INDICE
I.
Introducción
II.
Justificación
III.
Planteamiento Del Problema
IV.
Objetivos:
1.
Objetivo General
2.
Objetivos Específicos
V.
Material y Métodos
VI.
Marco Teórico
VII.
Resultados
VIII.
Conclusiones
IX.
Bibliografía
Introducción
La verdadera incidencia de
la enfermedad litiásica biliar en la población general es desconocida, y más
en nuestro país donde se desconoce las estadísticas sobre esta u otras patologías,
no obstante partiendo del famoso estudio prospectivo de Framminghan
(Fridman,
Kannel y Dawber), si la estimación es correcta aproximadamente de 16 a 20
millones de personas en los Estados Unidos tienen cálculos.
Alrededor de 80.000 nuevos
casos de colelitiasis aparecen cada año. Situación similar ocurre en Europa
donde se reportan 20 a 30 millones de casos de litiasis vesicular.
Existen
condiciones de importancia que crean en la vesícula un medio favorable para la
formación de cálculos.
Los
tipos de cálculo así constituidos parecen presentar una relación con ciertos
factores etiológicos como: herencia, obesidad, edades medianas y tardías de la
vida, asociación con procesos inflamatorios o estasis de la vesícula biliar,
alteraciones metabólicas y endocrinas.
Los
cálculos suelen producir síntomas cuando originan inflamación u obstrucción
al emigrar por el conducto cístico o colédoco. El síntoma más específico y
característico de la enfermedad de la vesícula biliar es el cólico biliar, se
caracteriza por ser un dolor intenso y opresivo, localizado en el epigastrio o
el hipocondrio derecho, irradiado con frecuencia a la zona interescapular,
escapula derecha o el hombro del mismo lado.
Los
métodos diagnósticos para la litiasis vesicular son múltiples, entre estos
están la Radiografía de abdomen. Ultrasonografía, Colecistografía oral,
Tomografía, Resonancia Magnética, Estudios Radioisotópicos, ERCP.
Por
ser la ecografía un método inocuo, muy accesible por su bajo costo es el de
mayor uso en nuestro medio.
Justificación
Si
bien en nuestro país, no contamos
con datos exactos, la colelitiasis es una patología que
representa una de las causas
más frecuentes de dolor abdominal en pacientes atendidos en el servicio de
Emergencia del Hospital Universitario Japonés.
La
finalidad de este trabajo es la de determinar la relación de dicho padecimiento
con el sexo y la edad de los pacientes afectados, así como la determinación de
sus manifestaciones clínicas de mayor importancia y la conexión del mismo con
cualquier otro proceso patológico de diferente naturaleza en todos los
pacientes que acuden por Dolor abdominal al servicio de emergencias de nuestro
hospital.
Planteamiento
del problema
La
verdadera incidencia de la enfermedad litiásica biliar es desconocida, a pesar
de ser una enfermedad bastante
frecuente, no contamos con datos de nuestro medio que revelen la verdadera
incidencia de esta enfermedad.
El presente trabajo se
realiza en busca de contar con
estadística propia acerca de las características clínicas y ecográficas de
los pacientes con dolor abdominal por Litiasis Biliar, atendidos en el Servicio
de Emergencia del Hospital Universitario Japonés en los meses de mayo y junio
del 2005, utilizando como principal
método diagnostico además de la
clínica la ultrasonografía..
Objetivo
General
La
finalidad de este trabajo es la de
determinar la relación de la litiasis vesicular con el sexo y la edad de los
pacientes afectados, así como la determinación
de sus manifestaciones clínicas de mayor importancia y la conexión con
otras patologías en pacientes con dolor abdominal atendidos en emergencia del
Hospital Universitario Japonés y conocer sus características ecográficas.
Objetivos
específicos
1.
Determinar la frecuencia de pacientes con dolor abdominal según la edad
y sexo.
2.
Determinar la incidencia de
colelitiasis en los todos los pacientes atendidos por dolor abdominal.
3.
Determinar los factores asociados: Edad, sexo, Hábitos alimentarios,
obesidad , factor socioeconómico.
4.
Determinar los signos y síntomas más frecuentes.
5.
Determinar enfermedades
concomitantes y/o asociadas.
6.
Determinar las complicaciones mas frecuentes de la litiasis vesicular.
7.
Identificar otros hallazgos
en cavidad abdominal con el uso de la ultrasonografía .
8.
Identificar las pruebas de laboratorio alteradas en pacientes con
litiasis vesicular.
9.
Identificar la importancia del uso de la ultrasonografia para el
diagnostico de litiasis vesicular.
Material
y Método
Se
realizó un estudio retrospectivo y descriptivo con el objetivo de determinar el
comportamiento de la epidemiología, manifestaciones clínicas y método diagnóstico
de litiasis vesicular, en el servicio de emergencias del
Hospital Universitario Japonés.
