|
|
|
|
La deteccion temprana de las dificultades de aprendizaje en ninos en situacion de riesgos biologicos
|
Enviado por MsC. Olga Lidia Núñez Rodríguez; Dr. C. Ángel Luis Gómez Cardoso
Código ISPN de la Publicación: EkylAFyyVyTKFQTlCG
|
| Resumen: A pesar de todos los esfuerzos realizados aun existe un considerable numero de ninos que llegan al grado primero no aptos para asimilar un programa academico, es decir carecen de la madurez funcional necesaria para enfrentarse al programa formal del aprendizaje de la lecto-escritura y los conocimientos elementales de la matematica... |
|
Resumen
A pesar de todos los esfuerzos realizados aún existe un considerable número de
niños que llegan al grado primero no aptos para asimilar un programa académico,
es decir carecen de la madurez funcional necesaria para enfrentarse al programa
formal del aprendizaje de la lecto-escritura y los conocimientos elementales de
la matemática. Las reflexiones derivadas de los estudios de autores nacionales y
extranjeros y los intercambios con especialistas interesados y con experiencia
en el tema en eventos nacionales e internacionales, reafirman la necesidad de
ampliar las fuentes de información en esta temática de crucial importancia.
Introducción
Generalmente es aceptado que no hay período más crítico para el desarrollo de un
niño o niña que sus primeros cinco años de vida. A decir de Millá, M.G
(2006:153) en los primeros años de la vida se producen grandes transformaciones
biológicas y neuroevolutivas que posibilitarán el crecimiento y la maduración, y
permitirán a los niños y a las niñas adquirir las capacidades necesarias para
conocer el entorno e interactuar con él. Los recién nacidos desde los primeros
días, son seres activos, capaces de percibir y organizar las sensaciones que les
proporcionan los sistemas sensoriales con lo que se inicia el aprendizaje
motriz, cognitivo, lingüístico, emocional y social. Las primeras etapas
evolutivas se consideran como un momento primordial y crítico para la
adquisición y el desarrollo de destrezas y de conocimientos; de ahí que
cualquier desviación o dificultad durante la etapa infantil sienta las bases de
escenarios traducidos en posibles déficit que harán inevitables las dificultades
en las habilidades académicas y que persistan por años e inclusivo durante su
vida adulta.
Desarrollo
Razones suficientes para comprender cómo la detección temprana es fundamental
para el desarrollo del niño y de la niña en los procesos relacionados con la
inteligencia, la personalidad y las habilidades de comportamiento social. En
plena coincidencia con lo expresado por Fiel Martínez, A. (2007:2), la
importancia de la detección temprana se avala por dos razones fundamentales:
para compensar las deficiencias biológicas y las ligadas a los contextos
sociales y familiares desfavorables; y para habilitar a los contextos educativos
a llevar al niño más allá de su nivel de desarrollo actual.
A modo de poder comprender el eje central de este trabajo, los autores
consideran necesario el abordaje de conceptos de cardinal significación, a
saber: desarrollo, trastornos del desarrollo, detección, detección temprana y
niños y niñas en riesgos. Constructos muy relacionados entre sí y que devendrán
en análisis más positivos a favor de los niños y las niñas con dificultades de
aprendizaje. Para Fiel Martínez A. (2007:2) el desarrollo puede concebirse como
un conjunto de fenómenos en un proceso dinámico de organización sucesiva de
funciones biológicas, psicológicas y sociales en compleja interacción, cuyas
estructuras se modifican de acuerdo a las experiencias vitales; apunta además
que las experiencias vitales negativas, así como las alteraciones en la
organización de funciones biológicas, psicológicas y sociales, debidas a
diversos factores, podrían ejercer una influencia determinante en el fracaso
escolar en etapas posteriores. Belda, J. C (2000:14) considera que el desarrollo
es el proceso dinámico de interacción entre el organismo y el medio que da como
resultado la maduración orgánica y funcional del sistema nervioso, el desarrollo
de funciones psíquicas y la estructuración de la personalidad.
Las reflexiones devenidas de los autores descritos anteriormente permiten
definir el desarrollo infantil como un proceso dinámico, sumamente complejo, que
se sustenta en la evolución biológica, psicológica y social, en cambios
estructurales y funcionales cuantitativos y cualitativos del Sistema Nervioso
Central que experimentan el niño y la niña en su proceso de crecimiento y que
devienen en la configuración de las habilidades perceptivas, motrices,
cognitivas, lingüísticas y sociales que posibilitarán una equilibrada
interacción con el mundo circundante.
