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Diseno por competencia y formacion gerontologica del profesional de la salud
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Enviado por Renán García Tamayo, Mileydis Carilin Parada Espinosa, Renán Garcia Ramos
Código ISPN de la Publicación: EFkpuklElZBCzdgjlb
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| Resumen: Se elabora este articulo para exponer la necesidad de un diseno curricular por competencias humanas y profesionales, sustentado en un enfoque formativo humanistico cultural desde la teoria holistico configuracional y dialectica de Homero Fuentes, para el profesional de la salud en el tratamiento de una longevidad satisfactoria y pueda influir desde su formacion en un envejecimiento saludable en la comunidad donde se desempene. Se analizan criticamente las definiciones de diseno curricular de algunos autores contemporaneos que sirve como sustento teorico a la propuesta, la que ademas de ser perfectible es una alternativa a tener en cuenta en la formacion integral del profesional salubrista... |
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Resumen:
Se elabora este articulo para exponer la necesidad de un diseño curricular por
competencias humanas y profesionales, sustentado en un enfoque formativo
humanístico cultural desde la teoría holístico configuracional y dialéctica de
Homero Fuentes, para el profesional de la salud en el tratamiento de una
longevidad satisfactoria y pueda influir desde su formación en un envejecimiento
saludable en la comunidad donde se desempeñe. Se analizan críticamente las
definiciones de diseño curricular de algunos autores contemporáneos que sirve
como sustento teórico a la propuesta, la que además de ser perfectible es una
alternativa a tener en cuenta en la formación integral del profesional
salubrista.
Palabras claves: Diseño curricular por competencia, formación humanística
cultural, competencia humana y profesional.
Introducción.
Se aborda la posición de un diseño en la formación del profesional de la salud,
sustentado en un enfoque formativo humanístico cultural, desde la propuesta del
Dr. C Homero Fuentes (2009) en la universidad estatal de Bolívar en Guaranda
Ecuador para la creación de una nueva universidad latino americana, no con el
objetivo de explicitar todo lo concerniente a las categorías que conforman el
diseño curricular (problema, objeto, objetivo, contenido, método. resultados),
sino para mostrar la relación existente que tiene el diseño por competencia con
la esencia del ser humano, desde los sustentos ontológicos de la concepción
holística, compleja, configuracional y dialéctica de los procesos formativos en
la educación superior en el contexto de la universalización y municipalización.
No se pretende hacer tampoco un estudio histórico tendencial del diseño por
competencia y si partir de lo que en la actualidad se comparte en relación al
mismo al identificar la competencia con: lo conceptual (saber), lo procedimental
(hacer), lo actitudinal (ser) en relación a la inserción social del profesional
(convivir); en tal sentido se identifica desde aquí la competencia con la
capacidad transformadora del humano.
La capacidad transformadora está en estrecha relación con: la actividad, la
cualidad y la naturaleza humana, las que en estrecha interrelación dialéctica,
configuran la esencia del humano, es desde aquí que relacionaremos la formación
humanística cultural del profesional de la salud con el diseño curricular por
competencia humana y profesional.
Se sustenta además el artículo en algunos postulados teóricos que permitió hacer
la propuesta desde autores cubanos y latinoamericanos, pero de manera crítica
para poder contextualizarlo al objeto y campo que nos ocupa.
Desarrollo:
Partiendo de considerar la salud humana no solo un pleno bienestar
biopsicosocial, sino también ecológico y espiritual de donde se sustenta su
naturaleza en estrecha relación con la actividad: transformadora, cognoscitiva,
valorativa y comunicativa así como con las cualidades: de compromiso,
flexibilidad, trascendencia y amor; con la capacidad transformadora de ser,
hacer, saber y convivir. Todas, configuraciones que en relación contradictorias
revelan la dimensión de la esencia del ser humano.
Partiendo además de considerar la problemática que enfrentamos, donde la
sociedad va por un inevitable camino al envejecimiento y donde en un futuro no
muy lejano la sociedad cubana en particular y mundial en general estará
constituida en un gran porciento por individuos mayores de 60 años, que de
avanzar en edad como se espera, con el aumento de la expectativa de vida,
demandará tener una longevidad más satisfactoria, en tal sentido se hace
necesario formar profesionales de la salud que tengan una competencia humana y
profesional para enfrentar esos desafíos.
