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Enviado por Lucia Mabel Del Giudice
Código ISPN de la Publicación: EFkuVZEkklxLVhCxgO
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| Resumen: Precipitacion y agregacion, en la luz los organos huecos, de sales minerales y de compuestos organicos normalmente disueltos en los liquidos biologicos, como la orina, la bilis y la secrecion de algunas glandulas exocrinas (del griego litos: piedra)... |
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Precipitación y agregación, en la luz los órganos huecos, de sales minerales
y de compuestos orgánicos normalmente disueltos en los líquidos biológicos, como
la orina, la bilis y la secreción de algunas glándulas exocrinas (del griego
litos: piedra). El elemento patológico fundamental de la litiasis es el cálculo
(del latín calculus: piedrilla), cuyas dimensiones (que van desde el tamaño de
un grano de arena hasta el del huevo de pichón), número (desde un único cálculo
grande a cientos o miles pequeños como granos de arena; arenilla) y composición
pueden ser de lo más variado. Clínicamente la litiasis es un estado patológico
que, independientemente del número y del tamaño de los cálculos, puede
manifestarse con una sintomatología precisa o ser del todo silenciosa. La forma
asintomática es bastante más frecuente (el 80-90% de la totalidad), en estos
casos el sujeto no acusa ningún trastorno y el descubrimiento del recipiente
calculoso es del todo ocasional como, por ejemplo en el caso de un examen
radiológico (litiasis renal, hepática), o de una investigación biópsica
(litiasis de las glándulas salivares o autópsica (etiopatogénesis). Por lo que
respecta a su origen hay que tener en cuenta tres factores en lo que concierne a
la génesis del cálculo:
1) La discinesia del órgano hueco en el cual se forma el cálculo especialmente
cuando ésta determina un estancamiento del líquido orgánico en el contenido.
2) Las alteraciones cualitativas y cuantitativas de los solutos contenidos en el
líquido biológico en examen (orina, bilis, secreción glandular).
3) Los fenómenos inflamatorios. El primero y el segundo factor son a veces
suficientes por sí solos para determinar la existencia de litiasis; la
inflamación favorece la formación de los cálculos, ya que favorece y provoca
alteraciones cinéticas y alteraciones de los factores que regulan el equilibrio
físico-químico de los solutos contenidos en la bilis, en la orina, o en la
secreción glandular.
En diversos casos estos tres factores, superponiéndose y potenciándose
recíprocamente, concurren, si bien en distinta medida, en la determinación de la
aparición de la litiasis. Debemos distinguir una litiasis de un órgano y una
litiasis generalizada. La litiasis de un órgano es aquella que se refiere aun
aparato único y por lo general debido a causas locales persistentes más o menos
coincidentes. Por ejemplo, la litiasis de las vías biliares puede estar
favorecida por malformaciones de origen congénito, por éxtasis biliar, o por el
embarazo, etc. La litiasis generalizada es la que se refiere a más de un órgano
o aparato (por ejemplo, la colecística, la de las vías urinarias y de las
glándulas salivares) que induce a sospechar que existe un trastorno metabólico
general. Para algunos autores esta última seria debida a una disminución en la
síntesis de sustancia coloido-estabilizadora de los líquidos orgánicos, la cual
provocaría la aparición de núcleos de precipitación en los diversos líquidos
biológicos favoreciendo así las condiciones necesarias para la formación de
cálculos simultáneamente en distintos lugares. Hay que recordar además que los
líquidos biológicos contenidos en la cavidad en la que se produce la formación
de cálculos son, desde el punto de vista bioquímico, soluciones en el límite de
la saturación o sobresaturadas, y que por lo tanto tienen un equilibrio
físico-químico bastante complejo, pero por otro lado bastante lábil. Normalmente
los solutos no precipitan porque el líquido biológico que los contiene posee un
flujo más o menos continuo hacia el exterior y porque contienen coloides
estabilizadores como, por ejemplo, los mucopolisacáridos, que haciendo descender
la tensión superficial favorecen la dispersión de los cristales, cristaloides,
sustancias orgánicas e inorgánicas, impidiendo así la formación de los núcleos
de agregación y precipitación. Por lo que respecta a la litiasis de las vías
biliares recordaremos que recientemente se ha dado gran importancia a un
complejo lecitina-sales biliaresque condicionaría el estado de solubilidad del
colesterol en la bilis. En cuanto la relación lecitina – sales biliares que
condicionaría el estado de solubilidad del colesterol en la bilis. En cuanto la
relación lecitina-sales biliares-colesterol, que normalmente está en 15-16:1, si
desciende a valores críticos de 10-11:1 se produce la formación de núcleos de
cristalización del colesterol.