El desarrollo infantil en los primeros años se identifica por la creciente
adquisición de funciones tan primordiales como el control postural, la autonomía
de desplazamiento, la comunicación, el lenguaje verbal, y la interacción social.
Esta evolución está estrictamente ligada al proceso de maduración del Sistema
Nervioso Central, ya iniciado en la vida intrauterina y a la organización
emocional y mental. Requiere una estructura genética adecuada y la satisfacción
de los requerimientos básicos para el ser humano a nivel biológico y a nivel
psicoafectivo.
El desarrollo infantil es fruto de la interacción entre factores genéticos y
factores ambientales (Belda, J. C 2000:13): la base genética, específica de cada
persona, establece unas capacidades propias de desarrollo y hasta el momento no
es posible modificarla y los factores ambientales van a modular o incluso a
determinar la posibilidad de expresión o de latencia de algunas de las
características genéticas. Estos factores son de orden biológico y de orden
psicológico y social. Son factores ambientales de orden biológico el
mantenimiento de la homeostasis, estado de salud, ausencia de factores de
agresión al sistema nervios central, condiciones necesarias para una adecuada
maduración. Son factores ambientales de orden psicológico y social la
interacción del niño con su entorno, los vínculos afectivos que establece a
partir del afecto y estabilidad en los cuidados que recibe, la percepción de
cuanto le rodea (personas, imágenes, sonidos, movimiento). Estas condiciones,
que son necesidades básicas del ser humano, son determinantes en el desarrollo
emocional, funciones comunicativas, conductas adaptativas y en la actitud ante
el aprendizaje.
El sistema nervioso se encuentra en la primera infancia en una etapa de
maduración y de primordial plasticidad. Todo el proceso madurativo condiciona
una mayor fragilidad frente a las condiciones adversas del medio y las
agresiones, es por ello que cualquier causa que provoque una alteración en la
normal adquisición de los primeros estadios evolutivos, puede colocar en peligro
el desarrollo armónico posterior; no obstante, la plasticidad facilita al
Sistema Nervioso Central de una mayor capacidad de recuperación y reorganización
orgánica y funcional, que decrece de forma muy importante en los años
posteriores.
No en todos los casos el desarrollo en estas etapas trascurre normalmente, por
diferentes causas, situación que habla a favor de un trastorno del desarrollo,
que a decir de Belda, J. C (2000:15) este debe considerarse como la desviación
significativa del “curso” del desarrollo, como consecuencia de acontecimientos
de salud o de relación que comprometen la evolución biológica, psicológica y
social. Algunos retrasos en el desarrollo pueden compensarse o neutralizarse de
forma espontánea, siendo a menudo la intervención la que determina la
transitoriedad del trastorno.
La evolución de los niños con alteraciones en su desarrollo dependerá en gran
medida de la prontitud en la detección. Cuanto menor sea el tiempo de
deprivación de los estímulos, mejor aprovechamiento habrá de la plasticidad
cerebral y en consecuencia la evitación de trastornos en el curso normal del
desarrollo. En este proceso resulta decisiva la implicación familiar, para
favorecer la interacción afectiva y emocional así como para la eficacia de los
tratamientos.
La literatura especializada apunta cómo desde la Pediatría, la Neurología, la
Psicología, la Psiquiatría, la Pedagogía, la Fisiatría, la Lingüística, etc., se
le ofrecen a los niños y a las niñas con déficits o con riesgo de padecerlos, un
conjunto de acciones optimizadoras y compensadoras, que faciliten su adecuada
maduración en todos los ámbitos y que les permita alcanzar el máximo nivel de
desarrollo personal y de integración social (Belda, J. C 2000: 23); mas sería
oportuno referirse al término “en riesgo”. Para precisar la condición a la que
se refiere el estar "en riesgo" se han esbozado diferentes enfoques: Wilcoxon y
Bernheimer (en Galindo Sontheimer, D.A, 2002:65) definieron a los niños "en
riesgo" como aquellos que tienen una probabilidad superior al promedio de
presentar problemas en el desarrollo; estos problemas pueden abarcar desde
situaciones que conllevan amenazas para la vida, hasta el fracaso académico.
A decir de Fiel Martínez A. (2007:8) el concepto de recién nacido de riesgo se
define como aquel niño que, como consecuencia de sus antecedentes durante el
embarazo y/o parto, tiene más probabilidades de presentar, en los primeros años
de vida, problemas de desarrollo, ya sean cognitivos, motores, sensoriales o de
comportamiento, pudiendo ser transitorios o definitivos. En la actualidad el
concepto de riesgo debe ser ampliado al periodo postnatal y lactante pues en
muchas ocasiones el factor que pone en riesgo el desarrollo actúa tras el
nacimiento.
