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CAPÍTULO 1: Introducción, Generalidades El paciente geriátrico Quirúrgico El estado de salud varía considerablemente entre los
individuos. Compárese, por ejemplo, un anciano de 85 años saludable, alerta,
vigoroso y un hombre de 60 años malnutrido, discapacitado físico y con
demencia multiinfarto. El médico debe abordar a cada paciente sobre la base del
estado fisiológico y funcional que presenta. Él desarrollo de una estrategia
de manejo realista deberá ser establecido después de la evaluación integral
del paciente y después de consultar con su familia o con quien lo cuida. Una
vez establecidos los objetivos generales se desarrolla el plan de tratamiento
para los problemas específicos: médicos, psicosociales y de rehabilitación.
La planificación del alta de la internación debe comenzar ya durante la admisión.
Por último, el plan de tratamiento debe ser flexible y pasible de ser
modificado según mejore o se deteriore el estado del paciente.
A. Factores de riesgo relacionados con los cambios fisiológicos
en los pacientes añosos. A medida que los adultos envejecen, hay una
declinación fisiológica de los principales sistemas orgánicos, relacionada
con el envejecimiento mismo y con los procesos patológicos que se observan en
las personas mayores. El conocimiento del estado fisiológico de cada paciente
puede servir para determinar en el preoperatorio el riesgo que implica la cirugía
y para disminuir ese riesgo en el intraoperatorio.
3. Modificaciones renales. En el anciano la función
renal se halla deteriorada a causa de la pérdida de nefrones y por la
reducción de la perfusión sanguínea, del 50% a los 90 años de edad. Las
aplicaciones de esta insuficiencia renal incluyen: excreción farmacológica
alterada, reducción de la capacidad para conservar el agua y menor
respuesta a las variaciones del sodio. Deberán reducirse las dosis y la
frecuencia de administración de fármacos como los aminoglucósidos,
antihistamínicos, digoxina, analgésicos, sedantes e hipnóticos. Debido a
que los ancianos tienen la capacidad de conservación de agua reducida, están
en mayor riesgo de depleción de volumen a causa de procesos tales como
diarrea o vómitos. La menor capacidad para responder a modificaciones de líquidos
da por resultado mayor susceptibilidad a la hiponatremia cuando se
administra al paciente dieta con restricción de sodio o bien el desarrollo
de hipernatremia por restricción aun leve de líquidos. 4. Alteraciones sensoriales. El deterioro visual y
auditivo pueden dar temor ante la experiencia perioperatoria del paciente y
predisponerlo a la desorientación y la confusión (5). El manejo de estos
enfermos se ve complicado además por la pérdida de memoria, demencia,
incontinencia urinaria y fecal y el uso de múltiples medicamentos. La
demencia se asocia con una tasa de mortalidad del 45%. No se sabe si esta
elevada tasa de mortalidad se debe a la menor colaboración por parte del
paciente, a mayor sensibilidad a la anestesia o al aumento de la
susceptibilidad a otras complicaciones. 5. Consideraciones farmacológicas. El paciente anciano
es sensible a los efectos adversos de los fármacos y a las interacciones
medicamentosas. Además de la menor capacidad renal para excretar fármacos,
el anciano puede tener también disminuida la absorción y el metabolismo
hepático de estos agentes. Las medicaciones por vía oral pueden ser
absorbidas con menor efectividad por causa de la menor actividad enzimática
en las células con borde estriado ("en cepillo "), alteración en
la motilidad intestinal, menor acidez gástrica y disminución en la
liberación de enzimas pancreáticas. De manera similar, la absorción de
los fármacos administrados por vía intramuscular o subcutánea puede estar
demorada o impedida por la menor irrigación, razón por la cual es
necesario repetir la administración para alcanzar los efectos deseados. B. Factores de riesgo relacionados con el estado físico
del paciente 1. Clasificación de la American Society of
Anesthesiologists. Aunque es dable esperar que la morbilidad operatoria
aumente con la duración de la intervención quirúrgica, esta correlación
no ha sido corroborada en los ancianos. Los complicados análisis de
factores específicos tampoco han demostrado su utilidad para la determinación
de la morbilidad en general. En cambio, la apreciación clínica del estado
de salud general del paciente aparece como el determinante estadístico más
simple y más contable del riesgo operatorio de un paciente. El sistema de clasificación del asa correlaciona la
morbilidad y la mortalidad operatoria con el estado clínico del paciente. 2. Indice de riesgo cardíaco. El riesgo de infarto de
miocardio intraoperatorio o en el período postoperatorio inmediato puede
ser de hasta el 40%, si se realiza una operación dentro del mes posterior a
un infarto de miocardio. Este riesgo puede ser reducido al 4-7% si la cirugía
se posterga 6 meses. Aunque esta tasa es equivalente a la tasa de reinfarto
perioperatorio en pacientes con un infarto remoto, la tasa de mortalidad
sigue siendo de 10 a 20 veces más alta que para los pacientes sin infarto
de miocardio previo. La cirugía para by pass coronario parece reducir la
posibilidad de complicaciones cardíacas perioperatorias en los pacientes
con infarto de miocardio previo. Otros factores de riesgo importantes, además
de una historia de infarto de miocardio, para los individuos mayores
sometidos a cirugía no cardíaca son: insuficiencia cardíaca congestivo,
arritmias y estenosis valvular aórtica cínicamente significativa, en
particular en el paciente mayor de 70 años o en mal estado clínico
general. Mediante la utilización del Índice de Riesgo Cardíaco, un
paciente de 70 años con historia de infarto de miocardio en los 6 meses
precedentes y que tiene insuficiencia cardíaca congestivo tendrá un
puntaje de 26. En el primer mes posterior a la cirugía la muerte se produce
en el 56% de los pacientes con puntaje de 26 o mayor en el preoperatorio. Si
se puede corregir la insuficiencia cardíaca, el puntaje podrá decrecer a
15 y la mortalidad al 2%. En consecuencia, la corrección de todos los
factores de riesgo cardíaco reversibles podrá mejorar mucho los resultados
(6a). 3. Otros factores de riesgo en los pacientes añosos: a) Demencia. Se asocia con una alta tasa de mortalidad,
cercana al 45%. No ha sido bien estudiado si esta tasa de mortalidad se debe
a menor cooperación por parte del paciente, mayor sensibilidad a la
anestesia o mayor susceptibilidad a otras complicaciones. b) Diabetes. La diabetes es un factor de riesgo, con
alteraciones microvasculares que predisponen al paciente a áreas locales de
hipoxia potencial y a mayor susceptibilidad a infecciones por causa de la
ineficaz migración de macrófagos y leucocitos. c) Infección y sepsis abrumadora. El riesgo quirúrgico
aumenta todavía más en los pacientes riesgosos por la demora en la
cicatrización de la herida, mayor susceptibilidad a las infecciones
postoperatorias y menor capacidad para enfrentar el estrés fisiológico de
la sepsis. d) Desnutrición. El riesgo de mala cicatrización de la
herida y de infección grave aumenta en los pacientes añosos malnutridos
sometidos a cirugía. La función inmunitaria se deteriora en el anciano y
declina aun más en el anciano con deficiencia nutricional. Con la inanición
o la malnutrición se alteran la cantidad y la función de los linfocitos T,
se deteriora la función "ayudante" en la producción de
anticuerpos y se altera la función fagocitaria del sistema retículoendotelial.
Además, se hace más lenta y dificultosa la cicatrización de las heridas
en sí, porque la síntesis de colágeno y la proliferación de fibroblastos
se reducen por la malnutrición. C. Factores de riesgo relacionados con los procedimientos
quirúrgicos. A pesar de que puede esperarse que la mortalidad operatoria
aumente con la duración de la intervención quirúrgica, esta correlación
no ha sido comprobada en los ancianos. No obstante, se hallará mayor riesgo
entre los pacientes sometidos a cirugía de emergencia. Los pacientes
sometidos a cirugía intratorácica o intraperitoneal parecen estar también
en mayor riesgo que otros pacientes quirúrgicos ancianos. Los
procedimientos vasculares, en especial la cirugía de la aorta, conllevan un
riesgo adicional. II. Preparación del paciente anciano para la cirugía.
La evaluación integral y la coordinación entre internista, cirujano y
anestesiólogo sirven para disminuir la probabilidad de acontecimientos
desfavorables durante el período perioperatorio. A. Determinación del riesgo 1. Cuantificación y reversibilidad del riesgo. La
evaluación preoperatoria debe incluir una determinación de riesgo según
la clasificación de la ASA o el índice de Riesgo Cardíaco. A veces es
recomendable la postergación de una cirugía electiva si se puede mejorar
la clasificación ASA o el IRC del paciente mediante intervenciones terapéuticas
oportunas (6b). Siempre que sea posible se corregirán todas las anomalías
metabólicas y fisiológicas. La determinación de someter o no a cirugía a
un paciente identificado con riesgo de moderado a alto requiere un abordaje
individual basado en la mejoría que se espera aporte la cirugía en
comparación con el riesgo estimado. B. Estudios de laboratorio 1. Los estudios de rutina deben incluir electrólitos, BUN y
creatinina en suero, recuento de células sanguíneas, TP y TTP, análisis de
orina, radiografía de tórax y ECG (8). 2. Otros estudios. A menudo son necesarias pruebas de la
función hepática, determinación de gases en la sangre arterial y pruebas de
función pulmonar, por las razones previamente discutidas. C. Medidas para el sistema respiratorio. Para disminuir las
secreciones pulmonares y mejorar la oxigenación, el paciente deberá dejar de
fumar por lo menos 2 semanas antes de la operación. La espirometría
incentivada perioperatoria ayuda a maximizar la función pulmonar y a disminuir
la retención de secreciones. D. Monitorización invasora. La corrección preoperatoria de
la insuficiencia cardiovascular puede ayudar a lograr mejoras de hasta el 66% en
la supervivencia. En consecuencia, se recomienda la monitorización invasora con
un catéter dotado con un balón en su extremo para determinar la presión en cuña
pulmonar y la saturación de oxígeno en la sangre venosa mixta para los
pacientes de clase 3 o 4 del IRC. Los pacientes con hipoxemia acentuada o
insuficiencia cardíaca congestivo persistente a pesar de la monitorización
invasora y de una terapéutica agresiva enfrentan un alto riesgo de muerte. E. Manejo farmacológico. 1. Estudios bien controlados indican que medicaciones como la
digoxina y el propranolol, continuadas hasta el momento de la cirugía, dan por
resultado una reducción de la posibilidad de descompensación cardíaca y
mejoran la tasa de supervivencia. 2. Los inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO) deben
suspenderse, de ser posible, dos semanas antes de la cirugía. III. Elección de la anestesia y consideraciones
intraoperatorias. Existe una gran polémica en cuanto a establecer si el
paciente anciano debe recibir anestesia regional o anestesia general para
operaciones como las de cirugía vascular, reemplazo de cadera o prostatectomía
transuretral. En general, cuanto mejores sean los signos vitales del paciente y
cuanto mejor pueda ser controlada la oxigenación, mejores serán los resultados
para el paciente. A. Manejo preoperatorio de los medicamentos. Las teorías
acerca de la medicación preoperatoria en el anciano varían de programa a
programa. Sin embargo, en general los medicamentos semejantes a la atropina
deberán usarse con precaución, debido a sus efectos colaterales
cardiovasculares, urológicos, y oftálmicos. Como el anciano puede experimentar
efectos depresores mayores sobre el sistema nervioso central y el sistema
respiratorio con los sedantes hipnóticos, podrá ser necesario ajustar las
dosis de acuerdo con el estado clínico del paciente. B. Anestesia regional. Los anestésicos regionales provocan
menos depresión respiratoria pero pueden estar asociados con hipotensión. Si
la anestesia regional resulta inadecuada, el dolor puede producir taquicardia e
hipertensión con la consiguiente isquemia del miocardio. La anestesia regional
es de utilidad limitada en pacientes ancianos poco cooperadores, quienes pueden
requerir tanta sedación que se estaría ante un riesgo de depresión
cardiorrespiratoria. C. Anestesia general. La anestesia general ofrece mejor
control de las vías aéreas y de la relajación muscular. Pueden evitarse
restricciones físicas y se logra un mejor manejo de los signos vitales con
intervenciones farmacológicas. El mayor grado de depresión del miocardio que
se atribuye a los anestésicos generales al compararlos con la anestesia
regional es compensado por menor incidencia de taquicardia refleja. Con la
anestesia general puede existir mayor grado de confusión postoperatoria e
hipoxia que con la anestesia regional. A. Identificación de los pacientes ancianos de alto riesgo.
