (azúcares) y lípidos (grasas) en sangre y un aumento de la presión arterial. En muchas poblaciones los médicos observan cada vez más casos de adolescentes con diabetes de tipo 2, enfermedad que antaño sólo se daba normalmente en personas de edad madura o avanzada.

La obesidad ha desbancado a las enfermedades infecciosas y a la desnutrición dentro de las alteraciones más acuciantes en las sociedades industrializadas. La obesidad ha aumentado su incidencia de forma alarmante en los últimos años convirtiéndola en uno de los problemas de salud pública mundial más importante. Las personas con obesidad sufren mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y un claro rechazo social.

Recientemente se ha revisado la evolución de la obesidad en algunos países europeos destacando la tendencia a su elevación sobretodo en el Reino Unido, en otros países como Australia, Brasil, Canadá, EE.UU. existe la misma tendencia siendo llamativa en mujeres de raza negra de EE.UU.

La obesidad es una enfermedad que por su alta y creciente prevalencia, en todos los grupos etéreos, ha sido declarada por la OMS como una patología crónica con características epidémicas. Su frecuente asociación con morbilidades, su alto costo social y económico, y la complejidad de su tratamiento, la convierten en un problema prioritario de salud pública.

Se calcula que la prevalencia de obesidad se ha duplicado desde 1972 a 1990. Aproximadamente un 80% de los niños y adolescentes obesos lo seguirán siendo en la edad adulta (Lloyd et al, 1961). Al analizar una población de adultos afectos de obesidad se observó que tres cuartas partes de los adultos que tenía un exceso de peso del 160% en relación a su peso ideal, habían sido obesos desde la infancia (Rimm y Rimm, 1976).

El estudio nutricional de PAIDOS’ 84 demuestra una prevalencia de obesidad nutricional en España del 4.9% en niños de ambos sexos, de edades entre 6 y 15 años.

Existen importantes diferencias entre autonomías, así por ejemplo en el país vasco es del 7,2%, en Andalucía del 2,9% y en Cataluña del 3,1%. En este estudio se utilizó como definición de obesidad el espesor del pliegue tricipital por encima de 2DS.

En los niños prepuberales las prevalencia de obesidad es del 6%, y en los puberales 8,8% en los varones y 9,6% en las mujeres. La prevalencia de obesidad en la población infanto-juvenil de Navarra es del 3.9-5.4% según se utilice el índice de Quetelet o el pliegue subcutáneo respectivamente (> percentil 90), no encontrándose diferencias significativas entre sexos o grupos de edades (4-12 años o 13-17 años) (Elcarte et al, 1993). En este sentido es importante señalar que no existe uniformidad de resultados y mientras algunos autores encuentran prevalencias similares en ambos sexos, otros observan una mayor prevalencia de obesidad en las niñas y en lo pacientes en edad puberal (Bueno et al, 1980). 

Hay que tener en cuenta que en muchos casos las diferencias encontradas en la edad puberal se deben a que se ha utilizado como definición de obesidad el pliegue tricipital mayor del percentil 95 en la infancia y mayor del percentil 85 en la adolescencia.

Más preocupante es el aumento de esta prevalencía. Datos del tercer National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES III) (que recoge datos de cuatro estudios nacionales realizados en Estados Unidos) muestran un aumento significativo de la prevalencia de obesidad tanto en niños como en adultos (Kuczmarski, 1994; Gortmaker 1987; Troiano, 1995). En España, se observa un fenómeno similar.

CAPITULO II
2.1 Obesidad infantil.
2.1.1 Causas de la obesidad.
2.1.2 Consecuencia de la obesidad.
2.2 Diagnostico y métodos para la evaluación de la obesidad.
2.2.1 Distribución regional de la grasa.
2.2.2 Determinación del índice cintura cadera.
2.2.3 Evaluación clínica del paciente obeso.

2.1 Obesidad infantil 
Por la importancia que tiene para la salud de niñas y niños, así como por sus repercusiones en etapas posteriores de sus vidas, es necesario el diagnóstico y tratamiento de la obesidad infantil, tan tempranamente como sea posible debido a las afectaciones que pueden producirse en la edad pediátrica, pues esta es una causa importante de hipertensión arterial en niños, adolescentes y de complicaciones vasculares en adultos jóvenes, además de ser un factor de riesgo importante en el incremento de su prevalencia en adultos por el aumento que ella puede determinar en el número total de adipocitos que van a incrementar aún más el depósito de las grasas neutras en etapas más avanzadas de la vida. 

El peso excesivo en niñas y niños contribuye a deformidades ortopédicas, reducción de la actividad física y distorsión de la estética corporal que pueden afectar la autoestima, las relaciones interpersonales y su proyección social. 

En los países desarrollados la obesidad infantil es una de las mayores afecciones sanitarias que se informa en la literatura científica en los últimos años. En los países no desarrollados también ha sido observada con frecuencia junto con la mala nutrición por defecto-

La prevalencia de la obesidad infantil tiene relación con la edad, sexo, raza, nivel educacional y situación socio económica de los afectados Este problema es un efecto de varias causas originadas por diversos factores. 

La obesidad se clasifica de acuerdo con su causa principal en primaria y secundaria, correspondiendo la primera a los casos en que, en su origen, se encuentran elementos ajenos al individuo, como las provocadas por el medio ambiente y las de causa secundaria se originan debido a factores propios del individuo afectado, como las enfermedades genéticas y neuroendocrinas. En los casos que concurren varios factores causales o etiológicos se clasifica la obesidad como mixta. 