Formas Clínicas. Calculósis biliar y colelitiasis: Se distinguen en
relación a la zona en la cual los cálculos han sido localizados, litiasis de la
vesícula biliar (bastante frecuente), de las vías biliares intra-hepáticas, y de
las vías biliares extra-hepáticas, y de las vías biliares extra-hepáticas
(litiasis del conducto hepático, del conducto cístico y del colédoco). Los
cálculos biliares por su estructura bioquímica se distinguen en cálculos de
colesterina, de bilirrubina, de carbonato de calcio y cálculos proteicos. Estos
cálculos cuando son homogéneos en su constitución bioquímica, muestran
características muy precisas. Los cálculos de colesterina son amarillentos y
blandos, los de bilirrubina son de color negruzco o negro-verdoso y duros, los
de carbonato de calcio son blanquecinos y duros y los proteicos son grisáceos y
blandos. A veces estas formaciones son mixtas y por lo tanto formadas por varios
componentes: por ejemplo, algunos cálculos están formados por estratos
concéntricos y alternantes de bilirrubina de calcio y de colesterina, otros de
un núcleo proteicorecubierto de una capa de colesterina, otros, por último, de
una mezcla de los distintos componentes (colesterina, bilirrubina y carbonato de
calcio). La litiasis de las vías biliares afecta con más frecuencia al sexo
femenino en una relación 5:1 respecto al sexo masculino; la mayor incidencia en
las vías biliares femeninas se debería al embarazo, de hecho es más frecuente en
las primíparas en las multíparas, y en las multíparas en las primíparas. El
embarazo favorecería este estado patológico con mecanismos diversos. Algunos de
ellos se refieren no sólo a la hipercolesterolemia sino a las modificaciones
(del pH, fluidez, etc.) físico-químicas que se producen en la bilis durante el
estado gravídico; otros como la discinesiaes en última instancia el
estancamiento de la bilis en la vesícula y en las vías biliares, debido a la
hipotonía de las vías biliares, al tono del vago y a la acción mecánica delútero
grávido. También un factor determinante de litiasis, son alteraciones del tono y
del movimiento de la vesícula, inflamación de las vías biliares, etc. La
inflamación de las vías biliares es un factor de gran importancia en las
colelitiasis. El proceso inflamatorio provoca de hecho alteraciones en las
paredes de las vías biliares modificando a nivel de la vesícula la reabsorción
de agua y de colesterol en tal medida que determina una discolia; (proceso
anormal de la bilis, tanto respecto a la cantidad secretada como al estado de
sus componentes), además altera los movimientos de la vesícula favoreciendo el
estancamiento de la bilis. La presencia de gérmenes o de proteínas heterogéneas
que provienen de los tejidos inflamados modifica el equilibrio físico-químico de
los constituyentes de la bilis favoreciendo su precipitación. Clínicamente la
colelitiasis presenta una sintomatología muy variada de caso a caso, incluso en
un mismo paciente en distintos momentos de la enfermedad. Por sencillez de
exposición distinguiremos la sintomatología del cólico de las vías biliares de
aquella de la colelitiasis crónica (ya sea del colecisto o del colédoco). El
cólico biliar se debe en general

al enclavamiento de un cálculo en las vías biliares con el consiguiente espasmo
canalicular y éxtasisde la bilis por encima del obstáculo. El cólico biliar
puede ser la primera manifestación de una colelitiasis o bien puede surgir en un
sujeto portador de una litiasis crónica; puede ser un episodio único o repetirse
en el tiempo. El cólico biliar se caracteriza por la aparición brusca de un
dolor agudo violento en el hipocondrio derecho, que se irradia al epigastrio, al
hombro derecho y a la espalda, en la zona subescapular y paravertebral derecha.

