INDICE
1)
INTRODUCCIÓN
2)
HIPÓTESIS DIAGNOSTICA
3)
MARCO TEÓRICO
i)
epidemiología y patogenia
ii)
patogenia de los cálculos de colesterol
iii)
semiologia de la litiasis biliar
iv)
radiología de la vesícula y de la vía biliar
v)
formas clínicas
4)
OBJETIVOS
i)
objetivo principal
ii)
objetivos específicos
5)
METODOLOGÍA
i)
tipo de investigación.
ii)
lugar y tiempo
iii)
muestra.
iv)
material utilizado.
v)
procesamiento de datos.
6)
TABLAS Y GRAFICOS
7)
CONCLUSIONES
8)
RECOMENDACIONES
9)
BIBLIOGRAFIA
INTRODUCCION
La
colélitiasis es uno de los problemas de mayores proporciones en la población
adulta y su incidencia varia de una zona geográfica a otra. En Estados Unidos
se calcula que el 10-15 % de la población adulta padecía de colélitiasis y
que cada ano se diagnostican aproximadamente 800000 casos nuevos.
En
Argentina y Chile se calculan tasas similares a las de Estados Unidos así como
mismo se indican que tanto la prevalencía como la incidencia es mayor en
mujeres que en varones en una relación de 3:1 y que dicha tendencia aumenta mas
con relación a la edad y también se citan otros factores que influirían en su
presentación como son los factores genéticos, reciales y dietéticas.
Dado
que la clínica de la colélitiasis difiere, muchas veces en solo 1 síntoma o
un signo, de otras patologías de la vesícula biliar y vías biliares como ser
colecistitis, colédoco litiasis,
colangitis. Y siendo la ecografía
el examen imagenológico de primera línea para confirmar o descartar un
diagnostico de colélitiasis, puede haber confusión y error al escribir el
diagnostico presuntivo en las solicitudes. Es en el orden de este contexto que
surge la idea de este trabajo de investigación en el servicio de ecografía del
Hospital Universitario Japonés.
HIPOTESIS DIAGNOSTICA
Es
la ecografía correctamente solicitada, basándose en el diagnostico presuntivo,
para confirmar patologías de vesícula y vías biliares.
MARCO TEORICO
Por
su frecuente presentación clínica y sus complicaciones, la formación de cálculos
biliares (colélitiasis) representa un importante problema de salud pública. En
los países occidentales, donde su prevalencía en la población adulta es de
alrededor del 12%, siempre mayor en el sexo femenino y aumentando con la edad.
En el momento de la detección de la litiasis biliar mediante ecografía casual,
entre dos tercios y tres cuartos de los individuos nunca habían tenido síntomas
específicos de litiasis biliar, lo que demuestra que la mayoría de los cálculos
biliares son asintomáticos.
La
prevalencía de la colélitiasis es netamente inferior en África y los países
orientales, hasta el extremo de la tribu Masai en África Oriental, donde la colélitiasis
es desconocida.
Existen
dos clases de cálculos biliares: pigmentarios y de colesterol.
Los primeros se originan por una anomalía del metabolismo de la bilirrubina,
mientras que los
segundos están causados por una concatenación de alteraciones fisiopatológicas
cuyo mecanismo desencadenante es la excreción excesiva de colesterol biliar.
Ambos tipos de cálculos están compuestos por sustancias virtualmente
insolubles en agua. Los cálculos pigmentarios contienen cantidades apreciables
de bilirrubinato cálcico y otros pigmentos derivados del catabolismo de la
hemoglobina, mientras que los cálculos de colesterol están formados casi
exclusivamente por cristales de este lípido insoluble; existen cálculos
mixtos, que contienen a la vez pigmentos biliares y colesterol, pero por lo común
predomina el colesterol, por lo que pueden considerarse como una variante de la
colélitiasis del colesterol.
EPIDEMIOLOGIA Y
PATOGENIA DE LA COLELITIASIS
Más
del 90% de los cálculos biliares son de colesterol. Cálculos pigmentarios
puros (sin colesterol) se observan sólo en un 7% de los litiásicos.
Las
principales características epidemiológicas de la enfermedad son las
siguientes:
1.
Su prevalencía es muy superior en mujeres que en hombres.
2.
Su frecuencia aumenta con la edad de la población, fenómeno que se
observa en ambos sexos.
3.
Su aparición es relativamente precoz, especialmente en mujeres.
4.
hay una gran incidencia de
litiasis en mujeres en edad fértil y está
relacionada con el número de embarazos. En nulíparas jóvenes, la enfermedad
tiene una prevalencía semejante a la de los hombres de edad comparable. En
cambio, la colélitiasis es mucho más frecuente en las multíparas. Este fenómeno
depende del número de partos de la mujer más
que de su edad.
El embarazo favorece la aparición de los cálculos por varias razones:
a.
La motilidad vesicular cambia desde el primer trimestre. Aumenta el
volumen en ayunas y también el volumen residual después de la contracción, lo
que favorece el estasis de la bilis y
b.
Aumenta la secreción hepática de colesterol, lo que se traduce por la
secreción de una bilis más sobresaturada con colesterol, especialmente durante
el ayuno. Además, por razones no bien conocidas, la colestasia del embarazo se
asocia con mucho mayor frecuencia a la aparición de cálculos.
En un tercio de los casos, los cálculos vesiculares pequeños diagnosticados en
el post-parto inmediato mediante eco tomografía, pueden desaparecer sin dar síntomas
dentro de los primeros meses del puerperio. Este fenómeno puede explicarse por
disolución espontánea (debido a que disminuye la saturación biliar de
colesterol) o por migración silenciosa de los cálculos al intestino.
5.
Estudios metabólicos y epidemiológicos demuestran
que los obesos tienen un riesgo mucho mayor de sufrir la enfermedad, pues el
sobrepeso aumenta notablemente la secreción biliar de colesterol. Paradójicamente,
la aparición de cálculos se incrementa si el paciente obeso baja rápidamente
de peso.
6.
El ancestro indo americano tiene gran importancia como factor
independiente que predispone a la aparición de la litiasis. Así lo han
demostrado estudios epidemiológicos realizados en nuestro departamento que
comparan la frecuencia de la enfermedad en población mapuche, mestiza y de
origen polinesio (Isla de Pascua). Estos datos concuerdan con estudios
norteamericanos realizados en población de origen mejicano, cuya frecuencia de
colélitiasis es significativamente mayor que en blancos o negros que habitan la
misma zona del país.