Para
el cual utilizamos los expedientes clínicos de 324 pacientes cuyo diagnóstico
definitivo fue litiasis vesicular.
Estos
fueron seleccionados por el método aleatorio simple (cada elemento de la
población tiene la misma probabilidades ser seleccionado en la muestra).
La
recopilación de los datos se realizó a través de un formulario diseñado a base de preguntas abiertas y cerradas
relacionadas con las principales variables: edad, sexo, signos y síntomas,
enfermedades concomitantes y método diagnóstico, las cuales nos permitieron
alcanzar los objetivos antes expuestos.
Los
datos fueron procesados utilizando el programa estadístico EPI-INFO y el
informe final fue elaborado en Word. La información obtenida fue revisada y
analizada
para
su presentación en gráficas y tablas.
Marco
Teórico
Definición
y prevalencia
La
colelitiasis es una enfermedad caracterizada por la presencia o formación de cálculos
en la vesícula biliar. Su prevalencia es variable y se han demostrado
diferencias según el país y la población estudiada. En el mundo desarrollado
se conoce que aumenta con la edad y que es mayor en mujeres que en varones,
aunque tal diferencia tiende a disminuir con la longevidad. Entre el 15 y el 25
% de las mujeres adultas y el 7-15 % de los varones tienen colelitiasis. A pesar
de que no es un padecimiento con alta morbimortalidad, esta elevada prevalencia
condiciona un notable consumo de recursos sanitarios.
Tipo
de cálculos y localización
Los
cálculos son de diferente tipo porque responden a una etiología distinta. Las
sustancias que los integran están presentes en la bilis o son sales derivadas
de éstas, aunque en proporción variada.
Las
características de estos cálculos son importantes porque sus diferencias
condicionan la mayor o menor posibilidad de eliminarlos por disolución o por
trituración. Se distinguen y se denominan según la sustancia predominante en
su composición. Fundamentalmente son de «colesterol» y de bilirrubinato cálcico
(llamados «pigmentarios»), de los que a su vez hay dos variedades, los «pardos»
y los «negros». Algunas de sus características se resumen en la tabla 1. Cabe
destacar que, por su diferente origen y patogenia, los cálculos de colesterol y
los pigmentarios negros no aparecen en la vía biliar principal (VBP) y cuando
lo hacen han emigrado desde la vesícula, a través del cístico, por lo que
necesariamente son pequeños. Una única circunstancia (la fístula biliobiliar,
conocida como síndrome de Mirizzi) puede alojar un cálculo grande de aquellos
tipos en la VBP. Es decir, los grandes cálculos de la VBP prácticamente
siempre son pigmentarios pardos y en ellos destaca su fragilidad, por lo que
pueden disgregarse mecánicamente, sin excesiva dificultad. Los cálculos pueden
situarse en cualquier punto del sistema biliar, aunque lo más frecuente es que
sea en la vesícula; en el 85 % de las veces como localización única y en el
15 % restante, acompañado de litasis en la VBP. Inversamente, la presencia de cálculos
en la VBP se acompaña en el 95 % de las veces de cálculos en la vesícula; es
decir, sólo un 5 % de los que tienen litiasis de la VBP no presenta cálculos
también en la vesícula. De los sujetos mayores de 65 años que tienen hecha
una colecistectomía previa, hasta un 20 % desarrollan litiasis de la VBP.
En
algunos casos excepcionales, los cálculos se sitúan en las vías intrahepáticas,
pero para ello han de coexistir con estenosis de los conductos que originen
estasis biliar, bien adquirida o en determinadas enfermedades congénitas, como
la de Caroli.
TIPO
|
Colesterol
puros o mixtos
|
Pigmentados
negros
|
Pigmentados
pardos
|
Predominio
geográfico
|
Países
desarrollados
|
Mundial
|
Oriente
|
Origen
|
Vesicular
|
Vesicular
|
Vesícula
y
VBP
|
Condiciones
asociadas
|
Obesidad
, embarazos, historia familiar, rápida perdida de peso ,
diabetes-hipertrigliceridemia, nutrición parenteral total, tratamiento
sustitutivo de estrógenos, concentraciones bajas de colesterol HDL
|
Hiperhemolisis,
cirrosis,
Abuso
de alcohol
Ancianos
enflaquecidos
|
Estasis
biliar
Infección
biliar
|
Radioopacidad
|
50%
aproximadamente
|
50%
aproximadamente
|
No
|
Recurrencias
tras cirugía
|
Posible
|
No
|
frecuente
|
Historia
natural
La
colelitiasis es un padecimiento habitualmente asintomático. Los estudios
realizados sobre población libre de molestia, en los que se descubren cálculos
en la vesícula, demuestran que menos del 20 % presentarán síntomas en períodos
largos de seguimiento (15-20 años). Se calcula que aproximadamente un 2 % anual
en los primeros 5 años tendrán dolor biliar y ese porcentaje disminuye en años
sucesivos. Rara vez desarrollarán complicaciones, y casi siempre irán
precedidas de episodios de cólico biliar simple.
