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Enviado por José Miguel Ledesma
Código ISPN de la Publicación: EkuFVkAuFpWRiWpecK
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| Resumen: El principio de relatividad es el mas trascendental y menos comprendido hallazgo de Galileo. Él mismo, en sus ‘Dialogos de los ma¬ximos sistemas’ le hace decir a Salviati: "Encerraos con algun amigo en la mayor habitacion de un gran navio, donde haya moscas, mariposas y animalitos semejantes, y ademas, un recipiente de agua contenien¬do pececillos. Suspended tambien un cubo que gota a gota vierta agua en otro vaso de boca angosta puesta debajo... |
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El principio de relatividad es el más trascendental y menos comprendido
hallazgo de Galileo. Él mismo, en sus ‘Diálogos de los máximos sistemas’ le hace
decir a Salviati: "Encerraos con algún amigo en la mayor habitación de un gran
navío, donde haya moscas, mariposas y animalitos semejantes, y además, un
recipiente de agua conteniendo pececillos. Suspended también un cubo que gota a
gota vierta agua en otro vaso de boca angosta puesta debajo. Y estando la nave
detenida, observad atentamente cómo aquellos animalitos, volando con igual
velocidad, van hacia cualquier parte de la habitación. Se verá nadar a los peces
indistintamente en todos sentidos; las gotas al caer entrarán todas en el vaso
puesto bajo el cubo; y al arrojar a vuestro amigo alguna cosa, no tendréis
necesidad de enviarla hacia aquella parte con preferencia a ésta, cuando las
distancias son iguales, y si saltáis con los pies juntos, salvaréis iguales
espacios en cualquier dirección. Habiendo observado atentamente todas estas
cosas, haced mover la nave con cuanta velocidad queráis que —mientras el
movimiento sea uniforme y no se aparte de la línea recta— no reconoceréis la más
mínima mutación en todos los efectos mencionados, y de ninguno de ellos podréis
deducir si la nave se mueve o está quieta; al saltar salvaréis en el piso los
mismos espacios que antes y no porque la nave se desplace con gran velocidad
daréis un mayor salto hacia popa que hacia proa, aunque en el tiempo que estáis
en el aire el piso se mueve debajo de vuestros pies hacia la parte contraria á
la del salto; y tirando cualquier cosa al compañero, no será necesario arrojarla
con mayor fuerza para alcanzarlo ya esté hacia proa o hacia popa; como antes,
las gotas caerán en el vaso inferior sin desviarse hacia popa o hacia proa,
aunque mientras la gota está en el aire la nave se traslade muchos palmos; los
peces en el agua no nadarán con más fatiga hacia una parte u otra del recipiente
que contiene el líquido y limita sus movimientos, y finalmente, las mariposas y
las moscas continuarán indiferentemente su vuelo en todas direcciones".
Concisamente significa lo siguiente: “Ningún experimento realizado en un
sistema, sin referencia exterior, puede determinar si el mismo se encuentra en
reposo o en movimiento rectilíneo y uniforme". Y “ningún” significa justamente
eso, no hay excepciones. Cualquier moderno experimento con luces y ondas
electromagnéticas obtendrá el mismo resultado.
Sin embargo, a pesar de que no existe hecho que lo justifique, este inmenso
descubrimiento ha sido ignorado en los siglos siguientes hasta hoy día,
siguiendo un camino errado que comenzara, posiblemente con el hombre mismo ¿de
qué estoy hablando?
Hoy estamos bajo el imperio de la relatividad einsteiniana ¿Por qué? ¿Por qué
hay otra relatividad? ¿Hubo algún hecho físico o experimento que revelara la
inadecuación de la relatividad galileana? ¿Cuál? ¿El de Michelson-Morley, por
ejemplo? ¿Reveló, acaso, este experimento realizado sobre el sistema Tierra el
movimiento del mismo? La incomprensión del principio de relatividad se
manifiesta en que esa era la intención nada menos.
Pero hubo un resultado adverso ¿Cuál fue la conclusión? ¿Galileo fue acaso
reivindicado? Si ese hubiera sido el desenlace no habría relatividad
einsteiniana. Increíblemente se llegó a la conclusión de que la Física clásica
era inadecuada, insuficiente para describir los fenómenos ópticos y
electromagnéticos, cuando en realidad el principio de relatividad y una de sus
consecuencias, la adición newtoniana de velocidades estaba siendo confirmada
nítidamente, mediante ella, desde el enfoque de un observador inmóvil cerca de
la órbita terrestre no se hubiera previsto otro resultado.