En el momento de la admisión es imprescindible identificar a los pacientes con
riesgo particularmente alto de mala recuperación, p. ej., mayores de 75 años,
individuos con historia de institucionalización previa, aquellos que viven
solos, los que tienen deterioro de la función cognoscitiva, los que tienen
dificultades sensoriales (visión - audición) y aquellos con historia de caídas,
incontinencia o reposo prolongado en cama. B. Cuidado de pacientes ancianos durante una hospitalización
aguda. Durante una hospitalización aguda, los cuidados especiales para los
ancianos pueden dividirse en: cuidados preventivos y rehabilitación. 1. Los cuidados preventivos incluyen la minuciosa atención a
la piel, intestinos, hidratación, nutrición y apropiada farmacoterapia. La
constipación suele ser un problema importante que llevaría a anorexia, diarrea
y desequilibrio electrolítico. La desorientación y los traumatismos por caídas
pueden ser prevenidos prestando atención a la medicación, iluminación,
evitando la falta de estímulos sensoriales y eliminación de los peligros
potenciales en el entorno físico inmediato del paciente. La disponibilidad de
pasamanos de colores contrastantes permitiría a una persona con trastornos
visuales mantenerse independiente en cuanto al uso del baño. Todos los
esfuerzos por conservar la movilidad aumentan el nivel de actividad del paciente
y con ello alejan la posibilidad de depresión, úlceras por decúbito,
tromboflebitis y dependencia. La actitud del personal del hospital al brindar
apoyo facilita mucho el cuidado de los pacientes ancianos. 2. Rehabilitación. La rehabilitación es difícil en los
pacientes con problemas clínicos múltiples. La reducción de las fuerzas y el
vigor y las limitaciones físicas debidas a artritis, enfermedad de Parkinson y
los resultados o los efectos ulteriores de la cirugía son todos factores
contribuyentes. Estas situaciones pueden requerir que vanas necesidades deban
ser atendidas simultáneamente para lograr máxima funcionalidad (p. ej.,
anteojos, audífonos, terapia física). Un concepto de importancia en los cuidados quirúrgicos del
paciente anciano endeble, como sucede con cualquier persona anciana
potencialmente enferma, es el de los procedimientos quirúrgicos planeados o de
urgencia. Las cirugías de urgencia se vinculan, de manera típica, con tasas de
morbilidad y mortalidad más altas. En una serie de 795 pacientes mayores de 90
años de edad, Hosking y colaboradores observaron una mortalidad a 30 días de
17.4% después de una operación de urgencia, contra una de 6.8% en caso de
cirugía planeada. Fue también significativamente más alta la morbilidad
perioperatoria (infarto del miocardio, embolia pulmonar, problemas neurológicos,
disfunción renal, disfunción biliar o ventilación mecánica prolongada) en el
grupo de pacientes operados de urgencia, de 20.7 % contra 7.5 por ciento. Los ancianos clínicamente enfermos están en mayor peligro
de sufrir complicaciones después de las operaciones de urgencia, a causa de
retraso en la presentación, diagnóstico e iniciación de la asistencia
apropiada, en comparación con sus contrapartes de menor edad. A causa del
proceso normal de envejecimiento, pueden trastornar con facilidad los sistemas
orgánicos de importancia crítica después de la intervención quirúrgica, y
el paciente grave no puede luchar contra estas complicaciones con tanta
eficacia. Dos ejemplos clásicos del efecto del prequirúrgico son los
datos de Apendicitis y Colecistitis Aguda en los ancianos. En ambos casos se
pone de relieve la necesidad de tomar una actitud enérgica, y no pasiva, cuando
se sospeche una enfermedad del abdomen que requiera operación. Es de
importancia capital el envío oportuno para el tratamiento planeado de una
enfermedad tratable, índice elevado de sospecha en los pacientes que sufren
dolor abdominal, y operación temprana para garantizar los buenos resultados
quirúrgicos y la conservación de una buena calidad de vida. El retraso en el
diagnostico, y la demora subsecuente del tratamiento en esta población, no
hacen más que incrementar las tasas de perforación, complicaciones y
mortalidad. Está empezando a reconocerse el impacto que tienen las
intervenciones quirúrgicas Laparoscópicas en el tratamiento de ancianos con
enfermedades gastrointestinales, y es un campo promisorio de investigación. Uno de los cuadros más graves y significativos en los que la
vida del paciente "pende de un hilo" se presenta en esos Cuadros de
Abdomen Agudo por Colecistitis Aguda donde el Cirujano debe decidir sobre la
Vida y la Muerte del Geronte. El Abdomen Agudo Quirúrgico es una afección aguda originada
en las vísceras abdominales y que requiere de una intervención quirúrgica a
fin de evitar un grave daño sistémico causado sobre todo por fenómenos tóxicos.
Se origina por factores exógenos o endógenos. Algunas afecciones agudas que se presentan en el abdomen son
quirúrgicas por las alteraciones hemodinámicas que se observan y no se deberían
incluir en la categoría de Abdomen Agudo: Hemorragia Digestiva Alta o
Hemorragia Digestiva Baja. El Abdomen Agudo quirúrgico se asocia a infección y sepsis.
Hay algunas excepciones como las hemorragias peritoneales que si bien participan
de las alteraciones hemodinámicas que determinan hipovolemia. Es de nuestro interés hacer hincapié en los A.A. de origen
inflamatorio en los que el componente infeccioso cumple un rol determinante y
dentro de ellos la Colecistitis Aguda. Otros orígenes de A.A.:
Elementos Clínicos del A.A.:
Debemos tener en cuenta que el paciente añoso, emaciado o en
grave estado pueden hallarse ausentes algunos o todos los signos que indican
compromiso abdominal (abdomen ¨vencido¨). Son A.A. silentes, que simulan un
compromiso menor al real. Inducen a errores diagnósticos, terapias erróneas,
conductas expectantes que cuestan la vida del anciano. Todos los elementos anteriores obtenidos en el examen del
enfermo serán asentados en una H.C. que podríamos consignar una ¨Breve reseña
del estado clínico del paciente¨. Utilizaremos todos los Estudios Complementarios de que
dispongamos y sólo los que sean necesarios para un correcto diagnóstico. La
falta de aparataje sofisticado para realizar estudios complementarios no debe
ser justificativo de atrasos diagnósticos y/o terapéuticos. El tiempo urge. Omitir un tratamiento quirúrgico puede
determinar la muerte. Una cirugía oportuna en condiciones mínimas en el
paciente crítico que debe ser intervenido puede, en manos avezadas, solucionar
un grave problemas. Muchos son los que en aras de "salvar una vida" se
atreven a intervenir al paciente añoso sin los recaudos necesarios y ponen en
peligro lo que dicen querer proteger. Y lo que es peor no se dan cuenta de los
riesgos a los que el anciano se halla expuesto. La Cirugía como método terapéutico ha demostrado su valía.
Pero, claro está, en manos de Cirujanos expertos, en la circunstancia oportuna
y con los cuidados Pre y Post Operatorios suficientes que intenten por sobre
todo preservar la vida. Y no solamente con los conocimientos que la Cirugía les
da y la manualidad adquirida, sino también con conocimientos profundos en
Geriatría. No es lo mismo operar a un adulto que presenta todos sus
Mecanismos Homeostáticos totalmente activos que realizar una Cirugía de
Urgencia en un paciente emaciado, con desequilibrios electrolíticos marcados y
de 75 años de vida. Los ancianos NO son adultos envejecidos. Este trabajo no pretende normatizar rígidamente las
conductas a tener en un Cuadro de Colecistitis Aguda pero si hacer notar la
importancia de encarar con seriedad la constitución de los planteles de la
Guardia de nuestros Hospitales de Agudos donde en un trabajo interdisciplinario
trabajarán mancomunadamente Geriatras, Cirujanos, Internistas, Anestesiólogos,
Laboratoristas, Radiólogos y todos aquellos Profesionales y para Profesionales
que en el Arte de Curar tratan, todos los días, de recuperar para los enfermos
la salud perdida. Nuestros maestros nos han inculcado el esfuerzo en nuestra
tarea asistencial pero también nos han dado con su ejemplo profundos conceptos
de humildad a aplicar en nuestra tarea. Recomendaremos no olvidar que en Medicina... Lo mejor enemigo de lo bueno. Muchas veces hemos dudado y muchas hemos tenido temor. Quizá
sea oportuno parafrasear al Sacerdote católico Julio Sandoval: "Cuanto más
dudo más fortifico mi FE¨. CAPÍTULO 2: ASPECTOS MEDICO-LEGALES DE LAS EMERGENCIAS En los últimos años la medicina legal ha comenzado a ser
vista con otros ojos por los médicos. De ser una especialidad clásicamente
reservada a los peritos que desarrollaban su actividad en el ámbito de la
justicia y por lo tanto restringida a un sector muy reducido del cuerpo médico,
ha pasado a ser de interés para el médico en general. Esto se refleja en las
continuas consultas que llegan a los lugares donde llevamos a cabo nuestra
actividad y en el creciente desarrollo de la especialidad. La medicina legal ha dejado de ser una especialidad "de
biblioteca" para convertirse en una práctica viva. El médico atraviesa a
diario situaciones médico - legales que debe conocer para su resolución
satisfactoria. El fantasma del juicio por "mala praxis" es una amenaza
latente y el médico hoy ve con frecuencia alarmante el crecimiento de las
demandas. Por ese motivo creemos conveniente llegar a los médicos con
temas de medicina legal relacionados con la urgencia. Urgencia entendida como
necesidad de conocer, para poder resolver adecuadamente, situaciones que se dan
en la práctica de todos los días en cualquier ambiente médico. Hemos elegido, entre otros temas el de las obligaciones de
los médicos, ya que estas emanan de disposiciones legales específicas y
consideramos que no pueden ser ignoradas por ningún médico. OBLIGACIONES DE LOS MEDICOS Las obligaciones de los médicos están específicamente
consagradas en la ley 17.132 y su decreto reglamentario 6.216 del año 1967. Esta ley que tiene vigencia en la Capital Federal, Tierra del
Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur se denomina "Normas para el
ejercicio de la Medicina, Odontología y Actividades de colaboración". El artículo 19 señala "Los profesionales que ejerzan
la medicina están, sin perjuicio de lo que establezcan las demás disposiciones
legales vigentes, obligados a: Es preciso resaltar que la ley habla de " ... sin
perjuicio de lo que establezcan las demás disposiciones vigentes...", por
lo que debe suponerse que existen otras disposiciones que hallaremos en códigos
y leyes a los que los médicos debemos atenernos. Valgan como ejemplo aquellas
disposiciones relacionadas con el secreto profesional, la responsabilidad médica,
el abandono de persona, etc., contempladas en el código pena[, la misma ley del
ejercicio y el código civil. Sin embargo es esta ley la que específicamente señala y
agrupa una serie de obligaciones que deben ser bien conocidas por el médico, ya
que su desconocimiento puede originar serios problemas que excederán los límites
de esta ley, pues simultáneamente generarán problemas de índole penal y