Entre los principales factores ambientales asociados con la obesidad infantil se encuentra la relación entre la ingesta de energía alimentaria y los niveles de actividad física. Se acepta que el incremento de la actividad física contribuye, de forma importante, a disminuir la prevalencia o evitar incluso la enfermedad. 

Varios investigadores señalan la existencia de otros factores ambientales predisponentes a la obesidad infantil como el destete temprano del lactante o la incorporación de alimentación complementaria antes del tercer mes de vida y el consumo de más de un litro de leche en el día, entre otros. 

También se mencionan la formación de malos hábitos en la alimentación como la ausencia de desayuno, ingestión de grandes cantidades de alimentos en las últimas horas del día, comer muy rápido, ingerir alimentos con exceso de grasas neutras o azúcares simples.

Se debe señalar además que existen factores genéticos que controlan la capacidad o facilidad de acumular energía en forma de grasa neutra a nivel del tejido adiposo y la mayor o menor facilidad para que la misma sea utilizada y liberada finalmente en forma de calor, lo que ha recibido el nombre de “eficiencia energética del obeso”. 

El pronóstico de la obesidad en el niño depende de las acciones que se realicen sobre ella y es un reto importante para los terapeutas por el elevado número de fracasos que se reportan en estos tratamientos. Se acepta, por tanto, que es una entidad de compleja terapeútica, que debe ser multidisciplinaria donde deben participar pediatras, nutriólogos, dietistas, psicólogos, comunicadores sociales y educadores entre otros técnicos y profesionales que trabajen por modificar los factores de alimentación y estilos de vida u otros posibles factores causales. 

El pronóstico de las afecciones que aparecen como acompañantes de la obesidad infantil depende de la disminución de la adiposidad, pues en varios estudios se observó que con este resultado se puede contribuir a normalizar la tensión arterial, el lipidograma y la tolerancia a la glucosa. 

En el tratamiento dietético de la obesidad en niños y adolescentes es necesario observar que se deben satisfacer las necesidades de nutrimentos para su crecimiento y desarrollo, lograr un cambio gradual del tejido adiposo por tejido magro, por lo cual no se deben usar dietas restrictivas. La composición de las dietas deben estar en correspondencia con el peso ideal del paciente de acuerdo con su edad y sexo, es decir, para el peso del 50 percentil del grupo poblacional al cual pertenece. 

Las mejores acciones de salud son las preventivas, donde la labor educativa de la población constituye el aspecto más importante sobre esta pandemia.
Las actividades educativas deben ser dirigidas a lograr una correcta alimentación mediante el desarrollo de hábitos y conductas alimentarias que aseguren el mejoramiento del estado nutricional y lograr que la actividad física sea suficiente y adecuada.

En los últimos 30 años, un número cada vez mayor de niños han tenido problemas de peso. Hoy en día, 9 millones de niños entre los 6 y los 12 años de edad tienen sobrepeso.

La obesidad tiene una repercusión muy importante en el desarrollo psicológico y en la adaptación social del niño. Los niños obesos refieren sentimientos de inferioridad, rechazo y escasa autoestima que se mantienen hasta la edad adulta. La discriminación que sufren desencadena actitudes antisociales, depresión, aislamiento e inactividad, que induce a la ingesta de alimentos y perpetua el cuadro.

La obesidad es una enfermedad metabólica multifactorial, influida por elementos sociales, fisiológicos, metabólicos, moleculares y genéticos. No obstante, la combinación de una alimentación inadecuada en cantidad y tipo de alimentos, y la tendencia a realizar menos actividad física relacionada con el mayor tiempo dedicado a actividades sedentarias explica en parte, por qué se ha duplicado la obesidad infantil en los últimos 15 años en nuestro país. 

Por tanto, los malos hábitos de alimentación y un estilo de vida sedentaria son los factores responsables. La mayor parte de las veces, la gente llega a tener sobrepeso porque consume más calorías en las comidas y bebidas que las que quema mediante actividades físicas como, por ejemplo, jugar fútbol o caminar hasta la escuela. 

Las calorías extra se almacenan en el cuerpo en forma de grasa. Cuantas más calorías extra consuma una persona, más grasa se almacenará en su cuerpo.

Esto ocurre muy fácilmente en la vida moderna. La gente pasa más tiempo frente al televisor o las computadoras y menos tiempo haciendo ejercicio. Nos desplazamos en automóvil a todas partes en lugar de caminar o ir en bicicleta. Menos escuelas ofrecen clases de gimnasia, mientras que más niños se dedican a los videojuegos en lugar de participar en juegos activos, como por ejemplo, juegos de pelota. Incluso los adultos pasan más tiempo sentados en sus escritorios y automóviles que antes.

Además, la gente lleva vidas más ajetreadas por lo cual tiene menos tiempo para cocinar comidas saludables. Comemos más comidas de restaurantes y más comidas rápidas que vienen en cajas.

Tener sobrepeso también puede ser una característica que viene de familia, pero no dejes que eso te impida hacer los cambios que podrían ayudarte a tener un peso saludable. Tus hábitos, la clase de comida que comes y la cantidad de ejercicio que haces, pueden marcar una gran diferencia. El mayor problema para la mayoría de la gente es que no lleva una vida lo suficientemente activa y no hace ejercicio.

2.1.1 Causas de la obesidad
Hay diversos factores que contribuyen al sobrepeso y que pueden actuar aislada o conjuntamente. Pueden estar implicados los factores genéticos, el estilo de vida, o ambos al mismo tiempo. A veces, el exceso de peso obedece a problemas endocrinos, síndromes genéticos y/o determinados medicamentos.

