Resumen
Partiendo de la necesidad de nuevas finalidades
para la enseñanza de las ciencias en el siglo XXI, se dirige la mirada hacia la
educación CTS y su potencial para formar ciudadanos informados, responsables y
capaces de tomar decisiones razonadas y democráticas en la sociedad civil. Se
hace un breve recorrido desde los orígenes del movimiento CTS, con rasgos más
bien heréticos, hasta su institucionalización convencional en la Universidad y
en la Enseñanza Secundaria. El núcleo se dedica a mostrar y discutir dos
maneras diferentes de enfocar la educación CTS, prestándose también especial
atención a la estructura y contenidos de los cursos y proyectos CTS. Se cierra
con un apartado sobre el papel del profesor como elemento clave para el éxito a
la hora de llevar a buen puerto esta importante innovación educativa.
Introducción
Retrocedamos en el tiempo. Verano del 45. Son las
8:14 (horario del lugar) del 6 de agosto, cuando el Enola Gay, un B-29
preparado al efecto, sobrevuela el suroeste de la isla de Hondo, en el archipiélago
nipón, y arroja sobre la ciudad de Hiroshima la Little Boy, una bomba atómica
de uranio. El 9 de agosto es lanzada otra al mediodía sobre Nagasaki, una
importante ciudad situada al noroeste de la isla japonesa de Kyushu. Estos
terribles sucesos ponen fin a la segunda guerra mundial, pero poco después el
mundo entero se horrorizará al conocer los efectos destructivos
desproporcionados sobre la población civil. Menos de un mes antes, el 16 de
julio, la bomba atómica de uranio había sido probada con éxito en un desierto
próximo a Alamogordo, en el estado norteamericano de Nuevo México. Se
culminaba así el Proyecto Manhattan iniciado en 1942 (nada menos que quinientos
millones de libras esterlinas de la época destinados a destruir y matar). Se
trata de un caso que ilustra perfectamente las complejas y dramáticas
relaciones entre ciencia-tecnología y poder militar, que puede completarse
también con las controversias entre el ambicioso general Leslie Groves y el
científico Julius Robert Oppenheimer (plasmadas en la película Creadores de
sombras).
Día 4 de octubre de 1957. Un sonido procedente
del espacio asombra a todo el mundo; el impacto fue aún mayor para los
habitantes de los EE.UU. de Norteamérica. La URSS había puesto en órbita
terrestre su primer sputnik, un satélite artificial poco mayor que un
balón de fútbol. Las repercusiones sociales de este acontecimiento fueron
enormes, y los niños de la era atómica dieron paso a los de la era espacial
(la era post-sputnik). Actualmente, las telecomunicaciones dependen de
numerosos satélites artificiales, pero estamos acostumbrados; se han
incorporado a nuestra vida cotidiana y apenas les prestamos atención, salvo
cuando no podemos sintonizar nuestro programa de televisión favorito, falla
nuestro sistema de telefonía o algún visionario nos anuncia que "el cielo
se va a caer sobre nuestras cabezas" (lo único a lo que temía Abraracúrcix,
el jefe galo del poblado de Astérix).
Efecto invernadero artificial que acelera el
calentamiento global del planeta, disminución del tamaño de la capa de hielo
en el Ártico, lluvia ácida, agujero en la capa de ozono, utilización de
bombas de napalm en las guerras de Corea y Vietnam, submarinos que utilizan
energía nuclear para su propulsión hundidos con toda su tripulación en el
fondo del océano (Kurst, 2000) o amarrados a puerto peligrosamente por
fallos del reactor (Tireless, 2000), accidentes industriales como los de
Bhopal (India, 1984) y Chernobil (Ucrania, 1986), vertidos indiscriminados de
petroleros (p.ej., Exxon Valdez, Alaska, 1989 y Jessica, Islas Galápagos,
2001) e industrias (p.ej., Aznalcóllar, Sevilla, 1998). Pero también
penicilina y vacunas, nuevas técnicas de diagnóstico clínico, trasplantes y
órganos artificiales, electricidad, mayor producción de cultivos de toda clase
para alimentar una humanidad creciente, nuevas formas de comunicación, tecnologías
de la información y, por supuesto, pequeños objetos de uso cotidiano como el
modesto y eficaz bolígrafo, entre otros muchos. Como el dios Jano, la actual
tecnociencia tiene dos caras (ciencia y tecnología), que son las de una misma
moneda muy común hoy en día.
De la confianza ilimitada en la ciencia y la
tecnología como las primeras y principales causas del progreso social (punto de
vista heredado del siglo XIX que, por otra parte, ha servido para fundamentar
durante el siglo XX las ideologías cientista y tecnocrática), y como
consecuencia de ciertos excesos tecnológicos y científicos, se pasó a un
sentimiento de temor en los ciudadanos ante la ciencia y la tecnología que
generó a la vez una fuerte crítica contra las mismas, reforzándose las
posiciones anticientíficas y antitecnológicas (en particular a finales de la década
de los sesenta y durante los setenta). En los albores del siglo XXI coexisten
ambas visiones, a veces de forma poco pacífica. No obstante, también ha
surgido un consenso creciente por el cual se admite que la ciencia y la tecnología
nos proporcionan numerosos y positivos beneficios y también traen consigo
impactos negativos, algunos de ellos imprevisibles. Tanto unos como otros
reflejan los valores, perspectivas y puntos de vista de quienes están en
condiciones de tomar decisiones relacionadas con los conocimientos científicos
y tecnológicos.
Desde luego, el vertiginoso desarrollo de la
ciencia y la tecnología está logrando resultados con un potencial
extraordinario para transformar la naturaleza y satisfacer muchas necesidades
humanas; sin embargo, también está produciendo un creciente deterioro
medioambiental, originando nuevos riesgos y planteando trascendentales
interrogantes éticos y legales. Uno de los desafíos actuales más importantes
es conciliar la ciencia y la tecnología orientada hacia la innovación
productiva con la preservación de la naturaleza y la satisfacción de
necesidades sociales. El mundo de hoy es un mundo de beneficios y amenazas
globales, así como de profundas desigualdades en la distribución de la
riqueza, los costes ambientales y la apropiación del conocimiento científico(2).
En este ambiente social emerge la educación CTS
(Ciencia, Tecnología y Sociedad) como una innovación del currículo escolar
(Acevedo, 1996a, 1997a, Vázquez, 1999), de carácter general, que proporciona a
las propuestas de alfabetización en ciencia y tecnología (Science and
Technology Literacy, STL) para todas las personas (Science and Technology
for All, STA) una determinada visión centrada en la formación de
actitudes, valores y normas de comportamiento respecto a la intervención de la
ciencia y la tecnología en la sociedad (y viceversa) con el fin de ejercer
responsablemente como ciudadanos y poder tomar decisiones razonadas y democráticas
en la sociedad civil(3). Desde este
punto de vista, CTS es una opción educativa transversal (Acevedo, 1996b), que
da prioridad, sobre todo, a los contenidos actitudinales (cognitivos, afectivos
y valorativos) y axiológicos (valores y normas).
Desde la perspectiva de la dimensión cognitiva
de lo actitudinal, la educación CTS pretende también una mejor comprensión de
la ciencia y la tecnología en su contexto social, incidiendo en las
interrelaciones entre los desarrollos científico y tecnológico y los procesos
sociales. Así pues, los estudiantes deberán adquirir durante su escolarización
algunas capacidades para ayudarles a interpretar, al menos de forma general,
cuestiones controvertidas relacionadas con los impactos sociales de la ciencia y
la tecnología y con la calidad de las condiciones de vida en una sociedad cada
vez más impregnada de ciencia y, sobre todo, de tecnología.
La necesidad de nuevas finalidades para la
enseñanza de las ciencias(4)
Cualquier propuesta para educar a través de una
materia debe comenzar con una declaración de sus finalidades (en nuestro caso, para
qué enseñar ciencias), ya que son una condición necesaria para dar
sentido al proceso de su aprendizaje. Las finalidades educativas de una materia
derivan tanto de la teoría del currículo como de la noción que se tenga de
ella; además, deben estar en consonancia con las finalidades educativas del
Proyecto de Centro, entendidas éstas como la opción que realiza la comunidad
educativa del mismo concretando y dando prioridad a los principios, valores y
normas legitimadas por el ordenamiento legal vigente, que dotan de identidad y
estilo propio a cada centro. En la situación actual hace falta revisar las
finalidades educativas de la enseñanza de las ciencias para poder atender,
entre otras cosas, a la diversidad de personas que se encuentran escolarizadas,
teniendo en cuenta también la equidad educativa y la influencia cada vez mayor
de la educación multicultural. Al mismo tiempo, las nuevas finalidades exigen
nuevos contenidos, nuevos métodos y nuevas formas de evaluación.
