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Anticoncepcion de Emergencia: Una opcion a considerar ante la debacle de la Salud Reproductiva en Guatemala


Enviado por Dr. Jorge Osvaldo Mandina Llerena
Código ISPN de la Publicación: EElEypZpyVEjygwCFf


Resumen: Casi tan antiguo como el reconocimiento del hombre de su capacidad reproductora, son tambien sus ingentes esfuerzos en la busqueda de metodos ideales para el control de la natalidad. Una larga historia recoge la evolucion de los metodos anticonceptivos, desde el antiguo Egipto, en epoca tan remota como la XII Dinastia, hasta nuestros tiempos


   

  

BRIGADA MEDICA CUBANA
GUATEMALA


ANTECEDENTES HISTÓRICOS DE LA ANTICONCEPCIÓN DE EMERGENCIA
Casi tan antiguo como el reconocimiento del hombre de su capacidad reproductora, son también sus ingentes esfuerzos en la búsqueda de métodos ideales para el control de la natalidad. Una larga historia recoge la evolución de los métodos anticonceptivos, desde el antiguo Egipto, en época tan remota como la XII Dinastía, hasta nuestros tiempos.

Sin embargo, independientemente del progreso y alto grado de desarrollo alcanzado en la anticoncepción, existe aún una problemática casi común a todos los contraceptivos fabricados hasta hoy consistente en la necesidad imperiosa de su uso o implantación antes del acto sexual en sí, lo cual como se sabe constituye la principal desventaja de unos y el principal factor que propicia la falta de empleo o inadecuada colocación de otros. 

Así, si tenemos en cuenta que de vez en cuando la naturaleza humana, los fallos del método anticonceptivo (ruptura, desplazamiento, etc.), el abuso sexual (ya sea por conocidos o desconocidos) o la administración incorrecta de los métodos hormonales, ponen a la mujer bajo el riesgo de un embarazo no deseado con su amplia gama de negativas consecuencias, máxime cuando ocurre en la adolescencia;2,3 podemos comprender entonces por qué en la larga carrera hacia la obtención del método anticonceptivo ideal, el hombre también ha intentado encontrar un mecanismo que dé solución a la situación que puede enfrentar una mujer en cualquiera de los casos antes señalados, un método que pueda ser empleado posterior a una relación desprotegida, y que evite así el desarrollo de una gestación cuando aún no están creadas todas las condiciones para la misma, o peor aún la concepción de un hijo no deseado.
La historia recoge que en el siglo VIII existía la creencia en Persia que estornudar y dar los siete saltos mágicos hacia atrás después del coito desalojaba el semen, mientras que en Francia diez siglos después todo buen hotel tenía una ducha postcoital a disposición de sus parroquianos.4

A pesar de que hoy se comprende perfectamente la inutilidad de semejantes alternativas, estas fueron empleadas durante siglos y no fue hasta la década del 60 de la pasada centuria (1964) que se le comenzó a dar un enfoque verdaderamente científico a esta problemática, cuando el Dr. Ary Haspels en Holanda, experimentó tratar a mujeres víctimas de violación con dosis altas de Etinilestradiol en un intento de evitar el embarazo; mientras que al mismo tiempo Morris y Van Wagenen estudiaban los efectos del Dietil-estilbestrol en monas como una técnica postcoito para evitar el embarazo.4 No obstante, no fue hasta el año 1974 que el médico canadiense Dr. Albert Yuzpe logró instaurar un régimen de altas dosis de estrógeno que comenzó a comercializarse y aún hoy es el más usado en el mundo, conocido como el método Yuzpe.

Estos investigadores comprendieron que se necesitaban altas dosis de anticonceptivos hormonales (aumentando así su eficacia) para evitar la fecundación o implantación del huevo en el endometrio, ya que tan solo 90 segundos después de la eyaculación intravaginal los espermatozoides se mezclan con el mucus cervical y si este se halla en estado favorable, las células reproductoras masculinas pueden llegar a las trompas uterinas dentro de los 5 a 15 minutos después de la eyaculación. 4

Otras investigaciones posteriores buscando un método alternativo demostraron que un DIU de cobre insertado hasta cinco (a lo sumo siete) días después del coito podía también evitar el embarazo.4

Surgía de esta forma la Anticoncepción de Emergencia (AE), un método, que como todos, presenta sus desventajas, pero que indudablemente es de uso acertado en casos de relaciones sin protección motivado por infinidad de causas. 