Gran parte de lo que comemos es fácil y rápido de preparar, desde las comidas rápidas cargadas de grasa hasta los alimentos precocinados listos para calentar al microondas. Tenemos los horarios tan apretados que nos queda poco tiempo para preparar comidas saludables o encontrar un rato para hacer ejercicio. Y el tamaño de las raciones, tanto en casa como fuera de casa, ha aumentado considerablemente.

Además, en la actualidad llevamos vidas más sedentarias que en ninguna otra época histórica -los niños pasan más tiempo jugando con equipos electrónicos, desde computadoras hasta videoconsolas portátiles, que jugando activamente al aire libre. La televisión es uno de los principales culpables.

Los niños menores de ocho años pasan un promedio de 2,5 horas diarias viendo la televisión o jugando a videojuegos y los niños de ocho años en adelante se pasan hasta 4,5 horas diarias apoltronados frente al televisor o apretando botones y manipulando mandos. Los niños que se pasan más de cuatro horas diarias delante del televisor tienen más probabilidades de tener sobrepeso en comparación con aquellos que se pasan dos horas o menos. No es de extrañar que el hecho de tener televisión en el dormitorio también se asocie a una mayor probabilidad de desarrollar sobrepeso. En otras palabras, cuando los niños vuelven a casa tras la jornada escolar, casi todo el tiempo libre que tienen antes de la cena, entre que hacen las tareas escolares.

Además, a pesar de que la educación física en la escuela puede contribuir a que los niños hagan ejercicio físico, una cantidad cada vez mayor de escuelas está recortando sus programas de educación física o reduciendo la cantidad de tiempo que los niños pasan practicando realmente este tipo de actividades. Un estudio mostró que las clases de gimnasia ofrecían a los niños de tercer curso de primaria sólo 25 minutos de actividad física intensa por semana.

Los factores genéticos también desempeñan un papel -los genes contribuyen a determinar la forma en que el organismo de cada persona almacena y quema grasas, de la misma manera en que contribuyen a determinar otros rasgos. 

Puesto que, tanto los genes como los hábitos se transmiten entre generaciones consecutivas, es posible que varios miembros de la misma familia tengan problemas de peso.

Una mayor tendencia a "refugiarse en la comida" para superar las emociones negativas también puede contribuir al aumento de peso. Algunas personas tienden a comer más cuando están tristes, estresadas o aburridas. Los miembros de una familia tienden a tener hábitos alimentarios similares, a mantener los mismos niveles de actividad física y a adoptar las mismas actitudes con respecto al sobrepeso. 
Los estudios han mostrado que el riesgo de obesidad de un niño es mucho mayor si uno o ambos padres tienen sobrepeso o son obesos.

2.1.2 Consecuencias de la obesidad
Los niños con sobrepeso están situación de riesgo de padecer graves problemas de salud, como la diabetes tipo 2, la hipertensión arterial y niveles de colesterol altos -problemas que antes se consideraban exclusivos de los adultos. Además, los niños con sobrepeso son más propensos a tener baja autoestima debido a las burlas, el acoso y el rechazo por parte de otros niños de que son objeto. 

A menudo los niños con sobrepeso son los últimos en ser elegidos como compañeros de juego, incluso en la etapa preescolar. Los niños con sobrepeso tienen más probabilidades de desarrollar hábitos alimentarios poco saludables y de padecer trastornos de la conducta alimentaria, como la anorexia nerviosa y la bulimia. Y también son más propensos a deprimirse y a caer en conductas adictivas, como el abuso de sustancias, que los niños con peso promedio.

Los niños con sobrepeso tienen mayor riesgo de desarrollar problemas médicos que, aparte de repercutir negativamente sobre su salud actual, representan una amenaza para su futura salud y tienen repercusiones directas sobre su calidad de vida, como:
· Hipertensión arterial, niveles elevados de colesterol y de lípidos en sangre, resistencia a la insulina y diabetes tipo 2. 
· Problemas óseos y articulares. 
· Falta de aliento y tendencia a fatigarse con facilidad, lo que dificulta su participación en deportes o actividades físicas, y puede agravar los síntomas asmáticos o aumentar las probabilidades de desarrollar asma 
· Patrón de sueño agitado o desestructurado. 
· Tendencia a madurar prematuramente (los niños con sobrepeso pueden ser más altos y más maduros sexualmente que los demás niños de su edad, levantando expectativas de que deberían comportarse de acuerdo con la edad que aparentan en vez de con la que tienen en realidad; las chicas con sobrepeso pueden tener ciclos menstruales irregulares y posibles problemas de fertilidad al hacerse adultas) 
· Trastornos hepáticos y de biliares 
· Depresión 

Los factores de riesgo presentes durante la infancia (como la hipertensión arterial, niveles elevados de colesterol y diabetes), a la larga, pueden favorecer el desarrollo de problemas graves de salud en la etapa adulta como, por ejemplo, cardiopatías, insuficiencia cardiaca y apoplejía. 

La prevención y el tratamiento de la obesidad durante la infancia pueden reducir el riesgo de desarrollar estos trastornos durante la etapa adulta.

2.2 Diagnostico y métodos de evaluación de la obesidad
Comúnmente asociamos sobrepeso con obesidad, pero el primero es solo un aumento del peso corporal, mientras que el segundo se relaciona con incremento de la adiposidad corporal (grasa). 

Existen métodos para pesquisar y evaluar la adiposidad corporal como:
· Índice Masa Corporal (IMC)
· Relación cintura / cadera 
· Pliegues cutáneos
· Densitometría.
El sistema más sencillo y practicó para clasificar el sobrepeso está basado en el índice de masa corporal (IMC) para lo cual se requiere el peso y la talla del paciente.