No
ocurre igual con la litiasis vesicular demostrada tras un cólico biliar, pues
su curso es distinto. En casi un 40 % el cólico repetirá dentro del primer año.
El riesgo de desarrollar complicaciones puede ser de hasta el 3 % anual y
permanece constante. Sin embargo, en un 30 % no volverá a repetirse el cuadro
doloroso en 5 años.
Los
cálculos en la VBP también pueden ser asintomáticos, pero de manera
excepcional. Sin embargo, las complicaciones potenciales que puedan provocar son
graves y frecuentes.
El
carcinoma de vesícula se asocia en más del 85 % de las veces con colelitiasis.
Sin embargo, el riesgo anual acumulado de padecer esta grave complicación es
del 0,02 % en sujetos con colelitiasis mayores de 60 años. Las otras
complicaciones frecuentes son colecistitis, colangitis, pancreatitis aguda y fístula
bilioentérica.
Criterios
diagnósticos
Clínicos
El
síntoma característico principal es el «cólico biliar», definido por un
dolor no estrictamente cólico, sino a oleadas, que dura menos de 6 horas, cede
espontáneamente o con fármacos espasmolíticos y no deja secuelas. Se localiza
frecuentemente en el hipocondrio derecho, pero puede hacerlo también en
mesogastrio o hipocondrio izquierdo. Más de 1/3 de las veces se irradia a la
espalda, frecuentemente a la escápula/hombro derecho. Suele suceder a las 2-3
horas de haber comido, su presentación es aguda y preferentemente nocturna. De
haber vómitos, suceden al comienzo y no alivian el cuadro. No debe existir
defensa muscular abdominal, ni fiebre, ni coluria, ni ictericia; y la presencia
de alguno de estos síntomas anuncia una complicación.
No
han fructificado los intentos realizados para atribuir a la colelitiasis síntomas
tales como plenitud posprandial, intolerancia a grasas, halitosis, lengua
saburral, entre otros, integrando la llamada «dispepsia biliar». Hoy se estima
que deben desterrarse estos inespecíficos síntomas como justificación para
tratamiento de la colelitiasis.
La
litiasis de la VBP también puede ser asintomática, pero cuando los síntomas
están presentes son iguales a lo descrito como cólico biliar. De todas formas,
aun sin clínica dolorosa y sin sus dos posibles complicaciones (colangitis y
pancreatitis), suele haber ictericia obstructiva en rango menor.
Los
datos de laboratorio de una litiasis vesicular sintomática no complicada
habitualmente son normales. Sólo la asociación con litiasis de la VBP puede
elevar las enzimas de colestasis (fosfatasa alcalina y gamma
glutamiltranspeptidasa) con o sin aumento de la bilirrubina, a expensas de la
fracción conjugada.
Técnicas
de imagen
Son
muchos los métodos para evaluar el sistema biliar, pero su utilidad y
aplicabilidad los hace muy diferentes.
Ecografía
percutánea
Tiene
una alta eficacia diagnóstica con sensibilidad y especificidad superiores al 90
%. Es un método seguro, prácticamente sin complicaciones, versátil en su práctica,
que se puede hacer en la cabecera del enfermo y no exige instalaciones, ni
provoca gastos costosos. Para cálculos mayores de 2 mm, su sensibilidad es del
95 %; y cuando se demuestra la sombra sónica posterior, también tiene una
especificidad del 95 %. Sin embargo, esta eficacia disminuye drásticamente en
la demostración de los cálculos en el interior de la VBP. Diversas condiciones
anatómicas hacen que no más del 50 % de los casos de litiasis de la VBP se
demuestren por ecografía y, muy especialmente, si las vías no están
dilatadas. En estas circunstancias sólo alrededor del 20 % son visibles. Sin
embargo, la demostración de un ensanchamiento coledociano por encima de 8 mm
(sin cálculo visible y si no se demuestra otra enfermedad) es un dato indirecto
que eleva las posibilidades diagnósticas al 75 %.
Colecistografía
oral y parenteral
Ha
perdido su protagonismo en el diagnóstico de la colelitiasis por dificultades
tales como tiempo de realización, necesidad de radiografía y menor eficacia
diagnóstica. Prácticamente su uso ha quedado reservado para los casos en que
se planteen determinados tratamientos, cuya aplicabilidad depende de la
permeabilidad del cístico (los disolutivos y la litotricia con ondas de
choque). Es conocido que si la vesícula se contrasta con este método, no hay
obstrucción del cístico. Sin embargo, cuando no se contrasta, no siempre hay
obstrucción, lo que reduce la especificidad de la técnica.
Colangiografía
directa
Se
engloban en este apartado un grupo de técnicas de relleno de las vías biliares
a través de la introducción directa del contraste. Se utilizan para el diagnóstico
de la litiasis de la VBP, y algunas se reservan para situaciones excepcionales,
mientras que las dos primeras tienen un uso muy extendido, desde hace más de 30
años.
