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Poliposis intestinal, diagnostico utilizando el metodo clinico
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Enviado por Dra. Birsy Suarez Rivero y otros autores
Código ISPN de la Publicación: EkEZAyAyZuktEVWDZc
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| Resumen: La poliposis intestinal es generalmente familiar, es un trastorno autosomico dominante raro con tendencia a la transformacion maligna. Se trata de un paciente de 47 anos (AVI) con historia de haber sido un fumador y bebedor por mas de 20 anos. |
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ÍNDICE
Resumen
Introducción
Desarrollo
- Caso clínico
- Discusión diagnóstica
Conclusiones
Recomendaciones
Referencias bibliográficas
RESUMEN
La poliposis intestinal es generalmente familiar, es un trastorno autosómico
dominante raro con tendencia a la transformación maligna.
Se trata de un paciente de 47 años (AVI) con historia de haber sido un fumador y
bebedor por más de 20 años. Hace un año ingresa por falta de aire asociado a
aumento de volumen de miembros inferiores, se concluye como anemia carencial,
insuficiencia cardiaca, diabetes mellitus y cirrosis hepática, mejoría con el
tratamiento impuesto.
En julio del 2006 empeoran los edemas y se le añade a los diagnósticos
anteriores el de insuficiencia renal crónica. La persistencia de los síntomas
obliga su ingreso en diciembre del 2006, se aplica el método clínico en todas
sus fases descartándose los diagnósticos previos y concluyéndose como una
poliposis intestinal múltiple y diabetes mellitus.
En el proceso del diagnóstico médico que realizamos a diario es importante
cumplir una serie de pasos muy relacionados entre si que incluye el
planteamiento del problema por el enfermo, la recolección de la información
mediante el interrogatorio y el examen físico, la elaboración de la hipótesis
diagnóstica, la indicación de las investigaciones y finalmente la solución del
problema mediante el tratamiento. Cualquier error en las fases iniciales
repercute en el diagnóstico definitivo y por tanto en la conducta terapéutica.
INTRODUCCIÓN
Se denomina pólipo intestinal a todo tumor circunscrito que protruye desde la
pared a la luz intestinal. La definición obedece, por tanto, a una descripción
macroscópica, con independencia de sus características histológicas. Según la
superficie de fijación a la pared intestinal, los pólipos pueden ser pediculados
o sésiles. En relación al número de lesiones pueden ser únicos o múltiples;
cuando éste es muy elevado (más de 100) se denomina poliposis intestinal y
constituye una entidad nosológica diferenciada. Aunque su localización más
frecuente es el intestino grueso, también pueden hallarse en cualquier otro
órgano del tracto digestivo.
La etiología de los pólipos intestinales es desconocida y probablemente
multifactorial. En la mayoría de los casos se han implicado hábitos de dieta y
estilo de vida. Sin embargo en una minoría de casos exite una predisposición
genética, y en una pequeña proporción aparece en el seno de un síndrome familiar
hereditario (síndromes de Poliposis Gastrointestinal) asociado a otras
manifestaciones (1).
En cuanto a los factores ambientales, existe una diferencia epidemiológica
clara: este problema es mucho mas frecuente en los países desarrollados. De
hecho, se consideran factores de riesgo una dieta rica en grasas y en carne de
vacuno, y una dieta pobre en cereales, fruta y verduras. Se ha encontrado
evidencia de menor riesgo de adenomas y de cáncer de colon secundario con una
dieta rica en fibra, en individuos con una ingesta hídrica abundante y con
utilización crónica de AINES.
La relevancia de esta patología no estiba en los síntomas directamente
relacionados con los pólipos, generalmente escasos, sino en la probabilidad del
desarrollo de displasia y degeneración carcinomatosa de los mismos.
Los pólipos constituyen una patología muy frecuente: podemos encontrarlo en
aproximadamente un 25-41% de la población a los 50 años. La incidencia aumenta
con la edad. Pueden aparecer en cualquier segmento del tubo digestivo, si bien
son mas frecuentes en el colon, principalmente en recto y sigmoide, aunque
pueden estar presentes en cualquier segmento del intestino grueso (2).
La mayoría de los pólipos son asintomáticos, sin embargo, la probabilidad de
desarrollar sintomatología aumenta con el tamaño del pólipo (ulceración,
síntomas obstructivos). En muchos casos es un hallazgo causal cuando la
indicación de endoscopia es por otros motivos.