MILLONES DE MUJERES VIVEN BAJO LA AMENAZA CONSTANTE DE UN EMBARAZO NO DESEADO
Si recordamos lo que señalábamos anteriormente relativo al empleo de la AE después de relaciones no protegidas, tenemos indudablemente a la violación como una de las principales causas que motivarían su uso. En todas las latitudes del planeta un número considerable de mujeres son violadas cada día por hombres desconocidos, y ante la posibilidad de quedar embarazadas aparece la AE como un método efectivo para evitar esta situación. Existe también otra cantidad nada despreciable de mujeres, que son violadas por conocidos o sufren abuso sexual de sus propias parejas, y que no se conocen con exactitud ya que no hacen denuncias por miedo a represalias. Un estudio realizado por Family Health International en Bolivia mostró que más del 50 % de las mujeres habían sido agredidas físicamente por su compañero, y la tercera parte de ellas habían sido forzadas a tener relaciones sexuales contra su voluntad. Un estudio realizado en Uttar Pradesh, India, observó que los embarazos no planificados eran 2,6 veces más comunes en las esposas de los hombres que cometían abuso, especialmente los que cometían abuso sexual a la fuerza, que en las esposas de los hombres que no cometían abuso. Otro estudio relativo al coito forzado en unas 750 mujeres que tenían acceso a los servicios de un Dispensario de Salud de la Mujer en una zona pobre de Haití, mostró que las mujeres cuyo embarazo no había sido planificado tenían 1,7 más probabilidades de haber sido víctimas de coito forzado que las otras mujeres estudiadas.6

La situación adquiere matices de catástrofe cuando se tiene en cuenta el factor edad: De acuerdo a la UNICEF en América Latina, solo uno de cada tres casos de abuso sexual es denunciado, y el 80 % de dichas denuncias corresponde a niñas o adolescentes. Otra fuente señala que entre el 30 y 50 % de las víctimas de violación o intento de violación tienen menos de 15 años, y alrededor del 20 % tiene menos de 10 años según estudios realizados en Chile, Perú, Malasia y Estados Unidos.7, 8

Por otra parte, el fenómeno se multiplica cuando al desconocimiento de las mujeres o a la falta de disponibilidad de métodos, se suma la negativa de los hombres. En algunos lugares estos se oponen al uso de anticonceptivos “convencionales”, y se quejan de que la anticoncepción los puede volver estériles o reducir el placer sexual. Esto puede provocar un comportamiento violento del hombre con su pareja, y con esto un embarazo involuntario y un hijo no deseado.9

La ruptura o deslizamiento del condón, diafragma o cualquier otro método de barrera también constituyen motivos para el uso de la AE, 10 puesto que la mujer corre el riesgo de quedar embarazada cuando en realidad intentaba protegerse de esto. También es posible que algunas mujeres no se atrevan a proponer a su pareja el uso del condón ya que este suele asociarse con infidelidad y su sola sospecha generaría violencia en el hogar.9

Las alteraciones en el consumo de la píldora (cuando la mujer olvida tomarse dos o más píldoras o comienza un paquete dos o más días después de la fecha indicada11) también ponen a infinidad de mujeres ente el riesgo de un embarazo de deseado. Esta dificultad surge bastante a menudo12 provocando por supuesto el fracaso de la eficacia de la terapia hormonal regular.

En nuestra experiencia particular como médico en un Centro de Salud de Guatemala debemos señalar que no es precisamente el olvido el consumo de la píldora nuestra mayor preocupación, sino las disímiles irregularidades relacionadas con la administración trimestral de la inyección de Depo Provera, que es el método anticonceptivo de mayor difusión entre nuestras pacientes. En un pequeño análisis realizado en nuestras tarjetas de Planificación Familiar encontramos un total de 237 usuarias de este método anticonceptivo. 