El enfermo padece un gran sufrimiento, está pálido, generalmente con una gran
sudoración fría y con los muslos flexionados sobre la pelvis intentando reducir
la tensión de la pared abdominal; casi siempre está presente el vómito. El
cólico biliar remite por lo general en diez o doce horas; en casos extremos
puede durar más de uno o dos días. Objetivamente el abdomen está meteorizado; un
aumento de volumen del hígado (hepatomegalia). La región colecística y las zonas
de irradiación (ángulo inferior de la escápula derecha, punto frénico derecho,
punto paravertebral entre la última vértebra dorsal y la primera lumbar, etc.)
son particularmente dolorosas a la palpación, pudiéndose a veces apreciar una
vesícula turgente y dolorosa. Cuando el cálculo ocluye el conducto cístico no
provoca ictericia; ésta aparece por el contrario cuando el cálculo se enclava en
el colédoco de manera que obstaculiza más o menos completamente el paso de la
bilis al duodeno. El diagnóstico diferencial del cólico biliar puede resultar
arduo aun para el clínico más experto, especialmente en los casos en los que la
irradiación del dolor es atípica. Se deberá siempre hacer el diagnóstico
diferencial con el cólico renal derecho, el cólico apendicular, la intoxicación
por plomo, el cólico por intoxicación por plomo, el cólico por pancreatitis
aguda y el cólico abdominal de etiología tabética. A veces la sintomatología
puede simular una perforación gastroduodenal, o la de una oclusión intestinal o
de trombosis de los vasos mesentéricos. En algunos casos puede presentarse bajo
la forma de una crisis de angina de pecho de naturaleza refleja. El cólico
biliar litiásico puede evolucionar por el desarrollo de un proceso inflamatorio
en una colecistitis aguda litiásica; en este caso las complicaciones que se
pueden presenciar en algunos enfermos pueden ser graves. Entre ellas
recordaremos la colecistitis aguda gangrenosa, el abcesohepático, la peritonitis
seca y la fistula colecisto-entérica.Estas complicaciones son hoy en día cada
vez más raras, existiendo la posibilidad de poderlas prevenir con una oportuna
terapia antibiótica. El tratamiento médico del cólico biliar está
fundamentalmente constituido por analgésicos asociados a espasmolíticos. Entre
los espasmolíticos recordaremos de modo particular la atropina, el nitrito de
amilo, la teofilin-etilendiamina, la papaverina y los derivados de ésta. Entre
los analgésicos tenemos desde la malonilurea (denominación aplicada a los
medicamentos hipnóticos derivados del ácido barbitúrico o malonilurea), hasta en
los casos más graves y rebeldes, los estupefacientes como la morfina y sus
derivados. La colelitiasis crónica suele estar generalmente precedida por
ataques de cólico biliar. La sintomatología subjetiva se caracteriza por un
grupo por un eructo constante, con sensación de abdomen tenso, hinchado y a
veces, después de las comidas, dolor de tipo sordo en la zona correspondiente al
hipocondrio derecho, y más raramente por dolores epigástricos y pirosis. El
paciente por lo general suele hacer frecuentes comidas a base de huevos, de
alimentos fritos, los que le producen una diarrea postprandial. Esta diarrea se
refiere a un repentino vaciado de la vesícula debido a la estimulación que sobre
ella ejercen determinado tipo de alimentos.Entre los síntomas subjetivos
generales recordaremos: cefalea persistente y somnolencia postprandial, a veces
vértigos, crisis estenocardias, palpitaciones y trastornos del ritmo cardíaco,
en algunos casos urticaria o prurito intenso difuso y frecuentes dolores de tipo
reumatoide en el hombro derecho y en el brazo del mismo lado. Objetivamente
sobre la colelitiasis crónica es casi siempre demostrable el signo de Murphy,
representado por un dolor vivo que se suscita a la palpación del abdomen en el
punto que corresponde al cruce de la línea de la arcada costal con el margen
exterior del músculo recto abdominal del lado derecho. El dolor puede a veces
ser tan violento que provoca un cese de la respiración. El diagnóstico clínico
de colecistitis calculosa debe ser confirmado radiológicamente mediante un
examen directo de la región hepática y si este último resultara negativo,
mediante una colecistografía, comúnmente por ecografía (ultrasonido). Los signos
ecográficos de engrosamiento parietal de la vesícula y líquido a su alrededor
hacen sospechar colecistitis aguda. La gammagrafía no sirve para diagnosticar
litiasis pero es útil para detectar colecistitis aguda. Los pacientes con
discinesia biliar presentan síntomas característicos de dolor de origen biliar
sin signos radiológicos de litiasis. A menudo la fracción de evacuación de la
vesícula está disminuida (<30%) en la gammagrafía con radionúclidos bajo
estimulación con colecistoquinina.