civil. Así, un médico que deja de atender una urgencia podrá
recibir una sanción administrativa (por infracción a la ley 17.132) que
aplicará la autoridad sanitaria, una condena de privación de libertad (que en
general se deja en suspenso pero que se acompaña de inhabilitación para
ejercer la profesión) que aplicará la justicia penal y una obligación de
resarcimiento económico, a determinar por la justicia civil. Pasaremos entonces a analizar algunos de los incisos de este
importante artículo, ya que la extensión signada a este capítulo no nos
permite un análisis de su totalidad, y haremos comentarios de casos concretos
respecto de cada uno de ellos. 2º. "Asistir a los enfermos cuando la gravedad de su
estado así lo imponga y hasta tanto, en caso de decidir la no prosecución
de la asistencia, sea posible delegarla en otro profesional o en el servicio público
correspondiente. Es de fundamental importancia que el médico comprenda que
nunca puede dejar de atender una situación de emergencia. Qué situaciones pueden presentarse: a) El médico de un servicio de emergencia público o privado
que no tiene servicio externo y que es buscado por la autoridad policial o un
particular para atender a una persona accidentada en las inmediaciones del
establecimiento. No es justificativo válido determinar no concurrir por
carecer de servicio externo, así existan disposiciones administrativas internas
(reglamento de la institución) que prohiban la salida, ya que en estas
ocasiones se ponen en juego y colisionan bienes jurídicos como la vida o la
salud que son supremos para nuestra legislación penal y civil. Ante una posible situación de riesgo para la vida de una
persona, el médico debe concurrir a verificar por sus propios medios cuál es
la situación real de ella y recién después de constatar personalmente su
estado decidirá la prosecución o no de la asistencia. Si constata un verdadero estado de gravedad deberá tomar una
decisión médica, si es preciso la internación, así se trate de una institución
privada, deberá internarlo al margen de problemas económicos o de afiliación
que luego se resolverán, pero que son secundarios ante el bien jurídico vida o
salud. b) El médico, que es conocido como tal, y es llamado para
socorrer a una persona que requiere maniobras de resucitación sacado del agua
por una sumersión. No se puede alegar desconocimiento de las maniobras de
resucitación por ejercer una especialidad ajena a esas prácticas, como puede
ser la oftalmología o la dermatología. Se supone que el médico es el sujeto idóneo para realizar
ese procedimiento al margen de su especialidad y negarse a realizarlas
constituirá un delito previsto en el Código Penal, art. 106 "abandono de
persona": "El que pusiere en peligro la vida o la salud de otro, sea
colocándolo en situación de desamparo, sea abandonado a su suerte a una
persona incapaz de valerse y a la que deba mantener o cuidar o a la que el mismo
autor haya incapacitado, será reprimido con prisión de seis meses a tres años." c) La obligación de asistencia en la urgencia se hace más
comprometida para aquellos colegas que desarrollan sus tareas en servicios de
emergencia de instituciones públicas o privadas, en las cuales se agrega la
necesidad de responder con celeridad a los requerimientos de atención. Existen antecedentes de cesantías de médicos bajo la forma
de "incumplimiento de sus deberes", agregando que este incumplimiento
debe ser manifiesto, es decir tratarse de una falta inexcusable. Entre
los casos citados, uno ocurrido años atrás en el Sanatorio Municipal "Dr.
Julio Mendéz", en el cual una profesional médica del servicio de guardia
fue sancionada con cesantía pues dejó de prestar "rápido auxilio" a
una enferma que luego falleció. Se generó una demora (los familiares
solicitaron el pedido para trasladar a una enferma a terapia intensiva a la 14 h
y el arribo se produjo a las 16.45) y se estableció en el sumario
administrativo que el servicio de guardia no respondió con la "prontitud y
eficiencia que el caso requería y en concordancia con la misión y
responsabilidad encomendada'. Es importante reiterar que esta sanción tuvo efecto a "nivel
administrativo", es decir fue aplicada por la institución (Sanatorio
Municipal Dr. Julio Méndez) por medio de, un "sumario
administrativo". La terminología utilizada en el sumario "manifestó
incumplimiento de sus deberes", es coincidente con la utilizada por el
Código Penal en los artículos 84 y 94 (muerte y lesiones culposas), en las que
se menciona por parte del sujeto activo de estos delitos (que son los delitos típicos
de responsabilidad médica)... "inobservancia de los reglamentos o
de los deberes de su cargo" ... Como se mencionó más arriba, una sanción administrativa
puede ir acompañada de una condena en el ámbito penal o civil. Es importante resaltar la importante función que, dentro de
la asistencia médica, cumple el médico de los servicios de urgencia. La
implicancia médico - legal de sus actos médicos es muy relevante, por lo que
no puede dejar de conocer las obligaciones que surgen de su actividad. 3ro.: "respetar la voluntad del paciente en cuanto sea
negativa a tratarse o internarse, salvo los casos de inconsciencia, alienación
mental, lesionados graves por causa de accidentes, tentativas de suicidio o
delitos. En las operaciones mutilantes se solicitará la conformidad por escrito
del enfermo, salvo cuando la inconsciencia o alienación o la gravedad del caso
no admitiera dilaciones. En los casos de íncapacidad, los profesionales
requerirán la conformidad del representante del incapaz ". Ese inciso describe varias situaciones que para su mejor análisis
será necesario desglosar. 3.1. Respetar la voluntad del paciente en cuanto sea negativa
a tratarse o internarse. Las personas capaces (entendiendo por tales los mayores de 21
años o emancipados que no hayan sido declarados incapaces judicialmente) están
habilitadas para el ejercicio de todos los actos de la vida civil sin depender
de personalidad alguna o autorización de los padres, tutores o jueces (la
bastardilla corresponde al artículo 1 29 del Código Civil). Dentro del ejercicio de estos actos está comprendida la
posibilidad de negarse a tratarse o internarse. En este punto es digno de señalarse un profundo cambio que
ha comenzado a darse en la relación médico - paciente, que tiene sus orígenes
alrededor de la década del 70 en los EE.UU. y que paulatinamente se va
introduciendo en otras sociedades. Este cambio tiene que ver con la revolución tecnobiológica
ocurrida en la medicina, en particular con las nuevas formas de concepción,
nacimiento, vivir y morir; el consejo genético, la anticoncepción, los
sistemas de reanimación en unidades de cuidados intensivos, los trasplantes de
órganos. Por otra parte, simultáneamente, comienza a desarrollarse
una cultura política orientada a los derechos civiles y de los consumidores,
cuestionadora de toda autoridad, defensora de las minorías y marginados, entre
los cuales se cuentan... los pacientes (Maineti, 1991). La medicina occidental ha aplicado desde la época hipocrática
un modelo de relación médico – paciente basado en el naturalismo, donde
"lo bueno" responde al orden natural y "lo malo" al
desorden. Entendidas salud y enfermedad en esos términos, se tendió a
implantar una relación en la que el deber del médico era hacer el bien al
paciente, principio de beneficencia basado en el paternalismo. El
paciente debía aceptar esa imposición, aun en contra de su voluntad, ya que el
médico estaba ética y técnicamente capacitado para establecer "el orden
natural" en caso de enfermedad (Gracia, 1 990). Estos principios comenzaron a cuestionarse con la modernidad
en el orden político, religioso y moral, y en occidente, con el advenimiento de
las democracias pluralistas, se puso en relieve el carácter autónomo y
absoluto del individuo. Así como se entendió que existía una libertad de
pensamiento político y religioso, también se reconoció un principio de
libertad moral. Todo ser humano es agente moral autónomo y como tal debe ser
respetado por los que mantienen posiciones morales distintas. Estos principios tardaron en instalarse en la práctica médica
y recién empezaron a tomar vigencia en la década del 70 (tal como fue señalado
más arriba). Hasta ese momento prevaleció en la relación médico - enfermo la
forma paternalista. A partir de ese momento los enfermos empezaron a tener
conciencia de su condición de agentes morales autónomos, libres y
responsables; la relación de tipo paternal comenzó a ser rechazada. Esta
relación interpersonal, accidentalmente conflictiva, pasó a ser
esencialmente conflictiva. La relación médico - paciente se construyó sobre los
principios de beneficencia y no maleficencia -"primun non nocere"- por
parte del médico; el de autonomía, del lado del paciente y la aparición del
principio de justicia, encarnado en la sociedad, un nuevo sujeto que se
manifiesta entre ambos (Sass, 1 990). Este cambio en el paradigma médico, se manifiesta, como señalamos
antes, con el desarrollo tecnológico de la medicina y la aparición de los
grandes dilemas aún no resueltos, y tuvieron por parte de los pacientes o sus
familiares un cuestionamiento que hicieron de aquella relación no conflictiva
una esencialmente conflictiva. Es necesario tomar conciencia de esta situación, de este
gran cambio que se desarrolla en nuestra práctica asistencial y cuyo
desconocimiento es fuente frecuente de juicios a los médicos. Hoy es
absolutamente necesario que el paciente participe en la decisión de asumir o no
un tratamiento tras una explicación inteligente (para el paciente) por parte
del médico. Esta información debe basarse en reglas presentes en toda relación
médico - paciente. Ellas son veracidad, confidencialidad y consentimiento
informado. Dentro de ese marco el médico debe acompañar a su paciente
en la toma de decisiones. 3.2. "... salvo los casos de inconsciencia,
alienación mental, lesionados graves por causa de accidentes, tentativas de
suicidio o delitos... " Podemos observar, que la ley prescinde de la decisión del
paciente en cualquier situación en que aquel se encuentre en un estado de
incapacidad para poder decidir por sí mismo. En estos casos el médico está obligado a promover la
internación de los pacientes, debiendo además comunicar a la autoridad
competente (policía, justicia), en los casos de accidentados o víctimas de
delitos. Con referencia a estos últimos (los delitos) el médico
no debe denunciar ciertos delitos ya que el ejercicio de las acciones (quién
puede denunciar) está reservado sólo a la víctima o sus representantes en
ciertas circunstancias. Tal lo establecido en el artículo 72 del Código Penal:
" Son acciones dependientes de instancia privada las que nacieren de los
delitos de violación, estupro, rapto y ultrajes al pudor, cuando no resultara
la muerte de la persona ofendida o lesiones de las mencionadas en el artículo
91. En los casos de este artículo no se procederá a formar
causa sino por acusación o denuncia del agraviado o de su tutor, guardador o
representantes legales. Sin embargo, se procederá de oficio cuando el delito