EL IMC se calcula así :


2.2.1 Distribución regional de la grasa
Actualmente se reconoce que no sólo se debe considerar la cantidad de grasa corporal total sino también su localización, ya que factores de tipo hormonal determinan que ésta tienda a predominar en el caso de los varones en el segmento superior del cuerpo ( tipo androides ), o en el segmento inferior (tipo ginecoide) en las mujeres.

Debido a que está ampliamente demostrado que el aumento de la grasa visceral (abdominal ) se relaciona con un alto riesgo de morbilidad y mortalidad principalmente cardiovascular, su determinación es necesaria.


Se pueden utilizar diversas formas de valorarla, como por ejemplo la topografía computarizada, resonancia magnética nuclear, ultrasonido, etc., métodos que son muy útiles en investigación pero que por sus costos y disponibilidad no pueden ser utilizados rutinariamente ; por estas razones en la práctica clínica y en investigaciones epidemiológicas la utilización de índices basados en mediciones de circunferencias corporales pueden dar información válida y fácil de lograr.

2.2.2 Determinación del Índice Cintura Cadera (ICC)
El Índice Cintura / Cadera nos permite definir el Tipo de Obesidad y su distribución de obesidad central o abdominal visceral, ya que se ha demostrado que no sólo es importante cuantificar la grasa sino también su localización. 

En forma general, actualmente se acepta que existe riesgo en los adultos si los valores del ICC son mayores de 0,9 en varones y superior a 0,85 en mujeres.

Según la distribución y la cantidad de grasa corporal, puede ser un índice predictor para patologías de tipos metabólicas (cardiovasculares)como:
· Diabetes
· Hiperinsulinemia
· Hipercolesterolemia
· Dislipidemias
· Hipertensión
· Sarcopenia
· Osteopenia 

2.2.3 Evaluación clínica del paciente obeso
Pliegues Cutáneos:
Se evalúa el espesor del pliegue cutáneo con el instrumento llamado adipómetro (Caliper); expresado en milímetros y se toman en 7 puntos específicos:
· Tricipital
· Subescapular 
· Suprailíaco
· Abdominal
· Femoral
· Pectoral 1
· Pectoral 2 

Según la distribución y la cantidad de grasa corporal, puede ser un índice predictor para patologías de tipos metabólicas(cardiovasculares)como:
· Diabetes
· Hiperinsulinemia
· Hipercolesterolemia
· Dislipidemias
· Hipertensión
· Sarcopenia
· Osteopenia 

Además de una cuidadosa historia clínica y exploración física, algunos exámenes complementarios son recomendables para evaluar el riesgo relacionado con la obesidad. Es importante determinar los niveles séricos de lípidos, glicemia y ácido úrico. En algunos casos puede ser conveniente la determinación de los niveles séricos de hormonas tiroideas, insulina y esteroides sexuales.

Exámenes Recomendados: Exámenes Necesarios:
· Glicemia - Insulina
· Triglicéridos - TSH
· Colesterol Total HDL/LDL - T4
· Ácido úrico - Apolipoproteína Bpruebas de función  hepática.
· Tolerancia a la Glucosa oral con dosificación de insulina.
· Prueba de esfuerzo.

Densitometría (dexa), permite cuantificar la cantidad de:
· Tejido Muscular
· Tejido Adiposo
· Tejido Óseo
· La cantidad de Tejido Adiposo es un Indice Predictor de una serie de enfermedades:
· Diabetes * Hiperinsulinemia
· Hipertensión * Hipertrigliceridemia
· Sarcopenia * Osteopenia 

CAPITULO III
3.1 Recomendaciones nutricionales
3.2 Tratamiento de la obesidad
3.3 Prevención
3.4 Conclusión

3.1 Recomendaciones nutricionales
La clave para conseguir que los niños de todas las edades mantengan un peso saludable consiste en implicar a todos los miembros de la familia. Es la idea de "predicar con el ejemplo". Haga de la alimentación saludable y de la práctica de ejercicio físico un asunto familiar. Pida a su hijo que colabore en la elección y preparación de comidas saludables y lléveselo con usted cuando haga la compra para que aprenda a escoger alimentos saludables.

Evite caer en algunas de las trampas más comunes relacionadas con los alimentos y el acto de comer:
· No recompense a su hijo por su buena conducta ofreciéndole golosinas o dulces ni intente frenar el mal comportamiento castigándole a no tomarlos. Piense en otras formas de impartirle disciplina para modificar su comportamiento. 
· No imponga la norma de "dejar siempre el plato limpio". Tenga en cuenta las fluctuantes curvas de hambre de los niños. Hasta los bebés que giran la cara en la dirección contraria a la del biberón o el pecho de sus madres están enviando señales de que ya han comido bastante. Si su hijo ya está satisfecho, no le obligue a seguir comiendo. Refuerce la idea de que sólo debe comer cuando tenga hambre. 
· No hable sobre "alimentos prohibidos" ni elimine por completo todos los dulces y tentempiés favoritos de la dieta de un niño con sobrepeso. Los niños pueden rebelarse y comer cantidades excesivas de esos alimentos prohibidos cuando están fuera de casa o traerlos a casa a escondidas. 

He aquí algunas recomendaciones adicionales para niños de diferentes grupos de edad:
· Desde el nacimiento hasta el año de edad: La lactancia materna, aparte de las muchas ventajas que aporta a la salud de los lactantes, es posible que ayude a prevenir el sobrepeso. Aunque no se conoce exactamente el mecanismo implicado, los bebés amamantados son más capaces de controlar su propia ingesta y de dejarse guiar por los mecanismos internos que les indican cuándo tienen o no tienen hambre. 