PATOGENIA DE LOS
CALCULOS DE COLESTEROL
1.- Solubilización
del Colesterol biliar
La bilis es una solución
compuesta principalmente por lípidos (colesterol, sales biliares y fosfolípidos),
proteínas, bilirrubina y electrolitos. Hace 30 años, con la aplicación de
principios fisicoquímicos, se inició el avance en el conocimiento de la
solubilización y transporte del colesterol biliar. Se pudo establecer que el
colesterol se disuelve en estructuras micelares mixtas, donde las sales biliares
y los fosfolípidos, por sus propiedades anfipáticas, orientan sus regiones
polares hacia la fase acuosa manteniendo sus regiones apolares alejadas del
agua, y creando un centro micelar hidrofóbico donde se disuelve el colesterol.
Inicialmente se pensó que las micelas mixtas eran la única forma de
solubilización del colesterol biliar y se definió un índice de saturación
del colesterol, como la razón entre la cantidad de colesterol presente en una
muestra de bilis y la cantidad máxima teórica que puede ser solubilizada por
ella según la teoría micelar. Un índice mayor a 100% corresponde teóricamente
a una bilis sobresaturada e inestable, que tiende a la precipitación del
colesterol disuelto.
Sin embargo, pronto se
pudo establecer que muchos individuos sanos tienen una bilis vesicular
sobresaturada, según la teoría micelar, pero físico químicamente estable,
sin formación de cristales de colesterol. Esto hacia planteable la existencia
de otra forma de solubilizar el colesterol biliar, descubriéndose formaciones
vesiculares unilamelares de fosfolípidos que transportan una fracción
importante del colesterol disuelto en la bilis. Estas vesículas se encuentran
incluso en bilis insaturada, y se las ha observado con microscopía electrónica
dentro del canalículo biliar. Hoy se cree que la mayor parte del colesterol es
secretado en estas vesículas de fosfolípidos-colesterol y que las sales
biliares "capturan" los lípidos que las constituyen para formar las
micelas mixtas. De acuerdo con esta teoría, en el ayuno predominan las vesículas
sobre las micelas y en el período post-prandial sucede lo opuesto, porque se
intensifica la circulación entero hepática de sales biliares.
2.- Patogenia de la
litiasis biliar
La litiasis biliar
debe considerarse una enfermedad primariamente metabólica, cuya patogenia se
desarrolla al menos en tres etapas secuenciales: se inicia con un defecto en la
secreción de lípidos biliares que resulta en una sobresaturación biliar de
colesterol, determinando una solución físico químicamente inestable. Es
seguida por la precipitación de cristales de colesterol; este fenómeno,
llamado "nucleación", es favorecido por factores nucleantes e
inhibido por factores antinucleantes presentes en la bilis. Los cristales se
asocian a otros constituyentes de la bilis (mucus, bilirrubina, calcio) y por
agregación y crecimiento llegan a constituir los cálculos macroscópicos.
A) Mecanismos de la
sobresaturación biliar:
Este fenómeno se
observa corrientemente en el ayuno, lo que se explica por las relaciones que
guardan entre sí los lípidos biliares. Mientras que las secreciones de sales
biliares y de fosfolípidos mantienen una relación estrecha, casi lineal, la
secreción de colesterol tiende a desacoplarse, permaneciendo elevada a niveles
bajos de secreción de sales biliares. Por eso que la saturación biliar es
mucho más frecuente en el ayuno que en el período post-prandial.
La
bilis de pacientes litiásicos casi siempre tiene sobresaturada su capacidad
solubilizante de colesterol -fenómeno inicial y necesario en la litogénesis-
como resultado de un exceso del colesterol biliar y/o una deficiencia de sales
biliares.
Exceso
de secreción del colesterol biliar : El aumento en la secreción del
colesterol biliar es el evento metabólico más frecuente en la patogenia de la
litiasis biliar. En nuestro país, los pacientes tienen como fenómeno
fisiopatológico básico esta hipersecreción biliar de colesterol. Además,
varios de los factores de riesgo para colélitiasis, como el envejecimiento, la
obesidad y el uso de esteroides sexuales femeninos, actúan a través de este
mecanismo patogénico.
Deficiencia
en la secreción de sales biliares : Una secreción disminuida de sales
biliares es el reflejo de un "pool" reducido, ya sea debido a una pérdida
intestinal aumentada o a una síntesis hepática deficiente. Si bien existen
modelos experimentales y condiciones clínicas (enfermedades inflamatorias
intestinales, resección o "bypass" ileal) en que la interrupción de
la circulación entero hepática de sales biliares se asocia a la secreción de
una bilis sobresaturada en colesterol y desarrollo de litiasis biliar, la mayoría
de los pacientes litiásicos no presenta una pérdida fecal aumentada de sales
biliares como factor preponderante de litogenicidad.
Trastorno
mixto, con disminución de las sales biliares y aumento del colesterol biliar.
Este defecto combinado, se encuentra espontáneamente en el grupo de indios Pima
de los EEUU, que se caracterizan por una altísima prevalencía de litiasis
biliar asociada a obesidad. Sin embargo, este trastorno metabólico es poco común
en la población de los países occidentales.
B) Precipitación y
nucleación del colesterol biliar:
Si
bien la sobresaturación biliar del colesterol es una condición necesaria, no
es suficiente para la formación de colélitiasis; incluso se puede afirmar que
la sobresaturación biliar en ayunas es una condición frecuente en la población
normal de Occidente. Por ello toma importancia el segundo evento en la patogenia
de la litiasis biliar: la nucleación del colesterol, es decir, la salida del
colesterol disuelto desde una fase líquida hacia una fase sólida de
microcristales. En los pacientes con litiasis por cálculos de colesterol, es
frecuente encontrar cristales de colesterol en la bilis vesicular (obtenida por
sondeo duodenal o por punción de la vesícula durante la cirugía). Si la bilis
es filtrada eliminando los cristales e incubada, estos reaparecen en un plazo
corto. Un tiempo de nucleación corto en la bilis vesicular es un criterio
seguro para distinguir a los enfermos litiásicos de los sujetos normales.
El
proceso de nucleación es un fenómeno fisicoquímico todavía insuficientemente
comprendido. Mediante videomicroscopía se ha podido precisar que la
cristalización del colesterol ocurre por agregación y fusión de las vesículas
unilamelares que trasportan el colesterol, seguida por la aparición de
microcristales sólidos.