El tratamiento de la colelitiasis crónica es fundamentalmente dietético. Entre
los alimentos se deberán excluir aquellos claramente indigestos o excesivamente
ricos en grasas, especialmente animales y las legumbres. Entre los fármacos
podrán ser de utilidad los coleréticos suaves. Serán muy útiles las curas
hídricas en un balneario. Las eventuales complicaciones infecciosas serán
tratadas con una adecuada terapia antibiótica, eligiendo el antibiótico que sea
más activo contra los gérmenes causantes de la infección.
Cuando estos cólicos se repiten con frecuencia y la colecistitis crónica incide
notablemente sobre las condiciones de vida del paciente será necesario un
tratamiento quirúrgico, que consiste en la extirpación de la vesícula. La
litiasis del conducto hepatocolédoco se caracteriza fundamentalmente por la
ictericia que es de intensidad variable y proporcional a la obstrucción
provocada por el cálculo, que puede ser del conducto hepático o del colédoco y
en ambos casos más o menos completa. Se recuerda con este propósito que
obstrucción al fluir de la bilis a la luz intestinal más que a formaciones
litiásica per se es debida al espasmo de la pared muscular de las vías biliares
en la zona correspondiente a la localización del cálculo. Esto actúa de hecho
como un factor irritativo sobre la pared del conducto hepático o del colédoco.
El edema inflamatorio de la pared complica aún más esta situación. La ictericia
se acompaña de heces acólicas (sin color) de aspecto jabonoso, blanquecinas por
la falta de pigmento hiliar; la orina adquiere por el contrario un color rojizo
fuerte por la abundante eliminación de pigmentos biliares que del hígado pasan a
la sangre.

El depósito de pigmento en la piel (ictericia) se acompaña de prurito y a veces
aparece fiebre debida a complicaciones inflamatorias y a colostasis.
Objetivamente el hígado aparece aumentado de tamaño aunque no esté presente el
signo de Courvoisier y Terrier (vesícula palpable durante una ictericia
obstructiva), porque después del proceso litiásico crónico la pared de ésta se
ha esclerosado haciéndose por lo tanto inextensible. En la litiasis del
hepacolédoco los exámenes de laboratorio muestran un aumento, a veces
considerable y proporcional a la ictericia, de la bilirrubina en sangre, una
hipercolesterolemia y un aumento de las fosfatasas alcalinas. También están
alteradas las pruebas funcionales hepáticas. El tratamiento médico anti-espástico
es sólo paliativo; difícilmente el cálculo es eliminado al intestino; siendo más
frecuentemente necesaria la intervención quirúrgica para su extirpación.
Litiasis de las vías urinarias: Se distingue habitualmente una litiasis
pieloureteral y una litiasis vesical. Los cálculos urinarios tienen una
estructura química de lo más diversa: se distinguen los cálculos de ácido úrico,
de fosfato u oxalato de calcio, de fosfato de magnesio o de amonio, de carbonato
de cistina o de xantina. Los cálculos de ácido úrico son duros, amarillo-rojizos
y granulosos. Los de fosfato de calcio son friables, ovalados y de color blanco
grisáceo. Los de oxalato de calcio son en forma de moray de color oscuro. Los de
carbonato de calcio son duros, pequeños y de color grisáceo. Los de cistina son
de consistencia blanda, de superficie lisa, fácilmente friables, de color blanco
amarillento o blanco verdoso. Tiene una gran importancia en la génesis de la
litiasis de las vías urinarias las anomalías anatómicas (malformaciones de la
pelvis renal o de los uréteres, divertículos vesicales, etc.). En la litiasis
pieloureteral se distingue también la sintomatología del cólico de las vías
urinarias, de la urolitiasis crónica. El cólico renal se debe al enclavamiento
de un cálculo en el uréter con el consiguiente espasmo de las vías urinarias y
estasis de orina por encima del obstáculo. El dolor es siempre muy intenso, y
está localizado en la correspondiente zona lumbar, según que sea el riñón
derecho o el izquierdo, difundiéndose hacia la parte anterior del abdomen hasta
el testículo del mismo lado en el hombre y hasta la vulva en la mujer y hacia la
superficie interna del muslo; a veces están presentes las náuseas y el vómito.
