El jamón ibérico desde el prisma científico

El jamón ibérico es un tipo de jamón serrano derivado del cerdo ibérico, muy elogiado en los círculos gastronómicos de España y Portugal. Es conocido por su excelencia y durante el proceso de elaboración, la variedad debe tener al menos un 50% de pureza para ser denominada “jamón ibérico”. Aun así, el jamón de mayor calidad será el jamón 100% ibérico de cerdo ibérico, y ambos padres de la misma especie.

La alimentación de los cerdos es esencial para que el jamón se pueda clasificar según la calidad de las bellotas consumidas antes del sacrificio. Puede ser por tanto jamón ibérico de cebo, de cebo de campo, de recebo, etc.

Los científicos y los componentes del jamón

Son varios los estudios científicos que se han realizado sobre la grasa del cerdo ibérico. Se ha demostrado que esta grasa compone más de la mitad del ácido oleico (un 55% en concreto). El ácido oleico compone un efecto beneficioso para el colesterol en sangre, aumentando así el HDL del cuerpo conocido como “colesterol bueno”.

Por otro lado, también está demostrado que consumiendo este producto como es el jamón dehesa de Extremadura proporciona vitaminas B1, B6 y B12, a la misma vez que ácido fólico. Este último proporciona beneficios al funcionamiento de nuestro cerebro. Además de estos, este producto es rico en vitamina E que aporta a nuestro sistema antioxidantes y minerales (calcio, hierro, magnesio, etc.)

También debemos saber que es posible consumir lotes ibéricos junto con dietas bajas en calorías, ya que por cada 100 gramos del producto consumimos aproximadamente 250 kcal.

Beneficios de consumirlo

Cuando consumimos este producto, además de adquirir los beneficios directos nombrados anteriormente, también podemos conseguir indirectamente otro tipo de aprovechamiento de él como son los siguientes:

Prevenir enfermedades cardiovasculares: como hemos explicado con anterioridad, el alto contenido de ácido oleico y tocoferoles naturales que aportan las bellotas ayudan a prevenir enfermedades cardiovasculares porque ayudan a reducir los niveles de lipoproteínas de baja densidad (conocido como colesterol malo) y aumentan el nivel de lipoproteínas de alta densidad (colesterol “bueno”).

Por otro lado, podemos decir que reduce el cansancio del deportista ya que un consumo moderado de jamón ibérico de bellota aporta un gran aporte proteico, con una distribución de lípidos equilibrada y moderadas calorías. Aproximadamente podemos decir que la ingesta de 100 gramos de producto aporta 34 gramos de proteína, lo que lo convierte en un alimento perfecto para aumentar la masa muscular a la par que un sustituto de otras carnes rojas menos saludables.

Ayuda a prevenir la anemia y esto se debe a que el jamón ibérico tiene un alto contenido en hierro, muy adecuado para aportar a tu organismo este oligoelemento imprescindible para nuestra salud.

Por último, otro de sus beneficios es que reduce la ansiedad y el estrés debido a sus altos niveles de triptófano (aminoácido precursor de la serotonina). Es por esto que el jamón ibérico puede utilizarse como antidepresivo natural. Su consumo ayuda a combatir el estrés y reducir la ansiedad, y tiene un efecto beneficioso sobre nuestras emociones.

Usos de ibéricos

Los usos que este nos ofrece son muy variados y siempre utilizando distintas partes de los ibéricos. La grasa del jamón se puede usar para enriquecer guisos, hacer chicharrones, fabricar aceites aromatizados o incluso para comer en láminas.

Los avíos puchero también son unas de las salazones más utilizadas para nuestra cocina tradicional y hasta en las más actuales. Componen distintos huesos ibéricos para ofrecer sabor y sal perfecta al plato. Entre sus componentes podemos encontrar hueso blanco o de canilla, la costilla, el espinazo, la corteza o añejo y dos tipos de tocino.

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