Pero claro, no vamos a subestimar la capacidad de los miles de investigadores
que hasta ahora desechan (o no encuentran) esta explicación, razones debe haber
para ello, tanto conscientes como subyacentes.
Entre ellas tenemos la inercia del paradigma dentro del cual trabajan los
científicos como bien lo explicara Kuhn. Esta especie de sistema cerrado no se
abandona hasta que no da más, hasta que ya no explica más nada y así mismo
tienen que surgir algunas mentes temerarias con otro paradigma generalmente
resistido que va ganando adeptos a cuenta gotas hasta formar una masa crítica
que desencadena el cambio de marco conceptual. Por supuesto que en la inercia y
cohesión de un paradigma interviene una red de factores entrelazados entre los
que hay que contar el principio de autoridad científica, la confianza
irreflexiva en los conceptos asimilados con esfuerzo, el hecho de que en general
se trata del trabajo del cual se subsiste, la seguridad que inspira el consenso,
indiferencia, costumbre y todos sus sinónimos. Pero la más importante de estas
subyacencias tiene raíces mucho más profundas, tanto que forma parte del
fundamento de nuestra percepción, como muchos instintos que traemos de fábrica y
que es necesario soslayar para vivir civilizadamente. Tan poderoso es dicho
presupuesto, tan arraigado en la mente que hasta Kant supuso que no existía
fuera de ella, sino que nacía con ella siendo su “condición a priori de la
intuición”: el espacio.
El espacio no existe como ente real, es lo que no existe entre las cosas que
existen, y está tan incorporado a nuestra percepción que nos es dificultoso
definirlo sin caer en contradicciones, acabo de escribir: “es lo que no existe”
o “es lo que no es”.
Esta dificultad para definir el espacio como “nada” no es solo retórica, viene
ocasionando inmensos problemas para entender la realidad desde quién sabe
cuándo, “desde la noche de los tiempos”, los primeros registros de estas
dificultades nos llegan a través de Zenón de Elea y sus aporías, contradicciones
que surgen por referir el movimiento a la nada sin considerarla lo que es: nada.
La nada no es un referente de movimiento, todo movimiento es relativo entre
cosas existentes. Por referir el movimiento a un espacio inexistente se llegó a
la conclusión de que Aquiles, velocísimo personaje, nunca podría alcanzar una
triste tortuga, no solo Aquiles, tampoco un “fórmula uno” ni un misil.
No mencionaremos las especulaciones de otros filósofos que se han ocupado de “lo
que no existe entre lo que existe” entre los cuales el más notorio es Parménides,
que cortó por lo sano y dijo algo así como “no hay lo que no existe, por lo
tanto no hay lugar para que se puedan mover las cosas y si las vemos moverse es
una ilusión”.
Saltemos a Newton: lamentablemente se le ocurrió decir que existe el espacio
absoluto referente universal de movimiento sin que pudiera nunca, ni él ni
nadie, referir algo a tal espacio. Sus ecuaciones son irremediablemente
relativistas, pero él consideraba tal relatividad como lo que podíamos manejar
para resolver nuestros problemas domésticos, que el espacio absoluto era la
residencia de Dios desde donde monitoreaba todo el Universo. Newton no pudo
substraerse del peso de “la condición a priori de la intuición”. Y los que
siguieron tampoco. A pesar que el espacio absoluto no es más que una anécdota en
la física de Newton, sin que esta indique el más mínimo criterio para su
determinación —y también de que su teoría corpuscular de la luz prescinde de tal
espacio—, los textos y artículos de esta ciencia pregonan permanentemente que el
éter (el espacio propagador de la onda luminosa) es inherente a la física
clásica.
Huygens, Young y Fresnel: Es indudable, la luz provoca fenómenos solo
explicables por su naturaleza ondulatoria y las ondas deben propagarse en un
medio, pero ¿es imprescindible que ese medio abarque todo el Universo? Porque si
abarca todo el Universo todos los cuerpos existentes están sumergidos en él, se
mueven en él, y como la luz se mueve mediante él podríamos realizar un
experimento utilizando la luz para medir nuestra velocidad respecto al éter,
entonces adiós el principio de relatividad. Por supuesto que el hecho de
aventurar esa hipótesis es desechar el principio de relatividad.
La decisión de optar por el espacio referente de movimiento la relatividad fue
evidenciada, tal que errónea, por muchos experimentos, y tal contundente
realidad nunca fue asumida, tal es así que la relatividad einsteiniana no es la
relatividad sino un compromiso absurdo entre dos ideas que se excluyen
mutuamente: la relatividad y el éter, la relatividad y la no relatividad, “la
relatividad adulterada” como veremos más adelante.
