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Perfil Psicologico del Anciano
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Enviado por Yiyi
Código ISPN de la Publicación: EElZZFlApyukFuYMNz
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| Resumen: Se realizo una revision bibliografica sobre el perfil psicologico del anciano, en la que se considera que el envejecimiento psicologico de una persona es el resultado de la accion del tiempo vivido y percibido por ella sobre su personalidad. Para caracterizar adecuadamente la personalidad de un anciano es preciso valorar su afectividad, conductas, deseos, inteligencia y motivaciones asi como su soporte biologico... |
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RESUMEN
Se realizó una revisión bibliográfica sobre el perfil psicológico del anciano,
en la que se considera que el envejecimiento psicológico de una persona es el
resultado de la acción del tiempo vivido y percibido por ella sobre su
personalidad.
Para caracterizar adecuadamente la personalidad de un anciano es preciso valorar
su afectividad, conductas, deseos, inteligencia y motivaciones así como su
soporte biológico: morfología, situación funcional y patología somática
acumulada a lo largo de su vida.
Con el presente trabajo enfatizamos, de manera general, en las características
psicológicas de las personas de la 3ra edad, abordando aspectos claves que nos
permiten de manera efectiva lograr esta caracterización.
Palabras claves: anciano, psicología
INTRODUCCIÓN
Lo que denominamos hoy “3ra Edad” constituye una etapa de la vida cada vez más
larga, las situaciones psicosociales y la propia personalidad del anciano pueden
cambiar y esto ocurre en función de su estado de salud, autonomía y cambios que
pueden afectarlo, de ahí que no podemos encasillar al anciano dentro de
determinados prototipos o clasificaciones.
El proceso de “desligamiento” descrito por Jiménez Herrero en virtud del cual el
individuo añoso abandona actividades o rompe lazos sociales de convivencia de
manera voluntaria o forzado por el rechazo que percibe, no se dá en todas las
personas ni por las mismas causas, para muchos este desligamiento constituye no
sólo un mecanismo de defensa sino una forma de buscar una situación más segura y
cómoda de acuerdo a su autoestima y a su necesidad cada vez más creciente de que
los demás “cuenten” con él, lo que tiende a aumentar con los años.
Existen personas mayores a los que el hecho de envejecer los motiva a descubrir
nuevos roles en la vida, mantener los ya obtenidos y no perder su “status”
social que ya conocen, de ahí que el equipo asistencial geriátrico debe
ayudarlos a su adaptación no sólo influyendo en ellos, sino en su medio
habitual.
Toda persona posee un comportamiento condicionado por diversos factores y en el
caso particular de esta etapa, dichos comportamientos están estrechamente
vinculados a su capacidad de adaptación, su salud, recursos económicos y apoyo
familiar y social que reciba.
Formas de conductas más frecuentes en el anciano
Como a cualquier edad, el anciano se ve sometido a conflictos o situaciones que
le provocan cambios, ante estas situaciones debe encaminar sus esfuerzos a la
búsqueda de soluciones o formas de adaptación que le permiten seguir viviendo.
En este sentido manifiestan toda una serie de conductas o formas de reaccionar
muy “típicas” (1) de esta edad entre las que podemos mencionar:
1.- Comportamiento contradictorio
Temen a la soledad pero con frecuencia no aceptan las proposiciones que se
les hace para evitarlas como una forma de no enfrentar nuevos abandonos o
rechazos en el futuro.
2.- Labilidad emocional y afectiva constantes
Por el menor motivo se entristecen, lloran o exhiben una incontinencia
emocional inadecuada.
3.- Machaconería
Tienden a repetir cosas coherentes pero por su constancia y contundencia
inducen comportamientos agresivos en los demás.