Queda claro entonces que uno de los problemas sociales, profesionales y de las
carreras de salud, está en estrecha relación con la necesidad social que
referimos anteriormente, de donde se desprende el objeto identificado como el
proceso formativo del profesional de la salud encaminado a formar profesionales
con competencia humana y profesional, para que se desempeñe logrando desde su
formación inicial, un envejecimiento saludable en la comunidad para alcanzar una
longevidad satisfactoria, pero sustentada en un enfoque formativo humanístico
cultural.
Del problema y el objeto develado emana el objetivo formativo de instruir,
educar, desarrollar, crear, transformar y revolucionar la cultura salubrista
desde un enfoque humanístico cultural que se tenga en cuenta durante todo el
proceso formativo y en los subproceso que lo configuran (curricular,
extracurricular, extensionista y científico investigativo, así como en el
pregrado, postgrado, docente , asistencial y la gestión.) a la esencia del ser
humano como una dimensión holística compleja configuracional y dialéctica desde
sus contradicciones internas y las influencias externas donde se considere a la
salud también como un proceso holístico que se va configurando en el mismo
mediante un entramado de relaciones dialécticas en relación a la conciencia
social y la individual.
Es así que el contenido salubrista que se ha de identificar para lograr el
objetivo formativo ha de plasmar los conocimientos, habilidades y valores en
forma de invariantes(núcleos) que transiten como eje integrador durante todo el
proceso en correspondencia con los niveles de asimilación, profundidad,
sistematización y generalización sustentado en el enfoque referido (Formativo,
Humanístico, Cultural) además con un carácter interdisciplinario,
transdisciplinario, intradisciplinario, multidisciplinario y polidisciplinario
siendo consecuente con el contexto de universalización y municipalización de la
educación superior para con las ciencias médicas, sin despreciar la
multiculturalidad, la pluriculturalidad, la interculturalidad y la
transculturalidad salubrista en aras de lograr una longevidad satisfactoria en
la comunidad.
Ahora bien, para lograr aprehenderse del contenido salubrista sustentado en el
referido enfoque, ha de configurarse un método en consecuencia que se identifica
con el método formativo, humanístico cultural que en correspondencia con los
objetivos es un método instructivo, educativo, desarrollador, creador,
transformador y revolucionador de la cultura salubrista, logrando en tal sentido
resolver la contradicción fundamental de esta didáctica especial que esta en
preservar, desarrollar, difundir, crear, transformar y revolucionar la cultura
salubrista en aras de influir en un envejecimiento saludable para lograr una
longevidad satisfactoria.
Este método por otro lado ha de desarrollarse a través de todos los componentes
del proceso formativo del profesional de la salud, ósea en lo docente, en lo
asistencial, en lo científico investigativo y en lo gerencial, así como en las
diferentes formas de organización del proceso formativo, entre las que tenemos:
las conferencias, las clases prácticas, los talleres, los seminarios, los
trabajos investigativos y referativos, las discusiones diagnóstica, las clínicos
radiológicas, epidemiológica, radiológicas y patológicas; en los pase de visitas
hospitalarios y en el hogar; en la confección del diagnostico de salud, pero
además en todos los escenarios donde se desarrolle el proceso entre los que
podemos mencionar: el hospital, el consultorio del médico de familia, en la
propia comunidad, en los centros de trabajo, en los hogares de ancianos, en las
casas de abuelos y múltiples escenarios más, durante los procesos de
pertinencia, impacto y existencia (Pregrado, postgrado, investigación y
extensión) .
Como hay que evaluar los resultados, el proceso evaluativo también a de estar en
correspondencia con el enfoque humanístico cultural.
La evaluación ha de valorar la calidad, la eficacia, la efectividad y la
eficiencia y con esto la pertinencia, la optimización y el impacto del proceso
de formación del profesional de la salud, asumiendo que ha de ser participativa
y no directiva donde se tenga en cuenta la Autoevaluación, la Heteroevaluación y
la Cooevaluación, como la forma en que participan los implicados en el proceso
evaluativo.
Si se garantiza todo lo referido hasta este momento se puede decir que se
lograría diseñar un currículo basado en competencia donde se logre un
profesional de la salud que: sepa (conceptual), que haga (procedimental), sea
(actitudinal) y capaz de insertarse en la sociedad en que se desenvuelve (el
convivir) siendo consecuente con la capacidad transformadora humana como la
competencia necesaria para desempeñarse como un profesional que logre desde un
enfoque formativo humanístico cultural un envejecimiento saludable para alcanzar
una longevidad satisfactoria.