En los últimos años se viene reclamando
insistentemente una educación científica y tecnológica con características más
humanistas, basada en la necesidad de desarrollar una comprensión pública de
la ciencia y la tecnología (Manassero y Vázquez, 1998; Solbes y Vilches, 2000)
que permita la aproximación entre las dos culturas que señalara Snow (1959,
1964). En tal caso, unas finalidades destinadas a la educación científica y
tecnológica que sean coherentes con la máxima de ciencia y tecnología para
todas las personas deben guardar el necesario equilibrio entre la materia a enseñar,
el alumno a educar y la sociedad en la que vive (Reid y Hodson, 1989). De esta
forma, será posible dotar de un significado más amplio a la alfabetización
científica y tecnológica de acuerdo con las nuevas necesidades sociales. Se ha
subrayado en otro lugar (Acevedo, 1996b) que, si se asumen con convencimiento
las tres categorías anteriores de finalidades de la enseñanza de las ciencias,
éstas resultarán de gran utilidad para orientar luego los objetivos generales
o metas que se quieren alcanzar. Desde esta posición, la educación CTS en la
enseñanza de las ciencias puede contribuir poderosamente al desarrollo de las
tres clases de finalidades indicadas y también a otros como el papel de la
tecnología en la enseñanza de las ciencias.
Podría pensarse que estas finalidades son
adecuadas para formar ciudadanos y prepararlos para enfrentarse a los numerosos
cambios científicos y tecnológicos a los que están expuestos (y continuarán
estándolo en el futuro), así como para que sean capaces de adoptar puntos de
vista críticos y reflexivos ante ellos; pero que no lo son para preparar
futuros científicos o ingenieros. De otra forma, que pueden ser útiles para la
Educación Secundaria Obligatoria, pero no para las modalidades de Tecnología y
de Ciencias de la Naturaleza y la Salud del Bachillerato. Sin embargo, como
acertadamente han señalado Gil et al. (1991)(5),
los temas CTS están lejos de suponer una desviación en el conocimiento científico,
implicando una profundización en el mismo (p.ej., en los valores propios y
contextuales de la ciencia y la tecnología) de gran importancia para la
preparación de futuros profesionales de la ciencia y la ingeniería. De esta
forma, la inclusión de contenidos que muestren las interacciones CTS no sólo
puede constituir una ayuda para conseguir actitudes más positivas hacia la
ciencia y su aprendizaje por su carácter motivador (Furió y Vilches, 1997;
Solbes y Vilches, 1989; Yager, 1990), sino que, además, facilitará una visión
más próxima a la realidad actual de la ciencia, la tecnología y la
tecnociencia, así como del trabajo científico y tecnológico (Acevedo, 2000a,
Solbes y Vilches, 2000, Manassero y Vázquez, 2000).
Los orígenes del movimiento CTS
En los orígenes del movimiento CTS hay distintos
factores provenientes de direcciones diferentes (Sanmartín y Luján, 1992) que,
no obstante, tienen en común la pretensión de comprender mejor la dimensión
social y organizativa de la ciencia y la tecnología. Entre éstos destacan:
- La necesidad de gestionar los grandes
laboratorios industriales y militares y los centros de investigación y
desarrollo (I+D), asociados a la gran ciencia (big science) y la alta
tecnología (high technology).
- La emergencia de una conciencia crítica
respecto a los efectos negativos de la ciencia y la tecnología.
- La necesidad de crear instituciones y formar
expertos en política científico-tecnológica y evaluación de tecnologías.
- La aparición de investigaciones, sobre todo
desde la sociología del conocimiento, que cuestionan la imagen tradicional
de la ciencia y la tecnología como actividades aisladas del contexto
social, político y económico.
Los programas pioneros STPP (Science,
Technology and Public Policy) o SEPP (Science, Engineering and Public
Policy Studies) surgieron en los años cincuenta, con un enfoque más bien
tecnocrático, desde el interior de las propias comunidades científica y tecnológica
instaladas en universidades tecnológicas de gran fama mundial, como el MIT (Instituto
Tecnológico de Massachusetts), para dar respuesta a las necesidades de
organización y gestión de la tecnociencia asociada a los grandes proyectos de
investigación científica y tecnológica (como, p.ej., había sido el Manhattan
Transfer Project durante la segunda guerra mundial). El movimiento CTS tiene
uno de sus antecedentes en los STPP, pero incorpora también el componente crítico
hacia la ciencia y la tecnología heredado de algunos importantes
acontecimientos sociales acaecidos durante los años sesenta: el miedo al
apocalipsis nuclear, las revueltas estudiantiles, la oposición a la cultura
establecida de los movimientos contraculturales de carácter radical, el
desprestigio de la guerra del Vietnam, etc.; así como de las actuaciones de
otros movimientos activistas sociales de los años setenta: ambientalistas, de
consumidores, feministas radicales, etc.
Los programas STS (Science, Technology and
Society Programs) constituyeron en su origen, hacia los primeros años de
los setenta, tanto una extensión de los programas STPP como una respuesta a las
influencias externas a la ciencia y la tecnología, con aproximaciones
culturales a las mismas desde la historia y la sociología de la ciencia y de la
tecnología, la economía y la psicología industrial y, en menor medida
entonces, de la filosofía de la ciencia. El resultado fue el carácter bipolar
de los estudios CTS, que fueron abordados bien desde las ciencias sociales con
el fin de hacer más conscientes a los científicos e ingenieros del contexto
social en el que trabajaban, bien desde las ciencias experimentales y la
tecnología para proporcionar una mayor comprensión pública de éstas y cómo
pueden contribuir a la solución de problemas sociales. Aunque en la actualidad
se ha producido una aproximación interdisciplinar entre ambas tendencias, es
habitual que en los diferentes programas y cursos predomine una de ellas.
Por otro lado, se pueden identificar dos grandes
tradiciones STS, la europea (Science and Technology Studies), más académica
(donde se destaca el carácter de la ciencia y la tecnología como procesos
sociales), y la norteamericana (Science, Technology, and Society), más
activista, política y pragmática (que pone el énfasis en los impactos
sociales y ambientales de los productos científicos y tecnológicos),
respectivamente denominadas con ironía "alta iglesia" y "baja
iglesia" por Fuller en su polémica con Ilerbaig (López-Cerezo, 1998). A
pesar de las aproximaciones realizadas y los intentos mutuos de colaboración,
cada una de estas tradiciones sigue contando hoy en día con sus propios
manuales, congresos, revistas, asociaciones, etc., con un éxito institucional
todavía parcial en el mejor de los casos (González García et al.,
1996).
La institucionalización CTS
Vivimos, sin duda, en una sociedad tecnológica
que aún se impregnará con más tecnociencia durante el siglo XXI; la ciencia y
la tecnología forman parte de diferentes aspectos de nuestras vidas desde que
nacemos hasta que morimos (Acevedo, 1996c) y la vida cotidiana, tanto en el
medio urbano como en el rural, el entorno del hogar y el espacio de trabajo están
repletos de productos e instrumentos tecnológicos (por no referirnos ahora a
las tecnologías organizativas y simbólicas), cuyo uso no suele resultar
demasiado complicado al no precisar del conocimiento de los principios científicos
y tecnológicos que los sostienen (Acevedo, 1997b). El principal desafío al
respecto es conciliar la ciencia y la tecnología orientada hacia la innovación
productiva con la preservación de la naturaleza y la satisfacción de
necesidades sociales en un marco de sostenibilidad y desarrollo sostenible
(Luffiego y Rabadán, 2000; Sáez y Riquarts, 1996, 2002). Los estudios de
Ciencia, Tecnología, Sociedad e Innovación (CTS+I) constituyen un campo de
trabajo interdisciplinar en educación, investigación y política pública, que
se centra en los aspectos sociales de la ciencia y la tecnología, tanto en lo
que concierne a sus condiciones sociales como en lo que atañe a sus
consecuencias sociales, políticas, económicas, éticas y ambientales. Pese a
sus orígenes más bien heterodoxos, en los últimos treinta años CTS se ha
institucionalizado, pasando de ser una herejía intelectual a constituirse en
una sabiduría más convencional (Winner, 1990).
1. CTS en la Universidad
La institucionalización de los estudios CTS pasa
por la existencia de centros de docencia universitaria e investigación
(universidades e institutos de investigación), asociaciones profesionales (de
investigadores y profesorado) y órganos de difusión de sus ideas (boletines y
revistas especializadas). En los EE.UU., los programas universitarios pioneros
se implantaron hace ya más de treinta años (Cutcliffe, 1990; Waks, 1990;
Worthington, 1990). Actualmente se ha alcanzado una amplia institucionalización
universitaria de los estudios CTS en un buen número de países de todo el mundo
y continúa aumentando cada año.