Gútiez Cuevas, P (2000:117), clasifica los grupos de riesgo de la siguiente
manera:
• Niños en situación de mayor riesgo ambiental: Los niños que proceden de
ambientes pobres, con un bajo estatus socio-económico, cuando hay ausencia de
padre - madre, cuando son abandonados o cuando la madre es aún adolescente o
padece problemas de salud mental.
• Niños en situación de mayor riesgos biológicos: Dentro de este grupo quedarían
incluidos niños prematuros, de bajo peso, niños procedentes de Unidades de
Cuidados Intensivos Neonatales, niños a término que han sufrido procesos de
asfixia, con semiología de alarma, etc.
• Niños con retrasos, desviaciones o discapacidades de desarrollo establecidas:
En este grupo se incluye a los niños con retrasos, alteraciones o discapacidades
documentadas, de tipo cognitivo de la movilidad, de la comunicación o
sensoriales.
Para Galindo Sontheimer, D.A, (2002:65) existen tres categorías de riesgo que no
son mutuamente excluyentes: el riesgo establecido, el riesgo ambiental, y los
riesgos biológicos. EI riesgo establecido se refiere a condiciones
diagnosticadas, generalmente en términos médicos, para las que comúnmente se
conoce su etiología y sus probables resultados y consecuencias. EI riesgo
ambiental se refiere a aquellos niños que no presentan problemas biológicos,
pero cuya situación de vida o ambiental se asocia con una probabilidad alta de
presentar dificultades en su desarrollo. Por último, los riesgos biológicos se
refieren a aquellos infantes que en su historia de educación temprana
manifiestan condiciones que sugieren problemas biológicos, como es el caso de la
anoxia perinatal o el bajo peso al nacer; a esta última categoría también se le
ha conocido como riesgo sospechado.
Coincidimos con los criterios de Belda, J. C (2000:15) al considerar como
riesgos biológicos aquellos niños que durante el período pre, peri o posnatal, o
durante el desarrollo temprano, han estado sometidos a situaciones que podrían
alterar su proceso madurativo, como puede ser la prematuridad, el bajo peso o la
anoxia al nacer, entre otras causales, y como niños de riesgo psico-social
aquellos que viven en unas condiciones sociales poco favorecedoras, como son la
falta de cuidados o de interacciones adecuadas con sus padres y familia,
maltrato, negligencias, abusos, que pueden alterar su proceso madurativo.
En el caso de niños y niñas con riesgos biológicos, si no se procede a tiempo se
complica más aún el desarrollo infantil y con ello como consecuencia, la
aparición de dificultades de aprendizaje; aunque es válido señalar que al
tratarse de niños y niñas en edad temprana y preescolar resulta contradictorio e
incongruente el hecho de expresarse en términos de dificultades de aprendizaje,
ya que aún no están en contacto con contenidos académicos propiamente dichos,
aunque sí con aprendizajes de tipo social que sin lugar a dudas en etapas
posteriores favorecen la asimilación de conocimientos de tipo académico.
No obstante se considera necesario detectar a los niños y niñas en riesgo de
presentar algún retraso evolutivo (desviaciones discretas en procesos cognitivos
básicos y en el lenguaje) que, sin ser muy significativo, puede indicar la
presencia de dificultades de aprendizaje para poderlas canalizar, es decir la
detección de los signos de alerta, que constituyen posibles indicadores de
trastornos en el desarrollo relacionados con las dificultades de aprendizaje. La
detección temprana de las dificultades de aprendizaje constituye el paso
imprescindible para el diagnóstico y la atención a tiempo. La detección temprana
es fundamental para poder incidir en una etapa en la que la plasticidad del
sistema nervioso es mayor y las posibilidades terapéuticas muestran su mayor
eficacia.
Somos del criterio que la detección de las dificultades de aprendizaje debe
realizarse con aquellos niños y niñas considerados como riesgos biológicos, es
decir desde el nacimiento hasta los seis años en que deben ingresar formalmente
a la red de escuelas de la educación general; entendida la detección no solo en
el proceso de conocimiento de que son niños y niñas en riesgo, sino en el
accionar preventivo con los mismos en el desarrollo de los conocimientos, las
habilidades y las destrezas propias de la etapa infantil propias de su grupo
etáreo (logros del desarrollo).