· Entre los dos y los seis años: Inicie los buenos hábitos desde el principio. Fomente la tendencia natural de los niños a estar activos y ofrezca a su hijo un amplio abanico de alimentos saludables. Un niño puede necesitar que le ofrezcan un alimento nuevo 10 veces o más antes de aceptarlo, de modo que no tire la toalla demasiado pronto. 

· Entre los siete y los 12 años: Anime a su hijo a practicar ejercicio físico cada día, se trate de un deporte de equipo organizado o de jugar a la pelota o al escondite a la hora del recreo. Mantenga a su hijo activo también en casa proponiéndole actividades como pasear y/o jugar en el patio o el jardín. Déjele participar cada vez más en las elecciones de alimentos saludables.
 
· Todas las edades: Reduzca el tiempo que su hijo pasa delante del televisor, la computadora y las videoconsolas y evite que coma mientras ve la televisión. Prepárele un amplio abanico de alimentos saludables y coman en familia siempre que sea posible. Trate de incluir cinco raciones de frutas y verduras al día en la dieta de su hijo, prepare meriendas y tentempiés saludables y anime a su hijo a desayunar cada día. Ínstele a probar diversas actividades. No le obligue a practicar un deporte o actividad en concreto -ayúdele a encontrar una actividad que le guste y luego apóyelo en sus esfuerzos. 

Si usted, en calidad de padre, come bien, hace ejercicio regularmente e incorpora hábitos saludables en el estilo de vida de toda la familia, proporcionará a su hijo un buen ejemplo a seguir de por vida. Hable a su hijo sobre la importancia de comer bien y hacer ejercicio, pero hágalo siempre con naturalidad, sin hacer de ello una montaña y convierta este tema en un asunto que no sólo le incumbe a él, sino a toda la familia. Y, sobre todo, transmita a su hijo el mensaje de que usted le quiere independientemente de lo que pese- y que lo que desea es ayudarle a ser feliz y a estar sano.

Las diez maneras fundamentales de ayudar a los niños a desarrollar hábitos saludables
1. Dé un buen ejemplo. Si tiene hábitos sanos, le será mucho más fácil convencer a los niños de que hagan lo mismo.
2. Ponga a toda su familia a entrenar. Programe el horario de manera que todos hagan alguna actividad juntos. Vayan a caminar, anden en bicicleta, naden, cuiden el jardín o simplemente jueguen a las escondidas al aire libre. Todos se beneficiarán del ejercicio y disfrutarán el tiempo que pasan en familia.
3. Haga que pasen menos tiempo frente al televisor, la videoconsola y la computadora. Estas costumbres conducen a un estilo de vida sedentario y los llevan a comer de más, lo cual hace que aumente el riesgo de que sufran obesidad y enfermedades cardiovasculares.
4. Anime a los niños a que realicen aquellas actividades físicas que más les gustan. Todos los niños son diferentes. Deje que prueben diferentes actividades hasta que encuentren una que les apasione. La realizarán durante más tiempo si de verdad les gusta.
5. Apóyelos. Concéntrese en lo positivo en vez de lo negativo. A todos nos gusta que nos alaben cuando hacemos algo bien. Celebre los éxitos y ayude a sus hijos menores y adolescentes a desarrollar una imagen positiva de sí mismos.
6. Establezca objetivos y límites específicos, como por ejemplo una hora de actividad física por día o dos postres por semana que no sean fruta. Cuando los objetivos son demasiado abstractos o los límites son extremadamente restrictivos, la probabilidad de éxito disminuye. 
7. No premie a sus hijos con comida. Si les da dulces y golosinas poco nutritivas como premio, estará fomentando hábitos poco saludables. Encuentre otra manera de recompensar el buen comportamiento.
8. Haga que la cena sea un acto familiar. Cuando todos se sientan juntos a la mesa, disminuye la probabilidad de que los más pequeños coman alimentos inapropiados o piquen demasiado. Permita que los niños participen en la preparación y la programación de las comidas. De esta manera, todos desarrollarán hábitos de alimentación saludables juntos y podrán disfrutar de la ventaja añadida de pasar un momento agradable en familia. 
9. Juegue a leer las etiquetas de los alimentos. La familia entera aprenderá qué es bueno para la salud y todos tendrán mayor conciencia de lo que comen. Es un hábito que ayuda a cambiar el comportamiento de por vida.
10. Ponga su grano de arena. Abogue por una sociedad con niños más sanos. Insista en la escuela para que sirvan comidas con un mayor valor nutritivo. Asegúrese de que los profesionales de la salud que atienden a sus hijos controlen los indicadores del sistema cardiovascular, como el índice de masa corporal, la presión arterial y el colesterol. Póngase en contacto con los funcionarios responsables en materia de salud cardiovascular. Hágase escuchar. 

3.2 Tratamiento de la obesidad
El tratamiento de la obesidad no es fácil y en la mayoría de los casos conduce al fracaso. Los resultados obtenidos a largo plazo son desalentadores y muestran que del 80 al 90% de los niños vuelven a su percentil de peso previo, siendo la tasa de recidiva comparable a la de los adultos. El tratamiento está indicado en niños con un IMC superior al percentil 95 o más de 2 DE para su edad y sexo, y en niños con obesidad moderada (IMC entre el percentil 85 y 95 o entre +1 y +2 DE para su edad y sexo) si presentan complicaciones derivadas de la obesidad, como afectación psicológica, patología ortopédica, hipertensión arterial o dislipemia, entre otros. 

El objetivo del tratamiento es conseguir un peso adecuado a la talla y conservar posteriormente un peso dentro de los límites normales, junto a un crecimiento y desarrollo normales. Ayudar a toda la familia a centrarse en hacer cambios saludables en los hábitos de actividad y de alimentación que se puedan mantener durante toda la vida

El tratamiento debe ser personalizado y para ello debe efectuarse un buen diagnóstico. Las medidas a tomar básicamente son:
A. Modificar el estilo de vida. 
B. Dieta. 
C. Ejercicio. 
D. Tratamiento Médico según patología específica. 
E. Cirugía, para casos refractarios a tratamiento médico.