En los comienzos de los años noventa, más de
setenta universidades de los EE.UU. impartían ya asignaturas, licenciaturas
completas, cursos master de posgrado y de doctorado CTS. Además, cerca de una
veintena de estas instituciones poseían un centro de investigación dedicado a
CTS. El progreso ha sido evidente desde que, en 1969, las Universidades de
Cornell y la del Estado de Pensilvania iniciaran los primeros programas CTS. Así
mismo, diversas universidades e institutos de investigación canadienses,
australianos y europeos (entre los que destacan el Reino Unido de Gran Bretaña,
Holanda y Alemania) sirven de importante sostén al movimiento CTS. En España,
hay que destacar la labor realizada por el INVESCIT (Instituto de
Investigaciones sobre Ciencia y Tecnología), un centro de investigación
privado fundado en 1985, cuyo Consejo de Dirección se formó con profesores de
filosofía de diversas universidades españolas, con el objetivo de extender los
estudios CTS por todo el territorio nacional, desarrollando programas de
investigación sobre la tecnología y la ciencia contemporáneas desde la
perspectiva de la filosofía crítica (Sanmartín y López-Cerezo, 1994). De los
cuatro equipos de investigación que había a principios de los años noventa
(asociados a los nombres de Esteban Medina, Emilio Muñoz, Miguel Ángel
Quintanilla y José Sanmartín), se pasó en una década a la existencia de
numerosos grupos de investigación repartidos por todo el país (López-Cerezo,
1997). También hay un movimiento incipiente, pero en gran auge, en la mayoría
de los países iberoamericanos(6).
Diversas asociaciones nacionales e
internacionales han impulsado en la Universidad programas educativos CTS en
muchos países, como, por ejemplo, el estadounidense S-STS (Science through
Science, Technology and Society) o el británico SISCON (Science in a
Social Context). De ellas destacaremos la NASTS (National Association for
Science, Technology and Society) en los EE.UU., que desde 1981 informa a
través del Bulletin of Science, Technology, and Society, la ASE (Association
for Science Education) en Gran Bretaña, la internacional IOSTE (International
Organization of Science and Technology Education), la europea EASTS (European
Association of STS) en la que Holanda es uno de los principales líderes, la
red internacional INISTE (International Network for Information in Science
and Technology Education) de la UNESCO y, más recientemente, la sección
CTS+I de la OEI (Organización de Estados Iberoamericanos, <http://www.oei.es>).
Otras asociaciones de interés son la 4S (Society for Social Studies of
Science), que publica el boletín Technoscience y la revista Science,
Technology & Human Values, la SPT (Society for Philosophy and
Technology, <http://scholar.lib.vt.edu/ejournals/SPT/spt.html>), que
publica el SPT Newsletter y la revista Techné y la EASST (The
European Association for the Study of Science and Technology, <http://www.chem.uva.nl/easst/>).
Como se puede ver, la mayoría de estas asociaciones editan boletines (en papel
o electrónicos), revistas y colecciones de libros sobre CTS, organizando también
reuniones, seminarios, simposios y congresos sobre el tema.
En resumen, existe una fuerte red CTS alrededor
del mundo que crece y se consolida, dando apoyo y estableciendo una base firme
para implantar de manera general este campo de estudios e investigación. Además,
a partir de finales de los años setenta se incorporaron los estudios sobre el
medio ambiente, dando lugar a los denominados programas STES (Science/
Technology/Environment/Society) y, en la década de los ochenta, el
movimiento feminista empezó a ocuparse de las ciencias, abordando
investigaciones que unen los estudios sociales de la ciencia con la teoría
feminista, ya que los primeros no habían considerado la cuestión del género
como una categoría de análisis y la segunda tan sólo se había ocupado de la
ciencia de una forma tangencial. Este enfoque feminista radical generó los
programas STGS (Science/Technology/Gender/Society).
2. CTS en la Enseñanza Secundaria(7)
Después del impacto cultural y político que
produjo en el ámbito occidental el lanzamiento del sputnik por la URSS
(en 1957), los EE.UU. reaccionaron con una campaña masiva para mejorar la enseñanza
de las ciencias en la educación secundaria con el fin de aumentar así la
calidad de la formación científica y tecnológica del alumnado que accedía a
los estudios universitarios de ciencia e ingeniería. Esta reforma curricular de
los años sesenta constituyó un fenómeno elitista que se centró tan sólo en
el 1% de los estudiantes de secundaria. Años más tarde el resultado fue una
población en su mayoría analfabeta en ciencia y tecnología (el otro 99%),
incapaz de comprender casi nada de la ciencia y la tecnología en el complejo
mundo actual. La situación descrita alcanzó también a la práctica totalidad
de los demás países occidentales.
El movimiento CTS en la educación secundaria
tiene sus raíces en la renovación curricular de los años ochenta (Ziman,
1980), presidida por la finalidad de ciencia y tecnología para todos los
ciudadanos, que empezó a desarrollarse en los países occidentales, sobre todo
anglosajones (Gran Bretaña, EE.UU., Canadá, Holanda, Australia y Alemania)(8).
Renovación que surgió como una reacción crítica a las
reformas anteriores iniciadas en los sesenta, que estaban destinadas
fundamentalmente a aumentar la formación científica y tecnológica del
alumnado de secundaria interesado en acceder a los estudios universitarios de
ciencia e ingeniería, cuyas nefastas consecuencias se acaban de señalar. Así,
por ejemplo, la NSTA (National Science Teachers Association) y el Science
Education Center de la Universidad de Iowa, con el apoyo también de la NSF
(National Science Foundation), iniciaron en 1983 la enseñanza de las
ciencias con orientación CTS en diversos centros de educación secundaria del
Estado de Iowa (Programa Chautauqua), desde donde se expandieron a otros
estados de los EE.UU. (Yager, 1993; Yager y Tamir, 1993). Como ejemplos
destacados de los antecedentes CTS en la educación secundaria de dichos países
pueden señalarse los siguientes jalones históricos:
A finales de los años setenta se puso en marcha
en los EE.UU. un programa de evaluación del currículo de ciencias denominado Project
Synthesis. Entre las conclusiones del mismo se señalaba que los programas
educativos CTS podrían ayudar a cumplir objetivos como:
- Preparar al alumnado a utilizar la ciencia
para mejorar sus propias vidas y enfrentarse a un mundo cada vez más tecnológico.
- Enseñar a los estudiantes a abordar
responsablemente cuestiones problemáticas de la ciencia y la tecnología
relacionadas con la sociedad.
- Proporcionar a los estudiantes una correcta
información sobre las diversas carreras y profesiones relacionadas con la
ciencia y la tecnología, aproximándolas a un alumnado con diferentes
aptitudes e intereses.
Un resultado importante del informe final del Project
Synthesis fue que la NSTA inició un programa de búsqueda de áreas de
calidad educativa en la enseñanza de las ciencias: el SESE Program (Search
for Excellence in Science Education). Una de las identificadas fue CTS y,
como consecuencia de ello, a partir de 1983 empezaron a florecer cursos CTS en
la enseñanza secundaria de los EE.UU. Entre las principales conclusiones del SESE
Program para el diseño de los currículos de ciencias aparecían las
siguientes:
- Tomar en consideración los puntos de vista
histórico y sociológico de la ciencia y la tecnología.
- La comprensión de la filosofía de la ciencia
y la tecnología.
- Las interacciones entre ciencia, tecnología y
sociedad.
- Las aplicaciones técnicas de la ciencia.
Estas recomendaciones eran similares a las que
Ziman (1980) y la ASE (1979, 1981) habían hecho anteriormente en Gran Bretaña,
reclamando la incorporación a los currículos escolares de la dimensión
cultural de la ciencia, sus aplicaciones técnicas y las relaciones con la
tecnología, así como estudiar la ciencia en su contexto social, político y
económico, más próximo a la experiencia cotidiana. Así mismo, también
fueron asumidas unos años después por la Division of Science, Technical and
Environmental Education de la UNESCO (1986, 1990), que cambió sus
recomendaciones hacia la ciencia integrada por las orientaciones propias de la
educación CTS (Yager, 1992)(9).
Como puede verse, las propuestas CTS para la enseñanza
secundaria nacieron, con frecuencia, a partir de informes elaborados por
influyentes y poderosas asociaciones de profesores de ciencias, tales como las
ya citadas ASE y NSTA. La posición institucional de esta última, recogida en
una monografía con un título tan ilustrativo como Science-Technology-Society:
Science Education for the 1980s (NSTA, 1982), dejaba bien clara las cosas:
"La finalidad de la enseñanza de la ciencia
durante los años ochenta debe ser desarrollar personas científicamente
alfabetizadas, capaces de comprender cómo se influyen entre sí la ciencia, la
tecnología y la sociedad, y de utilizar este conocimiento en la toma de
decisiones cotidianas [...] Estas personas deben llegar a apreciar tanto el
valor de la ciencia como el de la tecnología en la sociedad y también a darse
cuenta de sus limitaciones".