fuere cometido contra un menor que no tenga padres, tutor ni guardador, o que lo
fuere por uno de sus ascendientes, tutor o guardador". Por lo tanto, un médico de un servicio de emergencias que
atiende una persona violada, no debe efectuar la denuncia de la violación,
porque la ley determina que corresponde a la víctima realizarla. De hacerlo, el
médico podría incurrir en un delito, de violación del secreto. Sin embargo el médico estará en condiciones de denunciar si
la víctima es un/una menor sin representantes o si los victimarios fueren sus
ascendientes, tutor o guardador. En los casos de alienación mental se debe proceder de
acuerdo con lo dispuesto en la ley 22.914, a la cual se remite, que regula en el
medio de la Capital Federal la internación de los enfermos mentales. 3.3. " ... En las operaciones mutilantes se
solicitará la conformidad escrita del enfermo, salvo cuando la inconsciencia o
alienación o la gravedad del caso no admitiera dilaciones. En caso de
incapacidad, los profesionales requerirán la conformidad del representante del
incapaz. Para concluir con este inciso y remitiéndonos a lo señalado
respecto de la relación médico - enfermo, ante toda indicación de terapéutica
mutilante o que pueda comprometer la vida del paciente, así como la utilización
de procedimientos de diagnóstico cruentos o invasivos será necesario e
imprescindible contar con el consentimiento del paciente siempre y cuando
sea capaz (tal como antes se definió). Cuando por cualquier circunstancia el paciente no esté en
condiciones de dar consentimiento (incapaz, inconsciente, menor), se le requerirá
al representante legal, y en caso de falta de persona para dar consentimiento y
necesidad urgente de actuar, el médico deberá actuar, con criterio médico,
recordando que el Código Penal prevé una situación llamada estado de
necesidad", artículo 34 que señala: "No son punibles¨. 3ro. El que causare un mal por evitar otro mayor inminente a
que ha sido extraño". Es decir, un médico puede tener que decidir en forma
inminente (no admite dilación) una amputación (causar un mal) para evitar otro
mayor (la pérdida de la vida del paciente si no lo hace) a que ha sido extraño
(el médico no fue el origen del mal). Qué sucede en situaciones donde la persona que necesita
asistencia es un incapaz (fundamentalmente los menores o los gerontes inhábiles),
que requiere asistencia inmediata y que sus representantes (padres u otros) se
niegan a que la reciba por cuestiones de ignorancia o creencias. Sin duda no podríamos actuar compasivamente. En esta
circunstancia se debe solicitar la participación judicial en lo que se reconoce
como "Protección de persona", en que el juez asume la potestad de
ordenar un tratamiento en una persona que a juicio médico lo requiere, y
al que por algún motivo no se obtiene consentimiento. Al respecto, como médico forense de la Justicia Nacional,
debí participar en una "protección de persona" ocurrida tiempo atrás
en el Hospital Durand. Se trataba de un sujeto de sexo masculino, adulto, en
estado de ebriedad, que había recibido una herida por arma blanca en abdomen y
había sido remitido al servicio de emergencia de dicho hospital. El cirujano de
guardia comprobó que se trataba de una lesión complicada que requería
tratamiento quirúrgico, pero el paciente no autorizó la intervención. Dado su
estado de ebriedad y el riesgo objetivo que corría, el médico se comunicó con
la Comisaría correspondiente al Hospital y la autoridad policial comunicó el
hecho al juez de turno. Este solicitó la concurrencia de dos médicos forenses
que certificaron la situación médica del paciente y que informaron al juez de
la correcta decisión médica. El juez, entonces, determinó que la intervención
quirúrgica fuera realizada, aun con la oposición del paciente. Esta descripción tomada de la realidad es el procedimiento
correcto que cualquier médico debe realizar en casos similares donde esté
comprometido un paciente y por cualquier circunstancia, presión familiar o de
otro tipo, no pueda efectuarse la indicación correcta. Por último se debe recordar que los menores no deben
tratarse sin consentimiento de sus padres, salvo situaciones de extrema urgencia
donde la demora puede redundar en un perjuicio para el menor. 4to. ... 5to. "Promoverla internación en
establecimientos públicos o privados de las personas que por su estado psíquico
o por los trastornos de su conducta signifiquen peligro para sí mismas o para
terceros. " La internación y egreso de enfermos ' mentales en la Capital
Federal está regulada por la Ley 22.914 de octubre de 1983. Esta admite cuatro vías de internación: l) A instancias del paciente o su representante legal. 2) Por disposición de la autoridad policial. 3) En casos de urgencia. 4) Por orden judicial. Tanto en el primero como en el segundo caso la internación
exige como requisito un certificado médico que puede ser extendido por cualquier
profesional, pues la ley no especifica que debe tratarse de un médico
psiquiatra. En el segundo caso, por disposición de la autoridad
policial, el dictamen médico debe ser realizado por "médico oficial"
que si bien es realizada habitualmente por el médico legista de la policía, no
descarta la posibilidad de que cualquier médico de un servicio de emergencias
de un hospital municipal, nacional o universitario se vea en la necesidad de
tener que extenderlo. No es tema específico de este capítulo el análisis de la
ley mencionada, pero sí debe ser tenida en cuenta por el médico de un servicio
de emergencia ya que su participación en la internación de un enfermo mental
no debe ser descartada al margen de su especialidad. 6to ..... 7mo. ..... 8vo. "... extenderlos certificados de defunción
de los pacientes fallecidos bajo su asistencia, debiendo expresar los datos de
identificación, la causa de muerte, el diagnóstico de la última enfermedad de
acuerdo con la nomenclatura que establezca la Secretaría de Estado de Salud Pública
y los demás datos que con fines estadísticos les fueran requeridos por las
autoridades sanitarias. Cuando se pregunta a los alumnos cuándo se debe extender un
certificado de defunción, la respuesta esperada debe ser: siempre. Como podemos observar, la ley exige la extensión del
certificado de defunción y la expresión "de los pacientes fallecidos bajo
su asistencia" incluye aquellos en que comprobamos el fallecimiento cuando
somos llamados a actuar en la emergencia. En este caso también debemos
certificar la defunción y extender el correspondiente certificado. Lo que la
ley pretende es que hagamos el diagnóstico de muerte. A los fines de la
certificación, quien solo puede hacerlo es: un médico. Podemos tener dudas respecto de la causa de la muerte o
bien podemos sospechar que se trate de una muerte violenta (reconoce como
etiología accidente, suicidio u homicidio). Estaremos entonces ante la
necesidad de certificar la muerte pero no su causa y extenderemos un certificado
con diagnóstico de muerte de causa dudosa. Esto generará una denuncia
policial, que el médico debe indefectiblemente efectuar ante casos de muerte de
causa dudosa o violenta. En todos estos casos la participación judicial
promoverá, seguramente, la práctica de la autopsia médico - legal por orden
judicial (el juez de instrucción es la única persona que puede ordenar la
práctica de una autopsia). Como conclusión, el médico de emergencias debe recordar que
la ley le impone la obligación de extender certificados de defunción en todas
las circunstancias. No está obligado a certificar las causas de defunción
cuando a su criterio no son claras o sospeche una muerte de etiología violenta
o desconoce totalmente los antecedentes del sujeto fallecido. En estos casos procederá de acuerdo con cada circunstancia
informando como "muerte de causa dudosa" o haciendo la correspondiente
denuncia policial en caso de sospecha de muerte violenta. 9no. "... fiscalizar y controlar el cumplimiento
de las indicaciones que imparta a su personal auxiliar y, así mismo, de que éstos
actúen estrictamente dentro de los límites de su autorización, siendo
solidariamente responsables si por insuficiente o deficiente control de los
actos por éstos ejecutados resultara un daño para terceras personas." la ley impone al médico el deber de controlar y verificar el
cumplimiento de sus indicaciones y órdenes a todo el personal de colaboración
que depende de él. El no cumplimiento de esta norma puede hacerlo responsable de
los actos perjudiciales para terceros, resultantes de sus dependientes. Señala Bueres (1979) que el acto médico tiende a
trastocarse de individual en actividad conjunta. Esta actividad de equipo ha
dado pie al nacimiento de interferencias que son fuente constante de complejas
responsabilidades. Agrega el tratadista de derecho civil que el "médico
principal", director o jefe del equipo (puede ser el jefe de guardia o jefe
de residentes o el médico interno), al margen de su deber por la actividad
propia, responde contractualmente por el hecho de los componentes del equipo, en
tanto los mismos revistan la calidad de auxiliares o dependientes. Es posible
que en un trabajo de un servicio de emergencia la intervención de médicos que
no forman parte de un equipo origine responsabilidad colectiva cuando no pueda
individualizarse al causante del daño. En este caso la exclusión de la
responsabilidad se daría en aquellos que puedan probarlo. En todo caso, el
responsable de un servicio asistencial donde desarrollan tareas asistenciales de
emergencia distintos profesionales de la medicina y donde se establecen
relaciones de dependencia jerárquica y científica, debe tomar las medidas para
controlar el accionar de sus dependientes, ya que el incumplimiento de dicha
norma es fuente de numerosas responsabilidades. CAPÍTULO 3: CONDICIONES MINIMAS PARA LA CIRUGIA EN EL PACIENTE CRITICO Denominamos paciente crítico a aquel que debe ser
intervenido y en el que la no realización de la cirugía equivalga muy
probablemente a la muerte. Estos enfermos requieren condiciones mínimas que permitan
afrontar con cierto optimismo las agresiones de la anestesia y de la cirugía.
Nos hemos referido con amplitud al tema en el capítulo 2 del presente pero
baste tener en cuenta que los siguientes datos no son justificativo para
postergar la cirugía de urgencia:
Otros elementos a tener en cuenta son: Y sobre todo no se pospondrá la terapia quirúrgica cuando
haya necesidad de eliminar un foco séptico o detener un sangrado incoercible. Posponiendo los tratamientos basándose en las alteraciones
referidas anteriormente sólo se logrará un final: la muerte. Nos parece oportuno referirnos al intraoperatorio del
paciente crítico, ya que el control intraoperatorio no se reduce al monitoreo
del ritmo cardíaco que forma parte de un elemento más en el cuidado referido. Se debe optimizar la disponibilidad y el volumen de O2 y se
prevendrán las complicaciones secundarias. Se hará control hemático,
respiratorio, metabólico, técnico y de la infección. Control Hemático: Se asegurará la volemia que en general es mayor a lo normal.