Las manifestaciones clínicas de los pólipos son:
· Pérdidas hemáticas: 45-50%
· Cambios del ritmo deposicional: 10-20%
· Síntomas dispépticos:7-10%
· Dolor abdominal:4-6%
· Presencia de moco en las deposiciones: 4-5% (particularmente en adenomas
vellosos).
La poca expresividad clínica de los pólipos contrasta con los grandes avances en
el mejor conocimiento de la epidemiología, etiopatogenia e historia natural de
los mismos, lo que permite establecer unos grupos de riesgo, por lo general
asitomáticos, que pueden beneficiarse de una exploración endoscópica de screenig
con el consiguiente diagnóstico precoz de las lesiones (3).
Los pólipos colónicos se clasifican según sus características histológicas en
adenomas (67%), pólipos hiperplásicos (11%) y una miscelánea (22%) que incluye
pólipos inflamatorios, juveniles, mucosos, hamartomatosos y otras lesiones no
mucosas.
Pólipos adenomatosos.
Los pólipos adenomatosos o adenomas colorrectales constituyen una familia de
neoplasias mucosas con diversidad de apariencia externa pero que comparten
características genéticas, fenotípicas y evolutivas esenciales. Histológicamente
se definen como una proliferación no invasiva de células epiteliales y se
clasifican en: adenomas tubulares (85%), tubulovellosos (10%) y vellosos (5%).
En función de las anormalidades citológicas y estructurales pueden presentar
displasia de bajo o alto grado. Esta última situación corresponde al carcinoma
in situ, en el cual los focos neoplásicos no superan la capa muscularis mucosae
y, por tanto, su capacidad de diseminación es nula. Es importante diferenciar
esta entidad del pólipo maligno que representa un adenoma en el que se ha
originado un adenocarcinoma que infiltra hasta la capa submucosa y,
consecuentemente, constituye un carcinoma invasivo precoz.
El tamaño de los pólipos adenomatosos oscila entre protrusiones de 1-2 mm hasta
tumoraciones de 10 cm. Son raros en el intestino delgado, pero muy frecuentes en
el colon. Su incidencia aumenta en relación a la edad y es más elevada en los
países occidentales que en las zonas subdesarrolladas.
Diversos estudios epidemiológicos y de intervención han demostrado de manera
inequívoca que el adenoma colónico constituye una lesión premaligna. Además,
recientemente se han identificado las alteraciones genéticas que participan en
la secuencia adenoma-carcinoma. En ésta, la presencia de mutaciones somáticas en
el gen APC representaría la alteración inicial que induce el proceso de
proliferación y transformación celular, mientras que la activación del gen K-ras
y la inactivación de DCC y p53 participarían en la progresión tumoral.
La probabilidad de transformación carcinomatosa de un adenoma aumenta en
relación al tamaño de la lesión y a la proporción del componente velloso. Así,
mientras que en los adenomas tubulares menores de 5 mm el riesgo de hallar un
área de displasia de alto grado es inferior al 0,1%, en los pólipos vellosos
mayores de 1 cm éste supera el 40%.
Pólipos hiperplásicos
Los pólipos hiperplásicos, también denominados metaplásicos, constituyen el
10-30% de todos los pólipos colónicos identificados mediante colonoscopía o en
estudios necrópsicos. Son más frecuentes en personas de edad avanzada y suelen
localizarse en la parte distal del colon y en el recto. Su aspecto macroscópico
es indistinguible del de los adenomas, pero microscópicamente se comprueban
criptas elongadas de contornos aserrados y un epitelio con ausencia total de
atipias. Dada la elevada prevalencia de pólipos adenomatosos e hiperplásicos en
el recto y sigma, no constituye una rareza observar la presencia simultánea de
ambos tipos de lesiones.
A pesar de no poseer capacidad de transformación neoplásica per se, se han
descrito casos de pólipos hiperplásicos con focos de adenoma e, incluso, de
carcinoma.
Pólipos inflamatorios
Los pólipos inflamatorios se forman como consecuencia del proceso regenerativo
de un foco inflamatorio, por lo que carecen de potencial de degeneración
maligna. Estos pólipos pueden en ocasiones alcanzar un tamaño notable y se
encuentran en diversas enfermedades del colon, como la enfermedad inflamatoria
del intestino, la colitis amebiana o la disentería bacilar (1- 4).