En
bilis humana se han descrito agentes pronucleantes y antinucleantes con
importancia potencial en la patogenia de la litiasis biliar, pero cuyo rol no
está claramente definido. Teóricamente se plantea que los pacientes litiásicos
tendrían una deficiencia de factores antinucleantes y/o un exceso de factores
pronucleantes, con un balance en favor de un estado de nucleación acelerada .
También
se ha demostrado que el mucus biliar tiene propiedades pronucleantes in vitro,
y que una mayor secreción de mucina vesicular dependiente de las
prostaglandinas precede a la aparición de litiasis en modelos animales; el uso
de ácido acetilsalicílico previene la hipersecreción de mucus, la nucleación
del colesterol y el desarrollo de cálculos en estos mismos modelos. Sin
embargo, no se ha podido demostrar que en humanos exista una hipersecreción de
mucus como hecho básico que explique la nucleación acelerada del colesterol en
pacientes litiásicos.
C) Crecimiento y
agregación de los cristales de colesterol
La
nucleación del colesterol es un paso necesario entre una bilis sobresaturada de
colesterol y la formación de litiasis, pero la mera presencia de microcristales
no explica suficientemente su agregación para constituir cálculos propiamente
tales. Los mecanismos por los cuales estos cristales se agregan hasta formar cálculos,
no están claramente definidos. Se ha demostrado que el calcio y la mucina
biliar aumentan la velocidad de crecimiento de los cristales de colesterol in
vitro y, además, podrían participar en la agregación de los mismos. En el
interior de los cálculos se han encontrado glicoproteínas, postulándose que
estarían estructurando una matriz que facilitaría la agregación de los
cristales y el crecimiento de los cálculos.
Algunos
pacientes litiásicos presentan éstasis vesicular, lo que facilitaría el
crecimiento y la agregación de microcristales de colesterol, constituyendo otro
importante factor patogénico de la litiasis biliar. Tanto evidencias
experimentales como clínicas apoyan el rol de un vaciamiento vesicular
deficiente en la formación y crecimiento de los cálculos. Se ha encontrado que
un subgrupo de pacientes litiásicos presenta un volumen vesicular residual
(post-contracción) aumentado, con respecto a sujetos controles.
Se
ha demostrado también que algunas situaciones que favorecen la aparición de cálculos
(embarazo, p. ej.) se caracterizan por un retardo del vaciamiento vesicular y un
volumen residual mayor.
3.- Factores de
riesgo para el desarrollo de la litiasis biliar
Se
han descrito varios factores de riesgo para esta enfermedad, atribuidos
fundamentalmente a alteraciones en la secreción de los lípidos biliares; sin
embargo, deben considerarse también factores predisponentes que pueden influir
sobre la precipitación del colesterol biliar, y el crecimiento y agregación de
cristales. La edad se correlaciona positivamente con la frecuencia de colélitiasis,
probablemente determinada por hipersecreción de colesterol biliar asociada al
envejecimiento.
- El
sexo femenino aumenta el riesgo de desarrollar litiasis, por un
incremento en la saturación biliar atribuida al efecto de los estrógenos
sobre el metabolismo hepático del colesterol.
- El
embarazo es un factor de riesgo independiente, que aumenta con la
multiparidad. Se ha descrito un aumento de la secreción y saturación
biliar de colesterol, disfunción motora vesicular y detección de colélitiasis
en los últimos meses de la gestación con desaparición espontánea de los
cálculos en el puerperio, todos eventos que resultarían del aumento
sostenido de los niveles de estrógenos y progesterona durante el embarazo y
su normalización posparto.
- En
relación a los esteroides sexuales, varios estudios han demostrado
que la administración exógena de estrógenos incrementa la frecuencia de
colélitiasis y es posible que la progesterona también constituya un factor
litogénico, dado que aumenta la saturación biliar de colesterol en humanos
y en animales de experimentación.
- La
obesidad predispone a la enfermedad litiásica, atribuyéndose a una
mayor secreción del colesterol biliar probablemente relacionado a un
aumento en la síntesis corporal total del colesterol, fenómeno que
revierte a la normalidad cuando los sujetos alcanzan un peso ideal.
- Mucho
se ha especulado sobre el rol de la dieta como factor de riesgo de litiasis
biliar. Una dieta rica en grasas y colesterol podría aumentar la
secreción y la saturación biliar del colesterol, mientras que una dieta
abundante en ácidos grasos insaturados y fibra tendría un efecto protector
para el desarrollo de colélitiasis. Lo que ha sido demostrado categóricamente,
es el efecto sobresaturante biliar inducido por el consumo de leguminosas,
tanto en animales como en humanos, y que es atribuido al contenido de
esteroides vegetales. Ello ha permitido identificar un factor dietético de
riesgo para el desarrollo de la litiasis biliar, el que podría tener un rol
en nuestra población que todavía conserva un consumo considerable de
leguminosas.
- Entre
las drogas que predisponen a la colélitiasis destacan algunos
hipolipidemiantes como el clofibrato, que reduce los niveles plasmáticos
del colesterol aumentando su secreción biliar, además de disminuir la síntesis
y el pool de sales biliares, lo que crea condiciones de riesgo para el
desarrollo de cálculos.
- La
resección del ileon distal y la ileitis (enf. de Crohn) determinan un alto
riesgo litogénico debido a la mal absorción de sales biliares que excede
la capacidad de respuesta de la síntesis hepática, con reducción de su
secreción, condicionando una bilis sobresaturada.
No
existe relación entre los niveles plasmáticos de colesterol total
(considerados como factor independiente de la obesidad) y la frecuencia de colélitiasis.
En cambio los niveles bajos de Colesterol HDL constituyen un importante factor
de riesgo demostrado en estudios epidemiológicos.
Por
último, el hecho de que la colélitiasis pueda presentarse en asociación
familiar y que el riesgo de colélitiasis aumente en familiares de pacientes
portadores de cálculos biliares, sugiere que los defectos metabólicos
involucrados en la patogenia de la enfermedad puedan ser heredados, aunque no se
ha detectado aún algún marcador genético seguro.
En
resumen, la colélitiasis por cálculos de colesterol es una enfermedad
multifactorial.