Se controlará la PVC o la PCP reponiendo los volúmenes hasta normalizar las
cifras. Se debe mantener el hematocrito en valores mayores al 30%. Un aumento
del IC dará mayor disponibilidad de O2. Control Respiratorio: Se verá que el tubo endotraqueal se halle correctamente
colocado. Se deben evitar los volúmenes constantes que favorecen la
atelectasia, la hipoxemia y la infección respiratoria. Se usarán ventiladores
volumétricos o ventilación manual. La hiperoxigenación deberá ser también evitada pues al
igual que la hipoxia favorece la atelectasia por reabsorción y prolonga el
tiempo de recuperación POP. El control del EAB y de los gases se evaluará para obtener
una correcta oxigenación y ventilación. Control Metabólico y del Medio Interno: Hay que tener en cuenta los elementos condicionantes de la
disponibilidad de O2 y medir su consumo. Los niveles de disponibilidad deberán
ser superiores a los normales. Entre los electrolitos se hará control
fundamentalmente del K y del Mg. Muchas arritmias ventriculares dependen de
hipokalemia. No se darán antiarrítmicos, se corregirá el potasio. Control de la Infección: Los tejidos infectados, necróticos y poco vitales deberán
ser evaluados. Se tomarán muestras para cultivo con técnica adecuada. Los ATB
profilácticos o en los tratamientos se usarán según los casos pero no
innecesariamente. Una técnica quirúrgica adecuada y planeada con la mayor
antelación posible evitará complicaciones infecciosas inoportunas. Todo
tratamiento quirúrgico agresivo y con mala técnica aumentará dichos peligros. Control Técnico: Se debe combinar el tipo de anestesia y la asistencia
respiratoria. Los tiempos anestésicos se reducirán todo lo posible realizándolos
solamente lo necesario. El cirujano resolviendo adecuadamente el problema que
motivó la intervención dará seguridad y será relevante en la posibilidad de
recuperación del enfermo. El ayudante de la intervención hará su tarea no
comprimiendo el tórax, usando correctamente las valvas, etc. Habrá un adecuado
control IO del dolor. La hemostasia adecuada en el IO es imprescindible. No se
omitirá el control de SNG, drenajes varios, la TAM y el traslado bajo estrictas
normas en el POP inmediato. CAPÍTULO 4: Formas Clínicas de la Patología Biliar Litiásica Epidemiología Esta enfermedad es, sin duda, una de las más comunes en
nuestro país: estudios epidemiológicos en material de autopsias y en población
activa demuestran que Argentina tiene la frecuencia más alta de cálculos
vesiculares, en el mundo publicada después de Chile. En nuestro país más del 90% de los cálculos biliares son
de colesterol. Cálculos pigmentarios puros (sin colesterol) se observan sólo
en un 7% de los litiásicos. Las principales características epidemiológicas de la
enfermedad en nuestro medio son las siguientes: 1) Su prevalencia es muy superior en mujeres que en hombres. 2) Su frecuencia aumenta con la edad de la población, fenómeno
que se observa en ambos sexos por lo que ancianos no operados son
porcentualmente portadores de más alto porcentaje de litiasis vesicular y sus
complicaciones como la Colecistitis Aguda. 3) Su aparición es relativamente precoz, especialmente en
mujeres. La incidencia de colelitiasis en adolescentes y jóvenes es
extraordinariamente alta si se la compara con la observada en otros países. 4) La gran incidencia de litiasis en mujeres en edad fértil
está relacionada con el número de embarazos. En nulíparas jóvenes, la
enfermedad tiene una prevalencia semejante a la de los hombres de edad
comparable. En cambio, la colelitiasis es mucho más frecuente en las multíparas.
Este fenómeno depende del número de partos de la mujer más que de su edad. El embarazo favorece la aparición de los cálculos por
varias razones: En un tercio de los casos, los cálculos vesiculares pequeños
diagnosticados en el post - parto inmediato mediante ecotomografía, pueden
desaparecer sin dar síntomas dentro de los primeros meses del puerperio. Este
fenómeno puede explicarse por disolución espontánea (debido a que disminuye
la saturación biliar de colesterol) o por migración silenciosa de los cálculos
al intestino. 5) Estudios metabólicos y epidemiológicos realizados
demuestran que los obesos tienen un riesgo mucho mayor de sufrir la enfermedad,
pues el sobrepeso aumenta notablemente la secreción biliar de colesterol. Paradójicamente,
la aparición de cálculos se incrementa si el paciente obeso baja rápidamente
de peso. Con los datos obtenidos de la anamnesis, del examen físico y
del apoyo diagnóstico de la radiología y del laboratorio, se pueden configurar
las siguientes formas clínicas de la litiasis biliar.
Constituye el síntoma principal de la litiasis y se presenta
cuando un cálculo obstruye alguno de los puntos críticos del sistema biliar:
el nacimiento del cístico o el extremo distal del colédoco. El dolor tiene su
origen en la hipertensión brusca de la vesícula o de la vía biliar, aparecida
como consecuencia de la oclusión del lumen. En nuestra experiencia, ha sido de gran utilidad clínica
distinguir esquemáticamente dos clases de cólicos biliares: "simple"
y "complicado". En el primer caso, la obstrucción del conducto cístico
o de la vía biliar es transitoria, y cede espontáneamente o por efecto de
anticolinérgicos, sin dejar secuelas. En el segundo caso, la obstrucción se
prolonga y durante su curso aparecen complicaciones vasculares, inflamatorias o
sépticas, que pasan a comprometer la evolución del paciente. Habitualmente, el cólico biliar "simple" se inicia
dos o tres horas después de una comida, con sensación de distensión epigástrica
o de dificultad respiratoria retroxifoidea, que rápidamente se transforma en un
dolor de intensidad creciente, continuo, de ubicación epigástrica y en el
hipocondrio derecho. Comúnmente se irradia al dorso derecho y se acompaña de náuseas;
el vómito se presenta al comienzo del cólico, es de poca cuantía y no alivia
al enfermo. Este episodio de cólico simple dura de quince minutos a dos horas,
y cede gradualmente en forma espontánea. También se alivia en forma rápida
con antiespasmódicos por vía parenteral. El paciente puede presentar una febrícula
fugaz, y dolor a la palpación del hipocondrio derecho, sin resistencia
muscular. La rápida resolución del cólico simple indica que la obstrucción
que le dio origen ha desaparecido espontáneamente o con la ayuda de los
anticolinérgicos. A diferencia del anterior, el cólico biliar
"complicado" se caracteriza por ser mucho más prolongado (varias
horas o días); sólo cede parcial y transitoriamente a los analgésicos, y
recidiva de manera precoz. Con frecuencia se acompaña de vómitos intensos y
rebeldes, escalofríos, fiebre o ictericia. A menudo, el dolor ocupa todo el
hemiabdomen superior y se irradia en faja al dorso. El examen del abdomen puede
mostrar defensa muscular involuntaria o una masa en la región vesicular. Este
dolor complicado por uno o más de los signos descritos, indica que la obstrucción
biliar se ha hecho permanente, y se le han agregado fenómenos de necrosis o de
inflamación. Con este tipo de cólico se presentan la colecistitis aguda, la
coledocolitiasis con un cálculo enclavado en el esfínter de Oddi, la fístula
biliodigestiva y la pancreatitis aguda asociada a patología biliar. Comúnmente se piensa que los cólicos biliares sólo
aparecen después de comidas abundantes y muy ricas en grasas, porque se supone
que ellas constituyen el mejor estímulo para la liberación de
colecistoquinina. Sin embargo, en la aparición del cólico biliar el azar
desempeña un papel tanto o más importante que el tipo de comidas. En varios
protocolos experimentales hemos obtenido bilis de la vesícula biliar de
pacientes litiásicos, provocando su vaciamiento con colecistoquinina parenteral
o infusión de aminoácidos al duodeno. A pesar de estos potentes estímulos
nunca se ha desencadenado un cólico biliar en los pacientes. Para que el dolor
aparezca no basta con una enérgica contracción vesicular; también se requiere
un cálculo situado en la posición adecuada para ocluir el bacinete. El comienzo del cólico biliar puede ser gradual o brusco.
Durante el brote habitualmente el dolor es continuo y de intensidad uniforme.
Sin embargo, en ocasiones puede presentar exacerbaciones cólicas. La localización
en el epigastrio y el hipocondrio derecho, así como la irradiación dorsal, a
pesar de ser las más comunes, no son exclusivas ni constantes. El cólico
biliar también puede situarse en el hipocondrio izquierdo, región retrosternal
baja, flancos o región periumbilical. 2. Colelitiasis asintomática En los exámenes practicados para investigar otras patologías
(especialmente en las ecografías) comúnmente se detectan cálculos vesiculares
que han permanecido silentes. Algunos estudios, realizados en Estados Unidos y en Italia,
parecen indicar que la mayoría de los litiásicos que nunca han tenido síntomas
permanecen así durante muchos años. En un estudio con ecografía vesicular
practicado en el pueblecito de Sirmione, al norte de Italia, se demostró que el
78 por 100 de los 132 pacientes en que se encontró colelitiasis no habían
tenido nunca síntomas propios de la enfermedad. Una experiencia parecida se
obtuvo siguiendo la evolución de 123 profesores de la Universidad de Michigan,
en los que se detectó una colelitiasis silenciosa mediante colecistografía. Al
cabo de quince años de observación, sólo un 18 por 100 de ellos había
desarrollado síntomas. Este trabajo mostró, además, que las complicaciones
agudas de la enfermedad se presentaron de forma excepcional en pacientes
previamente asintomáticos. Contrastan con estos resultados las observaciones realizadas
en el Estudio Cooperativo de Colelitiasis, realizado hace algunos años en
Estados Unidos. Este trabajo permitió seguir, durante veinticuatro meses, a 305
litiásicos que cumplían con los requisitos para ser tratados con ácido
quenodeoxicólico, pero recibieron placebo. De ellos, 193 no habían tenido
nunca síntomas biliares hasta el momento de entrar en el estudio; 60 (31 por
100) los presentaron durante los dos años de observación. La diferencia con
los trabajos anteriores podría deberse a que durante este estudio los enfermos
fueron cuidadosamente interrogados cada cuatro meses, lo que sin duda favorece
el recuerdo de síntomas relativamente menos intensos. Trabajos epidemiológicos realizados en Santiago de Chile
para investigar la historia natural de la enfermedad, muestran que, a mediano
plazo, la mayoría de los enfermos chilenos con litiasis presentan cólicos
biliares o complicaciones de la enfermedad. En una población suburbana de
Santiago se practicaron colecistografías a 625 voluntarios, elegidos al azar.