De estas, 48 (20,3 %) pacientes hace más de cuatro meses que no asisten a nuestro Centro de Salud a reactivar su inyección, sin que podamos conocer si este hecho se debe a su deseo de volver a adquirir su capacidad reproductiva concientemente, o a otras causas que las mantengan en este momento sin protección anticonceptiva y bajo la amenaza de un embarazo no deseado. De las 189 pacientes restantes, un total de 134 (70,9 %) en algún momento desde que comenzaron a usar este método se han atrasado una cifra variable de días a la hora de reactivar su inyección, quedando durante este tiempo igualmente a expensas de una relación sexual desprotegida con sus posibles consecuencias.

Otras mujeres que pueden emplear la AE, y de las cuales existen muchas en este país por las condiciones propias de su economía serían aquellas que tengan relaciones sexuales con muy poca frecuencia (parejas que viven y trabajan en diferentes zonas y que por consiguiente tiene un contacto sexual infrecuente) 13, así como usuarias de espermicidas que empleen la AE como método de respaldo.14

Además, no podemos olvidar nunca que por cuestiones de naturaleza humana y por la gran intensidad emocional que rodea al momento del coito, una pareja en más de una ocasión, se expone a relaciones desprotegidas de las cuales se arrepienten en la mañana siguiente, y en este momento muchas veces desconocen la existencia de la AE. Lo mismo suele ocurrirles a mujeres (sobre todo adolescentes, por predominar en esta edad el bajo nivel de conocimientos sobre educación sexual y una mayor tendencia al tabaquismo, alcoholismo y otras conductas despreocupadas15) que tienen relaciones sexuales con hombres prácticamente desconocidos, influenciadas estas, muchas veces por el consumo de alguna droga, etc.

CUÁNTO SE PODRÍA EVITAR CON EL USO ADECUADO DE LA ANTICONCEPCIÓN DE EMERGENCIA
Resultan realmente incontables la cantidad de daños y prejuicios a la salud humana, y en particular de mujeres y niños, que se evitarían cada día con el conocimiento y empleo adecuado de la AE. 

Conocida y demostrada su eficacia anticonceptiva por infinidad de estudios,16-20 y aprobado su uso en diversos países del mundo, resulta preocupante observar como aún siguen ocurriendo en el planeta millones de embarazos no deseados, con el consiguiente nacimiento de niños no esperados que desde que abren los ojos al mundo, sus vidas está para siempre signadas por la desolación y el olvido; cómo acontecen decenas de miles de muertes o alteraciones permanentes a la salud de jóvenes y adolescentes a causa de abortos en condiciones paupérrimas de salud; y cómo infinidad de adolescentes ven truncados sus más vitales sueños por el simple hecho de no saber que aún cuentan con una esperanza.

Los embarazos no deseados por la falta de uso de métodos anticonceptivos apropiados, y la culminación de estos por métodos no del todo seguros para la vida –entiéndase abortos inducidos– es una problemática que afecta prácticamente a todas las regiones del planeta. Cada noche en Estados Unidos, aproximadamente 16 millones de parejas tienen relaciones sexuales, aproximadamente 36 000 condones se rompen o se deslizan y más de 700 000 mujeres en riesgo de quedar embarazadas involuntariamente no usan ninguna protección a pesar de que no desean un embarazo.21 

En África, el 86 % de las mujeres casadas en edad reproductora no usan anticonceptivo alguno; en el sudeste asiático este fenómeno toca al 66 % de ellas y en América Latina al 44 %. En todo el mundo más de 120 millones de mujeres no usan anticonceptivos porque no tienen acceso al método más conveniente y aceptable para ellas. Adicionalmente, 350 millones de parejas que desean posponer o prevenir el embarazo no tienen acceso a método anticonceptivo alguno. Cerca de 42 millones de hombres en todo el mundo usan el condón como método anticonceptivo, pero estudios han revelado que aproximadamente el 7 % de estos se rompen y el 2 % se corren, con el consecuente riesgo de un embarazo involuntario cuando se deseaba realmente tener una relación protegida.22 