Colangiografía
intraoperatoria. Es un método que se realiza durante la cirugía, tanto abierta
(laparotómica) como laparoscópica. Se introduce un catéter en la vía
(habitualmente por el muñón cístico, tras colecistectomía) y a su través el
contraste yodado. Si se hace una depurada técnica en la toma posterior de
placas, este método tiene una eficacia diagnóstica cercana al 100 %.
Colangiopancreatografía
retrógrada endoscópica. Su eficacia diagnóstica para mostrar la presencia de
cálculos en las vías es tan alta que se considera el «patrón oro» con el
que se comparan otros métodos. Tiene la limitación de que aún en manos
expertas puede haber un 5 % de fracasos técnicos. Su indicación principal es
la sospecha clínica de litiasis en la VBP.
Colangiografía
percutánea. Se reserva para situaciones muy especiales, prácticamente siempre
ante la sospecha de litiasis complicada de la VBP y con necesidad de prolongar
este abordaje con una actuación terapéutica (extracciones de cálculos o
colocación de catéteres). Este método tiene dos variedades: la tradicional,
en la que se realiza una punción con aguja flexible de 0,7 mm (U de Chiba) a
través de la pared costal, con control fluoroscópico; y la guiada
continuadamente por ecografía, bien por vía similar o a través de la vesícula
biliar.
Tomografía
axial computarizada y resonancia magnética
No
se utilizan en el diagnóstico de la colelitiasis, salvo en determinadas
circunstancias en que se sospeche complicaciones de la enfermedad. Sin embargo,
la necesidad de asegurar que no hay cálculos ignorados en la vía biliar cuando
se va a realizar una colecistectomía laparoscópica (CL) ha revalorizado estos
métodos. La tomografía axial computarizada (TAC) helicoidal y la colangiografía
por resonancia magnética muestran una alta sensibilidad, alrededor del 90 %,
para detectar cálculos coledocianos. Sin embargo, queda por definir la
estrategia diagnóstica a seguir cuando se sospeche clínicamente cálculos de
la VBP. Es evidente que la colangiopancreatografía retrógrada endoscópica está
muy desarrollada y extendida como el método de mayor eficacia diagnóstica en
esta enfermedad y con el potencial añadido de su capacidad terapéutica
(esfinterotomía endoscópica [EE] y limpieza de la vía).
Tratamiento
de la colelitiasis
Ha
de dirigirse a resolver dos situaciones. La primera, en el momento agudo, cuando
se produce el cólico. La segunda, a la litiasis en sí; es decir, a la
presencia de cálculos en el sistema biliar descubierta de manera fortuita
(colelitiasis «asintomática») o tras un episodio de cólico biliar simple («sintomática»).
El siguiente capítulo se ocupa del tratamiento en aquellos otros casos en que
la litiasis tiene síntomas, porque presenta sus principales complicaciones, la
colecistitis y la colangitis.
Tratamiento
del cólico biliar simple
Esta
situación está presidida por el dolor que se autolimita en horas y, a veces,
se acompaña de vómitos. Si quien lo padece requiere asistencia, debe
recomendarse reposo, calor local, ayunas (administrando sólo líquidos acalóricos
orales, si no existen vómitos) y analgesia. Puesto que el dolor se origina en
una obstrucción temporal de los conductos (habitualmente el cístico) está muy
extendido el uso de N-butilbromuro de hioscina (Buscapina Ò ), una ampolla i.v.
que puede repetirse antes de una hora si no se ha conseguido alivio. De los
analgésicos habituales se utiliza el metamizol (Nolotil Ò ), una ampolla i.v.
o i.m.
Tratamiento
de la colelitiasis asintomática
Puesto
que la mayoría de las colelitiasis son asintomáticas, y lo seguirán siendo
aproximadamente en el 80 % de los casos, el descubrimiento incidental de cálculos
en la vesícula no debe justificar terapéuticas específicas. No ocurre lo
mismo cuando lo que se demuestra son cálculos en la VBP de manera casual,
porque tienen elevada posibilidad de complicarse y ello obliga a su tratamiento.
Los
conocimientos que se acumulan en la historia natural de la colelitiasis siguen
siendo insuficientes para dictar normas taxativas, pero han servido para
identificar situaciones especiales que, aun siendo asintomáticas, deben ser
tratadas. Así sucede con aquellos casos en que se descubre la pared vesicular
calcificada («en porcelana») y presentan riesgo quirúrgico asumible, a los
que debe proponérsele colecistectomía por la posibilidad que tienen de
desarrollar carcinoma; como los jóvenes con anemia drepanocítica, en los que
los cuadros dolorosos abdominales de esta enfermedad son difíciles de
diferenciar de los cólicos biliares y de
las colecistitis. Existen otras situaciones que se han creído identificar como
factores de riesgo de una mayor morbimortalidad, aunque existen controversias
respecto de la toma de decisiones. Tal es el caso de aquellos que vayan a ser
trasplantados de corazón o de riñón (fallos del injerto, mayor
morbimortalidad si tras el trasplante surgen complicaciones biliares que exijan
cirugía, etc.), en la cirugía de aneurisma de aorta abdominal o en los
pacientes diabéticos. Incluso ha llegado a proponerse una colecistectomía «de
paso» cuando en una intervención abdominal, por otros motivos, se encuentra
una litiasis vesicular. Sin embargo, se considera que estas actitudes aumentan
el riesgo de complicaciones intra y postoperatorias
y genera mayor estancia hospitalaria. No está claro si esta actitud debe
generalizarse.