En 47 de ellos se detectó una colelitiasis y se los observó, sin que
conocieran su diagnóstico, durante un período de seis a diez años. Sólo 21
(45 por 100) de estos enfermos permanecieron libres de molestias; 26 (55 por
100) presentaron cólicos biliares y 11 (25 por 100) debieron ser operados
durante el período de observación. Cuatro de estos últimos requirieron cirugía
de urgencia por colecistitis aguda o ictericia obstructiva. Un excelente trabajo sobre la historia natural de la litiasis
fue publicado por Attili y col en 1995. Estos autores siguieron a 151 litiásicos
(33 sintomáticos y 118 asintomáticos) a lo largo de 10 años. La probabilidad
de cólicos biliares en los inicialmente asintomáticos fue de 12% a los 2 años,
16,5% a los 4 años y 25% a los 10 años. La probabilidad de complicaciones
mayores (colecistitis aguda, coledocolitiasis, pancreatitis aguda) fue de 3% en
los asintomáticos y de 6,5% en los sintomáticos. La llamativa disparidad observada en estos trabajos epidemiológicos
lleva a pensar que la historia natural de la litiasis no es homogénea para
todos los grupos de pacientes. Existen evidencias que en muchas mujeres jóvenes
la litiasis se hace sintomática en un plazo más breve, obligando a una operación
más precoz. Por otro lado, se ha observado que la litiasis de los hombres
debuta con mayor frecuencia con complicaciones agudas (colecistitis aguda,
coledocolitiasis). 3. Colelitiasis Sintomática Simple Constituye la forma más común de presentación clínica de
la enfermedad. Se caracteriza por una historia de cólicos biliares simples,
cuya frecuencia e intensidad tiende a aumentar con el paso del tiempo. El examen
ecográfico verifica la presencia de cálculos. Como se ha señalado, los síntomas "dispépticos"
carecen de valor diagnóstico; si son muy llamativos obligan a un estudio más
detenido del paciente y al tratamiento de otras patologías digestivas, como el
reflujo gastroesofágico, el colon espástico o la constipación, que a menudo
coinciden con la litiasis. 4. Coledocolitiasis Entre un 5 y un 10 por 100 de los casos de colelitiasis
presentan simultáneamente cálculos en el colédoco. Estudios en autopsias han
demostrado que esta asociación va en aumento con la edad. Al parecer, la migración silenciosa de cálculos de la vesícula
al colédoco, y de allí al duodeno, es un fenómeno relativamente común; se
han encontrado cálculos biliares en las deposiciones de pacientes con
colelitiasis asintomática, y no es raro que la exploración radiológica o quirúrgica
de la vía biliar en un enfermo con un cuadro típico de coledocolitiasis no
demuestre los cálculos, porque éstos ya pasaron al tubo digestivo. En la mayoría de los pacientes, los cálculos coledocianos
se originan en la vesícula biliar: de hecho, su forma y composición son
similares a las de los cálculos vesiculares. Los pequeños cálculos que migran
a través del cístico siguen creciendo en el colédoco por aposición de
colesterol; simultáneamente, se produce una dilatación gradual de la vía
biliar que, con los años, puede llegar a un diámetro de 2 cm. o más. Con menor frecuencia, los cálculos coledocianos se originan
en la misma vía biliar: ello se observa en casos de estenosis del hepático común
o del colédoco, en los que se desarrollan cálculos pardos de bilirrubinato, o
mixtos. Este fenómeno desaparece si se corrige la estrechez o se deriva la vía
biliar dilatada al duodeno. En casos excepcionales, como la enfermedad de Caroli
(dilataciones saculares de los conductos biliares secundarios) se describe la
formación de cálculos de colesterol en la vía biliar intrahepática. La forma clásica de presentación de la coledocolitiasis es
la coexistencia de dolor, ictericia y fiebre. Sin embargo, esta tríada sólo se
observa en un tercio de los pacientes; en la mayoría, la enfermedad se
manifiesta por sólo uno o dos de estos síntomas. Habitualmente, el cólico biliar de la coledocolitiasis es
complicado, de gran intensidad, y se asocia a estado nauseoso y vómitos
rebeldes. Puede prolongarse durante varias horas y, si se alivia con antiespasmódicos,
tiende a reaparecer precozmente. Se le puede confundir con un cólico ureteral
derecho: es útil tener presente que en este caso, el paciente aparece muy
inquieto, mientras que, si el dolor es de origen biliar, tiende a permanecer
postrado en su cama. La ictericia puede ser fugaz o subclínica, manifestándose sólo
por una coluria transitoria. En otros casos, el enclavamiento de un cálculo en
la ampolla de Vater da origen a una ictericia prolongada, que en los enfermos
ancianos puede complicarse con una enfermedad tubular aguda. La fiebre aparece en brotes aislados, precedidos por escalofríos;
durante varios meses, estos episodios pueden constituir la única manifestación
de la enfermedad. En los pacientes seniles, la coledocolitiasis suele ser causa
de anorexia y de pérdida de peso, simulando una enfermedad neoplásica. 5. Colangitis supurada Constituye la complicación más grave de la litiasis biliar.
Estudios bacteriológicos han demostrado que la coledocolitiasis se asocia, en
un 75 por 100 de los casos, a contaminación bacteriana de la vía biliar.
Habitualmente se trata de flora mixta, de origen entérico, en la que predominan
los gérmenes aerobios (E. coli, Klebsiella, Proteus), aunque también pueden
existir anaerobios (B. fragilis, C. perfringens). Mientras que no haya obstrucción,
la presencia de estas bacterias no tiene consecuencias mayores; al sobrevenir el
enclavamiento de un cálculo en la ampolla, suele desencadenarse una supuración
coledociana aguda, que asciende por la vía biliar y se acompaña de una
septicemia. Los síntomas más frecuentes de la colangitis supurada son
el dolor en el hipocondrio derecho, la ictericia y la fiebre acompañada por
escalofríos. A las pocas horas de evolución aparece un compromiso hemodinámico
que evoluciona hacia el shock séptico, y alteraciones de conciencia que pueden
llevar al coma. 6. Colecistitis "aguda" Podemos definir al cuadro de Colecistitis Aguda como la
alteración aguda de la vesícula que en su curso puede llevar a la necrosis.
Comienza con una injuria aguda luego de una agresión. Los desencadenantes son
variados y nunca únicos por lo que toda descripción sirve sólo con fines académicos
para los menos experimentados. Antecedentes: Quemaduras. Politraumatismos. Cirugía Mayor. Sepsis de diferentes orígenes. Hipovolemia aguda. TEP. Otros: a pesar que en las descripciones clásicas es habitual
su omisión en nuestra experiencia como Emergentólogos hemos visto, no
raramente, que en los embarazos avanzados y en los trabajos de parto prolongados
puede desencadenarse un cuadro de ¨Colecistis Aguda¨ que en algunos casos
requiere de tratamiento resolutivo en el postparto inmediato. No así los casos de ¨Cólico Biliar¨ o de ¨Colelitiasis
Sintomática Simple¨ durante el embarazo que con reposo y medicación remiten y
permiten posponer los tratamientos más agresivos para después del parto. Predisponentes: Deshidratación. Ayuno. Succión por SNG. Alimentación parenteral. Anestésicos. ARM con presión espiratoria positiva. La fisiopatología de esta complicación aún no se halla
totalmente aclarada. Para que se desencadenen la inflamación aguda y la
necrosis se requiere el efecto combinado de la ectasia, la irritación química
de la mucosa y la isquemia de la pared vesicular El mecanismo más común de ectasia es la obstrucción
mantenida del conducto cístico por un cálculo. Conviene recordar que también
puede existir ectasia en el ayuno prolongado: se han observado casos de
colecistitis aguda alitiásica en pacientes mantenidos por largo tiempo con
alimentación parenteral. Se acostumbra atribuir la irritación química de la mucosa a
la presencia de sales biliares concentradas, lo que parece discutible, porque la
simple ligadura del cístico en animales de experimentación no desencadena el
cuadro agudo, aunque la vesícula contenga sales biliares. En experimentos
realizados en el prairie dog, se ha determinado que el factor irritativo más
importante parece ser la presencia de bilis sobresaturada, rica en cristales de
colesterol. También se ha postulado que fosfolipasas de origen vesicular o
pancreático podrían atacar a las lecitinas biliares, liberando lisolecitinas
capaces de destruir membranas celulares y desencadenar el fenómeno
inflamatorio. La isquemia es de gran importancia para explicar la necrosis
de la pared vesicular. Contribuyen a ella la trombosis de los vasos císticos,
por la compresión del bacinete, y la hipertensión que se produce en el lumen
durante la obstrucción, la que también reduce el flujo sanguíneo a la mucosa. Se ha descartado que las bacterias desempeñen un papel
fundamental en la patogenia de la colecistitis "aguda", porque en un
30 por 100 de estos pacientes los cultivos de bilis y de pared vesicular no
muestran desarrollo de gérmenes. Las bacterias encontradas en los casos
infectados seguramente corresponden a la proliferación, en una cavidad cerrada,
de la flora mixta de origen entérico que se encuentra en más de un tercio de
los casos de colecistitis crónica litiásica. Como excepción a lo anterior, en
Chile se ha descrito que la Salmonella typhi es cinco veces más frecuente en la
colecistitis aguda que en la crónica, lo que permite suponer que este germen, a
diferencia de la flora entérica habitual, puede tener un papel determinante en
la patogenia del cuadro agudo. El proceso de inflamación y necrosis compromete
habitualmente todo el espesor de la pared, alcanzando hasta la serosa, en cuya
superficie se produce un exudado rico en fibrina que aglutina a los órganos
vecinos en torno de la vesícula enferma (plastrón vesicular). Generalmente, en
este proceso adherencial participan el bulbo duodenal, el epiplón mayor, el
colon y, con menor frecuencia, el colédoco y el antro gástrico. Si la isquemia es de gran intensidad, la necrosis termina por
destruir la pared vesicular y sobreviene la perforación. En casos
excepcionales, este proceso es fulminante y lleva a una peritonitis biliar. En
cambio, si la perforación ocurre con el plastrón ya establecido, se constituye
un absceso perivesicular, que puede quedar limitado al espacio subhepático,
migrar al espacio subfrénico o buscar camino hacia el tubo digestivo vecino,
estableciendo una fístula biliodigestiva. De éstas, la más común es la
colecistoduodenal; más raras son las fístulas colecistocoledociana y
colecistocolónica. El paso de un cálculo grande al duodeno puede conducir a un
íleo biliar por su atascamiento en el intestino delgado distal. En la mayoría de los casos, la colecistitis
"aguda" corresponde en realidad a una colecistitis crónica
reagudizada. Los repetidos episodios de obstrucción transitoria del cístico y
la presencia de los cálculos van produciendo una inflamación crónica y
fibrosa de la pared vesicular, con atrofia de la mucosa. Sólo el 1-2 por 100 de
los casos de inflamación aguda se presentan en una vesícula previamente sana.
Ello suele suceder en el curso de una fiebre tifoidea (colecistitis tifica), o
en pacientes con ectasia vesicular prolongada (alimentación parenteral). Habitualmente, el diagnóstico de colecistitis
"aguda" es sencillo. Se hace por la presencia o por el antecedente
reciente de un cólico biliar complicado por fiebre persistente de intensidad
moderada, defensa muscular involuntaria y palpación de una masa en la región
vesicular. El empeoramiento del estado general es observable siempre y el cuadro
de ¨Colecistis Aguda¨ puede faltar sobre todo en los ancianos. En caso de duda
se recurre a la ecografía, que muestra la litiasis y el engrosamiento de la
pared vesicular. También puede ser útil la cintigrafía biliar, procedimiento
simple y rápido que verifica con absoluta certeza la obstrucción del conducto
cístico. Un 25 por 100 de los casos de colecistitis "aguda"
presentan ictericia durante su evolución: en la mayoría de ellos, el fenómeno
se debe a una coledocolitiasis, o a la compresión del colédoco por un cálculo
grande enclavado en el bacinete. En los pacientes en que no se encuentra una
causa mecánica, se supone que la ictericia puede ser debida a una colestasia
por endotoxinas bacterianas. En todo caso, una bilirrubinemia superior a 5 mg.,
en el curso de una colecistitis "aguda", permite asegurar que existe
una coledocolitiasis asociada. CAPITULO 5: A. Tratamiento Médico Numerosa bibliografía consultada ha puesto de manifiesto que
los tratamientos intentados a través de los tiempos han sido tan variables como
ineficaces. Su orientación ha sido la de disolver los cálculos biliares en los
pacientes asintomáticos ya que en los cuadros con signos clínicos que
evidencien litiasis biliar sintomática en alguna de sus formas nadie discute el
resorte quirúrgico de los tratamientos. 1. Cólico Biliar y 2. Colelitiasis asintomática: ¿Qué se debe aconsejar a un enfermo con colelitiasis
asintomática? Durante muchos años, esta pregunta ha sido motivo de
controversia y, aunque cada vez se dispone de mayor información acerca de la
evolución espontánea de la enfermedad, no es suficiente aún para adoptar
normas universales y taxativas. El tratamiento médico de la colelitiasis constituye una
alternativa interesante para un pequeño grupo de pacientes asintomáticos. Como
ya se señaló, los ácidos biliares desempeñan un papel fundamental en la
solubilización del colesterol. El hígado sintetiza dos ácidos biliares (cólico
y quenodeoxicólico (QDC)) que, conjugados con glicina o taurina, constituyen
alrededor del 80% del total de sales biliares que se encuentran en la circulación
enterohepática. En 1971 se propuso intentar la disolución de los cálculos
vesiculares mediante la administración oral de ácidos biliares. La vasta experiencia acumulada con este tipo de tratamiento
ha mostrado que, de todos los ácidos biliares, sólo el QDC y su isómero, el
ursodeoxicólico (UDC), son capaces de disolver cálculos de colesterol. Ambos
son eficientemente absorbidos en el intestino delgado, captados por el hígado,
conjugados o incorporados a la circulación enterohepática. Aunque a dosis
terapéuticas no modifican el tamaño del pool total de ácidos biliares, ambos
tienen efectos favorables sobre el metabolismo hepático e intestinal del
colesterol que conducen a una reducción de la secreción canalicular y del índice
de saturación del colesterol, quedando los sistemas biliares de solubilización
con capacidad disponible, lo que les permite capturar el colesterol de los cálculos
y lograr su lenta disolución. El ácido QDC presenta ocasionalmente evidencias de
laboratorio de toxicidad hepática y frecuentemente produce diarrea: en cambio,
el ácido UDC no tiene estos inconvenientes para su uso, por lo que prácticamente
ha desplazado al anterior. Para iniciar un tratamiento con UDC se requieren las
siguientes condiciones: el paciente debe ser asintomático o haber tenido, a lo
más, un cólico biliar simple. Si tiene exceso de peso, conviene que lo
normalice, porque la obesidad dificulta la respuesta al tratamiento. Sólo se
obtendrán resultados positivos si la vesícula conserva su capacidad de
concentración y si los cálculos son radiotransparentes y miden menos de 15 mm.
