La conexión entre el intestino y el cerebro ¿Cómo se comunican?

La conexión entre el intestino y el cerebro ¿Cómo se comunican?

El intestino humano está compuesto por más de 100 millones de células nerviosas; es prácticamente un cerebro en sí mismo.

De hecho, el intestino se comunica con el cerebro, liberando hormonas en el torrente sanguíneo que, en el transcurso de unos 10 minutos, nos dicen lo hambriento que está, o que no deberíamos habernos comido aquella pizza entera.

Pero un nuevo estudio revela que el intestino tiene una conexión mucho más directa con el cerebro a través de un circuito neuronal que le permite transmitir señales en pocos segundos.

Los hallazgos podrían conducir a nuevos tratamientos para la obesidad, los trastornos alimentarios e incluso la depresión y el autismo, todos los cuales se han relacionado con un mal funcionamiento del intestino.

El estudio en cuestión revela “un nuevo conjunto de vías que utilizan las células intestinales para comunicarse rápidamente con … el tronco encefálico”, dice Daniel Drucker, un científico clínico que estudia los trastornos intestinales en el Instituto de Investigación Lunenfeld-Tanenbaum en Toronto, Canadá. Aunque aún quedan muchas preguntas por responder, el doctor Druncker indica que: “Este estudio es una nueva pieza del rompecabezas”.

Células enteroendocrinas, la clave en la conexión intestino-cerebro

En 2010, el neurocientífico Diego Bohórquez de la Universidad de Duke en Durham, Carolina del Norte, realizó un descubrimiento sorprendente mientras observaba a través de su microscopio electrónico.

Las células enteroendocrinas, que revisten el revestimiento del intestino y producen hormonas que estimulan la digestión y suprimen el hambre, tienen protuberancias parecidas a las sinapsis que utilizan las neuronas para comunicarse entre sí.

Bohórquez sabía que las células enteroendocrinas podrían enviar mensajes hormonales al sistema nervioso central, pero también se preguntaba si podrían “hablar” al cerebro usando señales eléctricas, como lo hacen las neuronas. Si es así, tendrían que enviar las señales a través del nervio vago, que viaja desde el intestino hasta el tronco encefálico.

Investigación de la células enteroendocrinas y sinapsis

Él y sus colegas inyectaron un virus fluorescente de la rabia, que se transmite a través de las sinapsis neuronales, en el colon de ratones y esperaron a que las células enteroendocrinas y sus parejas se iluminaran.

En una placa de Petri, las células enteroendocrinas se extendieron a las neuronas vagales y formaron conexiones sinápticas entre sí. Las células incluso expulsaron el glutamato, un neurotransmisor involucrado en el olfato y el gusto, que las neuronas vagales recuperaron en 100 milisegundos, más rápido que un parpadeo.

Eso es mucho más rápido de lo que las hormonas pueden viajar desde el intestino hasta el cerebro a través del torrente sanguíneo, dice Bohórquez. La lentitud de las hormonas puede ser responsable de los errores de muchos supresores del apetito que las atacan, según se resume en este estudio. El siguiente paso es estudiar si esta señalización del cerebro y el intestino proporciona al cerebro información importante sobre los nutrientes y el valor calórico de los alimentos que comemos.

Mediante la señalización superrápida del cerebro-intestino aparecen posibles usos y ventajas como la detección de toxinas y veneno, así como la detección del contenido de nuestro aparato digestivo en tiempo real.

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