4.- Quejas continuas
Ya sea en torno a su salud o pérdida de autonomía, sus quejas regularmente
prolijas en su expresión, crean irritación en quienes los escuchan con
sistematicidad, estas quejas demandan afecto e interés hacia sí mismos, pero
suelen testimoniar más bien una disfunción de su sociabilidad y capacidad de
amar y una forma de replegarse sobre sí mismos.
5.- Conducta de Toxicofilia
Su expresión más alta es en la dependencia que hace el anciano de ciertos
fármacos (laxantes, hipnóticos, ansiolíticos, vaso activos o alcohol).
6.- Regresión de la libido
En esta conducta manifiesta una clara disminución del amor hacia los demás,
pérdida del interés hacia otras actividades, y un deseo creciente de estar
sentado o en cama, con aumento de la pereza.
7.- Aumento de los deseos de “ser amado”
Se muestran celosos con todos provocando conflictos con sus conviventes,
llegando incluso al “chantaje afectivo” como una forma de conducta regresiva.
8.- Tendencia a guardar cosas
Se dan a la tarea de almacenar alimentos, objetos, papeles, periódicos, en fin,
reliquias que llenan sus armarios, mesas, etc., lo que revela su deterioro
regresivo; no toleran cambio con relación a este conservadurismo ya que
reaccionan de forma agresiva e intolerante.
9.- Conductas agresivas
Esta agresividad puede constituir una forma de adaptación al medio, por lo
tanto si es comprendida y escuchada puede ayudarlos, pero puede ser perjudicial
si los conviventes la consideran patológica.
10.- Apego a su hábitat (espacio, territorialidad)
Se les hace difícil adaptarse a nuevos lugares, necesitan su espacio, su
privacidad, exigen respeto a su rincón y sillón favorito, ya sea en hogar o en
instituciones donde permanezcan temporalmente o por tiempo indefinido.
Psicotipología en la ancianidad
Según el autor Jiménez Herrero, son diversos los psicotipos que se pueden
identificar en un colectivo de ancianos, unos adaptados y otros no adaptados a
la vejez.
A.- Entre los adaptados están:
1.- Los maduros se muestran bien adaptados en las relaciones con los demás e
integrados al medio en que viven, controlan sus impulsos, son activos y
habitualmente expresan satisfacción con la vida y con ellos mismos.
2.- Los blindados o rígidos como mecanismo de defensa para atenuar su miedo a
los fracasos y a la dependencia, cumplidores de sus deberes, se muestran
relativamente satisfechos de su pasado, no suelen discutir problemas de índole
personal ni permiten intromisiones.
3.- Los caseros pasivos y dependientes están contentos de estar jubilados y no
tener grandes responsabilidades, no se muestran satisfechos de su trabajo
anterior, poco activos socialmente, suelen mostrarse indulgentes y adaptados a
su nuevo “status” ya que esto les permite que comprendan mejor sus deseos de
inactividad.
B.- Entre los inadaptados se encuentran:
1.- Los irritables, que constituyen habituales “cascarrabias” gruñones y
frustados o agudos y amargos. Le reprochan a los demás sus fracasos, son
desconfiados, no estaban muy satisfechos de su trabajo anterior, sintiéndose
también incómodos en su nueva situación de retirados, en la “tercera edad” la
cual ven sin futuro. Poseen baja autoestima, y generalmente arrepentidos de su
pasado.
C.- Hay además grupos mixtos de psicotipos en cuanto a la adaptación a la
vejez como son:
1.- Los introvertidos, de los que existen muchas variaciones, bien adaptados
algunos y mal o escasamente adaptados otros; apegados a sus valores, ideas o
pertenencias, suelen ser taciturnos, sobrios, tímidos y retraídos, reprimiéndose
constantemente en las ocasiones en que pudieran manifestarse.
2.- Los perturbados, no en el sentido de ser enfermos mentales sino en cuanto de
tener perturbadas sus relaciones sociales, son inestables, en ocasiones logran
alguna adaptación pero generalmente causan conflictos en su familia y entorno
vecinal.