Para realizar el diagnostico de una determinada enfermedad es importante seguir
los pasos del método clínico. El método clínico o "proceso del diagnóstico", son
los pasos ordenados que todo médico aplica en la búsqueda del diagnóstico en sus
enfermos individuales, y consisten en: formulación por el enfermo de sus quejas
de salud; obtención de la información necesaria (síntomas, signos y otros datos)
para después establecer las hipótesis diagnósticas presuntivas e ir a su
comprobación final, por intermedio de una contrastación que, en la mayoría de
las circunstancias, aunque no en todas, se realiza a través de análisis de
laboratorio, de cualquier tipo que sean. Así pues, los 5 pasos o etapas del
método son: formulación, información, hipótesis, contrastación y comprobación
(5- 6).
Decidimos presentar este caso cuyo diagnóstico fue realizado gracias al
cumplimento de los pasos del método clínico.
DESARROLLO
CASO CLÍNICO:
Paciente AVI de 47 años que ingresa en diciembre del 2006 por aumento de volumen
de los miembros inferiores.
Se recoge que desde la infancia padece de anemia sin poder precisar la
etiología, hace 10 años fue operado de colon sin definir diagnóstico con
resección de un fragmento de este, después de lo cual se mantiene con diarreas
frecuentes, abundantes en cantidad, en número de 3-4 diarias que alternan con
deposiciones normales también de 2 o 3 días. Un año después de esta operación se
interviene quirúrgicamente por segunda vez por oclusión intestinal secundario a
bridas.
Hace un año ingresa por falta de aire a los esfuerzos con empeoramiento
progresivo asociado con aumento de volumen de los miembros inferiores. Se
estudia y se concluye como anemia carencial, insuficiencia cardiaca, diabetes
mellitus de debut y cirrosis hepática y se impone tratamiento para estas, con
mejoría de la falta de aire pero manteniendo el aumento de volumen de los
miembros inferiores.
En julio del 2006, empeoran los edemas y se realiza creatinina que se encontraba
elevada y a los diagnósticos anteriores se le añade el de una insuficiencia
renal crónica secundaria a la diabetes mellitus imponiéndosele tratamiento con
inferón y albúmina.
Evolutivamente se mantiene con el aumento de volumen de los miembros inferiores
que fluctuaba con los días, así como las diarreas con iguales características.
Ingresa en estos momentos ya que se mantenían los edemas y aparecen síntomas
generales asociados.
Anamnesis remota.
Fumador de una caja diaria hasta hace 6 años.
Bebedor diario de 2-3 canecas hasta hace 5 o 6 años.
Transfusión previa a la intervención quirúrgica hace 10 años sin precisar
reacción ni motivos de la misma.
Poca atención familiar, alimentación mala, caso social.
Examen físico positivo.
Aspecto de crónicamente enfermo.
Palidez cutáneo mucosa.
Dedos en palillo de tambor.
Abotagamiento facial inicial.
Edemas fríos, blandos, fácil godet, no dolorosos que ascienden hasta la rodilla
inicialmente, luego en dorso del pie y regiones maleolares.
Adentia parcial, sepsis oral.
Ingurgitación yugular con reflujo hepatoyugular al ingreso.
Cicatriz abdominal paramedia derecha y otra izquierda de aproximadamente 10
centímetros.
Complementarios positivos.
· Hemoglobina: ente 6.4 -7.5 g/l.
· Proteínas totales: entre 41 - 45 g/l, albúmina 22 g/l.
· Hierro sérico: 2.9 micromol/L.
· Ultrasonido abdominal: hígado con aumento de su ecogenicidad de aspecto
granular. Litiasis en el grupo calicial medio del riñón derecho.
· Ecocardiograma: aumento de la ecogenicidad de la raíz de la aorta, hipertrofia
ventricular concéntrica.
· Glicemia: 9.8mmol/l.
· Hemoglobina: 6.4g/l.
· Proteinuria 24hs: albúmina dosificable.
· Tomografía de abdomen: estómago muy dilatado con gran cantidad de secresiones
en su interior. Hay una gran masa hiperdensa que ocupa toda la luz que pudiera
estar en relación con tumoración o restos de alimentos.
· Endoscopía: en la segunda porción del duodeno hay una lesión de aspecto
polipoide pediculada de 2 centímetros de longitud de superficie lisa, algo
enrojecida. En el bulbo duodenal se observan lesiones pequeñas en número de 3,
la mayor de un cms de diámetro de aspecto polipoide, sésiles hacia su cara
posterior y borde interno. Estomago: a nivel del antro en su cara posterior se
observa lesión polipoide senil de un centímetro de diámetro. En fundus gástrico
se observan lesiones que toman aspecto de racimos que abarcan todo el fundus y
se extienden al cuerpo alto y al tercio distal del esófago con zonas de
ulceración y abundantes secreciones y exudados. Conclusiones: lesiones de
aspecto polipoide en segunda porción duodenal, bulbo y antro gástrico. Lesión de
aspecto tumoral maligno en fundus que se extiende a cuerpo alto y tercio distal
del esófago. Se toma biopsia.