Litiasis
asintomática de la vía biliar principal
El
porcentaje de enfermos en esta situación es muy pequeño, pero tienen una
elevada probabilidad de complicarse, por lo que existe unanimidad en la indicación
de tratarla con un método que evacue los cálculos. La EE es la técnica
universalmente admitida para este propósito, porque ni siquiera los cálculos
de gran tamaño suponen un obstáculo, ya que se pueden triturar,
fundamentalmente de forma mecánica. En los pacientes que conservan su vesícula
(in situ) se plantea la duda de si esta actuación es suficiente o debiera
seguirse de colecistectomía, porque se conoce que entre un 10 y un 20 %
desarrollarán, en los años sucesivos, complicaciones biliares, especialmente
colecistitis.
Tratamiento
de los cálculos
Una
vez demostrada la presencia de cálculos y atribuido a éstos los síntomas
dolorosos del paciente, el objetivo principal es eliminarlos y prevenir que no
recurran. Puesto que la gran mayoría se producen en la vesícula biliar, la
colecistectomía cumple estos objetivos. Sin embargo, el conocimiento que se ha
ido adquiriendo de la historia natural y de la patogenia de la colelitiasis,
unido a que la colecistectomía es un método quirúrgico que aun con riesgos
menores no está exento de ellos, ha llevado a precisar las indicaciones y a
desarrollar métodos alternativos de tratamiento. En la tabla 2 se recogen las
posibilidades terapéuticas más conocidas. Su utilización ha de llevarse a
cabo buscando el propósito universal de todo tratamiento: «el menos invasor, más
eficaz y menos costoso».
Tratamiento
oral disolutivo con ácidos biliares o sus combinaciones
Desde
mediados de la década de los setenta se aplica en terapéutica humana el
conocimiento de que los ácidos biliares modifican la saturación y secreción
del colesterol en la bilis, y que no sólo conseguían impedir la aparición de
litiasis, sino que podían también disolver los cálculos ya formados.
Se
utilizan el ácido quenodesoxicólico (AQDC) y su isómero, el ursodesoxicólico
(AUDC). Dos condiciones son imprescindibles para indicar este tratamiento. Una,
que la vesícula sea funcionante y el cístico permeable, lo que puede
asegurarse con una colecistografía oral o con una ecografía dinámica. La
otra, que los cálculos sean fundamentalmente de colesterol y con escasa
cantidad de carbonato cálcico, porque los pigmentarios no se disuelven. Para
comprobar este último hecho ha de exigirse que sean radiotransparentes y ayuda
que en el aspirado duodenal se encuentren cristales de colesterol y no de sales
de calcio, e incluso que, en una TAC se compruebe que son isodensos o hipodensos
respecto de la bilis, o tengan determinados índices de atenuación, medidos en
unidades Haunsfield. Otras condiciones se recogen en la tabla 3. Se calcula que
los enfermos del grupo «ideal», sólo el 3 % de las colelitiasis, obtendrán
en un 90 % la desaparición de los cálculos; en los pacientes del grupo «óptimo»,
aproximadamente el 12 %, la eficacia se sitúa por debajo del 60 %, y en el
grupo «aceptable», el 15 % de las colelitiasis, el tratamiento conseguirá la
disolución en menos del 20 %. Es decir, el 70 % de las personas con
colelitiasis no reúnen criterios de tratamiento disolutivo, y en aquellos que
integran el grupo de los que puede intentarse el tratamiento, la eficacia es
baja y la recurrencia frecuente, tras dejar los fármacos (30-50 % a los 5 años).
Los
efectos secundarios (diarrea, aumento de transaminasas y aumento de la
colesterolemia) son mayores cuando se administran AQDC, y la eficacia disolutiva
menor; pero, a cambio, es más barato que el AUDC. Las dosis recomendadas son 15
mg/kg/día para el AQDC y entre 8 y 12 mg/kg/día para el AUDC. Se ha propuesto
su uso combinado a la mitad de dosis de cada uno, porque sus mecanismos de acción
son distintos, con lo que se potencia la eficacia y parece que se reducen los
efectos secundarios del AQDC administrado en solitario.