Nuevos factores emergentes abocan a la necesidad
de un currículo distinto en educación, que sea más sensible al carácter
social de la ciencia y la importancia creciente de la tecnología. Entre estos
factores se pueden señalar la caída del interés general del alumnado por la
ciencia, el aumento de la conciencia social sobre la preservación del medio
ambiente y los efectos positivos y negativos de las nuevas tecnologías, el
reconocimiento de la ciencia como una empresa humana, social y tecnológica, el
aumento de la edad de la educación obligatoria de las personas, impregnada del
objetivo de equidad (ciencia para toda la ciudadanía) que la educación
tradicional de la ciencia no alcanza satisfactoriamente, y la presencia cada vez
mayor de la tecnología en el currículo, junto con la necesidad paralela de
llegar a una síntesis curricular entre ciencia y tecnología. En esta línea,
las conclusiones de dos décadas de investigación sobre las denominadas
concepciones alternativas de los estudiantes son especialmente demoledoras para
la enseñanza tradicional de la ciencia: alumnos con muchos años de ciencias en
su currículo, de todos los países y en cualquier área científica, mantienen
ideas ingenuas y errores conceptuales importantes sobre aspectos básicos de la
ciencia, que no se modifican después de años dedicados a su estudio. Como
afirma Ziman (1994), la debilidad de la ciencia tradicional no reside en lo que
ésta enseña, sino en lo que no enseña; en particular, sus relaciones con la
tecnología y la sociedad, vacío que pretende llenar la educación CTS. En
resumen, se reclama la incorporación a los currículos de la dimensión
cultural de la ciencia, sus aplicaciones técnicas y las relaciones con la
tecnología, así como estudiar la ciencia en su contexto social, político y
económico, más próximo a la experiencia cotidiana y al mundo real. La ciencia
que se enseña necesita acercarse a las demandas y necesidades de los
estudiantes en el mundo contemporáneo.
Las propuestas internacionales de los años
ochenta para introducir la educación CTS en los objetivos de los currículos de
ciencias y de tecnología de la educación secundaria encontraron en la década
de los noventa un campo abonado en la normativa que regulaba el sistema
educativo español, al menos formalmente, como consecuencia de la implantación
de la reforma educativa derivada de la LOGSE, tanto en la Educación Secundaria
Obligatoria como en el Bachillerato. Pese al poco tiempo que ha pasado desde la
reciente introducción de los enfoques CTS en la educación secundaria de España,
éstos están empezando a aflorar lentamente pero con cierta intensidad. Poco a
poco su presencia es mayor en congresos, jornadas y encuentros de profesores e
investigadores en Didáctica de las Ciencias Experimentales, así como en
revistas que tratan la educación científica (específicas y generales). Como
ejemplos cabe señalar que la revista Alambique dedicó uno de sus
primeros monográficos al tema CTS (Caamaño, 1995) y, recientemente, se ha
celebrado en Aveiro (Portugal) el primer Seminario Ibérico sobre CTS en la enseñanza
de las ciencias experimentales (Martins, 2000)(10).
Incluir las relaciones entre ciencia, tecnología
y sociedad en los currículos de ciencias para la educación secundaria debe
ayudar también a dar sentido a los conocimientos que queremos que aprendan los
estudiantes, potenciándose la funcionalidad y utilidad de los aprendizajes
fuera del aula. Además, la educación CTS, tiene que contribuir a formar
ciudadanos capaces de opinar libremente sobre muchos de los problemas de nuestro
tiempo con fundamentos, conocimiento de causa y responsabilidad social (formación
axiológica en valores y normas), lejos de posiciones extremas en las que o bien
se sacralizan la ciencia y la tecnología o bien se las denigra como
responsables de todos los males que nos aquejan. La inclusión de este tipo de
contenidos dentro de los currículos de ciencias también puede ayudar a evitar
rupturas drásticas entre la ciencia y la tecnología, que tienen una frontera
común (tecnociencia) bastante difusa y difícil de definir en el mundo
contemporáneo.
En cualquier caso, será necesario tomar las
debidas precauciones para no caer, voluntaria o involuntariamente, en sesgos
favorables a posiciones anticientíficas y antitecnológicas que, desde
perspectivas críticas radicales, refuerzan la visión diabólica de la ciencia
y la tecnología según la cual éstas son las principales causantes del
deterioro del medio ambiente y el origen de la mayoría de los problemas más
graves de la humanidad. Así mismo, también habrá que poner gran empeño para
no caer en el otro extremo, el de la imagen heroica de la ciencia y la tecnología,
que las presenta como indiscutibles logros de la humanidad en sus intentos por
conocer más y mejor a la naturaleza con el fin de someterla para resolver todas
las necesidades humanas posibles en cada momento (Acevedo, 1996b). Un punto de
vista éste que aparece ligado con frecuencia a la más dura tradición de la
ingeniería y la ciencia industrial, que viene a reforzar la también sesgada
interpretación tecnocientista del progreso social, basada en el imperativo
científico-tecnológico (todo lo que es posible hacer científica y técnicamente
debe realizarse) y el determinismo tecnocientífico (las innovaciones tecnológicas
son la causa de todos los demás cambios), que confunde el progreso social con
los cambios tecnológicos producidos por la civilización siguiendo criterios de
una mayor eficiencia (Acevedo, 1996c, 1997b). Conjuntamente, el imperativo científico-tecnológico
y el determinismo tecnocientífico sostienen un modelo unidireccional y jerárquico
de las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad (en ese orden), que
responde a la imagen triunfalista tradicionalmente más divulgada de estas
relaciones, sobre todo por políticos y medios de comunicación de masas, la
cual tiene como punto de partida la adquisición científica de conocimientos básicos
sobre la naturaleza, los cuales se aplican después de un modo racional y lógico
en la construcción de tecnologías que conducen a innovaciones utilizadas luego
por la sociedad. Una concepción del progreso que aparece explícitamente
reflejada en lema que abría la Guía de la Exposición Universal de Chicago de
1933:
"La ciencia descubre, el genio inventa, la
industria aplica y el hombre se adapta, o es moldeado por las cosas
nuevas..." (Sanmartín, 1990, p. 168),
y López-Cerezo (1997, 1998) resume de la
siguiente manera:
"más ciencia=más tecnología=más
riqueza=más bienestar"
Dos enfoques para la educación CTS
Para introducir los contenidos propios de la
educación CTS en los currículos es importante tener en cuenta que existen dos
grandes formas de enfocar ésta: una basada en cuestiones científicas y tecnológicas
relevantes que afectan a la sociedad (Issue-Oriented-Science, IOS), que
guarda relación con la más pragmática y activista tradición universitaria
estadounidense ("baja iglesia") de los estudios políticos de la
ciencia y la tecnología (Science & Technology Policy Studies), y
otra centrada en los aspectos sociales y culturales de la ciencia y la tecnología,
derivada de la más teórica y académica tradición europea ("alta
iglesia") de los estudios sociales de la ciencia y la tecnología (Social
Science & Technology Studies).
Rosenthal (1989) estudió detalladamente las
ventajas y los inconvenientes de cada uno de estos dos enfoques. Esta
investigadora señala que el primero de ellos probablemente permite conectar
mejor con los intereses del alumnado y del profesorado, pero que puede conducir
a una educación CTS parcial y demasiado especializada por su carácter más
específico. En cambio, la segunda aproximación es más generalista y quizás
podría llegar a proporcionar a los estudiantes una estructura conceptual CTS más
amplia y duradera, aunque también suele percibirse por el profesorado como más
lejana a la ciencia y la tecnología porque hace referencia a las
interrelaciones CTS desde la perspectiva de otras disciplinas, tratando sobre
todo aspectos filosóficos (epistemológicos, éticos...), sociológicos
(internos y externos a las comunidades de científicos y tecnólogos), históricos,
políticos (toma de decisiones, cuestiones legales, defensa nacional...), económicos
y estéticos. R.E. Snow (1987) ha sistematizado esta orientación en tres
dimensiones: cognitiva (conocimiento experimental, hipótesis, leyes,
observaciones y los valores que inspiran la obtención de este conocimiento),
personal (valores, influencias y creencias que inspiran el trabajo personal de
los científicos) y sociológica (valores comunitarios, colegios invisibles,
publicaciones, competencia, etc.) Si bien la comprensión de estas últimas
cuestiones preside las principales finalidades de la educación CTS, la realidad
es que dicho enfoque suele tener una presencia muy escasa en los libros de texto
y demás materiales curriculares de ciencia y tecnología.