· Biopsia: fragmento de mucosa negativo de células neoplásicas.
· Colonoscopía: se vence la válvula iliocecal, se constata la presencia de
pólipos de diferentes tamaños en todo el trayecto explorado.
· Biopsia: pólipos hiperplásicos.
· Tránsito intestinal: se constatan pólipos en intestino delgado.
· Sangre oculta en heces fecales: positiva XXX.
· Medulograma: déficit de hierro, ácido fólico y vitamina b12.
DISCUSIÓN DIAGNÓSTICA.
En este paciente lo primero que nos hicimos fueron interrogantes sobre los
diagnósticos previos que presentaba, partiendo de la base que se trata de un
paciente con diabetes mellitus, anemia y edemas, con los datos de ser fumador,
bebedor y caso social. Por tanto nos planteamos:
1. ¿Tiene una insuficiencia renal crónica? Es un paciente diabético, tiene
edemas, pero las creatininas son normales por lo que descartamos esta
posibilidad.
2. ¿Tiene una cirrosis hepática? Tiene antecedentes de ser un bebedor frecuente,
pero no hay estigmas periféricos de insuficiencia hepática, y este, por
ultrasonido solo tiene aumento de la ecogenicidad, las pruebas de función
hepática son normales, por tanto pensamos que puede tener un daño hepático por
el alcohol, que pudiera ser una esteatosis, pero no una cirrosis.
3. ¿Tiene una cardiopatía? No se recogen antecedentes de ser un hipertenso ni de
una cardiopatía estructural, no hay síntomas de insuficiencia cardiaca. La
disnea puede ser expresión de la anemia, además el ecocardiograma es normal, por
tanto, planteamos que no tiene una insuficiencia cardiaca como causa de sus
síntomas.
Una vez realizados estos planteamientos decidimos comenzar como un paciente
nuevo que solo contamos con los antecedentes de ser fumador, alcohólico y caso
social, que ahora ingresa por anemia, edemas en miembros inferiores y es un
diabético de base. Utilizando el método clínico decidimos reinterrogar este
paciente e indicar los estudios necesarios para llegar a un diagnóstico.
La anemia es lo más importante en este paciente y lo que ha motivado todos sus
ingresos.
Las anemias se clasifican en premedulares, medulares y posmedulares.
Las medulares las descartamos en grupo en este paciente ya que además de la
anemia hay trastornos hemorrágicos y un cuadro séptico que no lo evidenciamos en
nuestro paciente. Dentro de las anemias posmedulares tenemos las causadas por
pérdida aguda o crónica de sangre y las hemolíticas, en estas últimas hay
palidez, íctero, esplenomegalia y pleiocromía fecal, aspectos estos no
evidenciados en nuestro paciente. Las secundarias a pérdidas crónicas de sangre
hay que tenerlas en cuenta por la presencia de sangre oculta en heces fecales
positiva.
La mala alimentación y la resección intestinal previa hacen sospechar que en la
anemia exista un componente carencial de déficit de hierro, ácido fólico,
vitamina B12 y proteínas (4).
Teniendo en cuenta los hallazgos radiológicos, y endoscópicos pensamos en causas
digestivas, por lo que debemos descartar los tumores gástricos, estos pueden ser
benignos o malignos. Dentro de los malignos el carcinoma gástrico es el más
frecuente, este se ve más en el sexo masculino, hay síntomas digestivos de
aproximadamente un año de evolución que se agravan con la ingestión de alimentos
y los síntomas generales son progresivos; por tanto, en este paciente si la
anemia la hacemos dependiente de la patología digestiva esta no puede ser
maligna por el tiempo de evolución y el buen estado general del paciente, por lo
que, descartamos en grupo todas las causas malignas: carcinomas, linfomas,
leiomiosarcoma, carcinoides, carcinosarcomas y lesiones metastásicas.
Dentro de las causas benignas, tenemos los tumores epiteliales y dentro de estos
los pólipos, los cuales pueden ser únicos o múltiples, indiferenciados que son
potencialmente malignos y los diferenciados (adenomas) que son mas frecuentes y
tienen poco potencial maligno. Este paciente tiene pólipos en la segunda porción
del duodeno, en el bulbo duodenal, dentro del estómago en el antro, fundus y en
el tercio distal del esófago, por tanto vamos a referirnos a enfermedades
posibles en este paciente:
· Poliposis difusa: es una enfermedad rara, hay pólipos en toda la mucosa
gástrica, son numerosos y a veces la cubren como una alfombra.