Se
han ensayado otros fármacos que mostraron efecto sobre la fisiología de la vesícula
y de la formación de la bilis, como los inhibidores de la actividad de la
enzima hidroximetilglutarilcoenzima A reductasa, tales como la sinvastatina y
lovastatina, que reducen el índice de saturación del colesterol; el Rowachol
Ò , que contiene una mezcla de plantas terpénicas en aceite de oliva que
estimula la secreción biliar y disminuye la síntesis de colesterol; o incluso,
los antiinflamatorios no esteroides, que tienen efectos procinéticos
vesiculares y reducen la formación de glucoproteína biliar. Hasta el momento
no hay datos que permitan aconsejar el uso de estos tratamientos, solos o
asociados a los ácidos biliares, en la terapéutica de la colelitiasis sintomática.
La
disolución con fármacos orales es el método más antiguo de los no quirúrgicos
en el tratamiento de la colelitiasis. También es el más usado, más seguro y
menos invasor, todo lo cual le convierte en el mejor establecido. Sin embargo,
tiene un campo de aplicación muy reducido, por el escaso número de pacientes
que reúnen condiciones para que sea eficaz y por las elevadas tasas de
recurrencia.
Tratamiento
extracorpóreo con ondas de choque
Se
introdujo en Europa a mediados de la década de los ochenta (10 años después
de la terapéutica oral con ácidos biliares) y en EE.UU. sigue limitado a los
programas de investigación, porque esta modalidad de tratamiento no ha sido
aprobada por la US Food and Drug Administration. Aplica iguales fundamentos que
la litotricia renal, y en la colelitiasis se utiliza con dos fines: como
coadyuvante al tratamiento oral con ácidos biliares, porque aumenta la relación
superficie/volumen y hace los cálculos más susceptibles a la disolución; o
bien como triturador, ya que puede reducir los cálculos a menos de 3 mm de diámetro,
situación en la que son evacuables por vía natural al intestino. Lógicamente,
ello exige la misma condición de vesícula funcionante y cístico permeable que
ha de asegurarse por los métodos ya descritos. Para algunos, también se
precisa una capacidad de vaciamiento vesicular superior al 60 % del volumen de
ayunas medido con ecografía o con medicina nuclear. Además, la técnica
necesita de instalaciones complejas y las ondas han de propagarse a través del
agua. Los generadores son electrohidráulico (el primero y más usado), piezoeléctrico
o electromagnético. Para dirigir la onda se utilizan los ultrasonidos. En las
mujeres ha de asegurarse la ausencia de embarazo, y los factores de coagulación
deben ser correctos por la posibilidad de provocar hemorragia.
En
la tabla 40-3 se recogen las principales condiciones que deben reunir los
pacientes candidatos a esta modalidad de tratamiento. Se considera que sólo el
7 % de las colelitiasis son «óptimas» y un 9 % adicional son «aceptables».
En el 95 % de aquellos y en el 75 % de los aceptables se consigue destruir los cálculos,
pero la recurrencia y los efectos indeseados reduce la eficacia. Así, 1/3 de
los pacientes presentan uno o más cólicos biliares posteriores; un 2 %
pancreatitis y casi un 1 % precisarán EE para evacuar fragmentos litiásicos de
la VBP. Otro efecto conocido es la hematuria (4 %). Todos estos hechos
condicionan que la aplicabilidad del método en el momento actual sea escasa.
Tratamiento
percutáneo
Reúne
dos modalidades que son la disolución por contacto y la extracción
instrumental de los cálculos de la vesícula. Ambas exigen introducir en el órgano
bien una sonda, para aplicar el disolvente, o instrumentos que trituren y
extraigan los cálculos. La vesícula se aborda percutáneamente y es
recomendable que sea por vía transhepática (interponiendo una lengüeta de hígado)
guiada por ultrasonidos o radiología (fluoroscopia/TAC). Lógicamente estos métodos
son de aplicación en el reducido grupo de pacientes que tengan un riesgo
prohibitivo para una anestesia general y se haya de actuar sobre una litiasis
vesicular que tenga complicaciones mayores.
Tratamiento
por vía laparoscópica
Se
ha convertido en el eje fundamental del tratamiento de la colelitiasis sintomática
mediante la colecistectomía laparoscópica (CL). Los beneficios que esta vía
de tratamiento suponen (mínima cicatrización, menos dolor y rápido retorno a
la actividad) fueron entendidos rápidamente por el público, que ha sido, con
sus requerimientos, posiblemente el mayor impulsor de su desarrollo. Los datos
que se acumulan reiteradamente sobre los resultados señalan que la mortalidad
quirúrgica se sitúa entre el 0 y el 0,07 %, y sus logros respecto a la exéresis
de la vesícula y a la colangiografía intraoperatoria son equiparables a la
colecistectomía convencional. Además, acorta la estancia hospitalaria, evita
complicaciones tempranas y tardías de las incisiones, tiene menos
complicaciones generales, y las biliares son semejantes en ambas vías de
tratamiento. Sin embargo, determinadas situaciones limitan su aplicabilidad,
como cuando existe riesgo de hemorragia, como en los pacientes con coagulopatía
conocida (hemofilia y sus variantes, trombocitopenias), en aquellos que tienen
hipertensión portal, especialmente los cirróticos, no sólo por la frecuente
coagulopatía acompañante, sino también por la existencia de venas de derivación
que configuran una anatomía con mucho riesgo. Así mismo, el embarazo avanzado
y las adherencias peritoneales por cirugía previa provocan, muchas veces, la
imposibilidad de un abordaje seguro.