Siendo consecuente con los presupuestos epistemológicos en que nos sustentamos
desde el materialismo dialectico de Marx y Engels y de los que los precedieron,
con el pensamiento pedagógico de Varela, José de la luz y Caballero, José Martí;
con la Teoría de la Complejidad de Edgar Morín y su obra de “Los siete saberes”
para enfrentar la educación del siglo XXI; así como con la Teoría Holística
Configuracional y Dialéctica de Homero Fuentes y sus presupuestos ontológicos
sobre la esencia del ser humano asumimos:
Identificar la capacidad transformadora humana con la competencia humana dada en
unidad dialéctica con la naturaleza biológica, ecológica, social y espiritual
así como la actividad transformadora, cognoscitiva, valorativa y comunicativa,
con las cualidades valorativas de compromiso, flexibilidad, trascendencia y
amor. Sólo así podemos ser consecuentes con el enfoque formativo, humanístico y
cultural de la formación del profesional de la salud.
Todo lo anterior también está apoyado epistemológicamente en la valoración
crítica de siguientes autores y sus planteamientos:
GIMENO SACRISTÁN Y PÉREZ GÓMEZ (1991), plantea:
El currículo es un concepto esencial para comprender la práctica educativa
institucionalizada de las funciones sociales de la escuela (vinculación de la
escuela con la vida y en la vida, universidad-sociedad). Supone la concreción de
los fines sociales y culturales de socialización que se le asignan a la
educación escolarizada.
Por lo que asumimos entonces que el diseño curricular es una configuración
esencia para desarrollar la formación institucionalizada formal y no formal del
profesional de la salud, en el sentido estrecho y el sentido amplio
estableciéndose una unión indisoluble entre la universidad y la sociedad, esto
está en consonancia con los postulados de Homero Fuentes y Calos a de Zayas.
CÉSAR COLL (1992):
El curriculum como proyecto es una guía para los encargados de desarrollarlo, un
instrumento útil para orientar la práctica pedagógica, una ayuda para el
profesor sin suplantar su iniciativa y responsabilidad... El curriculum
proporciona informaciones concretas sobre como formar, y qué, cómo y cuándo
evaluar.
De donde asumimos el diseño como una guía a seguir pero con carácter flexible
abierto y desarrollador, orientador del proceso formativo pero cooperativo,
participativo y no directivo donde tengan participación todos los implicados en
el proceso de formación gerontológica de los profesionales de la salud.
FRIDA DÍAZ BARRIGA (1993):
El curriculum es el producto de un proceso dinámico de adaptación a los cambios
científicos y sociales en el contexto de un sistema educativo.
Lo que nos da pauta a la contextualización en la universalización y
municipalización de la formación gerontológica del profesional de la salud
JOHNSON (1970):/ GAGNÉ (1967):
El diseño del curriculum implica especificar una estructura de objetivos de
aprendizaje buscados.
Lo que nos permite estructurar objetivo sustentado en un enfoque formativo
humanístico cultural para formar un profesional con competencia humana que logre
desde su propia formación, influir en un envejecimiento saludable en la
comunidad en aras de una futura longevidad satisfactoria.
BEAUCHAMP (1977):
Menciona dos dimensiones fundamentales en el diseño curricular: los elementos y
los modos de organización de los mismos. Centra su definición de diseño
curricular en la ordenación sucesiva de los diferentes niveles del sistema
educativo, lo concibe como la organización de las finalidades educativas y de
los contenidos culturales, de tal forma que pongan de manifiesto la progresión
potencial por diferentes niveles...
Qué bien si no asumimos en su totalidad el planteamiento por ser algo lineal
estamos de acuerdo en asumir el diseño como un ordenamiento pero que desde
nuestro presupuesto se va configurando en el propio proceso con una lógica
coherente dado en configuraciones, dimensiones, eslabones y estructura de
relaciones.
GRESS (1978):
Los diseños pueden hacer hincapié en una o varias de las siguientes categorías:
competencias específicas; disciplinas académicas; problemas y actividades
sociales; habilidades de proceso; e intereses y necesidades individuales.
Donde al asumirlo consideramos desarrollar un currículo basado en competencias
humanas. Que se vallan desarrollando en todo el proceso, teniéndolo en cuenta en
todas las disciplinas, sustentado en un problema social especifico de donde
surge la necesidad formativa con el enfoque referido, donde se compartan los
intereses y las necesidades tanto individuales como sociales desde el contexto y
luego insertarse en lo universal.
GIMENO SACRISTÁN:
El diseño curricular tiene que ver con la operación de darle forma a la práctica
de la enseñanza. Desde una óptica procesual, el diseño agrupa una acumulación de
decisiones que dan forma al curriculum y a la acción misma; es el puente entre
la intención y la acción, entre la teoría y la práctica.