Por otra parte el peligro de los abortos es mucho mayor
Un tercio de todas las mujeres del tercer mundo viven en países donde el aborto es esencialmente ilegal por cualquier motivo. Así, anualmente se hacen en el mundo entre 10 y 22 millones de abortos ilícitos o clandestinos con todas las condiciones de inseguridad que esto trae consigo. Según estudios recientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), al menos 20 a 21 millones de abortos realizados legal o ilegalmente son inseguros para la vida de la paciente (4 millones de estos en América Latina). Se estima que la mortalidad está entre 67 000 y 204 000 muertes cada año, tan solo en países en vías de desarrollo. Todo esto sin incluir otras complicaciones como la infertilidad u otros daños a la salud de las pacientes. Por ejemplo: En Brasil cada año son hospitalizadas 300 000 mujeres por complicaciones relacionadas con el aborto. En este país, México y República Dominicana, el 42 % de todas las mujeres a las que se les realizan abortos experimentan complicaciones, pero se estima que tan solo menos del 30 % de estas llegan a obtener tratamiento médico.22

Otros estudios refieren que cada año los abortos en condiciones de riesgo producen la muerte de unas 80 000 mujeres. Otras muertes maternas ocurren de embarazos imprevistos y que no están relacionados con abortos.23

Si enfocamos el problema del embarazo no deseado en jóvenes adolescentes la situación se torna mucho más complicada. Si tenemos en cuenta que según cálculos de las OMS, casi el 30 % de los seis mil millones de personas que habitan el mundo son adolescentes, y que solo en América Latina y el Caribe la población adolescente asciende a 148 millones de jóvenes, no debemos tomar a la ligera el asunto del embarazo en este rango de edad, cuando sabemos el enorme riesgo que entraña para la madre y su futura descendencia, máxime si a esto le agregamos que se señala que a la edad de 20 años todos los jóvenes de la región, ya han iniciado una vida sexual activa, independientemente de su estado civil. 24
Un estudio realizado en Costa Rica en el 2001, reveló que solo usaban anticonceptivos el 52 % de un extenso grupo de adolescentes sexualmente activas entre 13 y 17 años.25 No obstante, otros estudios muestran cifras más alarmantes señalando que en los países en desarrollo solo 16 – 17 % de las mujeres casadas entre 15 y 19 años utilizan anticonceptivos. En Colombia, uno de los países con mayor prevalencia anticonceptiva de la región, solo 7,6 % de las mujeres sexualmente activas en este mismo rango de edad utiliza un método moderno de anticoncepción y solo 11 % en total, utiliza algún método.24

Según el Instituto Alan Guttmacher, en Latinoamérica se producen unos 6 millones de abortos al año y 10% de todos estos abortos ocurren en adolescentes. Por otro lado, el mismo Instituto reporta que las mujeres menores de 20 años contribuyen en forma desproporciona con los casos de complicaciones y mortalidad relacionadas con abortos.

El embarazo juvenil cambia el proyecto de vida de las adolescentes, provocando un abandono obligatorio de sus metas futuras por la necesidad de afrontar nuevas responsabilidad ligada al desarrollo del hijo. Además se ha demostrado que el embarazo en esta etapa se asocia a una mayor deserción escolar, prostitución, drogadicción, paternidad irresponsable, abandono infantil y abuso sexual. 

Los riesgos en la salud de la madre y el niño son significativamente mayores si no existe una verdadera planificación familiar. Estas cifras pueden alcanzar 3 a 4 veces más el riesgo de muerte en madres adolescentes y una mortalidad infantil de 33% en niños con madres menores de 17 años.26
Por otra parte se plantea que aproximadamente 35% de las jóvenes latinoamericanas tienen su primer hijo antes de los 20 años.27 Según se calcula, las mujeres que comienzan la procreación cuando aún son adolescentes acaban teniendo dos a tres veces más hijos que las que retrasan el primer nacimiento hasta que tienen cuando menos veintitantos años.28 