En efecto, después de analizar 20 libros de
texto de biología de educación secundaria y bachillerato (publicados en los
EE.UU. entre 1963 y 1983), Rosenthal (1983) encontró que se le dedicaba el
doble de espacio a los impactos sociales de la ciencia y la tecnología en
comparación con el destinado a los aspectos sociales y culturales, a los que
solamente se les concedía alrededor del 5% de cada uno de los veinte libros. En
la misma línea, Yager (1986) resaltaba que, en los años ochenta, todos los
programas CTS importantes de educación secundaria de los EE.UU. se
estructuraban en torno a problemas científicos y tecnológicos de interés
social. Pocos años después, la realidad en los noventa era que, allí donde se
abordaba la educación CTS, se usaba con mucha más frecuencia la aproximación
IOS en los currículos basados en materias o áreas de conocimiento científicas
y técnicas.
Una razón por la que el enfoque de los problemas
científicos y tecnológicos de interés social (IOS) sea más frecuente en la
educación CTS podría ser que hay muchas cuestiones importantes de la ciencia
y, aún más, de la tecnología que afectan a la vida cotidiana. Gran parte del
profesorado de ciencias y de tecnología considera que esta orientación es más
interesante y motivadora para los estudiantes, porque trata de asuntos en los
que aparecen muchas de las principales interacciones de las personas con la
ciencia y la tecnología. Otra razón posible es que resulta más compatible con
la organización curricular de los estudios de ciencia y tecnología en áreas
de conocimiento y asignaturas y, también, porque favorece la inserción CTS en
los cursos estructurados por temas científicos y tecnológicos. Además, la
formación disciplinar del profesorado hace que se encuentre más cómodo con
una enseñanza CTS orientada como una extensión de los temas habituales de
ciencia y tecnología.
Al mismo tiempo, la mayoría del profesorado de
ciencias y de tecnología considera que el enfoque de los aspectos sociales y
culturales de la ciencia y la tecnología es menos compatible con la organización
y secuenciación habitual de los cursos de ciencia y tecnología, y estima que
va más allá de la propia educación científica y tecnológica, pudiendo
incluso llegar a entrar en conflicto con ella. La utilización de estos aspectos
como principios organizadores implicaría seguramente cambios demasiado
radicales del currículo, en los que los contenidos científicos y tecnológicos
más comunes podrían quedar relegados a un segundo plano. Estos cambios tan drásticos
serían rechazados, sin duda, por gran parte del profesorado.
A la vista de todo esto, ¿deben tomarse en
cuenta los aspectos sociales y culturales de la ciencia y la tecnología en la
educación científica? Y, si es así, ¿cómo hacerlo? En otro lugar (Acevedo,
1997c), donde se analiza la materia optativa Ciencia, Técnica y Sociedad
que se imparte en el bachillerato de la Comunidad Autónoma de Andalucía, se
sostiene que ambas orientaciones de la educación CTS no deben ser excluyentes
entre sí y que las dos tienen que estar presente en dicha materia. Una manera
posible sería plantearse unos objetivos basados en algunos de tales aspectos
sociales y culturales (p.ej., comprender mejor la naturaleza de la ciencia o de
la tecnociencia contemporánea) y utilizar la resolución de problemas científicos
y tecnológicos de interés social, además de como un objetivo a lograr, como
un medio o recurso para alcanzar los otros objetivos previstos. Sin embargo,
cabe la duda de si los estudiantes podrán llegar a adquirir de esta forma una
comprensión de los aspectos sociales y culturales de la ciencia y la tecnología
planteados, si éstos no se enseñan explícitamente(11).
Así pues, uno de los debates más inmediatos en este campo de
la organización del currículo deberá centrarse en buena medida en aclarar las
relaciones entre la educación CTS, la educación científica y la educación
tecnológica(12).
Estructura y contenidos de los proyectos y
cursos CTS(13)
Dados los enfoques o aproximaciones posibles y la
diversidad de contenidos que aborda la educación CTS, los rasgos de los currículos
CTS son, evidentemente, muy variados. Aikenhead (1994) los ha sistematizado
analizando ¿para qué, qué y cómo enseñar e integrar los contenidos CTS en
la enseñanza de las ciencias?. La respuesta a estas cuestiones curriculares básicas
tiene como denominador común presentar la ciencia y la tecnología
conjuntamente en un contexto social y, como objetivos compartidos, la
expectativa de superar muchos de los inconvenientes que no consigue vencer la
educación científica tradicional, tales como el desinterés del alumnado hacia
la ciencia y la tecnología, la caída en la matrícula de estudios de ciencia y
tecnología y la marcada desigualdad que afecta a diversos grupos en muchos países
(mujeres, estudiantes menos brillantes, minorías étnicas, etc.).
La educación CTS tiene uno de sus focos en los
estudiantes, tratando de facilitarles la comprensión de sus experiencias
cotidianas respecto a los fenómenos que suceden en su vida diaria, de forma tal
que la ciencia escolar se incruste en el entorno tecnológico y social de los
estudiantes. Otro objetivo declarado trata de llenar un vacío preocupante del
currículo tradicional, como es la suficiente comprensión de la ciencia y la
tecnología para preparar al alumnado en el ejercicio de la responsabilidad
social a la hora de tomar decisiones ciudadanas democráticas relacionadas con
ambas. Este objetivo general se puede dividir en otros más concretos,
formulados como potenciación personal, desarrollo de capacidades intelectuales
(pensamiento crítico, razonamiento lógico, resolución creativa de problemas,
toma de decisiones), preparación para ejercer la ciudadanía en los ámbitos
local, nacional y mundial, para tomar decisiones personales, formar ciudadanos
social y profesionalmente responsables en la industria y los negocios (más y
mejores científicos e ingenieros, particularmente mujeres), etc.
Los diferentes currículos y proyectos CTS
difieren en la prioridad que se da a los objetivos anteriores. Según Bybee
(1985) la educación CTS debe equilibrar tres tipos de objetivos:
- conocimientos para fines personales,
ciudadanos o culturales y destrezas de aprendizaje,
- investigación científica y tecnológica para
recoger información, resolver problemas y tomar decisiones y
- desarrollo de valores, a través de las
interacciones CTS, para temas públicos y políticos, locales o mundiales.
Los objetivos más modestos y comunes a muchos
programas de educación CTS son:
- aumentar la alfabetización científica y
tecnológica de la ciudadanía,
- generar interés por la ciencia y la tecnología
en los estudiantes,
- fomentar la contextualización social de los
estudios científicos a través de las interacciones entre ciencia, tecnología
y sociedad, y
- ayudar a los estudiantes a mejorar en
pensamiento crítico, razonamiento lógico, resolución creativa de
problemas y toma de decisiones.
Hay una gran variedad de puntos de vista sobre la
estructura y los contenidos que deben tener los proyectos y cursos CTS (Hickman et
al., 1987; Membiela, 1997). Sintetizando muchas contribuciones, Aikenhead
(1994) define como currículos CTS aquellos que presentan una interacción entre
ciencia y tecnología, o entre ciencia y sociedad y cualquiera de las siguientes
(o combinaciones de ellas): un artefacto, proceso o pericia tecnológicos, la
interacción entre tecnología y sociedad, un tema social relacionado con
ciencia o tecnología, un contenido social que ilustra un tema social
relacionado con ciencia o tecnología, un tema filosófico, histórico o social
interno a la comunidad científica o tecnológica. Esta definición se toma como
base para construir un rango de ocho categorías de currículos CTS, ordenadas
en función de la proporción creciente de contenidos CTS (cuadro 1), basándose
en tres criterios:
- la estructura de los contenidos (proporción y
dirección de contenidos CTS en relación con los contenidos de ciencia
tradicional),
- la evaluación del alumnado (evaluación de
cuestiones CTS frente a la evaluación tradicional de conceptos) y
- ejemplos concretos de proyectos CTS de cada
categoría.
Cuadro 1
Taxonomía para describir los currículos en función de la cantidad
y estructura de los contenidos CTS
|
|
Currículos tradicionales con
elementos CTS
1) El contenido CTS como motivador
(p.ej., libros de texto con referencias CTS).
2) Infusión ocasional del contenido CTS
(p.ej., SATIS, SAE, SAW).
3) Infusión intencional del contenido
CTS (p.ej., SATIS 16-19; materias de ciencias de bachillerato antes de
la aplicación del Real Decreto 3474/2000).
Currículos CTS con elementos
tradicionales:
4) Materia organizada y secuenciada
(contenidos disciplinares) mediante criterios CTS (p.ej., CHEMCOM,
CEPUP-APQUA, PLON).
5) Ciencia organizada y secuenciada
(contenidos multidisciplinares) mediante criterios CTS (p.ej., Logical
Reasoning in Science and Technology, NMVEO, Salters' Science).
6) Ciencia junto con contenidos CTS,
donde éstos son el foco (p.ej., S in S, SEEDS, Science and Technology
11).
7) Infusión de ciencia en contenidos CTS
(p.ej., SISCON, Science: A Way of Knowing).