Los casos ideales, de más rápida disolución, son aquellos que presentan múltiples
cálculos pequeños. La dosis del UDC es de al menos 10 mg/kg/día. Aunque en la
especie humana su toxicidad es mínima, se recomienda controlar, cada tres
meses, los niveles de transaminasas. Los efectos secundarios son de poca
frecuencia e intensidad. Si durante el tratamiento el enfermo presenta cólicos
biliares, debe ser operado. El proceso de disolución de los cálculos es lento: a los
dieciocho meses de iniciada la terapia, han desaparecido en el 60-70 por 100 de
los casos. Si después de un año de tratamiento no se consigue respuesta, se
debe interrumpir el uso de la droga. Se ha demostrado que la bilis de los
pacientes cuyos cálculos han sido disueltos vuelve a sobresaturarse un mes
después de suspender la terapia y la litiasis reaparece, especialmente en los
enfermos que han tenido cálculos múltiples. Otra alternativa es la pulverización de los cálculos
mediante la aplicación extracorpórea de ondas de choque de alta energía. La
litotricia no requiere anestesia general y sorprendentemente ha sido bien
tolerada. Se ha planteado la posibilidad de combinarla con UDC, aprovechando el
gran aumento de la superficie de contacto logrado por la desintegración de los
cálculos. Este tratamiento es de alto costo y requiere de una vesícula
funcionante con sólo 1 ó 2 cálculos: por tanto es potencialmente útil en una
pequeña minoría de pacientes. CAPITULO 6: B. Tratamiento Quirúrgico No debemos evitar la mención de nuevos instrumentos que si
bien han demostrado ser sumamente interesantes y de técnicas depuradas, no han
conseguido disminuir la morbilidad y la mortalidad intraoperatorias en estos
enfermos. Nos referimos específicamente a la Cirugía Laparoscópica o como en
algunos lugares del mundo denominan Videolaparoscópica. La aparición de la colecistectomía laparoscópica ha
disminuido mucho el uso de todas las formas de tratamiento médico de la
colelitiasis, puesto que ha reducido notablemente las molestias de la operación,
el tiempo de internación y su costo. Pero aún no se ha podido descartar el
tratamiento convencional ¨a cielo abierto¨. La endoscopía moderna se inició en el año 1805 cuando un
urólogo de Frankfurt, Alemania usó un espejo de refracción, una vela y un catéter
uretral de doble lumen. Desde ese momento hasta la fecha muchos estudiosos han
intentado con diferente suerte mejorar esa técnica que no por rudimentaria dejó
de hacer un pedazo en la historia de la Medicina hasta llegar a nuestros días
en que describir un nuevo aparato o un accesorio novedoso ya a los pocos días
se transforma en algo viejo y superado. 1. Colelitiasis Asintomática: Aunque no existe consenso universal sobre el tratamiento de
la litiasis asintomática, es recomendable que estos pacientes sean operados,
porque las molestias y los riesgos de la cirugía son mucho menores en los
enfermos que se intervienen en forma electiva (cirugía laparoscópica) que en
aquellos que son operados de urgencia por complicaciones que obligan a una
laparotomía. Tabla 1. Morbilidad y mortalidad
operatoria en la cirugía biliar electiva y de urgencia N % mortalidad % morbi lidad Colecistectomía: Electiva........................................ 1.485 0.27 9.6 De urgencia................................... 446 1.57 13.5 Colecistectomía – coledocotomía: Electiva........................................ 261 1.53 20.7 De urgencia................................... 103 5.80 27.2 2. Colelitiasis Sintomática Simple: El tratamiento de la colelitiasis sintomática simple es la
colecistectomía, único procedimiento útil para terminar con los cólicos
biliares. El régimen liviano y el uso rutinario de antiespasmódicos no se han
demostrado eficaces para prevenirlos. Los pacientes son intervenidos por
laparoscopía y es conveniente realizarla pronto, pues una espera prolongada
aumenta la probabilidad de complicaciones graves. 3. Coledocolitiasis: Conviene insistir en que muchos enfermos con cálculos en el
colédoco no tienen ningún síntoma que revele su presencia. Por ello es tan
importante, durante la colecistectomía electiva o de urgencia, la cuidadosa
exploración radiológica de la vía biliar. La incorporación rutinaria de este
procedimiento ha reducido la incidencia de coledocolitiasis residual de un 10
por 100, a un 1 por 100 menos. Si durante una laparotomía se detecta la
coledocolitiasis, se procede a la coledocotomía y limpieza del conducto, y se
deja una sonda T de calibre adecuado para el drenaje postoperatorio. Cabe señalar
que la coledocotomía aumenta significativamente la morbilidad y la mortalidad
de la cirugía biliar. Si el paciente esta siendo operado por vía laparoscópica,
también se puede hacer la colangiografía transcística. Si se demuestra una
coledocolitiasis, la solución puede ser postergada al postoperatorio,
realizando una colangiografía endoscópica retrograda, papilotomía y extracción
de los cálculos. El tratamiento de la coledocolitiasis residual ha
experimentado grandes progresos en los últimos años, y se dispone de
alternativas terapéuticas que permiten evitar, en la mayoría de los pacientes,
una laparotomía. Si se trata de un enfermo que tiene una coledocotomía
reciente y una sonda en T, se puede intentar la extracción de los cálculos
mediante canastillas metálicas o pinzas especiales, que se introducen hasta el
lumen del colédoco a través del trayecto fistuloso formado alrededor de la
sonda. En manos expertas, este método tiene éxito en más del 80 por 100 de
los casos, con una morbilidad del 5-10 por 100, y prácticamente sin mortalidad
alguna. Si la coledocolitiasis se diagnostica en un paciente
colecistectomizado meses o años atrás, caben dos alternativas terapéuticas
principales para remover los cálculos: la reoperación o la esfinterotomía
transendoscópica, seguida por la extracción instrumental. La reoperación implica los riesgos propios de una
coledocotomía agravados por la patología asociada, tan común en estos
enfermos. Por ello la esfinterotomía ha significado un gran progreso y se ha
convertido en la primera opción terapéutica. La vasta experiencia acumulada
con esta técnica muestra un 85-96 por 100 de éxito en la remoción de los cálculos,
con una morbilidad del 7-14 por 100 y una mortalidad del 0-3 por 100 en las
principales series publicadas. Las más importantes complicaciones del
procedimiento son el sangrado de la papila, la perforación duodenal, la
colangitis, la pancreatitis y el impacto de un cálculo en el extremo distal del
colédoco, que pueden obligar a una laparotomía de urgencia. La frecuencia de
estos accidentes ha ido disminuyendo a medida que se acumula experiencia y se
diseñan instrumentos cada vez más apropiados. El seguimiento de los enfermos sometidos a esfinterotomía ha
mostrado que su evolución es habitualmente buena. Solo un 7,5 por 100 de ellos
presentan complicaciones de origen biliar o pancreático, y estos accidentes
aparecen con mucha mayor frecuencia en los pacientes cuya vesícula biliar no ha
sido operada (colangitis aguda asociada a migración de cálculos). A pesar que
la esfinterotomía establece una amplia comunicación del colédoco con el lumen
del duodeno, la colangitis aguda es excepcional en los enfermos previamente
colecistectomizados. La esfinterotomía transendoscópica ha reducido las
molestias de los enfermos, la duración y costo de la hospitalización y, además,
ha permitido solucionar muchos casos de obstrucción biliar que, por la gravedad
de su patología asociada, tienen contraindicación quirúrgica absoluta. 4. Colangitis Supurada: Si no se procede con urgencia a descomprimir la vía biliar
esta complicación es rápidamente fatal. Si el estado del paciente es de
extrema gravedad, la operación se limitará a colocar una sonda T en el colédoco,
dejando para otra oportunidad el resto de las maniobras quirúrgicas. Como alternativa se ha propiciado la colocación de un catéter
en la vía biliar por punción percutánea o nasobiliar, procedimiento que se
puede ejecutar como complemento de una colangiografía transparietohepática o
retrógrada endoscópica, respectivamente. Este drenaje estaría indicado
especialmente en los pacientes más graves y permitiría ponerlos en mejores
condiciones para enfrentar la cirugía en forma diferida y con menor riesgo. Sin
embargo, hasta ahora estos drenajes al exterior no han demostrado ventajas sobre
la intervención quirúrgica inmediata. 5. Colecistitis Aguda: El tratamiento de la colecistitis "aguda" es
siempre quirúrgico, excepto en los raros casos en que hay contraindicación
absoluta para la operación. El enfermo debe ser intervenido tan pronto como su
diagnóstico sea seguro y sus condiciones generales, satisfactorias. La operación
puede presentar grandes dificultades técnicas por la alteración de la anatomía,
la fragilidad de los tejidos comprometidos y la coexistencia de otras
complicaciones, como coledocolitiasis, pancreatitis aguda y fístulas
biliodigestivas. Por ello, la cirugía de la ¨colecistitis aguda¨ requiere
experiencia y prudencia, para evitar operaciones incompletas (coledocolitiasis
residual, persistencia del muñón cístico) o daño quirúrgico de la vía
biliar. Aun así, la morbilidad y mortalidad postoperatorias de este cuadro son
considerables. Las diferentes técnicas y el diverso instrumental hacen que
las técnicas originales de nuestros maestros se hayan dividido en varias
decenas de "subtécnicas" que dependerán de cada caso, de cada