II. SEMIOLOGIA DE
LA LITIASIS BILIAR
1.- Cólico biliar
Constituye
el síntoma principal de la litiasis y se presenta cuando un cálculo obstruye
alguno de los puntos críticos del sistema biliar: el nacimiento del cístico o
el extremo distal del colédoco. El dolor tiene su origen en la hipertensión
brusca de la vesícula o de la vía biliar, aparecida como consecuencia de la
oclusión del lumen.
En
nuestra experiencia, ha sido de gran utilidad clínica distinguir esquemáticamente
dos clases de cólicos biliares: "simple" y "complicado". En
el primer caso, la obstrucción del conducto cístico o de la vía biliar es
transitoria, y cede espontáneamente o por efecto de anticolinérgicos, sin
dejar secuelas. En el segundo caso, la obstrucción se prolonga y durante su
curso aparecen complicaciones vasculares, inflamatorias o sépticas, que pasan a
comprometer la evolución del paciente.
Habitualmente,
el cólico biliar "simple" se inicia dos o tres horas después de una
comida, con sensación de distensión epigástrica o de dificultad respiratoria
retroxifoidea, que rápidamente se transforma en un dolor de intensidad
creciente, continuo, de ubicación epigástrica y en el hipocondrio derecho. Comúnmente
se irradia al dorso derecho y se acompaña de náuseas; el vómito se presenta
al comienzo del cólico, es de poca cuantía y no alivia al enfermo. Este
episodio de cólico simple dura de quince minutos a dos horas, y cede
gradualmente en forma espontánea. También se alivia en forma rápida con
antiespasmódicos por vía parenteral. El paciente puede presentar una febrícula
fugaz, y dolor a la palpación del hipocondrio derecho, sin resistencia
muscular. La rápida resolución del cólico simple indica que la obstrucción
que le dio origen ha desaparecido espontáneamente o con la ayuda de los
anticolinérgicos.
A
diferencia del anterior, el cólico biliar "complicado" se caracteriza
por ser mucho más prolongado (varias horas o días); sólo cede parcial y
transitoriamente a los analgésicos, y recidiva de manera precoz. Con frecuencia
se acompaña de vómitos intensos y rebeldes, escalofríos, fiebre o ictericia.
A menudo, el dolor ocupa todo el hemiabdomen superior y se irradia en faja al
dorso. El examen del abdomen puede mostrar defensa muscular involuntaria o una
masa en la región vesicular. Este dolor complicado por uno o más de los signos
descritos, indica que la obstrucción biliar se ha hecho permanente, y se le han
agregado fenómenos de necrosis o de inflamación. Con este tipo de cólico se
presentan la colecistitis aguda, la colédoco litiasis con un cálculo enclavado
en el esfínter de Oddi, la fístula biliodigestiva y la pancreatitis aguda
asociada a patología biliar.
Comúnmente
se piensa que los cólicos biliares sólo aparecen después de comidas
abundantes y muy ricas en grasas, porque se supone que ellas constituyen el
mejor estímulo para la liberación de colecistoquinina. Sin embargo, en la
aparición del cólico biliar el azar desempeña un papel tanto o más
importante que el tipo de comidas. En varios protocolos experimentales
obtuvieron bilis de la vesícula biliar de pacientes litiásicos,
provocando su vaciamiento con colecistoquinina parenteral o infusión de aminoácidos
al duodeno. A pesar de estos potentes estímulos no se pudo desencadenar un cólico
biliar en los pacientes. Para que el dolor aparezca no basta con una enérgica
contracción vesicular; también se requiere que un cálculo esté situado en la
posición adecuada para ocluir el bacinete.
El
comienzo del cólico biliar puede ser gradual o brusco. Durante su máximo,
habitualmente el dolor es continuo y de intensidad uniforme. Sin embargo, en
ocasiones puede presentar exacerbaciones cólicas. La localización en el
epigastrio y el hipocondrio derecho, así como la irradiación dorsal, a pesar
de ser las más comunes, no son exclusivas ni constantes. El cólico biliar
también puede situarse en el hipocondrio izquierdo, región retrosternal baja,
flancos o región peri umbilical.
2.- "Dispepsia
biliar"
Este
equívoco término, cuyo uso debe desterrarse de la medicina, se refiere a un
abigarrado conjunto de síntomas que comúnmente se atribuyen erróneamente a la
colélitiasis. Entre ellos están la intolerancia por alimentos ricos en grasas,
la plenitud postprandial, la regurgitación, los eructos, el mal sabor, la
halitosis, la lengua saburral, etc. Muchas de estas molestias probablemente se
originan en trastornos motores del esófago, estómago y región píloro
duodenal, y son comunes en pacientes con malos hábitos de alimentación o que
sufren problemas emocionales. Nunca se ha demostrado que tengan relación con la
presencia de cálculos biliares. Por el contrario, hay trabajos prospectivos
realizados en Chile y en el extranjero que han mostrado que la frecuencia de
estos síntomas es la misma en los litiásicos que en la población general.
3.- Fiebre e
ictericia
En
la anamnesis de los enfermos con litiasis hay dos signos que merecen particular
atención: la fiebre y la ictericia.
Dos
tipos de fiebre pueden guardar relación con la litiasis. El primero se presenta
bruscamente, precedido por escalofríos, y se caracteriza por una crisis breve
(de horas), en que se alcanzan los 39ºC, o más. Corrientemente, estos
episodios se asocian a una colédoco litiasis y pueden constituir, por un
tiempo, su única manifestación clínica. En el segundo tipo, la fiebre es
prolongada, de varios días de duración y de intensidad moderada. Suele acompañar
a la colecistitis aguda y sus complicaciones sépticas (absceso subfrénico, por
ej.).
La
ictericia, precedida o acompañada por coluria, puede (al igual que la fiebre)
aparecer en brotes fugaces y silenciosos, o seguir a un episodio de cólico
biliar. Con menor frecuencia, la colédoco litiasis evoluciona con una ictericia
más prolongada.
4.- Palpación
vesicular
La
vesícula biliar normal no se palpa, porque su consistencia y su posición
(habitualmente subhepática) no lo permiten. Si la vesícula está inflamada y
se bascula el hígado levantado su borde anterior, se puede palpar el fondo
vesicular, distendido y sensible (Signo de Murphy). Este signo tiene valor
cuando el dolor es bien localizado y se desplaza con los cambios de posición
del hígado, en decúbito lateral y de pie. En cambio, cuando la zona dolorosa
es difusa y abarca toda la región subcostal derecha, se debe desconfiar del
origen biliar del dolor y pensar en otras causas de dolor hepático o subhepático:
hígado congestivo, hepatitis alcohólica, hepatitis viral aguda o espasmo de
colon.