· Gastritis polipoide hiperplásica: los nódulos están formados por glándulas
hiperplásicas alargadas y bien diferenciadas, parece una forma localizada de la
gastritis hipertrófica gigante de Menetrier.
· Enfermedad de Menetrier, fue descrita en 1888 es una enfermedad rara de
etiología incierta, es más frecuente en el sexo masculino, la duración de los
síntomas varía entre 2 meses y 22 años, con duración media de 2 años, hay dolor
abdominal asociada a vómitos, diarreas, pérdida de peso y edemas periféricos.
Por tanto en este paciente con hipoproteinemia, anemia y molestias epigástricas
la enfermedad de Menetrier hay que pensarla, en esta por las radiografías
encontramos pliegues gigantes rígidos, secreción excesiva de mucus, vaciamiento
lento del estómago, pólipos particularmente en curvatura mayor. En la endoscopía
se encuentran pliegues tortuosos que no se modifican con la insuflación de aire.
En todas estas entidades el diagnóstico diferencial es difícil, el cuadro
radiológico es semejante: en la hipertrofia gigante la endoscopía demuestra
pliegues muy gruesos, cerebriformes, en la poliposis gástrica los pólipos aunque
numerosos pueden ser claramente identificados y entre estos la mucosa tiene
aspecto atrófico, por tanto, el diagnóstico entre estas dos entidades es
prácticamente imposible y la biopsia puede servir de poca ayuda porque
normalmente no se puede tomar muestra de todo el espesor de la mucosa y puede
ser necesaria una biopsia quirúrgica.
Ante un paciente con pólipos, no solo en el estómago sino también en el
intestino delgado y colon debe hacernos pensar en los síndromes de poliposis
intestinal los cuales pueden clasificarse en dos grandes categorías en función
de que sean o no hereditarios. A su vez, los primeros pueden subdividirse según
la estirpe histológica de los pólipos en adenomatosos o hamartomatosos.
Poliposis cólica familiar
También denominada poliposis adenomatosa familiar. Se trata de una enfermedad
hereditaria autosómica dominante caracterizada por la presencia de numerosos
pólipos adenomatosos (más de 100) a lo largo de todo el intestino grueso. El
diagnóstico suele hacerse entre la segunda y la cuarta décadas de la vida. En el
intestino se encuentran las tres variedades de adenomas (tubulares,
tubulovellosos y vellosos), en general de pequeño tamaño (inferiores a 5 mm) y
cubriendo de modo difuso la mucosa.
La poliposis cólica familiar es una enfermedad con un alto potencial de
malignización, de manera que si no se efectúa el tratamiento quirúrgico, la casi
totalidad de pacientes desarrollarán un carcinoma colorrectal antes de los 50
años de edad.
Recientemente, mediante estudios de ligamiento genético y posterior clonaje
posicional ha sido posible identificar el gen responsable de la poliposis cólica
familiar, APC –adenomatous polyposis coli–, localizado en el brazo largo del
cromosoma 5. La presencia de mutaciones germinales en este gen ha permitido el
diagnóstico molecular de la enfermedad y, consecuentemente, su aplicación en el
cribado familiar de la misma. La distribución de las mutaciones en APC es muy
heterogénea, aunque la mayoría de ellas introducen prematuramente un codón de
terminación, lo que resulta en la síntesis de una proteína truncada. La
localización de la mutación probablemente determina el espectro clínico de la
enfermedad. En este sentido, se ha descrito una variante denominada poliposis
adenomatosa familiar atenuada que se caracteriza por un inicio más tardío y un
menor número de pólipos localizados de manera preferente en el colon derecho, y
cuya alteración molecular consistiría en la presencia de mutaciones en el
extremo 5' del gen APC.
Alrededor del 40% de los pacientes presentan lesiones gastroduodenales asociadas
como poliposis glandular fúndica, adenomas o pólipos hiperplásicos, y es muy
frecuente la existencia de lesiones hiperpigmentadas de la retina.
El cuadro clínico suele ser inespecífico. Los síntomas más frecuentes son
rectorragia o hematoquecia, dolor abdominal y diarrea. Sin embargo, las
manifestaciones de esta enfermedad no se hallan limitadas al colon y recto, sino
que pueden ser debidas a la existencia de pólipos gastroduodenales, osteomas,
tumores desmoides, quistes epidermoides y, más raramente, a tumores de tiroides.