8) Contenidos totalmente CTS (p.ej., IST,
materia CTS optativa de bachillerato).
|
1. Estructura de cursos y proyectos CTS
Desde un punto de vista estructural la elección
que se haga va a depender en buena medida de los objetivos que se pretendan en
el proyecto curricular. Además, hay que tener en cuenta que no es lo mismo
abordar una asignatura como Ciencia, Tecnología y Sociedad, para la que
habría que optar, sin duda, por un enfoque CTS puro, que pretender impregnar de
CTS una disciplina como Física, Química o Biología, o un área curricular
como la de Ciencias de la Naturaleza en la ESO, en cuyo caso caben diversas
alternativas: desde la elaboración del currículo completo a través de las
coordenadas CTS, como en el caso del proyecto PLON, hasta la introducción de
actividades CTS en las unidades de la asignatura siguiendo el hilo conductor de
las mismas, tal y como proponen Solbes y Vilches (1992), pasando por la
posibilidad de introducir en el currículo unidades CTS sobre centros de interés
específicos, como ocurre con los proyectos SATIS, SAE y SAW. Aunque en la práctica
se están llevando a cabo con pragmatismo todas las aproximaciones señaladas,
se discute con frecuencia acerca de cómo deben estructurarse los currículos
para difundir en ellos la educación CTS; debate que probablemente producirá
efectos beneficiosos para la didáctica de las ciencias.
2. Contenidos o dimensiones abordadas en los
cursos y proyectos CTS
2.1 Naturaleza de la ciencia y la tecnología.
- Epistemología. Relaciones entre ciencia y
tecnología.
- Rasgos personales, motivaciones e intereses de
los científicos y los tecnólogos.
- Cuestiones filosóficas, históricas y
sociales internas a las comunidades científica y tecnológica.
Ejemplos de proyectos que tratan estos temas son
los mencionados PLON y SISCON in Schools.
2.2 Cuestiones sociales de la ciencia y la
tecnología.
- Influencia de la sociedad en la ciencia y la
tecnología: efectos del ambiente cultural, político y religioso, control
social (instituciones políticas, poderes fácticos y grupos de presión),
la dimensión organizativa en lo tecnológico y en lo científico, etc.
- Influencia de la ciencia y la tecnología en
la sociedad: problemas que origina y que ayuda a resolver, conocimiento
necesario para tomar decisiones, responsabilidad social, ética y valores
morales, contribución al pensamiento social, etc.
- Presencia de la mujer en la ciencia y en la
tecnología.
Todos los proyectos señalados en la figura se
ocupan de algunas de estas cuestiones, aunque desde perspectivas diferentes y
abordando temas distintos.
2.3 Procesos y productos tecnológicos.
- Aplicaciones de la ciencia.
- Artefactos tecnológicos.
- Procesos de diseño y producción tecnológica.
Los proyectos PLON, SATIS, SAE, SAW, IST y
Salters' Science tratan algunos de estos aspectos.
La cuestión de cuáles son las grandes
dimensiones de los contenidos que deben abordarse en los enfoques CTS es también
algo que permanece abierto al debate y que necesita de una mayor clarificación
(Acevedo, 1997a). Evidentemente todos los proyectos CTS deben ocuparse de
asuntos sociales de la ciencia y la tecnología, si bien los contenidos
concretos son variopintos, ya que entre los mismos suelen tener cabida aspectos
propios de los que se han denominado temas transversales, tales como educación
para la salud, para el consumo, para la paz, medioambiental, la perspectiva
social del género en la ciencia y la tecnología, etc. Así mismo, cada vez hay
un acuerdo mayor en prestar más atención a la naturaleza de la ciencia y la
tecnología (Acevedo, 2000a; Acevedo y Acevedo, 2002; Manassero y Vázquez,
2000), aunque no todos los proyectos CTS tratan explícitamente esta temática(14).
Por último, bastantes de ellos han incorporado el estudio de
los procesos y los productos tecnológicos en la enseñanza de las ciencias; sin
embargo, esto ha contribuido muchas veces a dar una imagen deformada de la
tecnología (Layton, 1988), presentándola subordinada a la ciencia, como si
fuera una mera aplicación de ésta, y negándole su propio status
epistemológico y cultural (Acevedo, 1995, 1996c, 1997b, 1998a,b)(15).
En la figura se muestra una posible clasificación
atendiendo a estas dos dimensiones, incluyendo algunos ejemplos según los tipos
establecidos.
Figura
Ejemplos de proyectos CTS según la estructura y los tipos de contenidos
que abordan
|
|

Claves de los Proyectos: SATIS (Science and Technology
in Society), SAE (Science Across Europe), SAW (Science
Across World, <http://www.scienceacross.org>),
PLON (Project Leerpakket Ontwikkeling Natuurkunde, en inglés:
Physics Curriculum Development Project), APQUA
(Aprendizaje de los Productos Químicos, sus Usos y Aplicaciones), NMVEO
(Environmental Education in Secondary Schools), Salters (Science.
The Salters Approach), SISCON in the Schools (Science in a
Social Context), IST (Innovations: The social consequence
of Science and Technology), S in S (Science in Society).
|
En los currículos de ciencias, se ha propuesto a
veces limitar los contenidos a las relaciones Ciencia-Sociedad (CS) sin incluir
la tecnología. En este sentido Serrano (1994) ha señalado que esto es lo que
realmente ocurre con muchos proyectos que, si bien se engloban de modo genérico
como CTS, se están refiriendo tan sólo al estudio de una ciencia socialmente más
contextualizada (Serrano, 1994). Aunque la autora argumenta su posición
razonadamente y ésta puede parecer prudente, también habría que tener en
cuenta, por un lado, las fuertes relaciones entre la ciencia y la tecnología
(tecnociencia) contemporáneas, con una frontera entre ambas que cada vez es más
difusa, y, por otro lado, que las repercusiones sociales de la tecnología son
superiores a las de la propia ciencia, por lo que mucho de lo que las personas
consideran como presencia de la ciencia en la sociedad tiene que ver más con la
tecnología que con la ciencia misma (Storer, 1966, citado por Layton, 1988)(16).
El papel del profesor en la enseñanza CTS
Gran parte de los éxitos, y también de los
fracasos, de los estudiantes suelen estar relacionados con el "clima"
que genera el profesor en el aula. Los profesores que deseen dar una orientación
CTS a su enseñanza no sólo tienen que comunicar a sus alumnos los objetivos
que se pretenden alcanzar, sino que ellos mismos han de esforzarse personalmente
por lograrlos predicando con el ejemplo (Acevedo, 1996b). También deberán
promover la comunicación en el aula, una mayor actividad de los alumnos y
cierta autonomía para éstos. Penick (1993) lo ha destacado con rotundidad al
señalar que, si se quiere potenciar la libertad intelectual, estimular el
pensamiento crítico, la creatividad y la comunicación entre los alumnos,
tomando como referente lo que se considera necesario y deseable en las
finalidades educativas del Proyecto de Centro, es imprescindible un tipo de
profesor que tenga claro cuál debe ser el "clima" del aula más
adecuado para una enseñanza con orientación CTS, una sólida formación para
definirlo y propiciarlo y la capacidad necesaria para crearlo, lo que implica
también una mayor cooperación entre el profesorado y el alumnado, reforzando
así su autoestima.
Partiendo de diversos estudios de investigación
sobre profesores que trabajan en el marco de una enseñanza CTS, Penick (1993)
ha identificado y generalizado un conjunto de funciones, que se han reelaborado
y resumido en el cuadro 2 (Acevedo, 1996a), las cuales permiten caracterizar el
papel del profesor en este tipo de enseñanza.
Cuadro 2
Algunas funciones características de los profesores que ponen en práctica
las ideas educativas CTS (Acevedo 1996a, adaptado de Penick 1993)
|
- Dedican tiempo suficiente a planificar
los procesos de enseñanza-aprendizaje y la programación de aula,
así como a la evaluación de la enseñanza practicada para
mejorarla.
- Son flexibles con el currículo y la
propia programación.
- Proporcionan un "clima"
afectivamente acogedor e intelectualmente estimulante, destinado a
promover la interacción y la comunicación comprensiva en el aula.
- Tienen altas expectativas sobre sí
mismos (autoestima) y de sus alumnos, siendo capaces de animar,
apoyar y potenciar las iniciativas de éstos.
- Indagan activamente, mostrándose
deseosos de aprender nuevas ideas, habilidades y acciones,
incluyendo tanto las que provienen de la psicopedagogía como de la
actualidad científica-tecnológica y del ámbito social. También
son capaces de aprender junto a sus compañeros y con sus alumnos.
- Provocan que surjan preguntas y temas
de interés en el aula. Piden siempre argumentos que sostengan las
ideas que se proponen.
- Potencian la aplicación de los
conocimientos al mundo real. Dan tiempo para discutir y evaluar
estas aplicaciones.
- Hacen que los alumnos vean la utilidad
de la ciencia y la tecnología, y les dan confianza en su propia
habilidad para utilizarla y tener éxito con ella. No ocultan, sin
embargo, las limitaciones de la ciencia y la tecnología para
resolver los complejos problemas sociales.