La
palpación de una masa en la región vesicular tiene gran valor semiológico. Se
distinguen tres tipos de estas masas:
1.
La vesícula distendida, que conserva su forma y su movilidad, y es poco
sensible o indolora. En ausencia de ictericia, la vesícula distendida indica
obstrucción del cístico por un cálculo enclavado; si se presenta con
ictericia, indica una obstrucción biliar por un cáncer del páncreas o del colédoco
distal.
2.
La vesícula tumoral se palpa como una masa irregular de consistencia
dura, fija, asociada o no asociada a una hepatomegalia nodular; traduce la
infiltración de la vesícula por un cáncer y su extensión al hígado por
vecindad.
3.
El plastrón vesicular se palpa como una masa sensible, de límites
imprecisos, y puede aparecer en el curso de una colecistitis aguda si la
necrosis y la inflamación de la pared alcanzan la superficie peritoneal. Además
de la vesícula (que puede hallarse distendida o atrófica), forman parte del
plastrón el epiplón inflamado, colon o intestino delgado, que se adhieren a la
vesícula y al borde inferior del hígado.
III. RADIOLOGIA DE
LA VESICULA Y DE LA VIA BILIAR
Los
exámenes de imágenes, obtenidas por ultrasonido o por radiología
convencional, son la ayuda más importante de que dispone el clínico para el
diagnóstico de la litiasis biliar y sus complicaciones.
1.- Examen de la
vesícula biliar
1a.
Una radiografía simple de la región vesicular puede demostrar las sombras de cálculos
que contengan calcio: pero sólo un 10 por ciento de los cálculos son
radioopacos. Además, otros elementos pueden ser confundidos con cálculos
biliares, como son cartílagos costales calcificados, cálculos renales, o
ganglios linfáticos calcificados.
1b.
La ecografía constituye el mejor método para explorar la vesícula biliar.
Esta, por su contenido líquido y su cercanía a la pared abdominal, es fácilmente
explorable por ultrasonido. Por su parte, los cálculos biliares, intensamente
eco refringentes, son rápidamente pesquisados en el lumen vesicular. Por ello
la ecografía es muy sensible y específica para diagnosticar cálculos
vesiculares, sin otro requisito que el paciente se encuentre en ayunas.
Proporciona además información acerca del grosor de la pared vesicular, el
calibre de la vía biliar principal, el tamaño y la homogeneidad del parénquima
hepático.
Las Indicaciones de
ecografía de vesícula biliar y vías biliares son:
Dolor
en parte superior derecha del abdomen; sospecha de calculo biliar; colecistitis
Ictericia
Masa
palpable en la parte superior derecha del abdomen
Síntomas
recidivantes de ulcera péptica
Fiebre
de origen desconocido
Los posibles hallazgos
de una ecografía vesicular son los siguientes:
1.
Vesícula normal, de pared delgada (grosor inferior a 3 mm) sin imágenes
ecogénicas en su interior.
2.
Imágenes ecogénicas que generan una "sombra acústica" y se
desplazan con los cambios de posición del paciente. Corresponden a cálculos y
pueden detectarse con facilidad, incluso si son de pequeño tamaño.
3.
Lumen vesicular indetectable, reemplazado por una gran "sombra acústica"
que corresponde a uno o varios cálculos que lo ocupan totalmente.
El procedimiento tiene una certeza diagnóstica superior al 95%, con falsos
negativos de aproximadamente 3% y falsos positivos de alrededor de 2%.
1c.
La colecistografía oral fue por muchos años el método habitual para explorar
radiológicamente la vesícula biliar. el paciente recibía tabletas de un medio
de contraste que se absorbía en el intestino delgado y era eliminado por la vía
biliar y concentrado en la vesícula. El método tenía numerosas limitaciones:
no se podía utilizar durante el embarazo y no servía en pacientes con
ictericia. Hoy es parte de la historia de la medicina, puesto que fue
reemplazado con grandes ventajas por la eco tomografía.
1d.
La Tomografía Computada no tiene ventajas sobre la eco tomografía para
explorar la vesícula biliar.
2.- Examen de los
conductos biliares: Existen diferentes métodos
para obtener imágenes de la vía biliar :
2a.
Ante la sospecha de litiasis de vía biliar en un paciente con o sin ictericia,
la ecografía es el procedimiento de elección para iniciar el estudio de imágenes,
puesto que permite ver la vía biliar intrahepática y el conducto hepático común
en el 100% de los casos. La observación del colédoco es de menor rendimiento,
puesto que a menudo es dificultada por la interposición de gas del colon o del
duodeno.
Cualquier
proceso que dificulta el vaciamiento de la vía biliar lleva habitualmente a su
dilatación gradual, fenómeno que es fácilmente pesquisable por la ecografía.
Si este examen demuestra un hepato colédoco de diámetro igual o mayor a 10 mm,
se puede afirmar la presencia de una obstrucción con una certeza superior al
95%. A la inversa, un conducto biliar principal fino, de diámetro igual o
inferior a 5 mm, rara vez coexiste con una colédoco litiasis; pero no la
descarta totalmente.
No
siempre una dilatación del colédoco significa que existe una obstrucción
biliar actual; es posible que los cálculos hayan obstruido temporalmente el colédoco,
emigrando posteriormente al duodeno.
La
visualización ecográfica directa de cálculos dentro del colédoco se obtiene
sólo en un 50-60% de los casos de colédoco litiasis, por la dificultad para
explorar el colédoco distal, donde con frecuencia se localizan los cálculos.
2b.
Completada la exploración ecográfica es necesario precisar el sitio y la
naturaleza de la obstrucción de la vía biliar mediante procedimientos radiológicos
que permitan la visión directa del hepato colédoco y de las ramas intrahepáticas
de la vía biliar.
Existen
dos exámenes no invasivos que consiguen este objetivo con gran sensibilidad y
especificidad : la tomografía computada helicoidal con medio de contraste y la
resonancia nuclear magnética. Ambos tienen la ventaja de entregar información
más precisa que la ecografía, especialmente del sector distal del colédoco y
del páncreas. Constituyen exámenes ideales para explorar la vía biliar antes
de una colecistectomía laparoscópica. Desgraciadamente su costo es todavía
elevado y su disponibilidad en el sector público de la salud es habitualmente
escaso.
2c.
