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DÉFICIT DE ZINC EN EL EMBARAZO AUN CARENCIAS MODERADAS DURANTE LA VIDA FETAL PREDISPONDRÍAN A ENFERMEDADES EN LA ADULTEZ
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Enviado por Mg. Amalia Beatriz Dellamea
Código ISPN de la Publicación: EFFyAFplukLlWLNmcN
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| Resumen: Investigadores de la Facultad de Farmacia y Bioquimica (FFyB) de la Universidad de Buenos Aires estudian en ratas los efectos del deficit de zinc - Hallaron que aun las carencias moderadas de este micronutriente durante la gestacion inducen hipertension arterial en la vida adulta y ademas alteran la funcion y la morfologia renal y cardiaca... |
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Investigadores de la Facultad de Farmacia y Bioquímica (FFyB) de la
Universidad de Buenos Aires estudian en ratas los efectos del déficit de zinc -
Hallaron que aun las carencias moderadas de este micronutriente durante la
gestación inducen hipertensión arterial en la vida adulta y además alteran la
función y la morfología renal y cardíaca – Para agravar más el panorama, cuando
se restituye el contenido de zinc en la dieta luego del destete de los animales,
no se corrigen muchas de las alteraciones observadas – Los estudios se encuadran
en la hipótesis de la programación fetal que postula que, bajo condiciones
desfavorables, como las carencias nutricionales, el organismo en desarrollo
realiza significativos empeños para compensar las deficiencias, pero que tales
esfuerzos se cobran un alto precio en el largo plazo.
En la primera parte de este informe especial se presentarán los aspectos
generales de los efectos provocados por las carencias de zinc durante la
gestación y que predisponen en la vida adulta a desarrollar un conjunto bastante
amplio de enfermedades, como la hipertensión, la obesidad, la diabetes tipo II,
entre otras. En especial, se pondrá énfasis en lo que se conoce como “hipótesis
de Barker” para referir a la programación fetal y sus consecuencias en la
adultez.
En la segunda parte, se divulgarán los principales resultados de una línea de
investigación argentina, desarrollada en la Universidad de Buenos Aires, que
muestra que la restricción dietaria de zinc durante la vida fetal y la lactancia
inducen un incremento de la presión arterial y generan diversas alteraciones de
la función renal y cardíaca en la adultez.
Si bien las investigadoras de la FFyB trabajaron con un modelo animal (ratas
Wistar), los resultados obtenidos pueden ser extrapolados a las condiciones que
se presentan en humanos.
“Varios estudios realizados en humanos y animales han relacionado los niveles de
los micronutrientes maternos con la programación de alteraciones en el sistema
cardiovascular, el renal, el metabólico, entre otros”, explica la doctora
Cristina Arranz, profesora titular de Fisiología de la Facultad de Farmacia y
Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires. Arranz, también investigadora
independiente del CONICET, dirige un equipo que estudia los efectos de la
ingesta inadecuada de zinc durante la vida fetal en un modelo animal.
“Lo que relaciona a esas patologías con la deficiencia en el consumo de zinc son
múltiples mecanismos, como los daños generados por el estrés oxidativo, la
apoptosis y la inflamación”, detallan Arranz y sus colaboradoras en un artículo
publicado en la revista internacional Nutrition.
Es lo que, en la literatutra científica se conoce como programación fetal o
“hipótesis de Barker”. Según esta hipótesis, el insuficiente aporte de
nutrientes o de oxígeno durante la vida intrauterina, limitantes del crecimiento
fetal, podrían inducir adaptaciones que alteran de modo permanente diferentes
sistemas del organismo y que, en el largo plazo, lo predisponen a desarrollar
enfermedades endócrinas, metabólicas, cardiovasculares y renales en la vida
adulta. (Ver Recuadro 1)
“La ingesta inadecuada de micronutrientes durante los períodos críticos del
crecimiento se ha convertido en un problema de salud importante en los países
desarrollados y en vías de desarrollo, particularmente en las embarazadas, los
lactantes y los niños que tienen una dieta desequilibrada”, señala por su parte,
la doctora Analía Lorena Tomat, en un artículo de revisión realizado junto con
las doctoras Cristina Arranz y María Ángeles Costa, publicado recientemente en
la revista Clínica e Investigación en Arterioesclerosis. Tomat se doctoró en
Bioquímica, bajo la dirección de Arranz, y es docente en la Cátedra de
Fisiología e investigadora asistente del
CONICET.