Reeducación nutricional: Debe realizarse con toda la familia, eligiendo regímenes de comidas variadas, apetecibles y adaptadas tanto al niño como a su familia. No deben realizarse regímenes preestablecidos. El agente más importante en el tratamiento de la obesidad durante la infancia y la adolescencia son los padres. Cuando éstos colaboran directamente en el tratamiento se obtienen mejores resultados. 

En cuanto a la composición de la dieta se aconseja una dieta equilibrada, en la que el porcentaje de calorías aportados por cada uno de los principios inmediatos será: 50% en forma de hidratos de carbono, 30% en grasas y el 20% de proteínas. Las proteínas deben ser de alto valor biológico. Las grasas aportarán ácidos grasos esenciales y vitaminas liposolubles y dan sensación de saciedad. 

Las dietas equilibradas y moderadamente reducidas en calorías son útiles en la mayoría de los pacientes y están indicadas siempre que la obesidad sea de grado medio, ello permitirá que los niños se adapten durante mas tiempo. Hasta el comienzo de la pubertad no es necesario ninguna restricción calórica en el niño, debiendo realizarse una dieta normocalórica para su edad. Se evitarán los alimentos con alto contenido calórico.

Desde el inicio de la pubertad hasta el final de la misma, se puede aportar una dieta de 1000-1500 calorías al día, adecuada en proteínas, hidratos de carbono y grasas, durante periodos no demasiado prolongados, alternando con dietas normocalóricas para evitar la falta de seguimiento y pérdida de estímulo por parte del niño y su familia. Se distribuirá el total de las calorías en tres comidas principales y dos secundarias (media mañana y merienda). 

Debe suprimirse el exceso de ingesta de alimentos con alto contenido energético (bollería, galletas, caramelos, entre otros) por otros alimentos con bajo contenido calórico como las verduras y las frutas. Se evitarán las grasas y los azúcares refinados y se deben cocinar preferentemente al horno, cocido o a la plancha. La comida del colegio debe modificarse, sustituyendo el primer plato por ensalada y el postre dulce por fruta fresca. No se deben utilizar alimentos como "premio” o "regalo”.
Incremento de la actividad física: El ejercicio aumenta el gasto energético, mejora la sensibilidad a la insulina y disminuye la lipogénesis. Es útil para mantener la pérdida de peso y debe ser individualizado. Hay que estimular la realización de paseos diarios en niños que no tengan hábitos deportivos (ir al colegio andando, subir escaleras). Animarlos en la participación de deportes escolares y actividades deportivas durante el fin de semana. Es necesario que el ejercicio sea aceptado y forme parte de la vida diaria. Hay que evitar el sedentarismo, como el uso de videojuegos y ver televisión demasiadas horas, en las que los niños tienen un consumo energético reducido y además, toman alimentos hipercalóricos. 

Enseñar a la familia hábitos de alimentación sanos:
Con la enseñanza de prácticas sanas de alimentación a una edad temprana se ayudará a los niños a tener una actitud correcta hacia la alimentación - que la comida se debe disfrutar y que es necesaria para el crecimiento, para el desarrollo y para que la energía mantenga al cuerpo funcionando. La mejor manera de comenzar es aprender más acerca de las necesidades nutricionales de los niños, leyendo o hablando con un profesional en el campo de la salud para luego ofrecerles algunas opciones saludables, permitiéndoles escoger lo que se debe comer y en qué cantidad.

No poner a los niños en una dieta restrictiva

Los niños nunca deben hacer dietas restrictivas para bajar de peso, a menos que un profesional la supervise por razones médicas. Limitar lo que los niños comen puede ser perjudicial para su salud e interferir con su crecimiento y con su desarrollo.

Los padres deben ofrecer a toda la familia una amplia variedad de alimentos de cada uno de los grupos, con el fin de promover un desarrollo y un crecimiento adecuados y para evitar el sobrepeso.
· La mayoría de los alimentos en la dieta deben provenir del grupo de los granos (de 6 a 11 porciones), del grupo de las verduras (de 3 a 5 porciones) y del grupo de las frutas (de 2 a 4 porciones). (Ver la tabla para los tamaños sugeridos de las porciones). 
· La dieta debe incluir cantidades moderadas de alimentos provenientes del grupo de los lácteos (de 2 a 3 porciones) y del grupo de las carnes y las legumbres (de 2 a 3 porciones). 
· Los alimentos que brindan pocos nutrientes y con alto contenido en grasa y en azúcar se deben consumir poco, pero la grasa no se debe restringir en la dieta de los niños menores de 2 años. 

Reducir la ingesta de grasa:
La reducción de la ingesta de grasa es una buena forma de disminuir las calorías sin privar al niño de nutrientes. Entre las maneras simples de reducir la grasa en la dieta familiar se incluye el consumo de lácteos bajos en grasa o libres de grasa, carne de aves sin piel, carnes magras y cereales y panes libres de grasa o bajos en grasa.

Una buena manera de prevenir un aumento de peso excesivo en los niños es hacer pequeños cambios en la cantidad de grasa de la dieta familiar; sin embargo, los esfuerzos mayores para cambiar la dieta de los niños deben ser supervisados por un médico.

Además, la grasa no se debe restringir de las dietas de niños menores de 2 años. Después de esta edad, los niños deben adoptar gradualmente una dieta que contenga no más del 30% de calorías provenientes de la grasa, para el momento en que llegan más o menos a los 5 años.