Como método alternativo de visualización se puede utilizar la colangiografía
retrógrada por vía endoscópica. Introduciendo un duodenoscopio se identifica
la ampolla de Vater, se procede a su canulación y se inyecta medio de contraste
en el colédoco distal. Si se dispone de un equipo entrenado de endoscopistas y
radiólogos, se obtiene éxito en un 80% de los casos. Entre las ventajas del
procedimiento cabe mencionar la baja morbilidad y mortalidad del procedimiento,
la posibilidad de explorar simultáneamente el esófago, estómago, duodeno y
ampolla de Vater y de obtener una pancreatografía, examen de gran utilidad si
se sospecha la existencia de una pancreatitis crónica o de un cáncer del páncreas;
además, se cuenta con la posibilidad de realizar una papilotomía endoscópica
y extraer cálculos del colédoco a través de ella.
La
colangiografía retrógrada es un examen que requiere de personal entrenado,
tiempo y necesita equipo de alto valor de reposición. Por todas estas razones
constituye un examen que debe ser practicado con indicaciones muy precisas. En
los últimos años este procedimiento se ha difundido a los principales
hospitales y se utiliza con
frecuencia para remover cálculos del colédoco descubiertos antes o durante una
colecistectomía laparoscópica.
2d.
Colangiografía intra y post-operatoria: La colélitiasis coexiste con una colédoco
litiasis en el 5 - 10% de los casos. Muchos pacientes tienen cálculos en el colédoco
sin que existan elementos clínicos, ecográficos o de laboratorio que permitan
sospecharlos antes de la operación. Por ello, en toda colecistectomía es
conveniente hacer una colangiografía intraoperatoria, contrastando el colédoco
a través del conducto cístico (colangiografía transcística). Este examen,
relativamente sencillo, reduce a un mínimo (1%) la incidencia de colédoco
litiasis residual.
Si
durante una lapatoromía clásica el cirujano ha explorado instrumentalmente el
colédoco colocando en él una sonda T, es obligatorio revisar radiológicamente
la permeabilidad de la vía biliar mediante una colangiografía post-operatoria
antes de retirar la sonda.
3.- La radiografía
de abdomen simple puede ser útil si se
sospecha la aparición de una fístula biliodigestiva. En este caso puede
aparecer gas en la vía biliar (neumobilia) asociado o no a la imagen propia de
un íleo mecánico si se ha producido una obstrucción del intestino delgado
distal por un cálculo ("íleo biliar").
IV. FORMAS CLINICAS
Con
los datos obtenidos de la anamnesis, del examen físico y del apoyo diagnóstico
de la radiología y del laboratorio, se pueden configurar las siguientes formas
clínicas de la litiasis biliar:
1.- Colélitiasis
asintomática
En
los exámenes practicados para investigar otras patologías (especialmente en
las ecografías) comúnmente se detectan cálculos vesiculares que han
permanecido silentes.
¿Qué
se debe aconsejar a un enfermo con colélitiasis asintomática? Durante muchos años,
esta pregunta ha sido motivo de controversia y, aunque cada vez se dispone de
mayor información acerca de la evolución espontánea de la enfermedad, no es
suficiente aún para adoptar normas universales y taxativas.
Algunos
estudios, realizados en Estados Unidos y en Italia, parecen indicar que la mayoría
de los litiásicos que nunca han tenido síntomas permanecen así durante muchos
años. En un estudio con ecografía vesicular practicado en el pueblecito de
Sirmione, al norte de Italia, se demostró que el 78 por 100 de los 132
pacientes en que se encontró colélitiasis no habían tenido nunca síntomas
propios de la enfermedad. Una experiencia parecida se obtuvo siguiendo la
evolución de 123 profesores de la Universidad de Michigan, en los que se detectó
una colélitiasis silenciosa mediante colecistografía. Al cabo de quince años
de observación, sólo un 18 por 100 de ellos había desarrollado síntomas.
Este trabajo mostró, además, que las complicaciones agudas de la enfermedad se
presentaron de forma excepcional en pacientes previamente asintomáticos.
Contrastan
con estos resultados las observaciones realizadas en el Estudio Cooperativo de
Colélitiasis, realizado hace algunos años en Estados Unidos. Este trabajo
permitió seguir, durante veinticuatro meses, a 305 litiásicos que cumplían
con los requisitos para ser tratados con ácidos biliares, pero recibieron
placebo. De ellos, 193 no habían tenido nunca síntomas biliares hasta el
momento de entrar en el estudio; 60 (31 por 100) los presentaron durante los dos
años de observación. La diferencia con los trabajos anteriores podría deberse
a que durante este estudio los enfermos fueron cuidadosamente interrogados cada
cuatro meses, lo que sin duda favorece el recuerdo de síntomas relativamente
menos intensos.
Trabajos
epidemiológicos realizados en Chile para investigar la historia natural de la
enfermedad, muestran que, a mediano plazo, la mayoría de los enfermos chilenos
con litiasis presentan cólicos biliares o complicaciones de la enfermedad. En
una población suburbana de Santiago se practicaron colecistografías a 625
voluntarios, elegidos al azar. En 47 de ellos se detectó una colélitiasis y se
los observó, durante un período de seis a diez años. Sólo 21 (45 por 100) de
estos enfermos permanecieron libres de molestias; 26 (55 por 100) presentaron cólicos
biliares y 11 (25 por 100) debieron ser operados durante el período de
observación. Cuatro de estos últimos requirieron cirugía de urgencia por
colecistitis aguda o ictericia obstructiva.
Un
excelente trabajo sobre la historia natural de la litiasis fue publicado por
Attili et al en 1995. Estos autores siguieron a 151 litiásicos (33 sintomáticos
y 118 asintomáticos) a lo largo de 10 años. La probabilidad de cólicos
biliares en los inicialmente asintomáticos fue de 12% a los 2 años, 16,5% a
los 4 años y 25% a los 10 años. La probabilidad de complicaciones mayores
(colecistitis aguda, colédoco litiasis, pancreatitis aguda) fue de 3% en los
asintomáticos y de 6,5% en los sintomáticos.
La
llamativa disparidad observada en estos trabajos epidemiológicos lleva a pensar
que la historia natural de la litiasis no es homogénea para todos los grupos de
pacientes. Existen evidencias que en muchas mujeres jóvenes la litiasis se hace
sintomática en un plazo más breve, obligando a una operación más precoz. Por
otro lado, se ha observado que la litiasis de los hombres debuta con mayor
frecuencia con complicaciones agudas (colecistitis aguda, colédoco litiasis).