Objetivamente el dolor se acentúa si se presiona sobre la región lumbar y
palpando los puntos ureterales abdominales. El cólico suele ir acompañado de
oliguria, que en algunos casos puede alcanzar la anuria. Las orinas, cuando son
emitidas, muestran la presencia de sangre en cantidad variable (desde la
micro-hematuria hasta la hematuria macroscópica). El cólico renal puede durar
varias horas y presentar exacerbaciones intermitentes. Cesa bruscamente dejando
un dolor persistente durante algunos días en la región lumbar correspondiente.
El diagnóstico diferencial cuando la irradiación del dolor es atípica se deberá
realizar con la pancreatitis aguda, la pancreatitis diabética, con la
intoxicación por plomo y con la lumbalgia aguda.

En el cólico por nefrolitis derecha el diagnóstico tendrá en cuenta la
apendicitis. La hematuria que suele ser casi constante hace más fácil el
diagnóstico. El diagnóstico de certeza se hará con la emisión del cálculo en la
orina, y con las pruebas radiológicas que se deberán practicar después del
cólico. El examen radiológico directo de las zonas renales podrá poner de
manifiesto evidentes cálculos radiopacos (cálculos de fosfato de magnesio de
amonio, de cistina, de fosfato o de oxalato de calcio). El examen directo deberá
ser seguido por una urografía que además de individualizar el número y tamaño de
los cálculos permitirá su exacta localización en las vías urinarias.

El tratamiento médico del cólico renal es una terapia de emergencia y se basa en
la asociación de analgésicos, antiespasmódicos y antiinflamatorios. Entre los
analgésicos la morfina y en los casos graves la meperidina. En muchas ocasiones
el cálculo que ha ocluido las vías urinarias, si es de pequeño tamaño, suele ser
eliminado con la orina. En los casos que no ocurre esto, y que el cálculo
permanece enclavado en el uréter, se intenta extraer mediante un sondaje
ureteral. En caso de que no se consiga por este medio, debido en parte a su gran
tamaño, se hará necesaria la intervención quirúrgica, que por otro lado tiene su
indicación precisa en aquellos casos en que no habiéndose eliminado el cálculo
se provoca una situación de complicación infecciosa a cargo del riñón. La
remisión del cólico renal puede llevarse a cabo bien por la eliminación del
cálculo por la orina o bien por la vuelta a su posición inicial (por ejemplo, en
la pelvis renal, o en la unión pieloureteral).
La nefrolitiasis crónicaestá condicionada por la presencia de uno o más cálculos
en el segmento pieloureteral de las vías urinarias o bien por la continua
formación de cálculos en la cavidad de la pelvis renal. Este estado suele a
veces tener precedentes anamnésicos de cólicos renales recidivantes. En otros
casos se descubre casualmente durante el curso de un examen radiológico de la
columna lumbosacra o del aparato digestivo, o después de practicar una urografía
que intenta buscar el origen de una hematuria macroscópica o microscópica
persistente o recurrente. Entre los síntomas subjetivos recordaremos el dolor
sordo de tipo continuo que estos pacientes acusan en la región lumbar y que
puede aumentar con el cansancio; es dolorosa la maniobra de Giordano y la
presión sobre los puntos ureterales. La complicación más frecuente de la
urolitiasis crónica es la infección, que a su vez facilita la formación de otros
cálculos y determina progresivamente un compromiso de la función renal en si:
por lo tanto los sujetos afectos de urolitiasis crónica deberán controlar
cuidadosamente la orina con exámenes periódicos de las mismas de manera que se
pueda ser combatido con el antibiótico de elección. La terapia antibiótica
deberá practicarse en ciclos durante largo tiempo. Si el proceso infeccioso
tiende a recidivar se instaurará un cuadro patológico denominado pielonefrítis
crónica. Por lo tanto en los casos en los cuales la litiasis de las vías
urinarias se complica con fenómenos infecciosos es necesario, cuando es posible,
proceder al tratamiento quirúrgico de la nefrolitiasis, de manera que se elimine
el factor más importante para la necesaria curación del proceso infeccioso. El
tratamiento médico de la nefrolitiasis puede ser general o bien específico,
relacionado este último a la composición química del cálculo. El tratamiento
general consiste en el mantenimiento de una diuresis eficiente; el aporte
hídrico diario deberá regularse de manera que se produzca una diuresis de unos
dos litros en veinticuatro horas. La abundante diuresis (especialmente si se
provoca con el consumo de aguas urominerales), por un lado, reduce la
posibilidad de formación de nuevos cálculos y, por otro, reduce el volumen de
los ya existentes.