El concepto de micronutriente incluye, entre otros, a las vitaminas y los
minerales, como el hierro, el calcio, el selenio, el zinc, por citar solo
algunos ejemplos, y son necesarios en pequeñas cantidades, o trazas, para un
conjunto muy variado de procesos bioquímicos y metabólicos.
A la deficiencia de micronutrientes se conoce también como “desnutrición oculta”
o “hambre oculta”, como la ha designado la Organización Mundial de la Salud
(OMS), ya que no solo afecta a los desnutridos, estrictamente hablando, sino a
todas aquellas personas que no consuman una alimentación adecuada en calidad,
independientemente de que sí sea apropiada en cantidad, y de que su peso
corporal sea adecuado o incluso alto. “Un encuesta realizada por el Ministerio
de Salud de la República Argentina en 2004-2005 para conocer las ingestas
alimenticias encontró que al menos un 52 % de las embarazadas no tenía un
consumo adecuado de zinc, cuando se analizaba la situación de hogares indigentes
y pobres”, relata Arranz. Pero, la situación tampoco era auspiciosa cuando se
observaba la ingesta en segmentos sociales “no pobres”, ya que más de un 40 % de
embarazadas de esos sectores no exhibía un consumo apropiado de zinc. Los
alimentos aportadores de zinc son los pescados y mariscos y las carnes rojas,
principalmente. También, los frutos secos, las legumbres y los cereales, aunque
en este caso el zinc tiene poca biodisponibilidad, dado que los fitatos también
contenidos en estos alimentos impiden su aprovechamiento; dato de sumo interés
para embarazadas que siguen dietas vegetarianas (Ver Recuadro 2).
Si bien para los objetivos de este informe especial, se atenderá específicamente
a las carencias de zinc, los déficits no se reducen a este micronutriente. De
hecho, se registran también ingestas inapropiadas de proteínas, hierro, calcio,
vitaminas, entre otros nutrientes imprescindibles. Aunque médicos y
nutricionistas insisten en advertir que las embarazadas no deben realizar dietas
de adelgazamiento, sino mantener un consumo equilibrado que incluya en las
proporciones debidas los alimentos de todos los estamentos de la pirámide
alimentaria, tal recomendación no suele ser tenida en cuenta. De allí, quizá, el
hecho de que un número significativo de embarazadas de clases medias y medias
altas registren carencias moderadas de micronutrientes.
Un dato para tener en cuenta es el peso al nacer, un indicador de que muy
probablemente ha existido un ambiente intrauterino desfavorable en algún modo.
En la Argentina, datos de 2008 muestran que al menos un 7 % de niños nacen con
peso menor a los 2, 5 kg, lo que se conoce como bajo peso al nacer (BPA). Los
estudios epidemiológicos mundiales han señalado que el BPA se correlaciona
fuertemente con la posibilidad de que al promediar la vida adulta se registren
diversas enfermedades, principalmente cardiovasculares, renales y metabólicas.
“Decidimos orientar nuestra línea de investigación a las carencias moderadas de
zinc debido a que en la literatura científica corriente no se registraban
demasiados estudios al respecto. Nuestro objetivo, además de desentrañar los
procesos bioquímicos que resultan alterados y sus efectos en el desarrollo y la
función de determinados órganos, como los riñones, es proveer elementos que
permitan reeducar para el consumo de alimentos durante el embarazo y también
contar con estrategias de control”, apunta Arranz.
También, conociendo los efectos adversos que genera esta situación y, en
atención a que el déficit de zinc constituye una de las carencias alimentarias
de mayor prevalencia en el mundo, podrá pensarse en la suplementación o el
enriquecimiento de alimentos destinados a las embarazadas que lo requieran.
Recuadro 1
La “hipótesis de Barker”
El investigador británico David Barker instaló una hipótesis --estudiada con
ahínco actualmente en laboratorios de investigación de todo el mundo-- que
centra la atención en el impacto que las condiciones de vida intrauterina
ejercen en el desarrollo de diversas enfermedades en la vida adulta.
Los orígenes de esta hipótesis pueden situarse en los estudios epidemiológicos
desarrollados en principio en Gran Bretaña y que fueron luego replicados en
diversos países de Europa, Asia, Australia y Estados Unidos.