En este mismo orden de análisis, y en coincidencia con Millá, M.G (2006:154), es
necesario tener muy en cuenta los procesos ligados a la cognición, al manejo de
conceptos, al procesamiento visuoespacial y a los recursos lingüísticos, con
particular énfasis en: la atención, por lo que repercute en alteraciones en la
respuesta de atención general que limitan la recepción de la información y la
autorregulación, dificultades para la atención sostenida, inestabilidad, fatiga
y trastornos de atención con o sin hiperactividad; en la percepción, por las
dificultades en la organización perceptual y en la respuesta sensorial de las
modalidades específicas de los sistemas visual, auditivo y táctil; en la
memoria, por las alteraciones relacionadas con los procesos de codificación y
almacenamiento de la información, memoria sensorial (memoria auditiva, memoria
visual), memoria a corto y a largo plazo y en las habilidades lingüísticas para
desarrollar la capacidad de escuchar e interiorizar la información, dificultades
expresivas, de integración lingüística, en la grafomotricidad y en las
aproximaciones al lenguaje escrito.
La detección temprana de las dificultades de aprendizaje ha de efectuarse con un
enfoque multidimensional, considerando todas las dimensiones del desarrollo
(biológico, psicológico, educativo y social) y para ello es importante el
reconocimiento de los factores etiológicos relacionados con las dificultades de
aprendizaje que se pueden presentar de modo aislado o combinado.
Relacionado con el reconocimiento de los factores etiológicos, Millá, M.G
(2006:154) dirige su análisis en tres direcciones principales:
• Neuropsicológicos: problemas de base genética, disfunciones bioquímicas,
alteraciones endocrinas, daños subsiguientes a complicaciones en el período
perinatal o postnatal y limitaciones en la integración perceptiva y motriz.
• De los procesos de aprendizaje: adecuación de los procesos de
enseñanza-aprendizaje, recursos disponibles, metodologías utilizadas y
adecuación de los procesos a las características individuales.
• Sociales y culturales: escasa estimulación ambiental, limitaciones en las
experiencias de relación, aislamiento, restricciones en los procesos de la
comunicación y escasez de recursos para la nutrición y la crianza.
El abordaje de la detección temprana a las dificultades de aprendizaje se ha de
realizar desde una perspectiva multi e interdisciplinaria, tanto en el
diagnóstico como en el tratamiento psicopedagógico posterior, de ahí que se
requiera del concurso de las siguientes esferas: médica, con el fin de
garantizar la salud de los niños y las niñas, controlar y minimizar el efecto de
posibles enfermedades que de un modo u otro puedan entorpecer el curso del
desarrollo normal de quienes por diferentes causas ya fueron considerados como
niños y niñas en riesgo; social, para mejorar aquellas situaciones en las que
las condiciones de vida y hogar, así como de tipo afectivo, no sean las
adecuadas; educativa, con la puesta en práctica del empleo de los recursos y
programas individualizados para dar respuesta a las necesidades educativas
especiales que puedan presentar y, familiar con la finalidad de orientar a la
familia en el cómo actuar de manera protagónica y activa en la educación de sus
hijos.
El hecho de anticiparse a la aparición de dificultades de aprendizaje es una
medida muy eficaz para reducir sus efectos sobre aprendizajes posteriores en un
período especialmente crítico para el desarrollo del sistema cognitivo. La
detección temprana de las dificultades de aprendizaje es la mejor estrategia
para evitar que estas dificultades lleguen a tener más entidad y sean más
resistentes a tratamientos psicopedagógicos tardíos, ya que las dificultades de
aprendizaje no se generan en el momento en el que se inicia el aprendizaje de la
lectura, la escritura y las matemáticas, sino que tienen sus antecedentes en el
proceso evolutivo temprano.
La importancia de detectar y tratar estos problemas, queda plasmada en las
siguientes citas (Galindo Sontheimer, D.A (2002:24,25):
• EI fracaso escolar es un fantasma que se cierne sobre el estudiante y pone en
evidencia la eficacia de la labor instructiva del maestro. La realidad de este
hecho es indiscutible, pero puede afirmarse que a la observación superficial
escapan las causas del mismo. Interesa por tanto descubrir el motivo que
desencadena una situación concreta, la cual plantea determinadas dificultades
para el alumno o para la relación entre éste y el maestro.
• EI fracaso escolar no es una situación transitoria provocada por una falta de
atención al sujeto, ni un insuficiente cultivo a sus dotes naturales respecto a
la inteligencia. Es una situación en la que el sujeto no consigue alcanzar las
metas normales para su inteligencia de tal modo que toda su personalidad queda
comprometida y alterada repercutiendo en su rendimiento global y en su
adaptación sana y eficaz a la vida que le rodea.