2.- Colélitiasis
sintomática simple
Constituye
la forma más común de presentación clínica de la enfermedad. Se caracteriza
por una historia de cólicos biliares simples, cuya frecuencia e intensidad
tiende a aumentar con el paso del tiempo. El examen ecográfico verifica la
presencia de cálculos.
Como
se ha señalado, los síntomas "dispépticos" carecen de valor diagnóstico;
si son muy llamativos obligan a un estudio más detenido del paciente y al
tratamiento de otras patologías digestivas, como el reflujo gastroesofágico,
el colon espástico o la constipación, que a menudo coinciden por azar con la
litiasis.
3.- Colecistitis
"aguda"
Para
que se desencadenen la inflamación aguda y la necrosis se requiere el efecto
combinado de la ectasia, la irritación química de la mucosa y la isquemia de
la pared vesicular.
El
mecanismo más común de ectasia es la obstrucción mantenida del
conducto cístico por un cálculo. Conviene recordar que también puede existir
ectasia en el ayuno prolongado: se han observado casos de colecistitis aguda
alitiásica en pacientes mantenidos por largo tiempo con alimentación
parenteral.
Se
acostumbra atribuir la irritación química de la mucosa a la presencia
de sales biliares concentradas, lo que parece discutible, porque la simple
ligadura del cístico en animales de experimentación no desencadena el cuadro
agudo, aunque la vesícula contenga sales biliares. En experimentos realizados
en el prairie dog, se ha determinado que el factor imitativo más
importante parece ser la presencia de bilis sobresaturada, rica en cristales de
colesterol. También se ha postulado que fosfolipasas de origen vesicular o
pancreático podrían atacar a las lecitinas biliares, liberando lisolecitinas
capaces de destruir membranas celulares y desencadenar el fenómeno
inflamatorio.
La isquemia
es de gran importancia para explicar la necrosis de la pared vesicular.
Contribuyen a ella la trombosis de los vasos císticos, por la compresión del
bacinete, y la hipertensión que se produce en el lumen durante la obstrucción,
la que también reduce el flujo sanguíneo a la mucosa.
Se
ha descartado que las bacterias desempeñen un papel fundamental en la patogenia
de la colecistitis "aguda", porque en un 30 por 100 de estos pacientes
los cultivos de bilis y de pared vesicular no muestran desarrollo de gérmenes.
Las bacterias encontradas en los casos infectados seguramente corresponden a la
proliferación, en una cavidad cerrada, de la flora mixta de origen entérico
que se encuentra en más de un tercio de los casos de colecistitis crónica litiásica.
El
proceso de inflamación y necrosis compromete habitualmente todo el espesor de
la pared, alcanzando hasta la serosa, en cuya superficie se produce un exudado
rico en fibrina que aglutina a los órganos vecinos en torno de la vesícula
enferma (plastrón vesicular). Generalmente, en este proceso adherencial
participan el bulbo duodenal, el epiplón mayor, el colon y, con menor
frecuencia, el colédoco y el antro gástrico.
Si
la isquemia es de gran intensidad, la necrosis termina por destruir la pared
vesicular y sobreviene la perforación. En casos excepcionales, este proceso es
fulminante y lleva a una peritonitis biliar. En cambio, si la perforación
ocurre con el plastrón ya establecido, se constituye un absceso perivesicular,
que puede quedar limitado al espacio subhepático, migrar al espacio subfrénico
o buscar camino hacia el tubo digestivo vecino, estableciendo una fístula
biliodigestiva. De éstas, la más común es la colecistoduodenal; más raras
son las fístulas colecistocoledociana y colecistocolónica.
El
paso de un cálculo grande al duodeno puede conducir a un íleo biliar por su
atascamiento en el intestino delgado distal.
En
la mayoría de los casos, la colecistitis "aguda" corresponde en
realidad a una colecistitis crónica reagudizada. Los repetidos episodios de
obstrucción transitoria del cístico y la presencia de los cálculos van
produciendo una inflamación crónica y fibrosis de la pared vesicular, con
atrofia de la mucosa. Sólo el 1-2 por 100 de los casos de inflamación aguda se
presentan en una vesícula previamente sana. Ello suele suceder en el curso de
una fiebre tifoidea (colecistitis tifica), o en pacientes con ectasia vesicular
prolongada (alimentación parenteral).
Habitualmente,
el diagnóstico de colecistitis "aguda" es sencillo. Se hace por la
presencia o por el antecedente reciente de un cólico biliar complicado por
fiebre persistente de intensidad moderada, defensa muscular involuntaria y
palpación de una masa en la región vesicular. En caso de duda se recurre a la
ecografía, que muestra la litiasis y el engrosamiento de la pared vesicular.
Un
25 por 100 de los casos de colecistitis "aguda" presentan ictericia
durante su evolución: en la mayoría de ellos, el fenómeno se debe a una
coledocolitiasis, o a la compresión del colédoco por un cálculo grande
enclavado en el bacinete. En los pacientes en que no se encuentra una causa mecánica,
se supone que la ictericia puede ser debida a una colestasia por endotoxinas
bacterianas. En todo caso, una bilirrubinemia superior a 5 mg., en el curso de
una colecistitis "aguda", permite asegurar que existe una
coledocolitiasis asociada.
4.-
Coledocolitiasis
Entre
un 5 y un 10 por 100 de los casos de colelitiasis presentan simultáneamente cálculos
en el colédoco. Estudios en autopsias han demostrado que esta asociación va en
aumento con la edad, alcanzando hasta un 20% en litiásicos mayores de 60 años.
Al
parecer, la migración silenciosa de cálculos de la vesícula al colédoco, y
de allí al duodeno, es un fenómeno relativamente común; se han encontrado cálculos
biliares en las deposiciones de pacientes con colelitiasis asintomática, y no
es raro que la exploración radiológica o quirúrgica de la vía biliar en un
enfermo con un cuadro típico de coledocolitiasis no demuestre los cálculos,
porque éstos ya pasaron al tubo digestivo.
En
la mayoría de los pacientes, los cálculos coledocianos se originan en la vesícula
biliar: de hecho, su forma y composición son similares a las de los cálculos
vesiculares. Los pequeños cálculos que migran a través del cístico siguen
creciendo en el colédoco por aposición de colesterol; simultáneamente, se
produce una dilatación gradual de la vía biliar que, con los años, puede
llegar a un diámetro de 2 cm. o más.