En esta teoría se postula que una agresión o daño in utero puede generar la
programación anormal de diversos sistemas orgánicos. Un indicador de que el feto
ha sufrido algún o algunos “daños” es el bajo peso al nacer. Así por ejemplo,
David Barker al analizar datos epìdemiológicos de personas nacidas a mediados de
la década de 1940, encontró una relación inversa entre el peso en el momento del
nacimiento y la muerte por patologías cardíacas en la adultez en Inglaterra y en
Gales, resultados que publicó por primera vez en 1987 en el British Medical
Journal. Debe recordarse que esas personas habían sido gestadas durante los
períodos de hambruna posteriores a la segunda guerra mundial.
“La programación fetal alude a daños sufridos, justamente, durante la vida
fetal, es decir que se refiere a acontecimientos que no están relacionados con
la herencia genética. Al sufrir estos daños o privaciones, el organismo en
desarrollo se va adaptando para lograr el objetivo de supervivencia
intrauterina. Pero estos esfuerzos le resultan de utilidad exclusivamente para
ese logro: adaptación a una vida fetal no del todo favorable. No obstante, tales
mecanismos adaptativos pueden alterar las respuestas fisiológicas en la vida
adulta, y en consecuencia, predisponer al desarrollo de enfermedades”, explica
Cristina Arranz.
Durante las dos últimas décadas, los resultados de estudios epidemiológicos,
clínicos y experimentales permiten sostener que la programación fetal está
relacionada con el desarrollo de enfermedad coronaria, hipertensión arterial,
diabetes tipo II, enfermedad metabólica y obesidad.
Recuadro 2
Funciones que cumple el zinc y alimentos que lo aportan
El zinc es indispensable para garantizar el funcionamiento normal de más de 300
enzimas catalíticas, estructurales y de regulación. También, resulta fundamental
en el mantenimiento de la estructura de las proteínas, el crecimiento, la
maduración sexual, la fertilidad, la respuesta inmune, la cicatrización de
heridas, el sentido del gusto y del apetito, entre otras muchas funciones.
La deficiencia grave de zinc –que por fortuna no es muy frecuente-- es
responsable del retraso en el crecimiento y en la maduración sexual. La
deficiencia moderada –que sí es muy prevalente en el mundo-- afecta
principalmente a los niños menores y las mujeres durante el embarazo y la
lactancia. Esta carencia es debida, mayoritariamente, al consumo bajo de
proteínas de origen animal.
Los mariscos, la carne de vaca y otras carnes rojas, como el cerdo y el cordero,
son las mayores fuentes de zinc.
También, en segundo orden, son aportadores las carnes de pescados y aves, los
huevos y los lácteos. Dado que estos alimentos tienen escasa cantidad de
compuestos inhibidores de la absorción de zinc, e incluso más, contienen algunos
aminoácidos, como la cisteína y la metionina, que mejoran notablemente la
absorción del metal, se dice que poseen alta biodisponibilidad.
En cambio, los frutos secos, como las almendras y las nueces; las legumbres,
como los porotos alubia, la soja, las habas, las lentejas; los cereales sin
refinar y las semillas, principalmente la de zapallo, si bien son fuentes de
origen vegetal relativamente abundantes en zinc, este micronutriente es mucho
menos biodisponible puesto que el ácido fítico contenido en los vegetales inhibe
su absorción.
Requerimientos diarios de zinc
En bebés, niños y adolescentes
Desde el nacimiento hasta los 6 meses, 4.0 mg.
De los 7 meses a los 3 años, 5.0 mg.
De los 4 a los 6 años, 6.5 mg.
De los 7 a los 10 años, 7.0 mg .
De los 11 a los 14 años, 9.0 mg.
En adultos
Varones adultos, 9.5 mg
Mujeres adultas, 7.0 mg.
Mujeres embarazadas, 7.0 mg.
Mujeres en etapa de lactancia, 9.5 a 13 mg.
Amalia B. Dellamea.
Enviado por Mg. Amalia Beatriz Dellamea
Contactar mailto:amalia.dellamea@yahoo.com.ar
Código ISPN de la Publicación: EFFyAFplukLlWLNmcN
Publicado Sunday 13 de May de 2012
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