No restringir demasiado los dulces o las golosinas:
Si bien es importante tener cuidado con los contenidos de grasa, sal y azúcar en los alimentos que se sirven, todos los alimentos, incluso aquellos con alto contenido en grasa o en azúcar tienen un lugar en la dieta, usados con moderación, por supuesto. Sin embargo, a los niños se le debe enseñar a limitar el consumo de alimentos y bebidas gaseosas ricos en calorías, como las golosinas y los postres, al igual que los refrigerios salados como las papas fritas y las hojuelas de patatas fritas.

Guiar las opciones en lugar de imponer los alimentos:
Es necesario tener a disposición en casa una gran variedad de alimentos sanos, ya que con esta práctica se ayudará a que los niños aprendan como escoger alimentos saludables.

Motivar a los niños a que coman despacio:
Si el niño come despacio, puede saber mejor cuando tiene hambre y cuando está lleno.

Planear los refrigerios:
Los refrigerios continuos pueden llevar a comer en exceso, pero los refrigerios planeados a horas específicas durante el día pueden ser parte de una dieta nutritiva, sin echar a perder el apetito de los niños a la hora de las comidas. En la medida de lo posible, los refrigerios deben ser nutritivos, sin privar a los niños de unas galletitas o de unas papitas fritas ocasionales, especialmente en las fiestas o en otro tipo de eventos sociales. A continuación se presentan algunas ideas para preparar refrigerios saludables.

Ejemplos de refrigerios saludables:
· Verdura y fruta frescas, congeladas o enlatadas, servidas con yogur o con queso ya sea natural o bajo en grasa o libre de grasa. 
· Fruta deshidratada, servida con nueces o con semillas de girasol o de calabaza. 
· Panes y galletas preparados con harina fortificada y con cereales integrales, servidos con mermelada de fruta o con queso libre de grasa. 
· Postres congelados, como el helado libre de grasa o bajo en grasa., yogur congelado, sorbete de fruta, paleta de helado, helados y barras de jugo de frutas. 

Advertencia: los niños en edad preescolar pueden ahogarse fácilmente con alimentos duros de masticar, pequeños y redondos o pegajosos, como las verduras duras, las uvas enteras, los trozos duros de queso, las pasas, las nueces, las semillas y las palomitas de maíz. Es importante seleccionar cuidadosamente los refrigerios para los niños en este grupo de edad.

No fomentar la alimentación mientras se ve televisión:
Se debe tratar de comer sólo en áreas asignadas de la casa, como el comedor o la cocina. Comer al tiempo que se ve televisión puede dificultar el hecho de estar atentos a la sensación de llenura y conllevar a comer en exceso.

No utilizar las comidas como castigo ni como premio:
Negar las comidas como una forma de castigar puede hacer que los niños se preocupen porque no están recibiendo el alimento suficiente. Por ejemplo, mandarlos a dormir sin comer puede ocasionarles preocupación porque están pasando hambre y como resultado, es posible que traten de comer cada vez que tengan la oportunidad. De manera similar, cuando los alimentos como los dulces se utilizan para premiar, los niños pueden asumir que este tipo de alimento es mejor o de más valor que otros. Por ejemplo, al decirles que se les dará un postre si se comen toda la verdura, se les está enviando un mensaje equívoco acerca de la verdura.

Controlar las comidas fuera de casa:
Es necesario saber más acerca de los programas de almuerzo escolar o empacarles un almuerzo que incluya variedad de alimentos. Igualmente, se deben escoger alimentos más saludables cuando se come en restaurantes.

Dar un buen ejemplo:
Los niños son buenos aprendices y lo hacen mejor con el ejemplo. El hecho de establecer un buen ejemplo para los niños comiendo alimentos variados y siendo físicamente activos, les enseñará hábitos saludables en el estilo de vida que pueden imitar por el resto de su existencia.

Otros tratamientos: 
1. Fármacos: la utilización de fármacos reguladores del apetito o que incrementen el gasto energético no está indicado en la infancia y en la adolescencia, ya que no se ha demostrado su utilidad y, sin embargo sí sus efectos secundarios. Pueden utilizarse sustancias análogas a la fibra vegetal que tienen poder hidrófilo y aumentan el contenido gástrico, dando la sensación de saciedad aunque su eficacia es limitada. 
2. Cirugía: es muy limitada a situaciones excepcionales y siempre cuando hayan fracasado las terapias convencionales y se haya completado el periodo de crecimiento y pubertad. 
El objetivo general de un programa de tratamiento exitoso debe ser el de ayudar a toda la familia a centrarse en hacer cambios saludables en los hábitos de actividad y de alimentación que se puedan mantener durante toda la vida

3.3 Prevención 
Debe comenzar en la primera época de la vida, identificando los sujetos de riesgo a partir de una historia clínica detallada, en la que se consideran fundamentales los antecedentes familiares. Como medidas preventivas, es importante fomentar la lactancia materna, retrasar la introducción de alimentos lácteos en la dieta del lactante, promover campañas de educación sanitaria con información dietética en la infancia y la adolescencia, y por último fomentar la actividad física. 

Las estrategias de la prevención de la obesidad se basan en la iniciación de la prevención a través de los cuidados en atención primaria, con programas dirigidos al ambiente familiar del niño con riesgo de obesidad y a programas desarrollados en el medio escolar. Hay que evitar que una dieta restrictiva pueda dar paso a un trastorno del comportamiento alimentario, sobre todo en los adolescentes. 

Es conveniente sensibilizar a la opinión pública y al personal sanitario que la obesidad puede llegar a ser imposible de curar, y la identificación precoz de los niños obesos y su correcto tratamiento puede al menos reducir la intensidad de este trastorno. 