- No contemplan las paredes del aula
como una frontera (aula abierta), porque creen que el aprendizaje
debe transcenderla. Llevan a clase personas y recursos diversos.
Educan para la vida y para vivir.
|
Puede advertirse que la mayoría de estas
funciones y características no son exclusivas de esta orientación de la enseñanza
de las ciencias (Membiela, 1995, 1997), pero el movimiento CTS las ha recogido
como imprescindibles para lograr una enseñanza de calidad destinada a
proporcionar el éxito de los estudiantes en sus aprendizajes; además, la
variedad de las estrategias que se emplean en las clases CTS es mayor que en
otros casos (Hofstein et al., 1988). Prestar la atención necesaria a una
buena gestión ambiental del "clima" del aula, tanto en lo afectivo
como en lo metodológico, y a la extensión de los aprendizajes más allá de
ella conduce, sin duda, a una enseñanza de mayor calidad y mejores actitudes
hacia el aprendizaje de la ciencia y la tecnología (Acevedo, 1996a).
Muchos profesores en ejercicio reconocen el
potencial motivador de las interacciones CTS en la enseñanza de las ciencias,
pero algunos estudios (Bell et al., 2000; Solbes y Vilches, 1995;
Vilches, 1993) han mostrado que la mayoría no las consideran tan importantes
como para merecer abordarlas en el aula. Por tanto, realmente no tienen
demasiado interés por introducir las orientaciones educativas CTS en su práctica
docente cotidiana. También parece bastante razonable hacer inicialmente una
conjetura similar en el caso del profesorado de tecnología, si bien esto está
por comprobar en la investigación educativa.
Aunque los profesores suelen justificar su decisión
por determinados problemas estructurales, sin duda ciertos, tales como la
extensión de los contenidos de las prescripciones curriculares oficiales, la
falta de tiempo, etc., en su actitud también subyacen otros profundos problemas
relacionados con sus concepciones sobre las finalidades de la enseñanza de las
ciencias (p.ej., su carácter propedéutico más que educativo en sí mismo),
sus creencias acerca de la naturaleza de la ciencia, etc. (Acevedo, 1996b). Así
pues, algunas de las dificultades para poner en práctica la educación CTS en
la enseñanza de las ciencias se refieren directamente a problemas relacionados
con el profesorado(17), tales
como:
- Su formación básicamente disciplinar para
abordar algo que es esencialmente multidisciplinar (Acevedo, 1996b; Cheek,
1992; Membiela, 1995; González-García y Prieto, 1997).
- Un cierto temor a perder su identidad
profesional (Cheek, 1992; Membiela, 1995), lo que en parte está relacionado
con la percepción que tienen de las finalidades de la enseñanza de las
ciencias (Acevedo, 1996b).
- Sus creencias sobre la naturaleza de la
ciencia, tanto en los aspectos epistemológicos como en los sociológicos
(Acevedo, 1994, 2000a; Acevedo y Acevedo, 2002; Cheek, 1992; Manassero y Vázquez,
2000; Membiela, 1995).
- El carácter más abierto, dialéctico y
provisional de los materiales curriculares CTS y la propia evaluación de
las cuestiones CTS, lo que da lugar a cierta inseguridad para parte del
profesorado (Acevedo, 1996b, 2000b).
- La poca familiaridad de la mayor parte del
profesorado con muchas de las estrategias de enseñanza-aprendizaje y con
los criterios, normas, técnicas e instrumentos de evaluación que se
requieren en la enseñanza CTS (Acevedo, 1996b; Hofstein et al.,
1988; Manassero y Vázquez, 2000; Penick, 1993).
- El que las estrategias adecuadas y
estimulantes para la mayoría del alumnado pudieran resultar demasiado
exigentes para muchos profesores (Acevedo, 1996a,b).
- Otras resistencias comunes a todas las
innovaciones debido al carácter generalmente conservador de los sistemas
educativos (Acevedo, 1996b; Hofstein et al., 1988; Pilot, 2000).
Obviamente, los contenidos del currículo CTS
deben estar adaptados al nivel evolutivo y los intereses del alumnado que los
recibe e incluir tanto contenidos de ciencia y tecnología como propios de CTS.
Lucas (1994) diferencia entre el concepto clásico de saber ciencia (conocimiento
de hechos y conceptos científicos) y saber sobre ciencia (comprender la
ciencia como fenómeno social). Los estudios CTS revalorizan este segundo
concepto, que se ha desarrollado más recientemente. Comprender la ciencia
requiere que el conocimiento se haga operativo en contextos sociales, a través
de conductas, opiniones o posiciones coherentes, para lo cual no basta con
disponer del conocimiento conceptual apropiado. El paso de comprender la ciencia
a expresar una opinión sobre un tema, tanto en la escuela como en el dominio público,
no es inmediato, ni tampoco automático; se requiere, precisamente, una educación
de actitudes y valores que den coherencia a la conducta personal en el entorno
social y tiendan un puente entre los conceptos abstractos de la ciencia y su
operatividad en la vida diaria, para lo cual la dimensión tecnológica resulta
esencial. En la discusión sobre la ciencia, la tecnología y sus implicaciones
sociales, transcendentales para su comprensión pública, se ponen en juego una
gran carga de valores; por tanto, la comprensión de la ciencia requiere una
discusión abierta y la clarificación de los valores morales y éticos
implicados. La educación de las actitudes CTS permite abordar el gran desafío
de la comprensión de la ciencia que no afronta la educación tradicional, como
es el conjunto de valores inherente a las prácticas científicas, cuyo
conocimiento es clave para la alfabetización científica y tecnológica de
todas las personas.
El reconocimiento de que la ciencia y la tecnología
están cargadas de valores y la necesidad de clarificarlos en su enseñanza es,
pues, otra de las innovaciones del movimiento CTS, enraizado en la visión de la
ciencia y la tecnología como actividades humanas que inciden y afectan a todos
los aspectos de la vida. Aprender y enseñar ciencia requiere no sólo ocuparse
de contenidos factuales y conceptuales de la ciencia, sino también discutir
sobre ciencia y tecnología; esto es, incluir también los aspectos axiológicos
y actitudinales en las lecciones de ciencia y tecnología. Esta discusión debe
ser un debate ilustrado; es decir, requiere conocimientos del lenguaje y los métodos
de la ciencia y, en general, tener la capacidad de razonamiento para exponer una
opinión con fundamentos, rasgos que constituyen dimensiones básicas de la
alfabetización científica y tecnológica deseable (Miller, 1983).
Debatir sobre los diferentes aspectos CTS en el
aula requiere una conciencia especial del profesorado; por un lado, respecto a
sus propias creencias y, por otro, respecto a las del alumnado sobre el tema,
las cuales se resumen en el capítulo siguiente(18).
Los prejuicios del profesorado de ciencias sobre la inclusión
y discusión de los aspectos axiológicos y actitudinales como parte de las
lecciones de ciencias pueden ser un serio escollo debido a:
- la percepción de esta educación como una
forma de imposición o adoctrinamiento y, aún superando esta objeción, la
falta de preparación específica para realizarla y
- la dificultad de su evaluación, suscitándose
la cuestión básica de si la educación de las actitudes es evaluable y, en
caso afirmativo, la falta de instrumentos adecuados para hacerlo.
En esta época postmoderna de relativismos y
ausencia de normas, el primer inconveniente es un gran obstáculo; pero, por
ejemplo, existe un creciente consenso en torno a la preservación del medio
ambiente como fundamento de actitudes éticas universales que combina en la
educación científica dos elementos curriculares básicos: conocimientos de
ciencia y tecnología y actitudes éticas. El riesgo de numerosas amenazas sobre
el planeta que afectan a su equilibrio ecológico y a todo el género humano,
debido a una incorrecta gestión del entorno medioambiental basada más en su
dominación sin límite que en un desarrollo sostenible, y que pueden originar
catástrofes cada vez más globales, ha ido construyendo una conciencia moral
universal hacia toda la biosfera con el objetivo de mejorar la preservación del
medio ambiente, lo que prueba la necesidad y la posibilidad de una educación ética
de carácter universal y ligada a contenidos científicos y tecnológicos. El
movimiento CTS apoya la educación de las actitudes éticas en relación con la
ciencia y la tecnología como una parte esencial de la comprensión de la
ciencia y la tecnología y de la preparación de la ciudadanía para la toma de
decisiones. Algunos autores abogan por unirse a otras áreas curriculares para
construir esta educación de las actitudes éticas (Lucas, 1994), propuesta que
está en sintonía con la esencia transversal de la educación moral y ética y
la educación medioambiental en el currículo.