• En el fracaso escolar no sólo entran elementos de tipo intelectual sin que se
pueda dar cabida a cualquiera de los innumerables factores que integran a la
persona, ya que el individuo no sólo es inteligencia, sino una unidad viviente
que busca una satisfacción de algo que le ennoblezca y le haga más dueño de sí
mismo, sin embargo, es una situación y por consiguiente algo que puede ser
superado. Si no hay recuperación es señal de que el fracaso ha pasado a ser algo
más profundo, que compromete la personalidad, el rendimiento futuro y la
adaptación del que Ilegará a ser adulto.
En materia de detección y atención temprana Belda, J. C (2000:17,18) considera
un conjunto de objetivos que son cardinales, a saber: reducir los efectos de una
deficiencia o déficit sobre el conjunto global del desarrollo del niño y de la
niña; optimizar, en la medida de lo posible, el curso del desarrollo del niño y
de la niña; introducir los mecanismos necesarios de compensación, de eliminación
de barreras y adaptación a necesidades específicas; evitar o reducir la
aparición de efectos o déficits secundarios o asociados producidos por un
trastorno o situación de alto riesgo; atender y cubrir las necesidades y
demandas de la familia y el entorno en el que vive el niño y la niña y
considerar al niño y a la niña como sujeto activo de la intervención.
Conclusiones
Los niños y las niñas en situación de riesgos biológicos podrán cursar una
escolaridad con unas condiciones personales que les permitirán afrontar con
éxito la etapa escolar, en la medida que desde las edades más tempranas se
implementen recursos y estrategias de trabajo específicos que les permitan
cursar la etapa infantil en las mejores condiciones posibles.
Bibliografía
AGUILERA JIMÉNEZ, ANTONIO (2004). Introducción a las dificultades de
aprendizaje.- Madrid: Editorial Interamericana de España, S.A.U.
BELDA, JUAN CARLOS (2000). Libro blanco de la atención temprana.- Madrid: Edita
Real Patronato de Prevención y de Atención a Personas con Minusvalía.
_____________________ (2006). El desarrollo infantil y la atención temprana.-
Madrid: Edita Real Patronato de Prevención y de Atención a Personas con
Minusvalía.
Dónde se aplica la Estimulación Temprana. (2000). Vía Internet http: //
www.mundogar.com). Consultado el día 22/3/09
FIEL MARTÍNEZ, A. (2007). Sistema para la detección precoz de problemas en el
aprendizaje.- Universidad de Palermo. Vía Internet http:// www.palermo.edu.
Consultado el día 22/3/09
GALINDO SONTHEIMER, DIANA ALEXIS (2002). La detección temprana de los problemas
de aprendizaje: un estudio longitudinal. Tesis en opción al Título de Doctor.
Madrid.
GÓMEZ CARDOSO, ÁNGEL LUIS (2007). Estrategia educativa para la preparación de la
familia del niño y la niña con diagnóstico de retraso mental. Tesis en opción al
Título de Doctor en Ciencias Pedagógicas. Camagüey.
____________________________ (1997). La Estimulación Temprana y su Tratamiento /
Ángel Luis Gómez Cardoso, Olga Lidia Núñez Rodríguez.- Maranhão, Brasil:
Universidade Federal Do Maranhão.
GÚTIEZ CUEVAS, PILAR. (2000). Proyecto de intervención temprana para niños de
alto riesgo biológico, ambiental con alteraciones o minusvalías documentadas /
P. Gútiez Cuevas, B, Sáenz-Rico de Santiago, M. Valle Trapero.- En Revista
Complutense de Educación Vol. 4(2)— 113-129. Editorial Universidad Complutense
de Madrid.
______________________ (2005). Atención temprana: prevención, detección e
intervención en el desarrollo (0-6 años) y sus alteraciones.- España: Editorial
Universidad Complutense.
MILLÁ, M.G. (2006). Atención temprana de las dificultades de aprendizaje.-
Simposio satélite: dificultades del aprendizaje. En Revista de Neurología; 42
(suplemento 2): S153-S156.
Enviado por MsC. Olga Lidia Núñez Rodríguez; Dr. C. Ángel Luis Gómez Cardoso
Contactar mailto:cristian@enet.cu
Código ISPN de la Publicación: EkylAFyyVyTKFQTlCG
Publicado Thursday 18 de March de 2010
|