-La identidad cuántica de un fotón fue
trasladada a otro fotón distante dos kilómetros:
... Por primera vez en la historia se ha
conseguido la teletransportación de un fotón a larga distancia, lo que
constituye un fuerte impulso para el desarrollo de la criptografía y los
ordenadores cuánticos, así como para nuevos sistemas de telecomunicaciones
capaces de obtener la transmisión instantánea de datos. De esta forma, la
teletransportación no sólo se consolida como fenómeno físico controlable,
sino como un nuevo desafío a la concepción del mundo basada en el tiempo y el
espacio.
La mayor teletransportación cuántica de la
historia ha sido conseguida por el equipo del profesor Nicolas Gisin, de la
Universidad de Ginebra, según se explica en un artículo que acaba de aparecer
en la revista Nature. Lo que ha conseguido este equipo de físicos es transferir
las propiedades de un fotón a otro fotón que estaba distante dos kilómetros.
La experiencia constituye toda una proeza porque hasta ahora las distancias en
que se conseguían estos fenómenos eran mucho más cortas.
Antes se decía que los objetos estaban
constituidos de materia y de forma, pero en la actualidad se habla de energía y
de estructuras para definir la realidad. Sin embargo, esta concepción del mundo
no lleva implícita la posibilidad de que la materia pueda ser llevada de un
lado a otro sin haber recorrido un trayecto. Para concebir la posibilidad de que
un fotón pueda ser transportado dos kilómetros sin haber recorrido ningún
trayecto, los físicos de Ginebra han debido apoyarse en sus conocimientos de la
mecánica cuántica, que ofrece un marco teórico en el que la teletransportación
es concebible. Desde el 93: La idea de la teletransportación no es nueva y se
remonta a 1993, cuando se descubrió que el estado cuántico de un objeto, es
decir, su estructura más elemental, podía en teoría ser teletransportada. De
esta forma se imaginó que una entidad muy pequeña podía ser transportada de
un lugar a otro sin moverse de su posición original. En realidad, de lo que se
habla es de transportar su estructura, es decir, su esencia última, y no la
materia del objeto, que permanece inamovible tanto en el punto de partida como
de llegada. En base a este razonamiento, desde 1997 se ha comprobado que la
teletransportación es posible, siempre referida a partículas cuánticas
separadas entre sí no más de un metro.
Lo que ha conseguido ahora el equipo del profesor
Gisin es precisamente transportar el estado cuántico de un fotón entre dos
laboratorios unidos entre sí por una línea de fibra óptica de dos kilómetros
de largo. En realidad, los dos laboratorios, y por ende las partículas del
experimento, estaban separadas entre sí 55 metros, pero el cable que separó a
los dos fotones gemelos tenía una extensión mayor para simular una distancia
de dos kilómetros y verificar que a esta distancia la teletransportación también
es factible.
Identidad cuántica: En una entrevista a
SwiussInfo que puede seguirse en Internet, el profesor Nicolas Gisin explica que
la materia y la energía no pueden ser teletransportadas, pero sí la identidad
cuántica de una partícula, es decir, su más íntima estructura. De esta
forma, de una partícula situada en el punto A, es posible transferir todas las
informaciones relativas a sus características físicas a otra partícula
situada en el punto B. Esta segunda partícula sufre una transformación y se
convierte en un doble perfecto de la partícula A.
Principios:
El primer principio es el de superposición de
estados: en contra de lo que ocurre en el mundo de los sentidos, los objetos cuánticos
como los fotones pueden estar en dos estados diferentes a la misma vez, sin que
pueda preverse de antemano en qué estado estaba antes de la medición. El
segundo principio que rige la física cuántica es el de incertidumbre formulado
por Heisenberg, según el cual la mera observación de un sistema cuántico lo
modifica de tal forma que impide que pueda ser conocido tal como es en realidad
en el estado no observado.
El experimento:
El experimento requirió controlar previamente la
inestabilidad de los fotones. Para conseguir la teletransportación, el equipo
de físicos se valió de los así llamados fotones gemelos. A través de una técnica
conocida en inglés como “entanglement” (enredo), consiguieron reproducir
una copia idéntica de un fotón, y de esta forma obtuvieron los fotones
gemelos. Cuando esto se consigue, cualquier modificación que sufre uno de los
fotones la reproduce instantáneamente el otro, aunque esté a distancia del
primero, una aportación de la física cuántica que compromete la noción clásica
de tiempo y de espacio. Lo que hacen en el experimento estos fotones gemelos es
jugar el papel de terminales para la transmisión. Se coloca la partícula que
se quiere teletransportar junto a uno de ellos y una serie de instrumentos miden
los efectos de este encuentro cuántico. La partícula que se pretende
teletransportar se altera cuando se le sitúa junto a uno de los fotones gemelos
y esta alteración es registrada instantáneamente por el otro fotón gemelo,
que de esta forma se convierte en una copia idéntica de la primera partícula
así verificada por los instrumentos de medición.
La teletransportación cuántica permite en
efecto la transferencia de información por este sistema, ya sea para el envío
de datos (telecomunicaciones), ya para el envío de instrucciones a un
ordenador, que de esta forma aumentaría hasta el límite su velocidad de
funcionamiento. Hasta 1993 se consideraba imposible la teletransportación
porque necesita la copia exacta de cada partícula en un objeto, lo que según
el principio de incertidumbre es imposible porque el mismo acto de medir una
partícula altera su naturaleza. La fórmula encontrada por los físicos fue la
del enredo, ya que cuando dos partículas se enredan como dos enamorados, en la
práctica actúan como si fueran una sola, aunque lleguen a separarse entre sí.
El enredo se consigue tomando un fotón y enredándolo con otro y luego separándolos
entre sí. En ese momento se aproxima el objeto que se quiere teletransportar a
uno de los fotones del enredo y el segundo fotón reproduce la alteración del
primero instantáneamente, sin que medie ninguna influencia perceptible entre
ellos.