Para terminar este capítulo señalaremos otro
aspecto importante a tener en cuenta por el profesorado, como es el que se
deriva de la atención a la diversidad desde un planteamiento CTS, con
particular incidencia en la consideración de las diferencias de género. Para
la mayoría de las sociedades, el proceso de socialización del alumnado está
determinado intensamente por el género: chicos y chicas tienen diferentes
experiencias, aspiraciones, prioridades y expectativas, etc. Como resultado los
alumnos suelen tener actitudes más favorables hacia determinadas ciencias (en
particular hacia la física) y tecnologías (sobre todo las ingenierías), que
se traducen en preferencias por actividades más científicas y un mayor interés
profesional por las ciencias de más prestigio y las ingenierías ligadas a las
tecnologías punteras, mientras las alumnas están más inclinadas hacia las
cuestiones sociales, las ciencias biológicas y las tecnologías sanitarias.
Además, las alumnas eligen menos materias e itinerarios escolares de ciencias e
ingenierías que los alumnos y, entre otros factores, esto hace que estén menos
representadas en la comunidad científica y, por supuesto, en la elite (Jiménez
y Álvarez, 1992; Muñoz et al., 1988). La crítica feminista considera a
la ciencia el segundo sistema de dominación de la mujer por su formidable
poder, tanto en el plano ideológico como en el material, especialmente cuando
algunas tecnologías (p.ej., las biotecnologías de la reproducción o la
psicobiología diferencial) son usadas en perjuicio de las mujeres. El
movimiento CTS aborda explícitamente la compensación de las desigualdades de género
con propuestas de diseñar currículos de ciencia y tecnología más
estimulantes para las mujeres; en general, la inclusión de los temas sociales
relacionados con la ciencia y la tecnología, característicos del movimiento
CTS y más apreciados por las alumnas, puede tener un efecto equilibrador de las
diferencias de género que se han observado hasta ahora en muchos países del
mundo(19).
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Notas
(1). Este artículo
es la traducción al castellano del primer capítulo del libro Avaluació
dels temes de ciència, tecnologia i societat (Manassero, Vázquez y
Acevedo, 2001a), publicado en Palma de Mallorca (España) por la Conselleria
d’Educació i Cultura del Govern de les Illes Ballears. Expresamos nuestro
agradecimiento a los responsables de esta Conselleria por la autorización
concedida para publicar esta versión electrónica en la Sala de Lecturas CTS+I
de la OEI. Se ha remozado añadiendo varias notas de interés e incluyendo también
la bibliografía correspondiente a las citas del capítulo, que se ha
actualizado respecto al original con las referencias indicadas en estas notas.
(2). Desde la
perspectiva de la enseñanza de las ciencias, Mónica Edwards y otros se están
ocupando de estos importantes problemas que afectan al mundo (Edwards, 2000;
Edwards et al., 2001, 2002 varios artículos; Gil et al., 1999,
2000a,b; Praia et al., 2000; Vilches et al., 2002).
(3). La posición
de los autores respecto al papel que debe tener el movimiento CTS en la
alfabetización científica y tecnológica para todas las personas ha sido
expuesta numerosas veces; recientemente se muestra con rotundidad en Acevedo,
Manassero y Vázquez (2002a,b). Por su interés, véase también el punto de
vista sostenido por Solbes, Vilches y Gil (2002b).
(4). En un
reciente libro (Membiela, 2002), diversos autores españoles y portugueses
abordan diferentes aspectos relacionados con las finalidades de la educación
científica.
(5). Hay que
subrayar que el argumento que se sustenta va más allá del hecho obvio que los
profesionales de la ciencia y la tecnología también son ciudadanos de la
sociedad civil; véanse al respecto Acevedo, Manassero y Vázquez (2002a,b);
Solbes, Vilches y Gil (2002b).
(6). Una
muestra del creciente interés por la educación CTS en Iberoamérica es la
creación de diversas cátedras de Ciencia, Tecnología, Sociedad e Innovación
entre distintas universidades de uno o varios países, dentro del marco de
acuerdos auspiciados por la OEI desde su Programa CTS+I <http://www.oei.es/ctsi.htm>.
(7). El
desarrollo histórico del movimiento CTS en la enseñanza de las ciencias ha
sido revisado hace muy poco, entre otros, por Aikenhead (2002) y Solomon (2002).
(8). En los
EE.UU., el movimiento CTS continúa teniendo una presencia significativa en la
enseñanza universitaria, pero la ha perdido en gran parte en la enseñanza
secundaria, pese a que todavía hay una representación minoritaria de calidad
(Aikenhead, 2002). El avance del movimiento CTS ha sido amputado por la dirección
que ha tomado, a finales del pasado siglo XX, la reforma de la enseñanza de las
ciencias orientada hacia una alfabetización científica y tecnológica basada
en conocimientos normalizados, que han impulsado los Benchmarks for Science
Literacy (AAAS, 1993) del Proyecto 2061 y los National Science Education
Standards (NRC, 1996). El Proyecto 2061 rindió inicialmente un pequeño
homenaje a las ideas del movimiento CTS en su primer documento, denominado Science
for all Americans (AAAS, 1989); sin embargo, tanto en su desarrollo
posterior como en su implantación paulatina se ha ido alejando de muchos de los
objetivos que persigue la educación CTS, centrándose en los conocimientos
comunes (normalizados) de la alfabetización científica y tecnológica marcada
por los Benchmarks, tal y como ha señalado Cajas (2001), que es un
investigador asociado al proyecto. Esta situación queda también muy clara en
las manifestaciones de algunos didactas de las ciencias experimentales
entrevistados por Kemp (2002), los cuales no consideran importante la comprensión
de las relaciones CTS para una alfabetización científica de todas las
personas.
Otra muestra de las trabas que en la práctica se
ponen a la consecución de muchos planteamientos CTS, es que, en muchos lugares
de los EE.UU. donde se han implantado los NSE Standards, se omite todo lo
relacionado con la historia de la ciencia y el tratamiento de la tecnología en
el ámbito de la ciencia, desvirtuándose así gran parte de los propósitos
iniciales (Bybee, 1997). Sin lo primero se pierde un recurso importante para la
comprensión de las relaciones CTS, en general, y las relaciones entre ciencia y
tecnología, en particular (Valdés et al., 2002); la ausencia de lo
segundo dificulta la posibilidad de relacionar la ciencia escolar con la
experiencia cotidiana del alumnado y no favorece su aprendizaje significativo
(Maiztegui et al., 2002; Vázquez et al., 2001). Desde un punto de
vista epistemológico, la exclusión de la tecnología conduce también a una
comprensión incompleta de la naturaleza de la ciencia y la tecnociencia
contemporáneas (Acevedo, 2000a; Acevedo y Acevedo 2002; Vázquez et al.,
2001).
(9). Con la
colaboración del ICASE (International Council of Associations for Science
Education) estas iniciativas cristalizaron en el Proyecto 2000+
(UNESCO, 1994).
(10). Estas
acciones han tenido han tenido su continuidad en el Simposio CTS del VI Congreso
Internacional sobre Investigación en la Didáctica de las Ciencias, llevado a
cabo en Barcelona (Caamaño y Vilches, 2001), y el II Seminario Ibérico sobre
CTS en la enseñanza de las ciencias, realizado este mismo año en Valladolid
(1-3 de julio de 2002) bajo el lema "Retos y perspectivas de la enseñanza
de las ciencias y el enfoque CTS en los inicios del siglo XXI"; un
seminario que parece tener asegurada su continuidad en el 2004, en la ciudad de
Aveiro (Portugal), gracias a la decisión de Isabel P. Martins y sus colegas de
la Universidad de Aveiro.
Todo esto contrasta fuertemente con el claro
retroceso observado en los nuevos Reales Decretos del Ministerio de Educación,
Cultura y Deporte de España sobre los mínimos curriculares en Educación
Secundaria Obligatoria y en Bachillerato, así como en los Decretos de la mayoría
de las Comunidades Autónomas españolas que los completan; disposiciones que
ignoran o, en el mejor de los casos, no acaban de concretar en los contenidos y
criterios de evaluación lo señalado por la mayoría de los expertos
internacionales en educación científica, estableciéndose normas que incluso
son contrarias a sus recomendaciones (Acevedo, Manassero y Vázquez, 2002a,b).
(11). Por
explícita nos referimos a una enseñanza cuidadosamente planificada, con
contenidos que se desarrollan en actividades variadas y con una evaluación de
los procesos llevados a cabo y los resultados conseguidos. Por ejemplo, respecto
a la enseñanza de la naturaleza de la ciencia, Matkins et al. (2002)
muestran resultados muy prometedores con profesores de Primaria en formación
inicial, que mejoran notablemente su comprensión sobre la naturaleza de la
ciencia cuando ésta se enseña explícitamente y con actividades
contextualizadas mediante "science & technology - based issues"
(enfoque CTS del tipo IOS), tal y como recomiendan diversos autores (Spector,
Strong y Laporta, 1998).
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