Sobre la base del conocimiento de estas conductas y tipologías en el anciano,
juega un papel fundamental la acción conjunta del equipo de salud en cuanto a
promover grupos en los que los ancianos puedan desarrollar nuevas actividades y
en este sentido debemos destacar los aspectos de la higiene mental que deben
tenerse en cuenta y que a continuación mencionamos (2):
- Importancia de la educación sanitaria en esta etapa
- Enseñanza del autovalidismo
- Cursos de preparación para la jubilación
- Promover participación en la Cátedra del Adulto Mayor
- Atención especializada a familiares de ancianos que permitan facilitar las
normas de convivencia efectiva y a “cuidadores” con el propósito de elevar la
calidad de vida familiar
Higiene mental y vejez
El conocido aforismo latino - mens sana in corpore sano – cobra especial
vigencia en la psicogeriatría preventiva actual.
Las relaciones entre enfermedad física y mental son conocidas de siempre. El
deterioro por envejecimiento de la psicomatricidad y su acentuación por la
adición de secuelas funcionales de enfermedades agudas o crónicas, repercuten no
sólo en el estado del individuo de edad avanzada sino también en sus capacidades
mentales: juicio, raciocinio, conducta, etc.
De manera que la atención geriátrica debe tener por objetivo en el cuidado
individual y colectivo de las personas de la 3ra Edad, demostrar que se hace
posible sumar años sin adicionar enfermedades, en consecuencia la prevención de
las enfermedades físicas y de sus secuelas, es el paso necesario para garantizar
una buena salud mental en la ancianidad (3).
En este sentido no podemos pasar por alto la importancia de una dieta adecuada y
balanceada que garantice un buen metabolismo general y especialmente del sistema
nervioso.
Con relación a esto debemos destacar que en la alimentación del anciano debe
existir un buen aporte de folatos (ya que se ha demostrado que su carencia
provoca trastornos neurológicos y psíquicos) presente en las hojas de verduras
verdes y ácido fólico, las vitaminas del grupo B, tiaminas y vitamina C. Debe
mencionarse el valor de las proteínas, algunos oligoelementos (zinc), lecitina y
ciertos fosfolípidos (4).
Trastornos psíquicos menores
Debemos considerar que en la 3ra edad al igual que en otras etapas de la vida,
pueden aparecer trastornos psíquicos menores que pueden y deben ser tratados
partiendo de las particularidades del anciano y que nos permite además evitar
las reacciones adversas que pueden producirse ante determinados medicamentos.
Entre estos trastornos podemos citar entre los más siginificativos (5):
1.- Los trastornos cognitivos
2.- Patologías Psicosomáticas menores
3.- Reacciones neuróticas y depresivas
4.- Trastornos hipocondríacos
Con relación a los trastornos cognitivos debemos decir que los más frecuentes y
generalmente más precoces son los “fallos en la memoria”, siendo la memoria a
corto plazo la que crea más problemas en la vida cotidiana del anciano, aunque
este aspecto en ocasiones se considera un síntoma trivial en los ancianos, si
aparece acompañado de otros signos o síntomas o su evolución es rápida debe ser
explorada para descartar síndromes demenciales de mayor complejidad.
En cuanto a las patologías psicosomáticas que aparecen en esta etapa de la vida,
debemos considerar que tales síndromes al igual que en otras edades se
desencadenan, parcial o totalmente por factores psíquicos y se traducen en
úlceras gastroduodenales, asma y reumatismos “psicógenos”.
Los síndromes anginosos aparecen de modo más frecuente en los ancianos
perfeccionistas.
La multipatología del anciano suele justificar por sí misma sus quejas y muchas
veces la adjetivación psicosomática de un síndrome es una forma de manifestar el
clínico su evaluación de la personalidad pre mórbida del paciente.