Un
efecto indeseado es la llamada «reconversión», cuya tasa está entre el 2 y
el 10 % de los intentos. Se define como la necesidad de finalizar la intervención
quirúrgica por el método «abierto», bien sea por imposibilidad técnica,
para concluirla por laparoscopia, o por detectarse una complicación irreparable
en la cirugía laparoscópica. En general, la tasa de lesión de la VBP se sitúa
entre el 0,2 y el 0,5 %, similar a la descrita en colecistectomía convencional.
Las lesiones yatrogénicas de vasos y vísceras, fundamentalmente provocadas por
aguja de neumoperitoneo, trócares o electrocoagulación, son prácticamente
inexistentes si se utiliza una técnica depurada.
Colecistectomía
convencional («abierta» o laparotómica)
Durante
más de una centuria ha sido el tratamiento prioritario y fundamental de la
colelitiasis sintomática por su seguridad (inferior al 1 % de mortalidad en
menores de 70 años) y por su utilidad, ya que en el 90-95 % de las veces los
pacientes sanaban de sus molestias. Estos resultados los asume hoy la vía
laparoscópica, por lo que la indicación para utilizar la colecistectomía
convencional se ha restringido a los que precisan reconversión y aquellos otros
que tengan indicación de colecistectomía y hayan de hacerse una laparotomía
por otra causa.
Situaciones
especiales
Tratamiento
de los cálculos durante el embarazo
Durante
mucho tiempo se ha pospuesto la cirugía durante los embarazos, porque se
relacionaba con mayores tasas de aborto y de partos pretérmino. Con el
perfeccionamiento de las técnicas anestésicas, en especial la introducción de
los métodos tocolíticos, se ha reducido mucho esta morbilidad, y cada vez
parece más segura la colecistectomía en esta situación. Se mantiene cierta
prevención sobre la vía de abordaje laparoscópico por el riesgo de daño
instrumental del útero y por desconocerse el efecto que en la circulación
fetal pueda tener el neumoperitoneo. En general, se recomienda intentar
postergar la cirugía mientras que la colelitiasis, aun sintomática, no se haya
complicado.
Asociación
de litiasis vesicular y litiasis de la vía biliar principal
Un
15 % de los pacientes con cálculos en la vesícula los tienen también en las vías.
Esta situación puede conocerse antes de programar el tratamiento, surgir
durante éste (es decir, en el curso de una colecistectomía) o después de la
cirugía. El planteamiento terapéutico para solucionarla es distinto en cada
uno de ellos.
En
el primer supuesto se recomienda hacer un abordaje endoscópico, iniciándolo
por la EE, que limpie el colédoco, y continuando por la CL. Son dos actos
sucesivos y no existen datos para recomendar que se hagan simultáneos. Si está
claro que la secuencia debe ser esta y no la de anteponer la CL a la EE, porque
siempre existe la posibilidad de fracasar en conseguir la limpieza de la vía, y
si la colecistectomía ya está hecha, se tendría que añadir un tercer gesto
terapéutico.
En
aquellos casos en que durante la CL aparece el incidente de una litiasis de la
VBP no sospechada, la decisión va a condicionarse por tres hechos: a) las
dificultades que derivan del tamaño, número y situación de los cálculos, y
si hay anomalías de los ductus, tales como estenosis; b) la pericia del
cirujano para realizar el abordaje laparoscópico del colédoco, y c) la
presencia de un endoscopista con altas tasas de seguridad en el tratamiento a
través de la papila. Si los tres factores son negativos, debe procederse a la
conversión en colecistectomía abierta, actitud que también resulta prudente
si hay dificultades notables derivadas de la anatomía y de los cálculos. En el
tercer caso, en que los cálculos en la VBP se conocen tras la CL, corresponde a
la EE la responsabilidad inicial de evacuarlos.
Fístulas
biliares por colelitiasis
Esta
rara complicación deriva de los procesos inflamatorios-adherenciales que puede
provocar la litiasis vesicular, y que culmina con la necrosis de las paredes de
la vesícula y del órgano a que se adhiere. Cuando éste es la VBP, se origina
el síndrome de Mirizzi y un cálculo habitualmente grande se aloja en su
interior con el riesgo de que el cirujano interprete el colédoco como el cístico
que está desaparecido y pueda provocar una lesión yatrogénica de éste. En
otras ocasiones puede establecerse una fístula bilioentérica entre la vesícula
y el intestino delgado (duodeno) o el colon. Si el cálculo es de suficiente
tamaño, puede impactarse y ocluir la luz intestinal (iacuteleo biliar) en
cualquier tramo; si bien tiende a hacerlo en duodeno proximal (síndrome de
Bouveret), ileon terminal o sigma. Prácticamente todas las veces que aparecen
estas complicaciones, ha de recurrirse a la laparotomía, a veces de urgencia,
para tratarlas.