cirujano, de cada enfermo, de cada..... Videolaparoscopía, cirugía a cielo
abierto, cirugía de agresión mínima; incisión de Kocher, incisión
supraumbilical transrectal derecha, incisión mediana supraumbilical; apertura
roma de peritoneo, apertura con corte de peritoneo; con drenaje rubber, con
drenaje tubo (de poliester, PVC, goma), sin drenaje. Y así hasta el infinito. En el Servicio de Cirugía, en el que participamos, nuestra
estadística personal no difiere de las de otros Servicios a nivel Nacional o
Internacional (Cuba, Zimnbabwe, Italia). En pacientes de urgencia se analizan cirugías en un período
de 4 años (1994 - 98). De un total de 543 Cirugías de Urgencia realizadas, 154
corresponden a pacientes añosos (28.54%) (12). De ese total casi un 50%
correspondió al Departamento de Vías Biliares, lo que nos da una acabada idea
de la frecuencia de esta patología en los gerontes (13). No se debe olvidar que el tipo de Colecistitis Aguda fue ya
complicado (Vesículas necróticas, cuadros peritoneales por perforación
vesicular, etc.) y que a través de estos cuatro años se optó por realizar
cirugía convencional a cielo abierto dejando las nuevas técnicas para otras
oportunidades. En el análisis de la Morbimortalidad se comprobó que aumentó
el número de días en que los pacientes permanecieron internados pero no la
mortalidad, esto último se atribuyó a la capacitación de los cirujanos
intervinientes cuya experiencia oscila entre los 10 y 22 años; otro de los
factores es la colaboración de Fisiatras capacitados durante el postoperatorio,
geriatras consultados y una constante que se reitera permanentemente: Equipos
Multidisciplinarios. El número de cirugías realizadas en los dos últimos años
en este tipo de pacientes mayores no ha variado; seguramente la demanda por
parte de nuestros abuelos ha sido similar (13). En los dos últimos años aumentó el número de cirugías de
urgencia realizadas por el método Laparoscópico (13); ello fue atribuido a la
inclusión en nuestro Hospital de Residencia en la especialidad y a la compra de
equipos de Videolaparoscopía con la consiguiente utilización de los mismos. Debemos ser prudentes. El campo que se abre es realmente
promisorio y la búsqueda de nuevas técnicas permitirá, a través de los
tiempos, mejorar los resultados y disminuir aún más los peligros de
complicaciones y mortalidad postoperatorias. CAPÍTULO 7: The surgical, the surgical times techniques and legal aspects
have been studied. With the arrival endoscopy problems in old people are less
frequent because the surgical trauma and post operatories time are shorter. It
is pointed out an multi-work team which included during all the treatment so as
to take care of these patients. Adult person is not an adult who became old. The
different types of colecistitis acute which are of the most common surgical
pathologies are taken into account. CAPÍTULO 8: Anexo Gráfico COLECISTITIS AGUDA ELEMENTOS FISIOPATOLOGICOS DIAGNOSTICOS Y TERAPEUTICOS DEFINICION APARICION Alteración Aguda de la vesícula que en su Curso natural puede llevar a la necrosis - En el seno de una injuria aguda La litiasis juega un papel preponderante - Luego del acmé de la agresión ANTECEDENTES ELEMENTOS FISIOPATOLOGICOS FISICO-QUIMICOS - Cirugía Mayor CIRCULATORIOS ---> viscosidad biliar - Politraumatismos, Quemaduras -Caída de perfusión vesicular ---<
estimulación biliar - Sepsis de cualquier origen y/o colédoco-duodenal. ---> presión
intramural. - Hipovolemia Aguda, TEP, etc. -Incremento de la PVC. -Alteración de la coagulación
FACTORES PREDISPONENTES - Hipoxia (con o sin isquemia) - Ayuno, deshidratación, succión - Radicales libres de 02. por SNG, alimentación parenteral. - Acción de otros mediadores de la - Anestésicos, asistencia respiratoria inflamación aguda liberados en la mecánica con presión espiratoria injuria. positiva. ELEMENTOS CLINICOS, EXAMENES COMPLEMENTARIOS Y CONSIDERACIONES TERAPEUTICAS
SIGNOSINTOMATOLOGIA EXAMENES COMPLEMENTARIOS - Empeoramiento brusco o progresivo del - Laboratorio convencional estado general. - Ecografía: dilatación de las - Cuadro clínico de colecistitis (puede faltar) vesícula y engrosamiento de
las con o sin ictericia. Paredes. - Cuadro clínico de sepsis. - Centellografía: falta de captación. - Peritonitis biliar. - TAC: habitualmente no es necesaria. TRATAMIENTO Quirúrgico y Urgente: Colecistectomía o Colecistostomía La cirugía debe aprovecharse para drenar otros focos y/o Buscarlos (en especial en el postoperatorio de cirugía abdominal mayor. Tratamiento del cuadro general con medidas inespecíficas. PREVENCION: Lo contrario a factores predisponentes. 1 PREOPERATORIO CIRUGIA DE URGENCIA EN ELGERONTE 1) BREVE RESEÑA DEL ESTADO CLINICO DEL PACIENTE. 2) DIAGNOSTICO PRESUNTIVO PRECOZ. 3) DETERMINACION DEL RIESGO PREVIO. 4) EXAMENES COMPLEMENTARIOS. 5) DIAGNOSTICO Y DETERMINACION DEL PROCEDIMIENTO QUIRURGICO. 6) INTERVENCION QUIRURGICA. 7) REANIMACION Y EVOLUCION P.O. EN QUIROFANO. 8) REHABILITACION Y EVOLUCION P.O. 9) COMPLICACIONES. 2 DETERMINACION DEL RIESGO PREVIO A) RELACIONADO CON LOS CAMBIOS FISIOLOGICOS. 1) MODIFICACIONES CARDIOVASCULARES. 2) MODIFICACIONES PULMONARES. 3) MODIFICACIONES RENALES. 4) MODIFICACIONES SENSORIALES. 5) MODIFICACIONES FARMACOLOGICAS. B) RELACIONADO CON LOS CAMBIOS FISICOS DEL PACIENTE. C) RELACIONADO CON EL PROCEDIMIENTO QUIRURGICO. D) RELACIONADO CON EL PROCEDIMIENTO ANESTESICO. 3 RIESGO PREVIO . CAMBIOS FISIOLOGICOS MODIFICACIONES CARDIOVASCULARES: 1) ENFERMEDAD CORONARIA ATEROESCLEROTICA. ISQUEMIA LESION MIOCARDICA. 2) VALVULOPATIA AORTICA. HIPERTROFIA VENTRICULAR IZQUIERDA. HIPERTENSION SISTOLICA. MODIFICACIONES PULMONARES: 1) AUMENTO DE LA RIGIDEZ TORACICA. 2) CIFOSIS. 3) ESTRECHAMIENTO DE LAS VIAS AEREAS. MODIFICACIONES RENALES: 1) PERDIDA DE NEFRONES Y REDUCCION DE LA PERFUSION SANGUINEA. INSUFICIENCIA RENAL. 2) ALTERACIONES DEL AGUA Y DE LOS ELECTROLITOS. MODIFICACIONES SENSORIALES: 1) DETERIORO VISUAL Y AUDITIVO. 2) PERDIDA DE LA MEMORIA. 3) DEMENCIA. INCONTINENCIA DE ESFINTERES. MODIFICACIONES FARMACOLOGICAS: 1) POLIFARMACIA. 2) INTERACCIONES. 3) EFECTOS ADVERSOS. RIESGO PREVIO RELACIONADO CON LOS CAMBIOS en el ESTADO FISICO 1) INDICE DE RIESGO CARDIACO. 2) MORTALIDAD QUIRURGICA. 3) OTROS FACTORES. DIABETES. DESNUTRICION INFECCION Y SEPSIS. DEMENCIA. TABAQUISMO Y ALCOHOL. H.T.A. - ALERGIAS. RIESGO PREVIO RELACIONADO CON EL PROCEDIMIENTO QUIRURGICO 1) CIRUGIA ABDOMINAL DE URGENCIA. 2) CIRUGIA TORACICA DE URGENCIA. 3) NEUROCIRUGIA DE URGENCIA. 4) POLITRAUMATIZADOS. RIESGO PREVIO RELACIONADO CON EL PROCEDIMIENTO ANESTESICO 1) ANESTESIA GENERAL. 2) ANESTESIA REGIONAL. 5 INDICE DE RIESGO CARDIACO Puntaje HISTORIA Edad SUPERIOR A 70 AÑOS 5 I.A.M. dentro de los últimos 6 MESES 10 EXAMEN FISICO TURGENCIA VENOSA YUGULAR o GALOPE 11 ESTENOSIS AORTICA SIGNIFICATIVA 3 ECG RITMO NO SINUSAL - EST.AURICULARES 7 MAS de 5 EST.VENTRICULARES x MINUTO 7 General PO2 < 60 mmHg. - PCO2 > 50 mm Hg. 3 K+ < 3 meq./L - CO3H < 20 meq./L ELEVACION DE AST - ENF. HEPATICA CRONICA POSTRACION DE CAUSA NO CARDIACA Tipo de EMERGENCIA 4 I.QUIRURGICA Aórtica - Intratorácica - Intraperitoneal 3 Total 53 6a MORTALIDAD QUIRURGICA Pacientes en su totalidad
Pacientes ancianos (%) ASA (%) IRC (%)
Clase 1 0 0 0,2 Clase 2 0-5 1 2 Clase 3 4-25 2 2 Clase 4 25-45 5 56 6b Riesgo Quirúrgico Interrogantes básicos desde el punto de vista cardiológico: 1) ¿Hay evidencia de Enfermedad Cardíaca? 2) ¿Hay historia de Angina de pecho o IAM? 3) ¿Hay Agrandamiento Cardíaco? 4) ¿Hay síntomas o signos de Insuficiencia Cardíaca Congestiva? 5) ¿Hay alteraciones significativas del Ritmo Cardíaco? 6) ¿Hay Enfermedad Hipertensiva Significativa? 7) ¿Hay evidencia de síntomas de Enfermedad Cardiovascular, Hipotensión Postural o Síncope? 8) ¿Hay evidencia de Enfermedad Renal? 9) ¿Hay Historia de Flebitis, reciente o antigua? 10) ¿El paciente ha recibido Antihipertensivos o Corticoides? EXAMENES COMPLEMENTARIOS 1) EXAMENES COMPLEMENTARIOS DE RUTINA EN EL P.O. de PACIENTES SANOS -LABORATORIO: GLUCEMIA - HEMATROCRITO Y HE MOGLOBINA Rto. de GLOBULOS BLANCOS - COAGULOGRAMA ANALISIS de ORINA - FUNCION RENAL MEDIO INTERNO (ELECTROLITOS) -Rx. DE TORAX: PAR RADIOLOGICO -ELECTROCARDIOGRAMA Y RIESGO QUIRURGICO. -EXAMEN DE VIAS RESPIRATORIAS Y ESPIROMETRIA. 2) EXAMENES COMPLEMENTARIOS SEGUN LA PATOLOGIA -GASES EN SANGRE -FIBROENDOSCOPIA DIGESTIVA -FIBROBRONCOSCOPIA Tórax -PUNCION DIAGNOSTICA Lumbar
-ESTUDIOS RADILOGICOS CONTASTADOS
9
10
11
CAPÍTULO 9: Abreviaturas AA. Abdomen Agudo. ARM. Asistencia Respiratoria Mecánica. ASA. American Society of Anesthesiologists. Ca. Calcio. EAB. Equilibrio Acidobase. ECG. Electrocardiograma. Fc. Frecuencia Cardíaca. Hb. Hemoglobina. H.C. Historia Clínica. IC. Indice Cardíaco 0 Insuficiencia Cardíaca. IO. Intraoperatorio. IRC. Indice Riego Cardíaco.
Mg. Magnesio. Na. Sodio.
PCP. Presión Capilar periférico. PMAP. Presión Media Arterial Periférica. PO. Postoperatorio. POP. Postoperatorio. PVC. Presión Venosa Central. QDC. Acido Quenodeoxicólico. SNG. Sonda Nasogástrica. Sonda T. Tubo de Kehr. TAM. Tensión Arterial Media. TEP. Tromboembolismo Pulmonar. TP. Tromboplastina Parcial. TTP. Tiempo de Tromboplastina Parcial. UDC. Acido Ursodeoxicólico. VEF. Volumen Espiratorio Final. VO2. Volumen Parcial de Oxígeno. CAPÍTULO 10: Bibliografía
Autor:
Enviado por Dr. Jorge Terragno
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