Como en cualquier otra edad el anciano neurótico (6) presenta una serie de
quejas o formas de conducta que constituyen un mecanismo de defensa, cuyo origen
puede ser las dificultades personales íntimas que trata de esconder o enmascarar
que le provocan una creciente ansiedad y que puede a su vez utilizar para
encontrar ayuda o algún beneficio propio. Su desencadenamiento depende de
modificaciones psicológicas y orgánicas a los que están más predispuestas
ciertas personalidades por factores genéticos o condicionados por sucesos o
eventos del mundo exterior de fuerte impacto para ellos, como cambio en el
status, entorno, duelos, separaciones, jubilación, etc, pueden incluso coincidir
varios motivos pero la personalidad anterior del individuo es decisiva.
La más frecuente expresión de este tipo de personalidad, suelen ser las
reacciones de ansiedad y angustia que con los años se hacen más fáciles y
frecuentes.
La expresión obsesiva de una situación neurótica en el anciano puede llevarlo a
ser escrupulosamente ordenado y meticuloso, en extremo, en su comportamiento
habitual en la vida diaria.
Las fobias de origen neurótico en la ancianidad se suelen relacionar con el
miedo a la calle, a las caídas, a gente desconocida, las agresiones, robos, y es
por ello que dejan de salir alegando que presentan excesivas limitaciones
físicas.
Las reacciones derivadas del carácter que se manifiesta mediante la rigidez
mental y el dogmatismo se producen como una forma de mantener los lazos con el
pasado, expresan su egocentrismo y su creciente intolerancia ante las demandas
de cambio en sus relaciones o intereses. Estas conductas conllevan a un parcial
aislamiento del anciano y recurren al autoritarismo, a la avaricia o a un
constante afán de coleccionismo exagerado, presentes en la mayoría de los actos
de su vida diaria.
Influidos por sucesos que ocurren en su entorno la depresión neurótica leve
constituye otra forma de reacción frecuente en el anciano que va creando en él
un profundo sentimiento de soledad y de sentirse devaluado, “no sirvo para nada
“expresa o lo siente y no lo expresa, menospreciado por su pérdida de autoridad,
facultades y validísimo se repliega sobre sí mismo somatizando su ansiedad en
forma de anorexia o insomnio.
La constante preocupación por el estado de salud de sí mismo o hipocondría puede
manifestar una forma de ser de una personalidad neurótica de toda la vida, pero
también la personalidad hipocondríaca puede ir formándose a lo largo del
envejecimiento, llegando a ser la característica de numerosas personas de edad
avanzada. Contrariamente de otras formas de neurosis como los obsesivos,
histéricos o neurasténicos que tienden a disminuir con la edad, los
hipocondríacos como señala el autor J. Oules son más intensos y frecuentes
cuanto más años suma el anciano, lo cual puede explicarse de cierta forma por la
pérdida progresiva de la salud anterior o constituir parte de un estado mental
patológico que debe ser detectado y evaluado a tiempo.
El hipocondríaco es un observador exagerado de toda sensación que proceda de su
cuerpo, lo que le genera una gran angustia va de médico en médico y no encuentra
nunca terapeuta o “cuidadora” que lo comprenda y ayude lo suficiente, el peligro
de estos pacientes es que lleguen a tener una enfermedad física importante y no
sean creídas sus quejas, por sus antecedentes de poseer una larga historia
médica. Con frecuencia utiliza sus síntomas exagerándolos para manipular a sus
cuidadores, amigos y familiares; nunca se quedan satisfechos ante los resultados
que niegan evidencia de sus síntomas y se creen engañados o abandonados, no
resulta fácil sobrellevarlos a pesar de recibir ayuda especializada tanto ellos
como los familiares y los cuidadores los perciben como enfermos agobiantes y
desagradecidos.