El diagnóstico puede establecerse tanto por radiología como por endoscopia. No
obstante, es necesario comprobar la naturaleza adenomatosa de la lesión mediante
estudio histológico.
Dada la posible existencia de manifestaciones extraintestinales, una vez
establecido el diagnóstico es conveniente efectuar diversas exploraciones como
fibrogastroscopía, examen del fondo de ojo y ortopantomografía, a fin de
descartar pólipos gastroduodenales, lesiones pigmentarias de la retina y quistes
dentarios, respectivamente.
El tratamiento es siempre quirúrgico y debe realizarse sin demora en los
pacientes que hayan sobrepasado los 25 años de edad. Si en el recto hay escasos
pólipos puede indicarse una colectomía subtotal con ileoproctostomía y
seguimiento periódico mediante endoscopía y fulguración de los nuevos pólipos
que aparezcan en el recto. Si el número de pólipos rectales es elevado, es
preferible practicar colectomía total con reservorio ileoanal. Se ha descrito
regresión de los adenomas colónicos con el tratamiento prolongado con sulindaco.
El tiempo transcurrido entre la aparición de los pólipos y el desarrollo de
carcinoma es aproximadamente de unos 10 años, por lo que es fundamental efectuar
un diagnóstico precoz mediante el estudio de todos los miembros de la familia.
Para ello, la estrategia más habitual consiste en efectuar una vigilancia
endoscópica mediante rectosigmoidoscopía anual a partir de los 13-15 años de
edad. Si se sospecha una poliposis cólica familiar atenuada, es conveniente
realizar una colonoscopía completa debido a la tendencia a presentar pólipos en
el colon derecho. La identificación del gen APC como responsable de esta
enfermedad ha permitido desarrollar técnicas moleculares para el diagnóstico
presintomático de la misma. Estos procedimientos posibilitan la racionalización
del cribado familiar, de manera que el seguimiento endoscópico puede centrarse
en aquellos miembros portadores de mutaciones y, por tanto, en riesgo de
desarrollar la enfermedad. Las técnicas empleadas en el diagnóstico molecular
son el análisis de ligamiento y la prueba de la proteína truncada.
Síndrome de Gardner.
La identificación del gen APC como responsable de esta entidad ha permitido
confirmar que el síndrome de Gardner forma parte del espectro clínico de la
poliposis cólica familiar. En este sentido, se reserva esta denominación para
aquellos individuos que presentan lesiones extraintestinales asociadas a la
afección colorrectal. Dado que los pólipos son de tipo adenomatoso, el riesgo de
malignización es idéntico al descrito en la poliposis cólica familiar.
Las lesiones extraintestinales más frecuentes son osteomas en maxilares, cráneo
y huesos largos, tumores desmoides, fibromatosis mesentérica y quistes
subdentarios.
La conducta diagnóstica y terapéutica no difiere de la descrita para la
poliposis cólica familiar.
Síndrome de Turcot.
Esta enfermedad hereditaria autosómica recesiva fue inicialmente descrita como
la asociación de poliposis cólica familiar y tumores del sistema nervioso
central. Sin embargo, recientemente, se ha descrito la presencia de mutaciones
germinales tanto en el gen APC como en un gen responsable de la reparación del
DNA. De esta manera, los tumores del sistema nervioso central deberían incluirse
entre las lesiones asociadas a la poliposis cólica familiar y al cáncer
colorrectal hereditario no ligado a poliposis.
El número de adenomas suele ser menor que en los casos de poliposis cólica
familiar y el tratamiento es el mismo que para esta enfermedad.
Poliposis cólica juvenil.
Esta enfermedad, de presentación durante la infancia, se caracteriza por la
existencia de pólipos hamartomatosos que afectan invariablemente el recto y, en
ocasiones, el colon. Los pólipos presentan un tamaño en general superior a 2 cm
y se distinguen por contener glándulas con dilatación quística y un infiltrado
inflamatorio en la lámina propia. Los síntomas, que pueden deberse a
invaginación, hemorragia o prolapso del pólipo por el ano, suelen manifestarse a
partir de los 5 años de edad. A pesar de que estas lesiones no poseen potencial
de malignización intrínseco, en un elevado porcentaje de casos (10-60%) se
asocia a neoplasias gastrointestinales. Recientemente, se han identificado dos
genes (PTEN y SMAD4) que participan en la patogenia de esta enfermedad
estimulando la proliferación del estroma, lo que a su vez favorecería la
transformación neoplásica de las células epiteliales adyacentes como
consecuencia de un microambiente anómalo.