3.4 Análisis
El estudio realizado confirmo los altos índices de obesidad infantil que existen en la actualidad. Los principales indicadores de riesgo en la obesidad infantil son atribuibles a factores ambientales que promueven una ingesta calórica excesiva y desalientan la actividad física. 
La obesidad infantil tiene una gran prevalencía en nuestra población afectando de forma similar a niños y niñas (estas últimas con un porcentaje algo superior). 
Los resultados de la investigación fueron los siguientes:
¨ Los resultados dieron a conocer que en las niñas se presentan los más altos índices de sobrepeso u obesidad a diferencia de los niños.

¨ El 50% aproximadamente de los niños presento un peso normal para su edad y talla, mientras que un 28% indicaron tener obesidad y un 21% presentaron indicios de sobrepeso.

¨ En las niñas se presento el mayor número de casos de sobrepeso. 

¨ También se percato que en la edad de 10 años era en donde mas casos de sobrepeso infantil había.

¨ El mayor número de niños obesos estuvieron dentro de los niños que se encontraban en la edad de 10 años.

¨ Fue notable los altos índices de obesidad y sobrepeso que existen en los niños de edad escolar; ya que todos los datos corroboraron como esta incrementando día con día la obesidad infantil, afectando así la salud de todos los niños.

3.5 Conclusión
La finalidad de la realización de esta investigación comprobó que existe un gran incremento en la tasa de obesidad infantil, la cual nos tiene especialmente preocupados porque en los últimos veinte años ha aumentado mucho y está considerada como una de las epidemias del siglo XXI. Es por eso que debemos de terminar con dicho problema. Ya que esta afecta cada vez mas la salud de nuestros niños, provocando un sin numero de enfermedades como son la diabetes, hipertensión, entre otras.

Y este problema ocurre muy fácilmente en la vida moderna. La gente pasa más tiempo frente al televisor o las computadoras y menos tiempo haciendo ejercicio. Nos desplazamos en automóvil a todas partes en lugar de caminar o ir en bicicleta. Menos escuelas ofrecen clases de gimnasia, mientras que más niños se dedican a los videojuegos en lugar de participar en juegos activos, como por ejemplo, juegos de pelota. Incluso los adultos pasan más tiempo sentados en sus escritorios y automóviles que antes. Además, la gente lleva vidas más ajetreadas por lo cual tiene menos tiempo para cocinar comidas saludables. Comemos más comidas de restaurantes y más comidas rápidas que vienen en cajas. También otro gran factor que influye es la mercadoctenia ya que esta motiva a los niños a que consuman todos los productos chatarra que anuncia tanto en televisión, como en la radio etc.

Es así por lo que empezaremos con la modificación dietética la cual deberá basarse en comidas equilibradas, con un abordaje saludable; disminución en el consumo de los refrescos, jugos, hidratos de carbono simple, grasas saturadas; como son las comidas rapidas, aumento en el consumo de las frutas y verduras, cereales enteros; utilizar guías para llevar una alimentación saludable.

Para incrementar la actividad física se recomienda comenzar lentamente, disminuir el tiempo de ver televisión (1-2 horas al día), considerar la actividad física en el hogar; motivando a los niños a que realicen algún tipo de ejercicio como salir a jugar fútbol, básquet, atrapadas; entre otras muchas actividades.

También se buscara hacer conciencia a las autoridades como maestros lo necesario que es llevar una alimentación adecuada ya que en las escuelas prevalece el consumo de productos chatarra, los cuales no nutren a los niños, solo los engordan. Y es así como se intentara cambiar o al menos hacer el intento por evitar tantos problemas que se derivan de la obesidad informándolos y ayudándolos a conocer más acerca de dicho problema. 

Entonces de esta manera se tratara de modificar el gran número de casos de sobrepeso y obesidad en los niños; brindándoles la información nutricional adecuada tanto a los niños como a los padres y así disminuir con los altos índices de obesidad infantil que se presentan en la actualidad. ”RECUERDA QUE EN LA OBESIDAD ES MÁS FÁCIL PREVENIR QUE REMEDIAR”.

ANEXOS
Material y métodos

Materiales:
· Bascula.
· Estadimetro.
· Calculadora.
· Hojas de datos.
· Computadora.

Fecha: Septiembre-Noviembre.
Lugar: Esc. Primaria Lic. Benito Juarez.
Población: 43 alumnos.
Criterios de inclusión: 
· Niños y niñas.
· Aquellos que tengan 9-10 años
· Que asistan a la escuela Lic. Benito Juarez.

Criterios de No Inclusión:
· Niños (a) que no presenten la edad correspondiente (9-10 años)
· Niños (a) que no asistan a la escuela Lic. Benito Juarez.
· Aquellos que no quieran ser medidos.

Criterios de Exclusión:
· Aquellos niños que no asistan el dia de la medicion.
· No quisieran continuar con la medicion.

Tipo de estudio: Transversal.
Recursos: 
· Bascula: $70.-
· Copias: $15.-
· Impresión y engargolado: $70.-

Bibliografía
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UNIVERSIDAD INTERAMERICANA DEL NORTE CAMPUS MAZATLAN; SINALOA,MEXICO

INVESTIGACION DE: 
LIC. JOYRA GONZALEZ PARRA
LICENCIADA EN NUTRICION

ASESOR:
MC RAMÓN LARRAÑAGA TORRONTEGUI


Enviado por MC Ramon Larrañaga Torrontegui
Contactar mailto:latorro5411@hotmail.com


Código ISPN de la Publicación: EEZkppAVAFQbaBVMNV
Publicado Tuesday 20 de February de 2007