Hipocondría y depresión pueden asociarse en individuos de edad avanzada, siendo
dicha circunstancia un factor de riesgo de suicidio. Dado que la neurosis
hipocondríaca presenta trastornos somatomorfos a causa de síntomas sugerentes de
trastornos físicos, deben tenerse presente los criterios del DSM III para un
correcto diagnóstico de este síndrome y realizar diagnóstico diferencial con
trastornos mentales de mayor gravedad como las esquizofrenias y psicosis
maníaco-depresivas.
Alcoholismo en la vejez.
En cuanto al alcoholismo presente también en el anciano podemos decir que además
de constituir un problema complejo a cualquier edad, cobra particular
importancia en esta etapa de la vida, por cuanto el anciano está afectado además
por circunstancias especiales, como son los sentimientos de soledad, pérdida del
rol profesional y social y motivación ante crisis singulares a los que son más
vulnerables la personas de estas edades (7).
De ahí que el terapeuta ante un anciano con esta adicción enfrenta no sólo su
dependencia al alcohol, sino también la incapacidad de éste individuo que al
consumirlo agrava considerablemente sus problemas de salud física y mental así
como sus relaciones con el entorno social y familiar.
Existen personas que al llegar a esta etapa ya poseen el hábito de consumir
alcohol, otras se habitúan al mismo al desvincularse de la actividad laboral y
suelen ser toleradas social y familiarmente mientras no se resienta su salud y
no originen conflictos relacionales a nivel familiar. Las personas mayores
tienden a ocultar esta adicción, sobre todo, si son mujeres y se hace difícil su
tratamiento.
El hábito de ingerir alcohol está reforzado por la permisividad social existente
y en el caso de los ancianos empeora muchas patologías, por ejemplo el síndrome
de anemia hemolítica, la depresión, la diabetes mellitus, la hipertensión
arterial, la hipotensión postural que aumenta el riesgo de caídas y fracturas y
las encefalopatías alcohólicas agudas. El anciano adicto además perturba el
mecanismo de absorción y eliminación de algunos fármacos provocándose a sí
mismos efectos iatrogénicos.
El equipo de salud geriátrico debe ser capaz de identificar los factores de
riesgo (8) que hacen al anciano más vulnerable a adquirir esta adicción:
· Los que tenían el hábito de etapas anteriores
· Viudez
· Anciano frágil
· Depresión
· Red de apoyo familiar y social deficiente
· Sentimientos presentes de soledad y abandono
· Grupo social de referencia que incite al hábito de ingerir bebidas alcohólicas
Con relación al tratamiento o deshabituación de esta adicción en la 3ra Edad, el
equipo le recomienda apoyarse en la Terapia Relacional (en los clubes de
abuelos, cátedras del Adulto Mayor) promoviendo actividades participativas en
grupos, terapia ocupacional y establecer redes de apoyo social y con la familia
que contribuyan a ampliar las motivaciones del anciano y sirva de soporte
primario para encarar su rehabilitación.
La conducta suicida en los ancianos.
Este grupo de edad constituye el estrato social en la cual la conducta suicidad
alcanza, con más frecuencia, su expresión más grave: la consumación. El suicidio
de un anciano suele ser asumido como algo existencialmente justificado,
consecuencia lógica de la edad, la soledad y el hastío de vivir, sin embargo
estos prejuicios deben ser eliminados definitivamente no sólo porque el suicidio
del anciano es en muchas ocasiones tan o más evitable que el de los jóvenes,
sino además porque el dramático acto de matarse a sí mismo es prematuro a
cualquier edad, constituyendo una pérdida de talento, experiencia y recursos que
ninguna sociedad debe aceptar (9).
En la etiología multifactorial de la conducta suicida en el anciano, suelen
desempeñar roles importantes, la soledad, el aislamiento, la enfermedad somática
y la depresión.
El perfil más probable del anciano suicida, estaría representado por un hombre
con antecedentes de un primer episodio depresivo después de los 40 años, que
vive sólo, con historia familiar de depresión o alcoholismo y que ha padecido
una pérdida reciente.