El tratamiento consiste en la escisión endoscópica. La resección quirúrgica sólo
está indicada en casos de hemorragia grave, obstrucción intestinal o
invaginación.
Síndrome de Peutz-Jeghers.
Consiste en la asociación de pólipos gastrointestinales múltiples de tipo
hamartomatoso con pigmentación melánica de la mucosa bucal, labios, manos, pies
y, en ocasiones, región perianal. Las lesiones polipoideas son de diferentes
tamaños y se hallan difusamente distribuidas por todo el tracto digestivo, de
predominio en el intestino delgado. Histológicamente se caracterizan por poseer
un eje conectivo fino y muy ramificado que contiene músculo liso y les confiere
un aspecto arborescente. Si bien es una enfermedad hereditaria asociada a
mutaciones en el gen LKB1, en dos tercios de los casos no se hallan otros
familiares afectos de este síndrome.
Las pigmentaciones melánicas características se hallan presentes en las mucosas
desde el nacimiento, mientras que las de la piel acostumbran a aparecer durante
la pubertad. El síntoma predominante es el dolor abdominal recidivante de tipo
cólico, debido a episodios intermitentes de invaginación intestinal provocados
por los pólipos que aparecen en la primera década de la vida.
Aunque los pólipos hamartomatosos del síndrome de Peutz-Jeghers no tienen
capacidad de degeneración, se ha descrito una incidencia de neoplasias
digestivas algo superior a la de la población general.
Dada la distribución difusa de la poliposis, no está indicado el tratamiento
quirúrgico. Sin embargo, en ocasiones es necesario efectuar una resección
intestinal segmentaria debido a episodios de invaginación intestinal.
Poliposis neurofibromatosa (enfermedad de Von Recklinghausen).
Esta enfermedad sistémica puede afectar el tracto gastrointestinal con presencia
de neurofibromas submucosos susceptibles de degenerar. Presenta un patrón
hereditario autosómico dominante y es debida a mutaciones en el gen NF1. En
general, los pólipos intestinales son asintomáticos, aunque se han descrito
casos de hemorragia, perforación y oclusión intestinal.
Enfermedad de Cowden.
Es un síndrome de poliposis hereditario caracterizado por la presencia de
múltiples hamartomas en piel y mucosas y debido a la existencia de mutaciones en
el gen PTEN. Los pólipos intestinales son de tipo hamartomatoso y no sufren
transformación maligna, pero la enfermedad se asocia a cáncer de tiroides y
enfermedad fibroquística y cáncer de mama.
Estas enfermedades hereditarias son extremadamente raras, pero la existencia de
pólipos múltiples deberá conducir a una investigación genética (1-3).
El otro problema de salud en este paciente es la hipoproteinemia que pensamos
tiene diferentes causas:
· Malnutrición.
· Disminución de la síntesis que puede ser de origen genético o adquirido.
· Aumento del catabolismo.
· Pérdida de proteínas por el aparato gastrointestinal, la cual puede ser por:
1. Trastorno linfático gastrointestinal que origina una pérdida de líquido
linfático en la luz gastrointestinal.
2. Inflamación y ulceración de la mucosa del conducto gastrointestinal que
provoca trasudación de proteínas plasmáticas
Por tanto, la anemia en este paciente es multifactorial: por malnutrición,
alcoholismo, resección intestinal, patología digestiva la cual pensamos se trate
de una Poliposis Intestinal Múltiple.
El principal peligro de los pólipos es la posibilidad de una degeneración
maligna, por tanto, esto es algo que hay que seguir en este paciente.
En este paciente el diagnóstico ha sido realizado utilizando el método clínico,
de los diagnósticos que presentaba a su ingreso debido a su reinterrogatorio
hemos cambiado el diagnóstico definitivo y con ello la conducta terapéutica.
El proceso del diagnóstico médico es llevado a cabo todos los días cuando nos
enfrentamos a los pacientes individuales. En este quehacer diario el médico
cumple una serie de pasos muy relacionados entre sí que incluyen el
planteamiento del problema por el enfermo, la recolección de la información
sobre dicho problema mediante el interrogatorio y el examen físico, el
razonamiento diagnóstico dirigido a la elaboración de hipótesis diagnósticas
sobre el problema, la indicación de investigaciones como forma más frecuente de
contrastación de la hipótesis diagnóstica y finalmente, ya como asunto
relacionado con el proceso diagnóstico, pero que implica otro campo del actuar
médico, sigue la solución del problema mediante la conducta terapéutica.