Con
menor frecuencia, los cálculos coledocianos se originan en la misma vía
biliar: ello se observa en casos de estenosis del hepático común o del colédoco,
en los que se desarrollan cálculos pardos de bilirrubinato, o mixtos. Este fenómeno
desaparece si se corrige la estrechez o se deriva la vía biliar dilatada al
duodeno. En casos excepcionales, como la enfermedad de Caroli (dilataciones
saculares de los conductos biliares secundarios) se describe la formación de cálculos
de colesterol en la vía biliar intrahepática.
La
forma clásica de presentación de la coledocolitiasis es la coexistencia de
dolor, ictericia y fiebre. Sin embargo, esta combinación sólo se observa en un
tercio de los pacientes; en la mayoría, la enfermedad se manifiesta por sólo
uno o dos de estos síntomas.
Habitualmente,
el cólico biliar de la coledocolitiasis es complicado, de gran
intensidad, y se asocia a estado nauseoso y vómitos rebeldes. Puede prolongarse
durante varias horas y, si alivia con antiespasmódicos, tiende a reaparecer
precozmente. Se le puede confundir con un cólico ureteral derecho: es útil
tener presente que en este caso, el paciente aparece muy inquieto, mientras que,
si el dolor es de origen biliar, tiende a permanecer postrado en su cama.
La ictericia
puede ser fugaz o subclínica, manifestándose sólo por una coluria
transitoria. En otros casos, el enclavamiento de un cálculo en la ampolla de
Vater da origen a una ictericia prolongada, que en los enfermos ancianos puede
complicarse con una enfermedad tubular aguda.
La fiebre
aparece en brotes aislados, precedidos por escalofríos; durante varios meses,
estos episodios puede constituir la única manifestación de la enfermedad.
En
los pacientes seniles, la coledocolitiasis suele ser causa de anorexia y de pérdida
de peso, simulando una enfermedad neoplásica.
5.- Colangitis
supurada
Constituye
una complicación muy grave de la litiasis biliar. Estudios bacteriológicos han
demostrado que la coledocolitiasis se asocia, en un 75 por 100 de los casos, a
contaminación bacteriana de la vía biliar. Habitualmente se trata de flora
mixta, de origen entérico, en la que predominan los gérmenes aerobios (E.
coli, Klebsiella, Proteus),aunque también pueden existir anaerobios (B.
fragilis, C. perfringens). Mientras que no haya obstrucción, la presencia
de estas bacterias no tiene consecuencias mayores; al sobrevenir el
enclavamiento de un cálculo en la ampolla, suele desencadenarse una supuración
coledociana aguda, que asciende por la vía biliar y se acompaña de una
septicemia.
Los
síntomas más frecuentes de la colangitis supurada son el dolor en el
hipocondrio derecho, la ictericia y la fiebre acompañada por escalofríos. A
las pocas horas de evolución aparece un compromiso hemodinámico que evoluciona
hacia el shock séptico, y alteraciones de conciencia que pueden llevar
al coma. Si no se procede con urgencia a
descomprimir la vía biliar esta complicación es rápidamente fatal. Ello
se realiza colocando un catéter nasobiliar mediante una colangiografía endoscópica,
la que puede permitir simultáneamente la extracción de los cálculos.
OBJETIVOS
objetivo principal
·
Determinar el valor predictivo del Diagnostico presuntivo en
relación con la ecografía Diagnostica en la colélitiasis.
Objetivos específicos
·
Hacer la relación del Diagnostico presuntivo en relación con las
indicaciones de ecografía biliar y vías biliares.
·
Determinar si las ecografías son solicitadas con Diagnósticos
presuntivos correctos tomando como parámetro internacional el CIE-10.
METODOLOGÍA
I.
Tipo de investigación.
La
investigación realizada es de tipo retrospectiva comparativa.
II.
Lugar y tiempo
La
investigación se realizo en el servicio de ecografía del Hospital
Universitario Japonés en el periodo comprendido entre el
primero de marzo al primero de junio del 2005.
III.
Muestra.
La
muestra obtenida son todos los pacientes atendidos por consulta externa en el
servicio de medicina interna a los cuales se les haya solicitado una ecografía
de vesícula biliar en el periodo comprendido entre el
primero de marzo al primero de junio del 2005.
IV.
Material utilizado.
Para
la obtención de los datos se hizo la revisión de todas las ordenes de
solicitud de ecografía de vesícula biliar emitidas en consulta externa y se
hizo la revisión del libro de ecografías realizadas en el servicio de ecografía
en el periodo comprendido entre el primero
de marzo al primero de junio del 2005.
V.
Procesamiento de datos.
Todos
los datos fueron procesados y analizados utilizando Microsoft Excel y Microsoft
Word.
TABLAS Y GRAFICOS
Total de Diagnósticos presuntivos y
Diagnósticos ecográficos encontrados
Tabla 1
|
Dx
presuntivo
|
Total
|
|
Colélitiasis
|
38
|
|
colecistopatía
|
25
|
|
epigastralgia
|
16
|
|
cólico
vesicular
|
13
|
|
Dolor
en hipocondrio derecho
|
12
|
|
Colecistitis
|
10
|
|
no
determinado*
|
9
|
|
litiasis
vesical
|
4
|
|
Control
|
3
|
|
Pancreatitis
|
3
|
|
Cálculos
neoformados y/o residuales
|
2
|
|
Coledocolitiasis
|
2
|
|
Hepatopatía
|
2
|
|
antec
colelitiasis/coledoco dilat
|
1
|
|
Colecistitis
con arenilla
|
1
|
|
colecistopancreatitis
|
1
|
|
Dolor
abdominal
|
1
|
|
enfermedad
peptica
|
1
|
|
Ictericia
|
1
|
|
Litiasis
vesicular
|
1
|
|
Masa
en hipocondrio derecho
|
1
|
Tabla
2
|
Dx
ecografico
|
Total
|
|
ecografia reportada normal
|
58
|
|
colecistopatia litiasica
|
56
|
|
Colecistectomisado normal
|
14
|
|
Vesicula Atrofica litiasica
|
4
|
|
Hepatomelagia
asociada a otras patologías***
|
3
|
|
no informado**
|
3
|
|
Atrofia renal derecha
|
1
|
|
esteatosis hepatica
|
1
|
|
Estomago con paredes engrosadas
|
1
|
|
Hipertensión portal, esplenomegalia
|
|