El propósito de morir en el anciano suele caracterizarse, por su firme
convicción y por la utilización de métodos eficaces para concretar sus
intenciones, es una conducta suicida activa y no pocas veces reflexiva y
meditada.
En contraposición a esta conducta suicida activa y categórica, el anciano suele
presentar con frecuencia “conductas suicidas encubiertas”, lentas y silenciosas;
consistentes en el abandono progresivo, el rechazo a la alimentación y a toda
medicación o tratamiento.
Interacción de los factores de riesgo.
De acuerdo a la etiología multifactorial de la conducta suicida, en este grupo
de edad, los principales factores a considerar son los siguientes:
- Factores psicosociales
- Enfermedades psiquiátricas
- Enfermedades somáticas crónicas
- Sexo masculino
- Antecedentes familiares y personales de suicidios anteriores
- Síndromes depresivos
- Situación de soledad y aislamiento afectivo
- Pérdida reciente de familiares y amigos allegados
- Jubilación, deterioro económico
- Pérdida de status y roles
- Carencia de apoyo familiar y social
Prevención del suicidio.
Teniendo en cuenta la frecuente interacción de los factores de riesgo en los
ancianos, se deben vigilar de cerca los ancianos que sufren enfermedades físicas
crónicas y prestar especial atención a la aparición de la sintomatología
depresiva.
En el caso de los ancianos aislados ampliar la cobertura médico-social y el
cumplimiento efectivo de Programas que incentiven su contacto social y
posibilidad de solicitar ayuda.
Por todos los riesgos que atentan contra la estabilidad física y emocional de
las personas incluidas en estas edades, los encargados de su cuidado deben estar
alertas y no pasar por alto toda una serie de cambios significativos en la
conducta del anciano y que pueden ser consideradas como “señales de alarma”, que
nos ayudan a identificar determinadas enfermedades propias de estas etapas que,
de ser detectadas precozmente, propician su diagnóstico y tratamiento y de esta
forma lograr diferir el curso de la enfermedad y elevar la calidad de vida del
anciano y sus familiares.
Entre estas “señales de alarma” (10) debemos mencionar:
- Cambios en el pensamiento, la afectividad y la conducta diaria del anciano
- Marcada tendencia a la introversión
- Manifestaciones de insatisfacción con la vida
- Pérdida de la autoestima
- Pérdida de roles familiares y sociales
- Rechazo a inadaptación a la vejez
- Insatisfacción o desajuste sexual
- Inconformidad severa con la imagen corporal
- Aislamiento o disminución de las relaciones humanas
Consideraciones finales
Queremos destacar que con frecuencia la atención al anciano trae consigo el
enfrentamiento de enfermedades que cursan con rapidez a etapas terminales, por
lo que el Equipo o Terapeutas que lo asisten, deben poseer la información
necesaria en cuanto a los sentimientos, temores y pérdidas que aparecen en el
anciano portador de este tipo de enfermedad, para de esta forma favorecer la
comunicación con el mismo y sus familiares y lograr así optimizar al máximo,
dentro de lo posible, su calidad de vida(11).
Cuando todos los recursos terapéuticos han sido agotados, inevitablemente
sobreviene la muerte. La muerte es un proceso que por sí mismo es estresante y
tiene, al igual que la vida, un condicionamiento histórico social muy
importante.
En los últimos años ha ido surgiendo un nueva cultura, que considera necesario
crear un arte humano de morir que ayude al paciente terminal y a su familia a
encarar la muerte de la mejor manera posible.
Generalmente no estamos preparados ni como profesionales ni como personas para
afrontar la muerte, sin embargo esto no implica la desatención del enfermo
terminal y su familia.
El Equipo de Salud debe desarrollar actitudes caracterizadas por cierta
proximidad interpersonal, pero mantener un respetuoso distanciamiento, centrarse
en el enfermo y respetar su intimidad.