Profilaxis
de la colelitiasis
Como
es conocido, están bien identificados varios factores que favorecen la aparición
de cálculos en el sistema biliar. Muchos de ellos no son evitables, tales como
la predisposición étnica (amerindios de Alaska, de Canadá, bolivianos,
población escandinava, etc.), la edad (longevidad) y el sexo (mujeres),
mientras que otros pertenecen a la cultura y libertad de las personas
(gestaciones). Sin embargo, existen otras situaciones que favorecen la
colelitiasis y que pueden intentar evitarse; así sucede con la obesidad (los
consejos de salud a este respecto tienen efectos beneficiosos para muchas
enfermedades), las terapéuticas adelgazantes que provoquen pérdida de peso rápida,
y la nutrición parenteral total prolongada. Esta última debe reducirse en el
tiempo lo más posible; y en aquellos casos en los que sobrepase los 2 meses de
aplicación, ha de administrarse colecistoquinina, como profilaxis de rutina,
siempre que no existan contraindicaciones.
Los
tratamientos con estrógenos se relacionan con formación de cálculos biliares,
especialmente en los varones, por lo que debe advertirse de este riesgo a
quienes quieran tratarse con estas hormonas. Los anovulatorios orales actuales
no se asocian con una mayor posibilidad de colelitiasis, porque las cantidades
de estrógeno que contienen son mínimas. Por último, la hipertrigliceridemia
asociada a tasas bajas de colesterol HDL favorece la colelitiasis. Ésta es una
situación metabólica que igual que la obesidad, con la que frecuentemente se
asocia, debe corregirse por profilaxis de enfermedades, especialmente
vasculares.
Resultados
Pacientes
con dolor abdominal atendidos en el servicio de
emergencia del HUJ en mayo - Junio del 2005
según sexo
|
Sexo
|
Dolor
abdominal
|
|
Si
|
%
|
|
Femenino
|
225
|
69.4
|
|
Masculino
|
99
|
30.6
|
|
Total
|
324
|
100
|
Durante los meses de mayo y junio
el 69.4 % de los pacientes atendidos en emergencia del HUJ con dolor
abdominal eran del sexo femenino y solo un 30.6 % del sexo masculino.
Frecuencia de edad en
Pacientes con dolor Abdominal atendidos en el servicio de
Emergencia del HUJ durante el mes de Mayo del 2005
|
Edad
|
Dolor Abdominal
|
|
Si
|
%
|
|
15 – 24
|
23
|
7
|
|
25 – 34
|
62
|
19
|
|
35 – 44
|
101
|
31
|
|
> 45 años
|
138
|
43
|
|
Total
|
324
|
100
|

El
43 % de pacientes atendidos en el servicio de emergencia del HUJ durante los
meses de mayo y junio del 2005 correspondía a mas de 45 años, el 31% entre 35
a 44 años, 19% fueron entre 25 y 34 años y 7 % entre 15 y 24 años.
PACIENTES
CON LITIASIS VESICULAR CLASIFICADOS SEGÚN EDAD EN LOS MESES DE MAYO Y JUNIO DEL
2005 EN EL SERVICIO DE EMERGENCIA DEL HUJ
|
Edad
|
Litiasis
Vesicular
|
|
Si
|
%
|
No
|
%
|
Total
|
|
15 – 24
|
3
|
13
|
20
|
87
|
23
|
|
25 – 34
|
15
|
24
|
47
|
76
|
62
|
|
35 – 44
|
39
|
39
|
62
|
61
|
101
|
|
> 45 años
|
52
|
37
|
86
|
63
|
138
|
|
Total
|
109
|
34
|
215
|
66
|
324
|
Se
encontró en los meses de Mayo y Junio 2005 : Pacientes entre 15 y 24
años el 13 % tenia litiasis vesicular ,entre 25 y 34 años 24 % , entre
35 y 44 años 39 % y > de 45 años 32% . A mayor edad mayor
incidencia de litiasis vesicular .
SÍNTOMAS
Y SIGNOS MAS FRECUENTES EN PACIENTES ATENDIDOS EN EMERGENCIA DEL HUJ DURANTE LOS
MESES DE MAYO Y JUNIO DEL 2005
Síntomas
más frecuentes
|
N°
|
|
Cólico biliar
|
212
|
|
Dolor abdominal en
todo el hemiabdomen superior
|
96
|
|
Dolor abdominal con
irradiación dorsolumbar y/o hombro
|
|