En Guatemala, la situación quizás sea una de las más comprometidas en todo el continente americano, si tenemos en cuenta que el 28 % de las mujeres de este país tienen su primer hijo antes de los 18 años.29 No obstante, existen aún datos más preocupantes: Según un estudio muy serio publicado este año por la Revista Chilena de Obstetricia y Ginecología, la Tasa Global de Fecundidad y la Tasa Cruda de Natalidad por 1000 habitantes en Guatemala tienen cifras de 4,3 y 33,6 respectivamente, siendo ambas variables las más elevadas de todo el continente americano. La Razón de Mortalidad Materna reportada por 10 000 nacidos vivos es de 152 (la quinta más alta en el continente) y la Prevalencia de uso de métodos anticonceptivos en mujeres en edad fértil es de 38 % siendo la tercera cifra más baja en el continente solo superada por Haití y Guyana.30

Por último, en un análisis estadístico realizado por los autores de este trabajo, Guatemala ocupa el penúltimo lugar en cuanto a Salud reproductiva y Planificación familiar en Las América solo seguido de Haití, a pesar de ser uno de los países del continente con mayor porcentaje del PIB empleado en gastos de salud.30 Esto muestra sin dudas una baja eficacia y eficiencia en los logros con relación a la salud reproductiva, ya que pese a destinar una proporción importante de sus recursos a la salud, no logran buenos resultados en la misma.

BARRERAS AL USO DE LA ANTICONCEPCIÓN DE EMERGENCIA EN GUATEMALA
Una extensa revisión de literatura científica nos permite asegurar que la AE es un método ampliamente difundido en diversas regiones del mundo, pero independientemente de esto el gran problema que envuelve su uso es que su conocimiento aún no está generalizado, ni en todas las latitudes del planeta, ni en todas las capas sociales de disímiles países. En Guatemala, por ejemplo la situación es realmente llamativa, pues independientemente de que en la página WEB del Consorcio Latinoamericano sobre Anticoncepción de Emergencia se señala que en este país está disponible este tipo de contracepción, curiosamente ni el Programa Nacional de Salud Reproductiva, ni toda la otra gama de póster y/o documentos informativos existentes en la red nacional de Puestos y Centros de Salud se hace mención a la anticoncepción postcoital.(31)

Si bien es cierto que en los Servicios de Salud Pública de Guatemala, al igual que en infinidad de otros países, no existe una píldora fabricada exclusivamente con los patrones necesarios para ser empleada como dosis única en la anticoncepción postcoital; debemos señalar que existe el Lo – Femenal que a pesar de haber sido creada para su uso regular, sus concentraciones de 0,3 mg de norgestrel y 0,03 mg de etinil-estradiol, permiten que pueda además emplearse como Método de Yuzpe32 a razón de una dosis inicial de 4 tabletas en las primeras 72 horas después del coito desprotegido, seguida de una dosis de refuerzo de 4 tabletas más 12 horas después de la primera. Por su parte los Dispositivos Intrauterino, el otro método empleado en la AE, están también disponibles de forma gratuita en todos los Puestos y Centros de Salud de la República Guatemalteca. No obstante, la precaria situación de salud reproductiva en el país da la medida de que la AE no está siendo explotada al nivel que demanda su población.
La barrera más grande al uso de la AE es sin dudas que muchos proveedores no están al tanto de su disponibilidad y eficacia.(13)

En una encuesta realizada entre 1993 y 1994 por Family Health International, a 1 586 profesionales de la atención de salud en 15 países, solo 209 conocían la AE. En Kenia en 1996, menos de la mitad de unos 90 proveedores estaban al tanto del método. En otro estudio realizado en Ghana en 1997, solo aproximadamente la tercera parte de los 325 proveedores encuestados habían oído hablar de la AE, pero ninguno sabía como suministrarla correctamente.4

En otro análisis reciente en los Estados Unidos se encontró que de 775 Consultorios de Planificación Familiar, 140 no suministraban píldoras anticonceptivas de emergencia.33 Entre las causas de este desconocimiento se señalan falta de recursos, de información y de apoyo institucional a las decisiones de los proveedores. Además también se señala que en una gran cantidad de países las etiquetas de los anticonceptivos orales no informan que se pueden emplear en la anticoncepción de emergencia, lo cual impide muchas veces que sean recetados.13 Esta problemática, en particular la encontramos en Guatemala en lo referido al Lo – Femenal.