Por desarrollo curricular entendemos el proceso de elaboración, construcción y
concreción progresiva del curriculum, mientras que el diseño curricular es la
forma o esquema de racionalización que deliberadamente se utiliza en dicho
proceso o en fases diferenciadas del mismo.
Otras de los presupuestos teóricos asumidos en este artículo son los escritos de
Angulo Rasco JF, Universidad de Málaga (2000) quien califica al currículo en
tres vertientes, que son:
a) Currículum como contenido.
b) Currículum como planificación.
c) Currículum como realidad interactiva.
En la comprensión del Currículum como contenido (o conocimiento cultural,
habilidades y valores) representa una de las posibilidades más generalizadas de
entenderlo (Walton, 1971; Short, 1986). Sin embargo, contemplada desde la
dinámica formativa esta perspectiva deja fuera multitud de elementos que la
teorización curricular debe plantearse o, al menos tener en cuenta.
Es indudable que todo Currículo construido y ofertado tiene que incluir un
contenido cultural seleccionado por su valor educativo y social; pero un
Currículum construido sólo como contenido, sirve de poco para orientar el
trabajo en las instituciones formativa. Esta es, me parece, la intención que se
trasluce del siguiente grupo de definiciones.
El Currículum como planificación, además de retomar y abarcar las concepciones
anteriores, puesto que inevitablemente ha de incluir el contenido formativo,
señala el marco ideal dentro del cual se desarrollará Ia labor formativa y
expone justificadamente los criterios que subyacen a las decisiones permisivas
sobre la misma. La planificación curricular no es, por ello, el Currículum
operativo, no son las acciones y decisiones, pero las determina y vehicula. El
Currículum operativo o en uso es, pues, el resultado de llevar a la práctica las
prescripciones del Currículum planificado.
El currículo como realidad interactiva. Aquí se considera al docente “una parte
integral del proceso curricular, que junto con los dicentes, el contenido
cultura y el ambiente se encuentran en interacción dinámica” No se trata aquí,
ni más ni menos, que de retomar una de las enseñanzas que Jackson (1991) quiso
dejarnos como colofón de su trabajo. Si el Currículum es también y
fundamentalmente lo que ocurre en las aulas, es necesaria una nueva perspectiva
que, como Stenhouse sugiere (1981), centre su punto de mira y su interés en las
conexiones o desconexiones existentes entre el Currículum como intención y el
Currículum como acción a través del papel creativo del docente. Pero este modo
de perspectiva es ciertamente remover los cimientos en los que se ha asentado
casi toda la labor científica en el campo del Currículum durante las últimas
seis décadas. Es, para decirlo de modo concluyente, subvertir un viejo paradigma
que ha sesgado sin interrupción el pensamiento curricular más sobresaliente. La
asunción del valor de la práctica educativa para la teorización curricular
constituye un cambio radical en la racionalidad educativa.
Con esto se quiere decir que, la normatividad formativa que el Currículum
refleja, no puede plantearse a espaldas no sólo de la naturaleza de los
intercambios que ocurren supuestamente por el influjo de dicha normatividad,
sino de las interacciones que en la escuela tienen lugar como organización
social y de sus participantes.
Conclusiones.
Se propone una visión curricular perfectible, basada en el diseño por
competencia sobre un enfoque formativo humanístico cultural en la formación del
profesional de la salud, para que logre desde su propia formación influir en un
envejecimiento saludable que permita alcanzar una longevidad satisfactoria en
aquellos que la alcancemos, desarrollando competencias humanas que le permita al
profesional desempeñarse en un saber, en un ser, en un hacer y en un convivir
con y en una sociedad que va por un camino inevitable a estar cada vez más
integrada en un gran porciento por individuos mayores de 60 años de edad.
Se identifica la competencia del profesional de la salud con la capacidad
transformadora humana en estrecha relación con su naturaleza, su actividad y sus
cualidades valorativas donde en el interior de todas se concatenan la biología,
la ecología, lo social, lo espiritual, la comunicación, la valoración, la
transformación, los conocimientos, el compromiso, la flexibilidad, la
trascendencia y el amor con el saber cómo configuración conceptual; con el hacer
como configuración procedimental, con el ser como configuración actitudinal y
con el convivir como configuración que permite la inserción a la sociedad.
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Enviado por Renán García Tamayo, Mileydis Carilin Parada Espinosa, Renán Garcia Ramos
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Código ISPN de la Publicación: EFkpuklElZBCzdgjlb
Publicado Friday 4 de November de 2011
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