Entonces: si la luz, tal que onda, no se propaga en un medio universal tal cual
lo indican los experimentos ¿cómo se propaga la luz?
Creí haber sido el primero en solucionar este problema pero ya fue divulgado,
como mínimo, por Carlos Lugo en su ignorado libro ‘Los rayos simultáneos’
(Editorial Americalee, 1968) —por mi parte llegué a esa conclusión en el año
1990, lo comuniqué por cartas a físicos y universidades de varios países sin el
menor eco—. Lo primordial es no perder de vista el principio de relatividad, ya
vimos a lo que llevó haber optado, en su lugar, por el “sistema universal de
referencia”: todos los experimentos fallaron a favor del descubrimiento de
Galileo.
Imaginemos un imán, o una partícula eléctrica: sus campos inherentes ¿Dónde
existen? ¿En un sistema universal o en el sistema de los cuerpos que lo generan?
Ahora sabemos, por una cantidad de experiencias, que el sistema universal no
existe, y aunque esos experimentos no se hubieran hecho, es inmediata la
deducción, mediante la relatividad, que los campos pertenecen al sistema de los
cuerpos que lo manifiestan, porque si existieran en un medio ajeno —habiendo
velocidad relativa entre tal sistema y los cuerpos— el campo no sería isotrópico,
y menos isotrópico cuanto mayor esa velocidad relativa. Mediante la medición de
dicha anisotropía alguien en el espacio diferenciaría entre el reposo y el
movimiento rectilíneo uniforme impugnando el principio de relatividad, nada de
eso ha sucedido.
Finalmente: ¿Cuál es el medio que propaga la luz tal que onda electromagnética?
Dado un cuerpo cargado eléctricamente o un electroimán por el que circule
corriente soportan un campo respectivo. Las variaciones en la intensidad de esos
campos se propagan desde los cuerpos hacia el infinito a la velocidad de la luz,
entonces las ondas electromagnéticas se propagan en su propio medio, no en uno
universal. De modo que las ecuaciones de Maxwell, dado que su autor suponía la
existencia de un sistema universal como asiento de los campos y para la
propagación de ondas, en realidad describen la electrodinámica en un solo
sistema. Para describir las interacciones con otros sistemas debe aplicarse la
mecánica newtoniana, con la cual no hay contradicciones si los campos y ondas no
son eventos que ocurren en un sistema único.
Pero sabemos que tal inadecuado sistema único nunca fue abandonado, de otro modo
no estaríamos bajo el imperio de la relatividad einsteiniana sino galileana.
Para explicar el resultado del experimento de Michelson-Morley, por ejemplo —en
lugar de advertir que la luz se comportó como lo hizo por participar de la
inercia del sistema del interferómetro, esto es, los espejos y cristales
actuaron como retransmisores de luz—, sin abandonar al éter, instituyó que la
velocidad de la luz era independiente del estado de movimiento de la fuente y/o
del observador. El único modo en que esto suceda es que todo sistema inercial
esté inmóvil en el éter (y en el éter de Lorentz, el que contrae los cuerpos que
se mueven en él, lo que hace que tal “fenómeno” ocurra en los sistemas ajenos),
a pesar de sus velocidades relativas. El éter y la relatividad se excluyen
lógicamente y una teoría que contenga a ambos es ilógica y una teoría absurda
solo tiene consecuencias absurdas: dilatación del tiempo, contracción de
longitudes, aumento de la masa con la velocidad, relatividad de la
simultaneidad… todos estos supuestos fenómenos son refutables sin apelación, y
no voy a escamotear la equivalencia entre masa y energía, que si bien hay hechos
que la evidencian no es consecuencia del segundo postulado de la relatividad de
Einstein ya que este es falso.
Una teoría falsa no puede explicar nada. En el experimento de Michelson-Morley
por ejemplo, sus ecuaciones indican que hubo una contracción de longitudes en el
sistema del interferómetro, cuando el propio fundamento de la teoría dice que no
hay contracciones en el propio sistema. Y así todas sus consecuencias.
Quién quiera leer más acerca del tema le sugiero buscar en la red mis trabajos:
‘Restauración de la Física Clásica’ y ‘Paradojas en la relatividad’ y a su
pedido le enviaré adjunto por Email mi no definitiva (ni publicable) ‘Lectura y
comentario de “Los rayos simultáneos”’ sobre el libro de Carlos Lugo.
Enviado por José Miguel Ledesma
Contactar mailto:joselledesma@hotmail.com
Código ISPN de la Publicación: EkuFVkAuFpWRiWpecK
Publicado Thursday 28 de May de 2009
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