En otros casos los proveedores no ofrecen información al respecto porque les preocupa que ponga en peligro la salud de sus pacientes o creen que tales métodos puedan actuar como abortivos, a pesar de que está plenamente demostrado que la AE tiene una eficacia de alrededor del 98 % y un meta-análisis de 12 estudios realizados entre 1969 y 1999 indica que no hay una sola relación entre el empleo de píldoras anticonceptivas de emergencia y defectos en el nacimiento,34 ni su uso parece afectar en nada la fecundidad futura. Además en 1997 el organismo gubernamental de supervisión de alimentos y fármacos de Estados Unidos (U.S. Food and Drug Administration) declaró que el uso de los anticonceptivos orales combinados como métodos de emergencia es inocuo y efectivo,35 señalándose en estudios posteriores que el empleo de anticonceptivos orales en este tipo de anticoncepción previene aproximadamente ¾ de los embarazos que de otra manera hubieran ocurrido, planteándose de igual modo que el riesgo de embarazo después de un coito sin protección en la segunda o tercera semana del ciclo menstrual es de 8 % y cuando se emplea la contracepción oral de emergencia esto disminuye al 2 %.36

La eficacia de los DIU en su uso postcoital está de igual forma plenamente demostrada. Así por ejemplo, en una investigación, de 299 mujeres que emplearon el DIU como AE ninguna quedó embarazada, y en otra de 879 mujeres solo en una el método fracasó.37 Por su parte, en la década del 80 del pasado siglo Van Santen, publicó en Holanda una serie de inserciones postcoitales de DIUs con un 100 % de eficacia contra el embarazo.13 Otros estudios indican que por ejemplo la T de cobre es casi tan eficaz como la esterilización masculina o femenina.38

La segunda barrera importante al uso de la AE radica en que muchas mujeres no saben que este método está a su alcance y que el factor tiempo es muy importante para obtener una adecuada efectividad del mismo.39 Numerosos estudios indican que muchas mujeres no saben que existe la AE y si la conocen no saben dónde obtenerla o cómo y cuándo usarla. Así las cosas, en Kenia solo el 10 % de las 282 pacientes encuestadas en un estudio de 1996 estaban enteradas de la existencia de este método; en México fue el 18 % y en Indonesia, el 5 %.40 

Algo que curiosamente también ocurre es que las mujeres que conocen la AE no la usan porque niegan estar embarazadas.41, 42

En Guatemala, otra situación muy particular imprime matices diversos a la selección de la AE como método contraceptivo y tiene que ver con las creencias religiosas de la población. Cómo se sabe esta es una sociedad en la que prácticamente la totalidad de sus habitantes profesan algún tipo de religión, y también es conocido que durante años muchas de las denominaciones religiosas de mayor protagonismo en nuestros países latinoamericanos se han opuesto al empleo de métodos de interrupción del embarazo señalándolos de asesinatos contra vidas inocentes.


Así las cosas, la AE prácticamente desde su inicio está en la mira de los autodenominados grupos Pro-Vida, pues el hecho de que este tipo de contracepción sea empleado después del acto sexual, ha provocado que muchos desconocedores de la fisiología de la reproducción humana le llamen “aborto químico”, y señalen además que su nombre de anticoncepción postcoital no es otra cosa que el enmascaramiento de un aborto realizado con medicamentos. Sin embargo como se conoce la Federación Internacional de Gineco Obstetricia (FIGO), señala que el embarazo comienza únicamente después de la implantación del huevo fecundado en el endometrio uterino lo cual ocurre varios días después del coito (de 5 a 6 días), siendo abortivos los procederes que se empleen para la culminación de la gestación después de este momento; y anticonceptivos los que se empleen antes. Así, por definición la Anticoncepción de Emergencia al actuar en un momento previo a la implantación no puede considerase como abortivo. 