En la radiografía se aprecia que el urólogo ha ascendido hasta
el riñón con el endoscopio y se encuentra listo para aplicar ultrasonido o láser
al cálculo.
Por lo que respecta a la terapia específica de la urolitiasis, recordaremos que
para aquella que está causada por cálculos de fosfato y de oxalato de calcio es
aconsejable reducir el consumo de alimentos ricos en calcio (leche, quesos,
yemas de huevo, etc.). Resulta útil el tratamiento o vía oral con fosfato ácido
de potasio. En la nefrolitiasis por ácido úrico será necesario reducir el aporte
alimenticio de aquellos alimentos ricos en purinas, como las vísceras, la carne,
el pescado laslegumbres secas, y consumir preferentemente leche, huevos,
patatas, arroz, verdura, fruta e incluso dulces. El aporte global de proteínas
no deberá superar los 50-60 gramos. Entre los fármacos recordaremos primero el
alopurinol, que como antimetabolito de las purinas reduce notablemente la
producción de ácido úrico. Si por el contrario el cálculo está formado por
cistina será oportuno reducir el aporte alimenticio de proteínas animales; entre
los fármacos destinados a este tipo de nefrolitiasis destacaremos la
penicilina-D, que conjugándose con la cistina forma un compuesto muy soluble. La
litiasis de la vejiga es más rara que la pieloureteral, aunque tiene los mismos
orígenes etiopatogénicos; generalmente la litiasis vesical se acompaña de
episodios de cistitis recurrentes. La sintomatología de la litiasis vesical
puede estar caracterizada por cistalgia, es decir, un dolor sordo en la zona
supra-púbica. En algunos casos durante la micción el cálculo se enclava en el
orificio uretral, interrumpiéndose ésta.
El diagnóstico de certeza se efectuará con la ayuda de la cistografía y la
cistoscopia. La complicación habitual de este tipo de calculosis es la cistitis,
para la que sirven todas aquellas normas dadas para la inflamación aguda o
crónica de las vías urinarias. El tratamiento consistirá en la extirpación del
cálculo o de los cálculos con una técnica especial a través de la uretra o bien
quirúrgicamente. La litiasis pancreática suele ser muy rara. A veces la litiasis
pancreática se asocia a la de las vías biliares. Los cálculos pancreáticos son
de color blanquecino. En algunos casos se producen verdaderos cólicos
pancreáticos caracterizados por una sintomatología dolorosa, lenta, localizada
en el epigastrio e irradiándose al hombro izquierdo. Más frecuente es que la
sintomatología se manifieste por trastornos dispépticos por compromiso crónico
de la función del páncreas. En los casos en los cuales el conducto de Wirsung se
ve ocluido por un cálculose produce una abundante esteatorrea, debida a la gran
cantidad de grasas presentes en las heces (las grasas alimenticias no se
hidrolizan y se eliminan como tal por las heces). La litiasis de las glándulas
salivares es muy frecuente, aunque en la mayoría de los casos la sintomatología
es muda. En su estructura se puede decir que son similares a los pancreáticos.
La sintomatología de la litiasis salivar se objetiva sólo en los casos en los
que el cálculo ocluye el conducto excretor principal de la glándula o un
conducto grueso de los secundarios. En estos casos se produce una obstrucción de
la glándula, aumentando ésta de tamaño y objetivándose una tumoración tensa y
dolorosa, con cese de la secreción de saliva. Casi siempre se complica con
procesos inflamatorios de la glándula. En cualquiera de los casos la litiasis
salivar determina una modesta dolencia persistente, espontánea y que corresponde
al lado de la glándula afecta. En los casos recidivantes y complicados será
oportuno tomar en consideración la extirpación quirúrgica de la glándula dañada.
La técnica más utilizada es la litotricia extracorpórea, tal como lo dice la
palabra aquí, se fragmenta o "pulveriza" el cálculo sin necesidad de anestesia
(sólo una sedación), sin necesidad de hospitalizarse, con mínimas molestias y
con escasos riesgo de complicaciones. Esta técnica no requiere introducción de
ningún instrumento, punción o incisión sobre la piel. Solo se requiere de un
litotriptor(máquina que pulveriza), el cual puede ser manual o computarizado.
Enviado por Lucia Mabel Del Giudice
Contactar mailto:luciadg85@hotmail.com
Código ISPN de la Publicación: EFkuVZEkklxLVhCxgO
Publicado Thursday 22 de December de 2011
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