Es de esperar que durante todo este recorrido se puedan cometer errores en cada
uno de los pasos mencionados y que los errores cometidos en los pasos iniciales
influyan o determinen errores en pasos siguientes con diferente impacto sobre la
solución del problema del enfermo.
El error médico es la principal causa de daño al enfermo en todo el mundo. Estos
eventos adversos se definen para la atención médica como el daño causado por el
manejo médico y no por la enfermedad del paciente (5).
El análisis del error médico exige un enfoque sistémico y a la vez educativo.
Este enfoque persigue ver el problema en su complejidad pero con intenciones
constructivas, lo cual no niega la responsabilidad individual. Este enfoque no
define quien actúa para identificar el problema del sistema o la competencia del
médico, sino que enfatiza en que existe un problema y ello constituye una
oportunidad para corregir el proceso. Las soluciones incluyen acciones dirigidas
a elevar la competencia y desempeño del individuo, pero estas acciones solo
persiguen mejorar el proceso de atención médica y no destruir al médico, esto
significa crear un ambiente de cooperación y mejoría continua, en el que se
supervisa al médico (7-8).
Una fuente de errores es la relacionada con las misteriosas acciones de
probabilidad aleatoria (5) Pensemos en un médico que ve a un paciente por tos
sin elementos al examen físico, pero tiene la corazonada de que se trata de un
cáncer del pulmón. Realiza entonces un grupo de estudios complementarios y
eventualmente prueba su corazonada.
Esta experiencia puede hacer que sobre estimemos el talento del médico si el
juicio inicial fuera resultado de una adivinanza, más que de una habilidad. La
tendencia natural es a asignar un alto valor a los triunfos personales con
insuficiente crédito para el papel de la probabilidad aleatoria (6). El juicio
es un complemento, no un sustituto del conocimiento. Un médico que solo se base
en su juicio y no se base en revisión de literatura ante situaciones difíciles,
podrá realizar un brillante diagnóstico de ulceras pépticas recurrentes, pero no
se dará nunca cuenta de que esta se puede evitar con el tratamiento antibiótico
adecuado. Más aun, un médico que no aprecie los límites del juicio, no
aprovechará las ventajas de los avances tecnológicos.
Se cometen errores en el juicio médico debido a que la práctica médica demanda
mucho esfuerzo intelectual al hombre. El razonamiento intelectual intachable, la
búsqueda diligente de los errores y unas condiciones ambientales a toda prueba
requieren de un talento súper humano.
CONCLUSIONES
· La poliposis intestinal es un trastorno autosómico dominante raro con
tendencia a la transformación maligna.
· Los errores médicos durante el proceso diagnóstico son frecuentes en la
práctica y ello conlleva a la toma de decisiones diagnósticas y terapéuticas
inadecuadas.
RECOMENDACIONES
· La utilización del método clínico por los estudiantes y médicos en general
debe ser sistemática, para lograr diagnósticos certeros, evitando así los
errores médicos.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
1. Farreras-Rozman. Medicina Interna. 14ta ed. España: Ed Harcourt; 2000.
2. Harrison's. Principles of internal medicine. 16th ed. New York: Ed McGraw-Hill;
2006.
3. Mark H, Beers MD, Robert BM. El manual Merk. 10ma ed. España: edición del
centenario; 1999.
4. Roca Goderich. Temas de Medicina Interna. 4ta ed. La Habana; 2002.
5. Kohn LT, Corrigan JM, Donaldson MS. To err is human: building a safer health
system. Washington, DC: Institute of Medicine, National Academy Press, 1999.
6. Goldman L. Quantitative aspects of clinical reasoning. En: Fauci AS, editor.
Harrison's. Principles of internal medicine. 14th ed. New York: McGraw-Hill,
1998.
7. Ilizástegui F, Rodríguez MA. El método clínico. La Habana 1989.
8. Moreno Rodríguez MA. El método clínico. La Habana 1998.
AUTORES
Dra. Birsy Suárez Rivero.
Especialista de primer grado en medicina interna.
Profesor auxiliar.
Dra. Alujy Suárez Rivero.
Especialista de Primer Grado en Medicina General Integral.
Dr. Alain Rosell Suárez.
Estudiante de 6to año de Medicina.
Hospital Militar Central Dr. “Carlos J. Finlay”
Ciudad Habana. Cuba
2008
Enviado por Dra. Birsy Suarez Rivero y otros autores
Contactar mailto:birsy.suarezrivero@yahoo.es
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Publicado Tuesday 5 de August de 2008
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