La familia debe encaminar su atención en lograr aumentar la calidad de vida y de
la muerte del anciano, que éste perciba su apoyo, ayudarlo a resolver asuntos
pendientes, tanto espirituales como materiales, que le permitan reconciliarse
con su situación.
Se han descrito por el autor Kübler Ross afrontamientos o estadios psicológicos
por los que pasa el enfermo antes de morir (negación, aislamiento, sentimientos
de ira, hostilidad, resentimiento, negociación, regateo, depresión y por último,
aceptación) se debe permitir la expresión de estos sentimientos y facilitarlos,
darles información siempre que la soliciten, dar apoyo afectivo, quitarles
preocupaciones, mostrar, en fin, paciencia y comprensión, ya que esto permite
brindarle al enfermo y familiares el apoyo necesario para el afrontamiento del
desenlace, optimizando aquellas condiciones que garanticen menos dolor y más
dignidad al final de la vida del anciano.
Consideramos que el presente trabajo puede ser de gran utilidad para el Equipo
de Salud Geriátrica, en tanto el conocimiento de los rasgos psicológicos más
significativos de esta etapa de la vida potencializa la comunicación y la labor
terapéutica con el anciano.
BIBLIOGRAFÍA
1.- Jiménez Herrero, “Psicología del anciano”, Manual de Geriatría, 3ra Edición,
Editorial Salvat, Barcelona 1999, págs 137-141.
2.- Mercadé y Saige, “Tratado de Geriatría y Asistencia Geriátrica”, Editorial
Salvat, Barcelona 1997, págs. 312-318.
3.- Parreño Rodríguez, J., “Tercera edad sana”, Revista del Ministerio de
Asuntos Sociales, Vol. 4, No.10, Madrid, 2001, págs. 17-20.
4.- Toribio de la Peña, S., “Valoración nutricional en el anciano”, Tratados
médicos 9, Editorial Universitaria, Madrid, 1998, págs. 23-29.
5.- Salgado, A. y Guillén, F., “Manual de Geriatría”, 3ra. Edición, Editorial
Salvat. Barcelona, 1999, págs. 205-215.
6.- Sitio Web URL visitado: Perfil psicológico del anciano. Análisis causal.
Trabajos universitarios. Universidad de Valencia, España, 2006-07, marzo 22 del
2007.
7.- Sitio Web URL visitado: Gerontología. Universidad Maimonides, Sitio Web de
esta Universidad que contiene artículos publicados en “El Clarín” y “La Nación”,
principales periódicos de Argentina relacionados con esta temática, marzo 2005.
8.- González M., Ricardo, “Clínica Psiquiátrica Básica Actual”, Editorial
Científico-Técnica, Ciudad Habana, 1998, págs. 74-83.
9.- Vidal, Daniel Alberto, “Factores de riesgo suicida en el anciano”, Alcmeón,
Revista Argentina de Clínica Neuropsiquiátrica, Vol. 8, No. 2, octubre 2001.,
págs. 103-112.
10.- Sitio Web URL visitado: El anciano, marzo 22 del 2007.
11.- Martínez Gómez, Cristóbal, “Salud familiar”, Editorial Científico-Técnica,
Ciudad Habana, Año 2000, págs. 118-124.
AUTORES
Lic. Gloria Angel Yero
Psicóloga, Especialista en Psicología de la Salud, Profesora Asistente
Dr. Rafael Rivas Arias
Especialista de 1er. Grado en Medicina Interna, Profesor Asistente
Lic. Vivian Méndez Sutil
Psicóloga, Especialista en Psicología de la Salud, Profesora Asistente
Ponencia
Revisión Bibliográfica
Enviado por Yiyi
Contactar mailto:yiyi@tm.minbas.cu
Código ISPN de la Publicación: EElZZFlApyukFuYMNz
Publicado Tuesday 21 de August de 2007
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