Inclusive en muchas ocasiones con el empleo adecuado de la AE no llega ni siquiera a ocurrir la unión de los gametos masculinos y femeninos. Así las mujeres que usan la AE previenen el embarazo antes de su inicio y al parecer el mecanismo de acción de los anticonceptivos orales en este método depende de la interferencia que provoca en la ovulación, la fertilidad, el transporte del huevo, la formación del revestimiento del útero o la fecundación.43 No existe un modo de acción único; este depende del momento del ciclo menstrual y de otros factores tales como la sensibilidad de las personas a las hormonas administradas, etc. Por ejemplo si la AE actuó 2 a 6 días antes de la ovulación esta suele suprimirse no poniéndose jamás el óvulo en contacto con los espermatozoides.44
 
Los DIU, al igual que los anticonceptivos orales impiden el embarazo mediante varios mecanismos de acción.37 Uno de estos está relacionado con la interferencia que hacen los dispositivos en la capacidad de los espermatozoides de sobrevivir y subir por las trompas de Falopio donde ocurre la fecundación,45 teniendo en cuenta lo que señalábamos anteriormente que la fecundación ocurre varios días después del coito ya que independientemente de que el óvulo no fecundado solo vive un máximo de 24 horas después de la ovulación, los espermatozoides pueden vivir hasta 5 días en el aparato femenino.46

 La interferencia en la capacidad vital de los espermatozoides por parte del DIU está dada porque ante la presencia de un cuerpo extraño en el útero, el endometrio reacciona liberando glóbulos blancos, enzimas y prostaglandinas que afectan a estos. Además los DIU, según investigaciones recientes de Álvarez y colaboradores, tienen efectos que van más allá de las paredes del útero e interfieren con las etapas del proceso de reproducción que ocurre antes de que los óvulos lleguen a la cavidad uterina. Otros investigadores piensan que el DIU evita el embarazo al causar inflamación del revestimiento uterino evitando así la implantación.13 El DIU de Levonorgestrel (DIU LNg) por su parte previene el embarazo mediante mecanismos diferentes, al hacer que el moco cervicouterino se espese limitando así la capacidad de los espermatozoides de entrar en el útero.45

No obstante, la prueba más fehaciente de la falacia que constituye acusar a este tipo de contracepción como “aborto químico” está en el hecho de que su uso después de iniciado el embarazo no ocasiona ninguna alteración de éste, ni perjudica el desarrollo del feto en caso de que el método falle. Tampoco se han detectado defectos de nacimiento en bebes que han nacido de madres que emplearon anticonceptivos orales en la AE.47 

CONSIDERACIONES FINALES
La AE es un método efectivo para evitar embarazos no deseados y sus consecuencias negativas para la madre y su futuro hijo, lo cual además de formar parte de los lineamientos de prácticamente todos los Programas Nacionales de Salud Reproductiva y lo largo del mundo, son acuerdos que aparecen especialmente enfatizados en la Declaración Final de Guatemala, firmada por las Asociaciones, Federaciones y Sociedades de Obstetricia y Ginecología afiliadas a la Federación Latinoamericana de Sociedades de Obstetricia y Ginecología (FLASOG), en el marco del Taller Latinoamericano: “Una alianza para enfrentar los desafíos de reducir la morbilidad y mortalidad materna y perinatal”.48

El empleo de este método anticonceptivo entre la población de riesgo como las adolescentes, jóvenes productos de familias disfuncionales, o que convivan en medios matizados por la violencia, zonas de bajo nivel económico y cultural, etc. y su conocimiento pleno por todas las mujeres, sobre la base de que en cualquier momento de su vida reproductiva pueden necesitar su uso, sin dudas será una contribución importante a la disminución de los desastrosos problemas de salud relacionados con la reproducción, que tanto afecta a millones de mujeres en todo el mundo, pero más especialmente, en los países pobres del tercer mundo. 

Su validez y eficacia está demostrada. Sencillamente es hora de hacer lo que hace mucho tiempo debimos haber iniciado.

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2007

AUTOR
Dr. Jorge Osvaldo Mandina Llerena 
Especialista de Medicina Interna
Dr. Yoandy López de la Cruz 
Especialista de Medicina General Integral


Enviado por Dr. Jorge Osvaldo Mandina Llerena
Contactar mailto:jorgemandina2222@yahoo.es


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Publicado Monday 11 de June de 2007